Capítulo 23
PALAbrA DE BOY SCOUT
T enía el dinero junto a la pierna, oculto en el fondo del cajón, descansando bajo cuatro carpetas de anillas y un paquete de Post-it sin estrenar.
Pero, a pesar de haberlo escondido bajo todas esas capas, Jake no lograba quitarse la sensación de que lo llevaba encima, de que lo envolvía, pegado a su piel, a su ropa y a su rostro.
Un disfraz que pregonaba al mundo que era víctima del soborno policial.
Cerró los ojos e intentó desterrar de su mente cualquier pensamiento sobre el dinero, pero era inútil.
Permanecía allí y lo perseguía como una bola y una cadena, lastrando su conciencia.
La puerta del despacho de Liam se abrió.
—Jake —lo llamó—. ¿Podemos hablar?
Jake miró su escritorio, luego el cajón y después el resto de la oficina antes de levantarse de la silla y cruzar la sala. Cerró la puerta de Liam tras de sí. El bullicio de la oficina se oía tenuemente de fondo.
Liam se balanceaba a los lados en su silla, bebiendo de su taza de café. Estaba prácticamente llena hasta el borde.
—¿Otro ya, jefe? —preguntó Jake, intentando aligerar el ambiente y suavizar el golpe de lo que estaba por venir.
—Ahora mismo tengo más café que sangre en el cuerpo —respondió Liam.
Ambos soltaron una risita, pero se terminó tan rápido como había empezado. Se instaló un silencio incómodo seguido de un aire premonitorio. Por suerte, Liam le puso fin indicándole a Jake que se sentara.
—Hay algo que quería comentar contigo, Jake…
—¿Ah, sí…?
Liam se aclaró la garganta. —Lo de anoche. Sé que fue un poco impactante y que tal vez te lleve un tiempo procesarlo, pero quería ver cómo estabas, saber cómo lo llevabas.
Jake tragó saliva, preparándose para el torrente de sandeces y mentiras que estaba a punto de soltar por la boca.
Fuera cual fuera su estrategia, tenía que andar con pies de plomo; Liam era un oficial altamente cualificado, y Jake no tenía ninguna duda de que escudriñaría cada uno de sus actos en busca de cualquier señal de que estuviera mintiendo: pupilas dilatadas, sudor en la piel, evitar la mirada constantemente, hablar deprisa, dar demasiadas explicaciones…
señales delatoras de engaño que debía evitar mostrar a toda costa.
—A ver… al principio fue un poco chocante. Pero… —Hizo una pausa—. Al pensarlo, todo cobró mucho más sentido. Quiero decir, he comprendido por qué estabais tan interesados en Archie Arnold durante el caso del Asesino de Stratford. Necesitabais a alguien a quien colgarle el muerto, igual que ahora.
—Buen chico. Siempre he sabido que eras de los buenos, Jake. Pero supongo que contamos contigo plenamente para esto, ¿verdad?
—Así es, señor.
—Y, aunque espero que nunca lleguemos a ese extremo, ¿eres consciente de lo que pasará si dejas de ser de los buenos?
Jake asintió. —Muy consciente.
—Mejor aún. —Liam tomó otro sorbo de café. Al posar la taza, eructó, lanzando una densa nube de olor a alcohol hacia Jake. No había ni rastro de café en aquella taza. —Por lo que tengo entendido —continuó Liam—, ¿ya te ha enseñado Drew cómo funciona la lealtad en este equipo?
Jake levantó la cabeza y clavó sus ojos en los de Liam. —Me lo ha dejado muy claro.
—Siempre se puede confiar en Drew para eso.
Vaciló de nuevo, esta vez inclinándose más hacia Jake con los brazos apoyados en el escritorio. Su mirada oscura y modesta se clavó en la de Jake, erizándole el vello de los brazos. —¿Sabes que puedes confiar en mí, verdad?
—Por supuesto, jefe.
—¿Hay… hay algo que quieras decirme?
Jake se lo pensó un momento y decidió decir la verdad. Al menos, parte de ella.
—Es que estoy cansado —dijo Jake—. Anoche no dormí mucho. Maisie estuvo despierta y me tocaba a mí cuidarla.
—Sé cómo es. Yo tenía quince años cuando nació mi hermana pequeña. Una puta pesadilla. Tenía que cuidarla y asegurarme de que estuviera bien. Así que sé por lo que estás pasando. Pero ¿seguro que no hay nada más? Parece que llevas el peso del mundo sobre tus hombros.
Y eso no es ni la mitad.
Jake bajó la mirada hacia su regazo. Se le formó un nudo en la garganta.
—Por favor, que quede entre nosotros —dijo, asegurándose de soltar la advertencia cuanto antes.
—Te doy mi palabra. —Liam levantó los dedos haciendo un saludo—. Palabra de boy scout.
—Estamos teniendo problemas… económicos.
—¿Todavía?
Jake asintió. —Me da hasta vergüenza contártelo.
Es una acumulación de muchas cosas. Lo de que me clonaran los datos en la Dark Web no ayudó.
Pero, básicamente, hace mucho tiempo choqué contra un coche y resultó que el seguro del otro conductor era fraudulento.
Así que ahora mis seguros han subido, las primas están por las nubes y tengo gastos legales que me cuesta pagar.
No importa qué coche mire para cambiarlo, los precios son astronómicos…
y necesito el coche para venir a trabajar.
Y, para colmo, nos han subido las facturas de la luz y el agua.
Han dicho que pagamos de menos el año pasado, así que han «ajustado la factura para reflejarlo».
—Hizo el gesto de las comillas con los dedos al decir las últimas palabras.
Liam tardó mucho tiempo en responder. Por un momento, Jake se preguntó si su jefe lo había estado escuchando siquiera.
—No sé qué decirte, tío. ¿Ha sido duro?
Jake asintió.
—¿Y Elizabeth y tú…?
—De momento, bien. Ambos sabemos que es un problema. Le he dicho que lo solucionaré, pero no pasará mucho tiempo hasta que las cosas se pongan realmente mal.
—Ya. Ya. —Liam se quedó pensativo otra vez—. ¿Tienes alguna solución? ¿Alguna forma de arreglarlo?
Jake esbozó una media sonrisa. —Bueno, la recompensa de Drew ha sido un regalo de bienvenida estupendo, eso te lo aseguro. Ayudará a cubrir parte de la deuda. Sin eso, quiero decir… anoche incluso estuve mirando temas de apuestas y préstamos. No sabes lo cerca que estuve de cometer un error.
—Un gran error —respondió Liam—. Nunca recurras a ese tipo de cosas. Créeme. Yo he pasado por eso y tengo las cicatrices que lo demuestran. Todo se arreglará, chico. Supongo que nuestro nuevo trabajo juntos podrá ayudar a pagar parte de eso, ¿no?
—Supongo que sí.
—Y estoy seguro de que podemos mantener esto lejos de las narices de Asuntos Internos. No hace falta que lo sepan todavía.
—Yo… yo… gracias, señor.
—Venga, déjate de halagos y vuelve al trabajo. Tengo que hacer una llamada.