Capítulo 22
H
D rew Richmond nunca ha sido un hombre supersticioso.
¿O se trata de intuición? Sea como fuere, sabe calar bien a la gente y reconoce el momento en que algo no marcha bien.
Y, desde luego, algo no ha encajado en la reacción que acaba de tener Jake.
Concretamente, no sabe el qué, pero algo no cuadraba; las voces de su cabeza se lo dicen. Y eso le preocupa.
Sabía que convencer a Jake iba a llevarle un tiempo, pero cómo se han desarrollado los acontecimientos no es lo que se esperaba.
Jake estaba dispuesto a aceptar el dinero.
A aceptar el soborno. Como si no fueran más que cinco o diez libras, y no diez mil; un contraste absoluto con su comportamiento de ayer.
¿Es posible que Jake haya cambiado por completo de la noche a la mañana?
¿O simplemente se está volviendo paranoico?
Sí, piensa. Sí, lo soy.
Las voces de la duda le han estado llegando en tromba últimamente, pisoteando a las voces de la razón.
Existe una explicación sencilla. Y esa misma explicación es el mismo método para silenciar las voces de la duda.
Un arma de doble filo. Pero, como ocurre con la mayoría de las cosas, hay que aceptar lo bueno con lo malo.
En el caso de Drew, acepta mucho de lo bueno con mucho de lo malo.
Silbando «Elephant Walk» al salir del despacho, se dirige a los aseos de caballeros de la tercera planta. En el interior, los urinarios están vacíos y hace un rápido reconocimiento de las cabinas antes de meterse en la que queda más lejos de la puerta del baño.
Una vez dentro, Drew baja la tapa del váter y se sienta, saca su teléfono prepago del bolsillo y lo enciende.
Es solo para emergencias. La pequeña pantalla del Nokia 3110 se ilumina y muestra la página de inicio.
Se desplaza por la agenda, busca el número que termina en 783 —el de Liam— y le envía un mensaje.
Jake = confirmado.
Pulsa enviar y espera, haciendo girar el dispositivo entre los dedos.
Veinte segundos después, recibe una respuesta.
¿Cómo?
Drew escribe su siguiente respuesta.
Drew : 10 mil metidos en su cajón. Comprando silencio. Confía en mí.
Liam : Espero poder hacerlo.
Drew : ¿Has hablado con H?
Liam : Dame tiempo. Primero tengo que ocuparme de DC.
Drew lee el mensaje varias veces, incrédulo, con una chispa de rabia prendiendo en la boca del estómago. Liam le prometió que hablaría con Henry hace una semana y aún no lo ha hecho. Danny Cipriano murió hace solo dos días, así que ¿cuál es su excusa?
Justo cuando Drew empieza a escribir otra respuesta, Liam se le adelanta.
Relájate. H ha dicho que Charlie y Mandy vienen a la ciudad. Quizá HU Archie Arnold ;)
Eso le dice a Drew todo lo que necesita saber.
No es lo que quiere, pero no puede hacer nada al respecto.
Hay una jerarquía establecida en lo que respecta a introducir droga en el país y distribuirla por la ciudad con la ayuda de Henry Matheson, y si quiere avanzar en el negocio, tiene que acatar las reglas. Por ahora.
Suspirando profundamente, Drew apaga el dispositivo, apoya la espalda contra la cisterna y descansa la cabeza con incomodidad en la pared de hormigón.
Ahora es el momento de relajarse un poco más, despejar el ruido y las distracciones de su cabeza, silenciar las voces de la duda para que dejen de volverle loco. Lo bueno con lo malo.
Drew mete la mano en el bolsillo de su americana, saca una bolsita de polvo blanco, mete el dedo y se frota la sustancia en las encías.
El efecto es casi instantáneo; una sensación de entumecimiento se extiende por el interior de su boca y por el resto del cuerpo.
El pulso se le acelera y una fina capa de sudor le cubre el cuerpo, viscosa, como los planes que tiene para el futuro.
No tardará mucho en sentir el subidón total.
Todo lo que tiene que hacer ahora es mantener la calma y aparentar que no hay drogas de clase A recorriendo su organismo.
Al salir, Drew sella la bolsa y la guarda de nuevo en el bolsillo, tira de la cadena y después se lava el pecado de la piel.