Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 21
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Capítulo 21

DE SObrA

L as calles estaban desiertas. Eran poco más de las seis cuando Jake salió de casa, y Liam, Drew y Garrison ya estaban allí cuando llegó a Bow Green unos minutos antes de las siete. Los tres se encontraban en la cocina, preparando una ronda de café.

—Buenos días —dijo Jake con voz somnolienta. Bostezó. Tenía los párpados pesados. Sentía como si le hubieran atado pesas a los ojos, manteniéndolos cerrados de forma permanente.

—¿A qué hora llamas a esto? —le soltó Liam a Jake en cuanto entró, con un tono más animado de lo normal para las siete de la mañana.

—Demasiado jodidamente temprano —dijo Drew, sin darse cuenta de que Liam le hablaba a Jake.

—Ni siquiera se han despertado los pájaros todavía —añadió Garrison mientras mojaba una Digestive de chocolate en su té.

—Ya sé que preferiríais estar durmiendo, pero tenemos un trabajo importante entre manos. Simplemente enviadme un listado de vuestras horas extra al final de la semana y haré que las aprueben todas.

Liam le arrebató una galleta a Garrison y salió de la cocina seguido por el detective.

Mientras Jake se movía por la cocina preparándose la tostada y el café, sintió que la mirada de Drew se clavaba en él. Si podía evitarlo, esquivaría a aquel hombre todo lo posible. Pero sabía que era imposible.

—Oye, colega —dijo Drew acercándose a Jake—. ¿Cómo te encuentras?

—Bien.

—He... traído una cosa para ti. —Su mochila descansaba en el suelo, entre las piernas. Se agachó, metió la mano y sacó una bolsa de papel marrón, que dejó junto a la taza de Jake—. Diez mil. Como prometí.

Jake se quedó mirando la bolsa con incredulidad.

—¡Guarda eso! —dijo, deslizándola por la encimera.

—Es tuyo. —Drew la empujó de vuelta.

Con cautela, Jake cogió la bolsa y examinó el contenido.

Allí, enterrado en el fondo, había un fajo grueso de billetes.

Era la mayor cantidad de dinero que Jake había tenido nunca en sus manos, y se quedó maravillado.

El inconfundible olor del efectivo flotó en el aire, venció al aroma de la tostada quemada y se alzó victorioso en sus fosas nasales.

No lo sabía con certeza, pero estaba seguro de que se había quedado con la boca abierta.

—Y hay mucho más de donde ha salido eso.

«Ya, claro que sí», pensó Jake. Durante un momento dudó, sopesando si debía coger el dinero o no.

Entonces recordó que debía hacerlo. Si iba a mantener la fachada de que estaba de su parte —en cada aspecto de su operación—, tendría que aceptarlo, independientemente de si realmente quería quedárselo o no.

Jake envolvió el dinero en la bolsa, lo sujetó bajo el plato y se dirigió al despacho con el café en la otra mano.

Cuando volvían a sus mesas, Drew le susurró al oído:

—Como te he dicho, hay mucho más de donde ha salido eso. Mucho .

Jake asintió en señal de reconocimiento y fingió una sonrisa de impresión.

Drew volvió a susurrar:

—Recuerda lo que puede pasar si no cumples con tu parte del trato.