Capítulo 20
UNA OFERTA IRRESISTIBLE
L a piel de los brazos y el pecho de Jake se erizó cuando una suave brisa entró por la ventana.
El sueño se le escapaba como una estrella en el firmamento.
De hecho, no había cerrado los ojos desde que se había metido en la cama; tenía la mente turbada por los pensamientos.
La mujer del DPS había sido de gran ayuda, pero el investigador que se encargaría del caso lo fue aún más.
Se llamaba Craig y había escuchado con atención mientras Jake se lo explicaba todo.
Lo de la violación de Drew. Lo del encubrimiento de Garrison.
Y cómo los tres le habían engañado para que accediera a fabricar pruebas contra un hombre inocente.
No se dejó ningún detalle sin explicar, ninguna prueba sin mencionar, por pequeña e insignificante que le pareciera.
Lo soltó todo, como un vómito de palabras. Pero se sintió mejor por ello.
—Agradezco todo lo que me has contado, Jake —había dicho Craig—. Daré prioridad a esto para uno de nuestros equipos de investigación. Deberíamos tener a alguien trabajando contigo en este caso muy pronto.
Jake así lo esperaba. No sabía cuánto tiempo podría mantener la fachada de policía corrupto. Era importante no involucrarse demasiado. Tenía una familia a la que proteger, aunque sabía que ya había puesto sus vidas en peligro al hacer esa llamada.
Mientras miraba al techo, las imágenes de Danny Cipriano enterrado vivo en cemento pasaban por su mente, y en uno de los fotogramas, el rostro de Danny era sustituido por el de Elizabeth y las niñas.
Algo visceral, vívido. Una capa de sudor cubrió su cuerpo ante la idea de lo que podría pasarles si Liam, Drew o Garrison se enteraban de que les había traicionado.
Se preguntó si habría tomado la decisión correcta.
Sus colegas eran sus amigos más cercanos; fuera del trabajo no tenía a nadie a quien considerara íntimo.
Pasaba cada día con Liam, Drew y Garrison.
Los conocía mejor que a nadie. O eso creía.
Lo que les había hecho era una traición a su confianza y a la amistad por la que tanto tiempo se había esforzado.
Pero ellos también me traicionaron cuando me involucraron en esto .
Ya había pensado suficiente. Era hora de distraerse.
Jake se levantó de la cama y miró la hora: las 3:46.
Frotándose los ojos, se dirigió arrastrando los pies hacia la cocina.
Allí, sobre la encimera, estaba la carta que Elizabeth le había enseñado el otro día.
Esa que estaba tan cubierta de rojo como su historial crediticio.
Aquello seguía siendo un problema muy pertinente, algo que continuaba pendiente.
Un asunto resuelto, quedaba otro. Una idea surgió en su interior.
Se desplazó al otro lado de la cocina y abrió el ordenador portátil, inició sesión y empezó a buscar formas rápidas y legítimas de ganar dinero.
Aparecieron varios sitios web de correo basura que le invitaban a participar en ensayos médicos y a vender productos que le harían ganar varios cientos de miles de libras en cuestión de pocos días.
Estafas piramidales y todo eso. Jake sabía que eran patrañas —completas patrañas— e ignoró los primeros resultados al principio de Google.
La página de búsqueda estaba plagada de signos de exclamación y letras mayúsculas, ofreciéndole el siguiente secreto mejor guardado que le convertiría en millonario.
Pero hubo uno que destacó entre los demás.
Un artículo que enumeraba varias formas de ganar dinero.
Inversiones. Préstamos. Apuestas. Todos estaban ahí. Y le estaban llamando a gritos.
Investigó un poco sobre la inversión en acciones y bolsa y lo descartó en cuanto se dio cuenta de que era una inversión a largo plazo y no de beneficio inmediato. No podían permitirse desperdiciar el poco dinero que tenían y no ver un rendimiento inmediato. Quizá en veinte años, pero ahora no.
Aprendió que los préstamos también eran una completa pérdida de tiempo. Los tipos de interés eran astronómicos y sabía que los riesgos no valían la pena.
¿Pero las apuestas? Eso era algo que le interesaba.
No sabía mucho de deportes; desde que murió su padre, se había mantenido lo más alejado posible del fútbol.
Pero sabía lo suficiente sobre la Fórmula 1 y el automovilismo para poder hacer apuestas fundamentadas.
Empezar con poco, reinvertir las ganancias. Fácil.
Con el interés despertado, Jake leyó el artículo de nuevo y escaneó el texto en busca del mejor sitio de apuestas que pudiera utilizar. Encontró uno y se registró. La empresa promocionaba una oferta. Apuesta 10 libras y consigue otras 10 libras extra para jugar en una apuesta gratuita. Perfecto.
Jake empezó a introducir los datos de su tarjeta de débito en la página de envío. En cuanto pulsó el botón y se cargó su panel principal, la puerta de la cocina se abrió. Era Maisie, frotándose los ojos por el sueño. Tenía el pelo hecho un desastre y llevaba una manta en la mano.
Jake se levantó de la silla de un salto. —¡Maisie! ¿Qué haces levantada? —Se agachó a su lado y la tomó en brazos.
—¿Por qué estás despierto, papi? —preguntó ella.
Jake soltó una risita. —Papi no puede dormir. Tiene muchas cosas que hacer que le mantienen despierto.
—¿Qué cosas?
—Cosas de adultos. ¿Por qué no estás en la cama?
—Me has despertado —dijo ella. Tenía los ojos inyectados de sangre.
—Lo siento, cariño. Vamos a llevarte a la cama. —Jake se dirigió hacia la puerta.
—¿Vienes tú también?
—Papá se va a quedar despierto un ratito más. Tiene que terminar esas cosas tan importantes.
—Por favor. —Sus ojos se agrandaron y el sueño que ocultaban pareció desaparecer en un instante.
—Está bien.
Miró el ordenador, cerró la tapa y subió las escaleras. Cuando por fin se despertó en la cama de Maisie dos horas después, ya era hora de ir a trabajar.