Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 18
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Capítulo 18

UNA POSICIÓN PRIVILEGIADA

D urante la hora de trayecto a casa, Jake había llegado a una conclusión sencilla.

Lo que Liam, Drew y Garrison estaban haciendo estaba mal.

Eso estaba claro. Lo que hacían debía detenerse.

También estaba claro. Pero lo que hacían era de vital importancia.

Sin darse cuenta, estaban contribuyendo a su propia perdición.

De momento, él solo tenía que seguir con ellos, ganarse su confianza, hacerles creer que estaba de su lado y luego utilizar las pruebas en su beneficio.

Como un caballo de Troya, atacándolos desde dentro.

Hasta ahora, se había convencido de que guardar el secreto de Drew y Garrison sobre lo que le habían hecho a Hannah Bryant era una buena idea.

Solo tenía que llevarlo un poco más lejos.

Pero ¿hasta dónde? ¿Y durante cuánto tiempo?

Esas dos preguntas planteaban un punto importante.

Si iba a seguir adelante con esto —traicionar a sus amigos y…

a su familia —, no podría hacerlo solo. Necesitaba ayuda externa, por si acaso se enteraban de lo que tramaba y decidían acabar con él como habían hecho con Danny Cipriano.

Aquella gente era peligrosa y estaba casi seguro de que no tendrían ninguna piedad con él.

Jake entró en la entrada de su casa con el coche y entró en la cocina.

—Siento llegar tarde —le dijo a Elizabeth tras darle un beso en la mejilla—. ¿Dónde están mis niñas?

—Acabo de acostarlas.

—Voy a darles las buenas noches rápido.

Le dio a Elizabeth otro beso antes de subir las escaleras a toda prisa.

Entró un momento en su dormitorio, cogió el teléfono inalámbrico que tenían en el lado de la cama de Elizabeth y se dirigió al cuarto de las niñas.

Mientras una fina rendija de luz dividía la estancia en dos, caminó de puntillas por el parqué, con especial cuidado de evitar las tablas que crujían; las mismas que tenía en su lista de tareas pendientes por arreglar.

Maisie y Ellie dormían profundamente; su respiración era suave, relajante, rítmica. Pacífica. Se inclinó sobre ellas, les acarició el pelo y les dio un beso a cada una.

En la esquina de la habitación había una silla de madera que la abuela de Elizabeth les había regalado antes de que se mudaran a la casa.

Murió una semana después. Ahora la consideraban una de sus pocas reliquias familiares, y era una de las sillas más cómodas en las que Jake había tenido el lujo de sentarse.

Sacó el teléfono fijo del bolsillo y el móvil del otro.

Usando su móvil para buscar el número de la DPS —la Dirección de Asuntos Internos—, marcó los dígitos en el fijo y se quedó mirando los números en la pequeña pantalla, reflexionando.

Si hacía esto, ya no habría vuelta atrás.

Se estaría comprometiendo a delatar al equipo.

Al hacerlo, no solo ponía en peligro su vida, sino también la de su familia.

La de Elizabeth. La de Maisie. La de Ellie.

Pero confiaba en que podría hacerlo sin que lo notasen. Porque si no lo hacía, más le valía entregarse a ellos ahora mismo.

Jake se quedó mirando el teléfono un poco más.

Tras unos segundos, apretó la mandíbula, marcó el número y esperó mientras oía el tono de llamada.

—Buenas noches, le atiende la DPS. ¿En qué puedo ayudarle?

Jake tragó saliva antes de responder.

—Hola… sí… soy el detective Jake Tanner. Me gustaría, esto, me gustaría presentar una denuncia.