Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 14
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Capítulo 14

LO DE SIEMPRE

L iam terminó de escribir el mensaje en la bandeja de entrada secreta de Gmail.

Era su única forma de mensajería encubierta entre los tres.

Sencilla, pero eficaz. Una cuenta de Gmail aleatoria a la que todos tenían acceso.

Siempre que alguno necesitaba decir algo sin que los ojos y oídos indiscretos de la oficina los vigilaran, creaba un borrador de correo electrónico en la cuenta, escribía el mensaje y luego lo borraba pasados unos minutos, con la esperanza de que todos hubieran tenido la oportunidad de leerlo.

De ese modo no quedaba rastro, ni mensajes que fuera necesario borrar permanentemente.

Era rápido. Era eficiente. Era perfecto.

El mensaje decía:

Tan pronto como hubo escrito el mensaje, Liam se levantó de la silla, salió de su despacho y se dirigió a la sala de reuniones.

Al cruzar la planta, cruzó la mirada con Garrison.

Su colega sabía que era mejor no seguirlo de inmediato pero, en cuanto Liam pasó de largo, Garrison saltó del asiento y fue tras él.

—Vaya forma de ser discreto —dijo Liam al cerrar la puerta.

Garrison puso los ojos en blanco—. Oh, vamos, Liam. Nadie está prestando tanta atención.

— Alguien podría haber estado mirando.

—Te estás volviendo un paranoico.

Antes de que Liam pudiera responder, Drew entró en la sala. Se quedó helado, con la mano en el pomo de la puerta y la boca abierta, como si acabara de pillarlos teniendo sexo.

—¿Interrumpo?

—Ya te gustaría —respondió Garrison.

Drew le dedicó un corte de mangas y Garrison le respondió de la misma forma.

Liam suspiró y se acercó a la ventana. Cerró las persianas y los sumergió en su submarino de secretos.

—Muy bien, escuchad los dos. Esto es importante —empezó Liam, esforzándose por no perder más tiempo del necesario—.

He recibido una llamada de El Sindicato.

Han organizado el golpe contra Danny Cipriano.

No sé por qué y no sé cómo. Pero ahora nuestro trabajo es ocuparnos de ello con la mayor rapidez y discreción posibles.

—¿Quién lo ha hecho? —preguntó Drew mientras se cruzaba de brazos.

—El Granjero.

—Madre de Dios, joder. —Drew se pasó los dedos por el pelo y se frotó la nariz—. ¿Sabéis lo que significa eso para el resto? Los siguientes seremos nosotros, ¿verdad? Dios, Dios, Dios, joder.

Liam se hizo a un lado y fulminó a Garrison con la mirada—. ¿Y ahora quién es el paranoico?

Una mueca burlona asomó a las comisuras de los labios de Garrison. Le dio una palmada a Drew en el hombro con el dorso de la mano y lo reprendió: —¿De qué hablas, imbécil? ¿Por qué íbamos a ser los siguientes?

—Es obvio, ¿no? Danny abrió la boca. Le contó a alguien lo nuestro, quiénes somos, lo que hacemos. El Sindicato se ha enterado y ya veis lo que le ha pasado.

—Cállate —le espetó Liam. Estuvo a punto de darle un bofetón a Drew para que se calmara, pero se lo pensó mejor—. Danny no ha dicho nada sobre nosotros, y...

—¿Cómo lo sabes? —interrumpió Drew.

—No lo sé con certeza, pero El Sindicato lo habría dicho si Danny lo hubiera hecho. Nos habrían avisado.

—¿Y crees que eso es el tipo de cosa que El Sindicato te admitiría? ¿Darte la oportunidad de huir antes de que El Granjero vaya a por ti?

Liam volvió a suspirar. Esto no llevaba a ninguna parte. Se detuvo un momento a observar a su amigo. Tenía los ojos desorbitados. Le goteaba la nariz y no paraba de frotársela. Estaba inquieto. Una fina capa de sudor le cubría la frente. Y, para colmo, se estaba volviendo paranoico.

Había visto esas señales antes, pero nunca pensó que volvería a verlas.

—Escucha —dijo Liam entre dientes—, yo también he llamado a El Granjero. Me lo ha confirmado todo. El Granjero no tiene lealtad hacia nadie, así que no tiene motivos para mentir para protegernos.

En cuanto terminó, Drew se tranquilizó: su respiración se estabilizó, el goteo de la nariz cesó y su actitud se volvió apacible.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora? —preguntó Garrison, distrayendo a Liam de Drew.

—Esta noche. En el lugar de siempre. A la hora de siempre. Y, como de costumbre, venid solos. Tenemos que haber ideado algo entre los tres para el final del día. Quiero que vengáis preparados.

—Entre los cuatro... —dijo Drew lentamente. Una sonrisa creció en su rostro y sus ojos tuvieron un espasmo, aunque esta vez Liam no creía que fuera por efecto de ninguna sustancia.

—¿Qué dices? —replicó Liam.

—Entre los cuatro. Jake... traed a Jake.

—¿Eh? —repuso Garrison—. Ni hablar. De ninguna manera. No va a pasar. Es un lastre demasiado grande.

—Confía en mí —dijo Drew, lamiéndose los labios—. Está de nuestra parte. Creedme. He hablado con él antes. Le he enseñado lo que pueden obrar las maravillas de nuestro verdadero trabajo. Especialmente cuando está pasando por una racha de dificultades financieras.

Liam se relajó un poco. Su conversación anterior en la cocina con el joven detective le había intrigado.

Jake había mencionado la lealtad, una palabra que, hasta ese momento, nunca había salido de su boca.

Pero no era la palabra lo que importaba, sino la forma en que la había dicho.

De la misma manera que la usaban él, Drew y Garrison.

Como si la sintiera de verdad. Como si por fin estuviera cambiando de bando, empezando por fin a darse cuenta de las posibilidades reales del lado más oscuro de la labor policial; algo por lo que Liam debería haber estado extasiado, encantado.

Pero no lo estaba, no podía estarlo. Jake era un buen detective, con familia y un futuro brillante por delante, y Liam no sabía si quería corromper y destruir eso para él.

Pero, por otro lado, ahora era la oportunidad de Jake para demostrar por fin su valía.

Y si a Jake no le gustaba lo que veía y la cosa se torcía, entonces Liam tendría que hacer lo necesario: silenciar a Jake y eliminarlo del cuerpo.

Los métodos eran sencillos, pero esperaba que fuera el último recurso.

En cambio, si a Jake le gustaba lo que veía, podría unirse a sus filas, ganar dinero de verdad y ascender como el resto de ellos.

Liam se aclaró la garganta. —¿Estás seguro de esto, Drew?

—No te he fallado hasta la fecha, colega.

—Entonces más vale que tengas razón. En el lugar de siempre. A la hora de siempre. Se lo haré saber a Tanner.