Capítulo 12
IDENTIFICACIÓN
E l equipo estaba en la sala de juntas, esperando a que Liam regresara.
Le faltaban pocos minutos para llegar con una actualización importante.
Podría haber sido que el caso estuviera resuelto y cerrado, o que el cáncer del inspector jefe hubiera desaparecido, o que hubiera otro cadáver allí abajo y ni siquiera hubieran arañado la superficie.
Pero Jake solo era capaz de pensar en el impacto que Drew había tenido en la vida de Hannah Bryant.
En cómo había cometido un crimen atroz y eludido a la justicia por ello.
Y en cómo lo habían chantajeado para que guardara un secreto vengativo y malévolo a las mismas personas que confiaban en él para investigarlo.
Paciencia, se dijo a sí mismo. Paciencia. Ya llegaría el momento.
Antes de que pudiera dedicarle más pensamientos al asunto, las puertas de la sala se abrieron. Liam irrumpió en la estancia y estampó la puerta contra la pared adyacente, haciendo que las persianas de las ventanas que daban al resto de la oficina vibraran.
—¿Todo bien, jefe? —preguntó Drew, considerablemente animado a pesar de todo lo ocurrido en la última media hora. Mantuvo la vista fija en Liam, que se dirigió al frente de la sala.
—Ni de lejos —respondió Liam con las manos en las caderas.
Respiraba con dificultad y parecía que acabara de volver corriendo desde el Estadio Olímpico—.
Pero no es nada que no podamos manejar. Por algún milagro, en las últimas dos horas, los forenses han acelerado el proceso de exhumación saltándose toda instrucción y procedimiento, y ahora nuestro Nominal Uno está sobre la mesa del patólogo, más blanco que la sábana que lo cubre.
—¿A qué se debe, jefe? —preguntó Garrison, jugueteando con un bolígrafo entre las manos, con el habitual paquete de galletas digestive medio abierto sobre la rodilla.
—Lord Oliver Penrose. Un capullo estirado del Comité Oficial de los Juegos Olímpicos de Londres que se cree que, por tener un título y mucho de esto —Liam frotó el pulgar contra los dedos índice y corazón; el símbolo internacional del dinero—, puede conseguir lo que quiera.
—¿Y qué le ha dicho usted, jefe? —preguntó Garrison—. ¿Le ha dicho por dónde se lo puede meter?
—Ojalá. A los pocos minutos recibí una llamada del subcomisario. Tenía las manos atadas.
—Seguro que ha hecho lo que ha tenido que hacer —añadió Garrison mientras metía la mano en el paquete para coger otra galleta.
—Penrose y el LOCOG quieren mantener esto bajo llave todo lo posible —añadió Liam.
—No piden poco, ¿eh? —se mofó Garrison—. No veo el día de jubilarme para no tener que lidiar más con estas soplapolleces.
Todos giraron la cabeza hacia Garrison.
—¿Te retiras pronto, Pete? Haberlo dicho. No teníamos ni idea —comentó Drew.
Garrison le dedicó un corte de mangas.
Liam continuó: —Poojah tiene el cuerpo desde hace una hora aproximadamente.
Me han informado de que la víctima conservaba todos los dientes, las uñas, sangre, pelo...
todo. La única preocupación sería que la cantidad de hormigón dentro del cuerpo afecte negativamente a la rapidez con la que se obtengan los resultados.
—¿Ha visto el cuerpo, jefe? —intervino Jake.
Liam negó con la cabeza. —Ese lo han tenido bien escondido. ¿Qué hay de vuestros testigos? Contadme qué tenéis.
—He hablado con Richard Maddison —respondió Drew—. Uno de los obreros. El tipo que encontró el cadáver. No he sacado mucho en claro. Aun así, vale la pena investigar sus antecedentes para descartarlo.
Liam se volvió hacia la pizarra blanca, cogió un rotulador de borrado en seco y empezó a garabatear.
—¿Y las cámaras de seguridad? —preguntó tras un silencio prolongado—. Jake, ¿puedo dejarte eso a ti?
Jake asintió con la cabeza. —Ya estoy en ello, señor.
—Eso es lo que quería oír. Creo que después de hoy nosotros...
La puerta de la sala se abrió, interrumpiéndolo. En el umbral estaba el detective Sheridan, uno de los miembros del equipo a los que se les había ordenado quedarse en la sala de incidentes para atender el teléfono si entraba alguna llamada.
—Alex —dijo Liam, con un rastro de preocupación y sorpresa en la voz. El detective entró en la sala y cerró la puerta tras de sí—. ¿Pasa algo?
En la mano llevaba una nota adhesiva.
—Nos han llegado los resultados. El ADN...
—¿Ya?
Alex asintió. —Sí. El ADN y las huellas dactilares de la víctima ya estaban en la base de datos.
—¿De quién se trata?
—Hemos logrado identificar a la víctima como Danny Cipriano.