Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 3
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Capítulo 3

ILUSIONES Y SUEÑOS

E l Head of the House estaba muy concurrido para ser un martes por la noche.

Grupos de clientes borrachos ocupaban las sillas y los reservados que se extendían a lo largo de la pared más larga a la izquierda de Jake, mientras que otros grupos más pequeños permanecían de pie balanceándose de un lado a otro a medida que el alcohol recorría su torrente sanguíneo, estirando el cuello hacia las pantallas de televisión que colgaban de la pared.

Fútbol. Como siempre. UEFA Champions League: Tottenham contra el Inter de Milán, al parecer.

Jake no veía ni iba a un partido de fútbol desde hacía años.

Su padre había sido fisioterapeuta del Chelsea FC y, tras su trágica muerte en un accidente de coche cuando Jake tenía quince años, este no había sido capaz de volver.

En cuanto Jake, todos los del MIT y algunos de los chicos de Personas Desaparecidas de la planta de abajo pusieron un pie en el pub, el ambiente decayó hasta que no quedó nada, salvo el sonido del estadio que bramaba desde los televisores.

Todas las cabezas se giraron hacia ellos.

Aunque iban vestidos de calle —con trajes, corbatas, americanas y chalecos—, todos los allí presentes sabían quiénes eran y qué representaban.

—No os preocupéis, chicos —gritó Liam, levantando las manos al aire mientras avanzaba hacia la barra—. No venimos a arrestar a nadie. A menos que nos deis un motivo. Solo queremos disfrutar de nuestras pintas como todos vosotros.

La camarera no perdió el tiempo en atenderlo.

—Buenas noches, Liam —dijo con un marcado acento del East End—. ¿Qué va a ser?

—Lo de siempre para mí, Maggie, por favor. ¿Tú qué vas a tomar, Jake?

—Una Foster’s, por favor, jefe.

Liam hizo una mueca. —Se me había olvidado que bebías eso. Una pinta de meados para él, y dejaré que el resto de estos imbéciles pidan lo que quieran. No necesitan que los lleve de la mano. Ponlo en la cuenta cuando termines. Yo pagaré luego. Vamos, chaval. Busquemos un sitio.

Esperaron a que Maggie les sirviera las bebidas y luego rodearon la barra hacia la sala del fondo.

La barra estaba en el centro del edificio y formaba una curva de 270 grados, mientras que los otros noventa estaban ocupados por la cocina.

Jake subió un pequeño escalón y encontró un asiento en la parte más apartada del bar: el rincón más alejado a la derecha.

Allí no había pantallas de televisión y, por lo tanto, no había clientes enfadados y borrachos gritándole a la pared, chillando a los jugadores, recriminándoles lo malos que eran y asegurándole profusamente a la pantalla que ellos podrían hacerlo mejor.

Diez de cada diez veces era evidente que no podrían; de lo contrario, ya lo habrían hecho.

—Siéntate —ordenó Liam, sacando una silla de la mesa.

Jake se acomodó en la más cercana.

—Ahora, rápido, antes de que lleguen todos los demás, hay algo que quería decirte… —Liam vaciló y, justo cuando abría la boca para hablar de nuevo, llegó Garrison con una cerveza en la mano. La postura y el comportamiento del DC hacían pensar que ya se había soplado varias.

—¿Buena charleta de viejas? —preguntó Garrison, dejándose caer en el asiento al lado de Jake. Garrison era un hombre grande —más alto que ancho— y, en los estrechos confines del reservado, Jake tuvo que pelear por un poco de espacio para sus hombros.

—Deberías haber traído a la tuya —se mofó Liam.

Garrison ignoró el comentario; levantó la mano, la mantuvo en el aire y luego la bajó.

Jake los conocía lo suficiente como para saber que Garrison se estaba planteando dedicarle una peineta a Liam.

Y Jake supuso que estaba justificado; cuando no era Drew, Garrison solía ser el siguiente blanco de todas las bromas de la oficina.

Fuera de las horas de servicio, no había división profesional entre ellos: podían hacer y decir lo que les placiera.

Garrison se bebió un tercio de su cerveza de un trago y la posó con fuerza sobre la mesa.

Limpiándose los restos de la boca, dijo: —Felicidades, colega.

Estoy orgulloso de ti. Estamos orgullosos de ti.

Has demostrado con creces lo que vales estos últimos meses.

¿Quieres que te dé un consejo? ¿Qué edad tienes?

—Veinticinco. La misma edad que la última vez que me lo preguntaste.

Garrison asintió con la boca abierta mientras su lengua buscaba un resto de comida entre los dientes. —Buena edad. Ni muy joven ni muy viejo. Verás, cuando llegues a mi edad, empezarás a pensar en las cosas de forma diferente…

—¿Qué edad tienes? —preguntó Jake, dándose cuenta de que nunca se lo había preguntado.

—Cincuenta y ocho.

—¿Cincuenta y ocho?

—Cincuenta y ocho. Pronto estaré en edad de jubilación y entonces me largaré de aquí.

—Ya ha empezado con los preparativos —intervino Liam, dándole un codazo a Jake en el hombro.

—¿Ah, sí?

Garrison sacó el teléfono del bolsillo y puso la foto de un coche en la pantalla. —Este, pronto , será mi nuevo bebé. Mi único bebé. Mi juguete de jubilación. Un Jaguar XKR Coupé. Voy a recogerlo dentro de un par de días.

—Espero que lo hayas pedido de vacaciones —dijo Jake.

—No hace falta. Voy a bajar allí antes de entrar a trabajar. Van a abrir antes solo para mí.

—¿Cuánto te ha costado?

—Setenta de los grandes.

Jake lo miró con suspicacia. —¿Y de dónde has sacado el dinero para pagar eso?

Garrison se dio unos golpecitos en un lado de la nariz. —Tengo algunas inversiones por ahí puestos. Mis trapicheos y todo eso.

Todo eso.

—Seguro que será un buen regalo de jubilación para ti —añadió Jake.

Garrison sonrió con sorna. —No veo la hora de largarme de aquí.

No me malinterpretes… el trabajo ha sido el amor de mi vida, pero con el tiempo, eso puede agotarse en algún momento, y tienes que encontrar algo joven y emocionante que te mantenga alerta y te impida quitarte la vida.

Lástima que nunca siguiera mis propios consejos.

Pero tú… tienes toda la vida por delante.

¿Es esto lo que quieres hacer el resto de ella?

—Sí —respondió Jake casi al instante; no necesitó pensárselo mucho—. Mientras sea físicamente capaz de hacerlo. Marcamos la diferencia en la vida de las personas, y nada va a quitarme las ganas de hacer eso.

—Me gusta tu espíritu, colega. Pero yo estoy contando los días.

Simplemente… mantén tus opciones abiertas.

En su día quise ser piloto de F1. Incluso empecé a formarme como ingeniero y a abrirme camino en Mercedes.

Eso fue hasta que me echaron por acostarme con la mujer del jefe, la mujer con la que ahora comparto cama…

a regañadientes. Así que me uní a este sitio en su lugar.

Todos los días echo de menos lo que podría haber sido, mi pasión.

No dejes que este lugar te haga olvidar tus sueños.

La pequeña mesa se quedó en silencio mientras Jake reflexionaba sobre los consejos de Garrison.

Se dio cuenta de que él no tenía grandes sueños ni aspiraciones de ese tipo.

Ni siquiera quería ganar la lotería ni poseer el coche más llamativo.

No quería vivir en una mansión ni escalar una montaña.

Claro, esas cosas habrían estado bien, pero eran materialistas, falsas.

Él era un tipo sencillo con necesidades sencillas.

Estaba contento con su trabajo y, mientras pudiera seguir manteniendo y apoyando a su familia, y dándoles todo lo que querían —y necesitaban—, se sentía satisfecho.

Ellos eran su sueño.

Ellos eran su aspiración.