Capítulo 2
PLANES
D ÍA ACTUAL
—¿Café?
Jake levantó la vista de su escritorio y se encontró con el inspector jefe Liam Greene, el responsable del Equipo de Investigaciones Complejas aquí en Bow Green, Stratford, de pie junto a él.
Tras él estaban el sargento Drew Richmond y el agente Pete Garrison, intentando buscar apoyo para las ojeras que les colgaban bajo los ojos.
—No, gracias —respondió Jake—. Hoy no.
—¿Seguro?
Jake asintió y volvió a centrarse en el trabajo.
En cuanto Liam, Drew y Garrison salieron del despacho, la sala quedó en silencio, a excepción del terapéutico y relajante sonido de los demás miembros del equipo tecleando en sus ordenadores.
A Jake le gustaba sumergirse en el ruido ambiental.
Le ayudaba a relajarse, a concentrarse. Y le calmaba, como si el mundo estuviera en constante movimiento y cualquier pausa o bloqueo fuera cataclísmico.
A lo largo de su vida, la gente le había juzgado mal por ello, pero no le importaba. Quería que el mundo siguiera girando.
Se reclinó en la silla y tamborileó con los dedos sobre la mesa.
En los últimos días, el volumen de trabajo había sido escaso —acababan de resolver un caso menor de intento de violación— y ahora se dedicaban a rellenar el papeleo obligatorio.
La parte del trabajo que Jake más detestaba.
La cantidad de formularios que tenía que cumplimentar era innecesariamente larga, laboriosa y repetitiva.
A menudo le daban ganas de volver a su vida de uniforme patrullando las calles, cuando hacía cosas de verdad en lugar de estar tras un escritorio.
Pero luego recordaba que aquello tenía más aspectos que odiaba que los que disfrutaba, y que quería entrar en las grandes ligas con el equipo de investigaciones y Liam.
Aquello era una carrera — su carrera— y estaba dispuesto a cualquier cosa para medrar.
Tras menos de cinco minutos de breve paz, Liam, Drew y Garrison regresaron. Liam sostenía una taza de café en cada mano.
—Toma —le gritó a Jake desde el otro lado—. Este es para ti. Un americano es lo tuyo, ¿verdad?
—¿Qué?
—Un americano. Te he traído uno.
—¿Por qué? —dijo Jake, poniéndose a la defensiva—. Pero si yo no... No tenías por qué.
Liam dejó la taza sobre el escritorio de Jake. —Pero hoy es un día especial. ¿Sabes por qué? ¡Porque tenemos algo que celebrar!
—¿Celebrar qué?
Antes de que Liam pudiera responder, estalló en el despacho un coro de vítores y una salva de aplausos.
Todo el equipo —el personal civil, los agentes, los sargentos— estaba en pie con cañones de serpentinas en las manos.
A la izquierda de Jake, viniendo de la cocina, apareció Lindsay Gray, la gestora civil de instalaciones de la comisaría de Bow Green, que pasaba la mayor parte de sus horas de vigilia en el edificio asegurándose de que todo funcionara como es debido.
Traía en las manos una tarta de chocolate con la palabra «Felicidades» escrita en el glaseado.
La mente de Jake iba a mil por hora. ¿Qué estaba pasando? ¿Era una broma pesada o algo mucho mejor?
—Bien hecho, colega. —Liam le dio una palmada jovial en la espalda a Jake, sacándolo de su ensimismamiento—. ¿Aún no lo has pillado?
Jake negó con la cabeza mientras miraba la tarta que se acercaba a él, con las velas y la bengala de la parte superior ardiendo con fuerza.
Liam se agachó a su lado y le gritó al oído entre el estrépito de la sala: —He movido un par de hilos y he dado buenos informes sobre ti. ¡Ya eres detective oficialmente!
Otro coro de vítores resonó en la habitación.
Y luego, en cuanto Lindsay dejó la tarta sobre la mesa, Jake se vio asaltado por palmadas juguetonas y codazos en las costillas y la espalda.
La mayoría venían de Drew y Garrison, pero también recibió algún que otro golpe perdido del resto de miembros del equipo.
Después de unos años largos, duros y desafiantes —aunque igualmente gratificantes y emocionantes—, Jake lo había logrado.
Se había convertido en detective, superando el primer obstáculo de su carrera.
Desde sus primeros días con el equipo en Croydon hasta su breve etapa en la policía de Surrey —donde había detenido a uno de los grupos de crimen organizado más importantes del país y los había enviado a prisión—, hasta su nuevo destino en Bow Green, había sido una época apasionante.
Y, por un momento, Jake se quedó sin palabras.
Sentía cómo el orgullo recorría su cuerpo, una emoción que no experimentaba desde que nació Ellie seis meses atrás, aunque empezara a parecer que habían pasado seis años.
—Vaya —dijo cuando el revuelo se calmó y todos regresaron a sus asientos—. Yo... yo... no sé qué decir.
—Con que no uses la puta palabra con J, todo irá bien —gritó Garrison, poniéndose las manos alrededor de la boca para que se le oyera mejor.
Jake esbozó una sonrisa.
—Ayuda tener amigos en las altas esferas —dijo Liam, guiñándole un ojo a Jake.
—Te estoy agradecido, jefe.
—¡Ahora ya podemos llamarte detective de verdad! —dijo Drew desde su escritorio, que estaba situado junto al de Jake, al otro lado de un pasillo estrecho.
—Pero si ya lo hacíais igual.
Soltando una risita y sorbiendo con fuerza para luego limpiarse la nariz con el dorso de la mano, Drew respondió: —También te llamábamos otras muchas cosas cuando no estabas delante.
La sala estalló en carcajadas. Drew solía ser el responsable de la mayoría de las risas en el despacho.
Se veía a sí mismo como el payaso de la oficina, aunque mucha gente pensaba que eso también era cierto en un sentido más general, Jake incluido.
En cambio, Garrison era todo lo contrario.
Silencioso, reservado, metódico. Aunque, cuando se trataba de meterse con Drew, siempre era el primero en apuntarse.
—No le hagas caso —dijo Liam, haciendo callar a Drew y las risas con un gesto de la mano—. No es más que un gilipollas.
Puso una mano en el hombro de Jake y apretó. —Estamos orgullosos de ti, chaval. Todos nosotros. Cuando te acogí bajo mi tutela, sabía que ibas a ser un buen tipo. ¿Y en qué te has convertido?
—¿En un buen tipo?
—Exacto. ¿Qué vas a hacer esta tarde? —preguntó Liam, pero no le dio tiempo a responder—.
Cancela tus planes, porque el resto ya lo hemos hecho.
Nos vamos al pub a celebrarlo. Todos nosotros.
—Señaló a Garrison—. Incluso el viejo amargado de McVitie de ahí enfrente. Suponiendo que su marcapasos aguante.