Capítulo 46
Tengo las manos temblando por el golpe que le he dado a Jack en la cara y por cómo he conseguido detener con facilidad el puñetazo que iba a darme.
Me siento bien, poderosa con esta situación, al fin y al cabo me dediqué años al Krav Maga para conseguir lidiar con situaciones como esta y estoy orgullosa de mí.
A pesar de entrenar durante años para esto, tenía dudas de si sería capaz de reaccionar cuando llegara el momento, pero sentir su toque otra vez, de esa forma, fue un detonante.
Mi cuerpo simplemente tomó el control, sabía qué hacer para defenderme esta vez.
Mirarlo a los ojos y ver la furia en ellos me dejó perpleja.
No tengo certeza de haber hecho lo correcto, pero algo necesitaba ser hecho.
Veo la discusión en el restaurante y aprovecho ese momento para salir de allí.
Jack estaba intentando apaciguar la situación y fue a hablar con una pareja que estaba sentada a nuestro lado.
Por un momento pensé en pedir ayuda, en decir que me estaba amenazando, pero ¿a quién quiero engañar?
Sé mejor que nadie cuántas mujeres son víctimas de malos tratos, de agresiones por parte de su pareja, y no pasa nada.
¿Cuántas mujeres aparecen en la ONG contando barbaridades que han sufrido?
La mayoría de ellas son de familias más humildes, tienen hijos de por medio, casi siempre pequeños, y mucho miedo de perder la custodia de los niños en favor del padre agresor, por eso prefieren aguantar.
¿Cuántas han aparecido con un ojo morado, la mandíbula rota, usando la excusa más conocida de todas, que es “Me caí por las escaleras”, “Me di con la puerta del armario”, “Soy muy torpe, acabo haciéndome daño sin darme cuenta”?
Aprendí de la forma más cruel la verdad: la gente incluso se preocupa en el momento en que presencia algo, pero el hombre, por el simple estatus de ser hombre, consigue revertirlo todo fácilmente y encima llaman a la mujer loca, chiflada, pirada.
Claro que existen situaciones en las que se hace justicia, pero por desgracia son pocos los casos y, contra Jack, sé que no puedo sola.
Entro en el primer taxi que veo pasar. Reparé rápidamente en que algunos de mis seguridad parecían estar agachados, resolviendo algún problema del coche, pero yo no iba a quedarme allí para ver qué era.
Madre mía, esto está adquiriendo una proporción que nunca imaginé.
Pido que me lleve a la dirección de la casa de mi tía, es el único lugar donde me sentiré más segura, por ahora. Durante el trayecto recuerdo todo lo que hablamos, las fotos que me enseñó y la forma en que habló de mis padres. Siento que ya lo tiene todo planeado.
—Los va a usar contra mí. —Hablo en voz alta sin darme cuenta.
—¿Qué ha dicho, señora? —Me pregunta el taxista.
—Nada, disculpe. Estoy pensando en voz alta.
Vuelvo a concentrarme para no decir lo que no debo. De verdad pensé que podría jugar contra este hombre, que podría entrar dentro de su locura y salir victoriosa, pero hoy tengo la certeza de que no tengo la menor oportunidad. Está muy por delante de mí.
Sé que quiero defender a Adam, pero esto está fuera de control y, si le pasa algo a cualquiera de ellos por mi culpa, sabiendo que al menos podría haber intentado algo, nunca me lo perdonaré.
Decido enviarle un mensaje a Adam, suplicándole que se reúna conmigo.
Sarah:
Adam, ¿podemos vernos? Necesito hablar contigo urgentemente.
Llego a casa de mi tía y pago al taxista. Entro mirando hacia los lados, con miedo de que me hayan seguido, al fin y al cabo sé que él sabe dónde vivo, lo sabe todo. Mi tía viene a mi encuentro y percibe mi cara de pánico.
—Sarah, ¿qué ha pasado? —Me acompaña hasta la cocina, donde cojo un vaso de agua y me siento en la encimera.
—Tía, es mucho peor de lo que pensábamos. —Bajo la cabeza—. Tenía fotos de todos y os amenazó.
—¿Qué? —Se asusta y se lleva la mano a la boca—. ¿Cómo fue eso? ¿Qué tipo de fotos?
—Fotos personales. Tuyas, de mamá y de papá. Dejó caer que tú estás protegida, pero que mis padres no, porque viven en Estados Unidos, que es donde él domina, y que no deben de tener ni idea de lo que está ocurriendo aquí. Serían presas fáciles.
—Qué horror, querida. —Se sienta conmigo en la encimera.
—Y eso no es lo peor, tía.
—¿Cómo que no? Habla ya, Sarah, estoy nerviosa. —Coge mi vaso de agua y da un trago.
—Me agarró por las muñecas y le di un puñetazo. Cayó contra la mesa y me miró con tanta rabia que tengo mucho miedo. Más miedo que antes. —La miro esperando una reacción, pero nada.
Tita se queda paralizada en la mesa, sin reacción.
—¿Tía? —La llamo.
—¿Le pegaste? —Asiento con la cabeza—. Muy bien, querida, muy bien.
Me alegra que lo hayas hecho. —Me confundo con sus palabras—.
Te defendiste directamente por primera vez.
Estoy orgullosa de ti por eso. Sé que tienes miedo de su reacción, yo también, no voy a mentirte, pero quiero que a partir de ahora siempre elijas defenderte. Siempre, ¿me has oído?
Sus palabras me conmueven y permito que ahora, aquí con ella, mis lágrimas salgan.
Sé que no está hablando solo de ese gesto contra él.
Está hablando de toda mi historia de violencia y abuso psicológico.
Está diciendo que basta, que ya no voy a pasar por eso, que no estoy sola.
Ahora tengo a quién pedir socorro. En realidad, siempre lo he tenido, pero hoy lo veo.
—Le mandé un mensaje a Adam. Decidí que voy a contarle la verdad. —Hablo sorbiendo por la nariz y limpiándome una de las lágrimas del rostro.
—Hiciste lo correcto. Necesita saberlo y sé que va a ayudarnos. Él puede contra Jack. —Asiento con la cabeza y pido permiso para ver mi móvil, porque no he mirado si me respondió.
Adam:
Voy hacia allí ahora.
Sarah:
No. Voy a tu casa.
Me siento tan aliviada de que me haya respondido así que apenas pienso en lo que estoy haciendo. Simplemente cojo el bolso, las llaves del coche y voy a su encuentro, casi sin conseguir avisar a mi tía de que estoy saliendo.
Ahora, mientras camino por la calle, siento pavor por haber actuado por impulso; todo lo que pensaba era que necesitaba verlo. ¡Lo necesitaba!
—Tía, estoy conduciendo, no puedo hablar ahora. —Digo por el bluetooth del coche al contestar el teléfono.
—Sarah, has salido corriendo, ni siquiera esperaste a los seguridad. ¿Adónde vas? —pregunta, angustiada. Se percibe lo mucho que la he preocupado en su tono de voz.
—Lo siento, tía, pero voy a ver a Adam. No pensé, simplemente salí. Pide a los seguridad que vayan a mi encuentro a su casa. Te daré noticias después de hablar con él, ¿vale?
—Está bien, pero avísame de verdad. No me gusta verte así en la calle.
Me despido de ella y sigo prestando atención a las calles.
Está todo oscuro, porque ya se está haciendo tarde, y eso solo intensifica el temor que crece dentro de mí.
Una parte de la calle es más oscura y no es el lugar ideal para andar, incluso siendo en un barrio noble.
Pero ahora ya es demasiado tarde para volver.
No sé qué imaginaba, pero desde luego no era esto. Veo un coche viniendo en mi dirección, acelerando demasiado para ser un vehículo común. Después de todo lo que ya he vivido, sé que algo está mal.
Cojo el móvil e intento llamar a Adam, pero estoy en una zona sin cobertura. Decido entonces abrir WhatsApp y enviarle un mensaje de audio.
—Adam, sé que podría haber dicho esto tantas veces antes y me arrepiento amargamente de no haberlo hecho.
De verdad quería, pero todo lo que ocurrió me lo impidió.
Estas palabras estaban atascadas dentro de mí, y ahora siento miedo de no poder decírtelas nunca más.
Necesitas saberlo: me salvaste de innumerables formas y me hiciste conocer el verdadero amor.
Los días y los meses que tuvimos juntos significaron más que años de mi vida en la oscuridad.
Conseguí levantarme sola, pero tú trajiste la luz que faltaba.
En lugar del dolor y del miedo, me diste paz y tranquilidad.
En lugar del abuso, me ofreciste protección.
Y yo, que nunca pensé que viviría una historia de amor, viví la más hermosa de todas. ¡Te amo hoy y para siempre!
Con lágrimas en los ojos y dificultad para respirar, consigo pronunciar esas palabras antes de sentir el fuerte impacto de un choque.
Me siento confusa, mareada y un poco desorientada. Miro a mi alrededor y tengo la sensación de estar en una película, con todo ocurriendo muy deprisa. Jack abre la puerta del coche y coloca algo en mi rostro.
—¿Qué? ¡Suéltame! —grito, pero enseguida me envuelve un olor tan fuerte que pierdo la consciencia.
Te echaba de menos, oscuridad; es bueno encontrarte de nuevo.