Bajo la protección del CEO multimillonario Capítulo 45
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Capítulo 45

Jack Miller

Cuando Sarah propuso esta comida me pareció intrigante. Hoy se cumplía su plazo, fui muy bueno al darle un día. Eso es lo que ella piensa. Necesitaba ese tiempo para conseguir todas las fotos y la información de su familia.

La separación entre ella y Adam fue incluso muy fácil y dentro de lo esperado, pero imaginé que encontraría obstáculos para llevármela de vuelta a Estados Unidos.

Aproveché para estudiar también la casa de su tía.

Sé que mandó montar una seguridad alta, de primera calidad.

No tiene mucho sentido arrancarla de allí por la fuerza, llamaría demasiado la atención y me tomaría tiempo y dinero más allá de lo necesario.

Necesitaba un plan mejor, más elaborado, para convencerla de irse conmigo por libre y “espontánea” voluntad.

Nada como una buena amenaza para hacerlo, ¿verdad?

Ver su cara de pavor cuando le muestro las fotos de sus padres es como follármela de nuevo.

¡Joder! Estoy excitado con esa carita suya para mí.

Me la follaría aquí, encima de esta mesa, con todos mirando para que entiendan que ella y ese coñito son míos.

Imagino que ahora va a ceder, ahora va a suplicarme que los deje en paz y que hará todo lo que yo le mande. Sí, esta es la hora. Este es el momento que tanto he esperado, pero se levanta como si fuera a marcharse.

¿Cómo se atreve? No la he liberado.

La cojo por la muñeca, como ya hice millones de veces, pero siento un golpe fuerte en la cara y caigo encima de una mesa. ¿Pero qué cojones ha sido eso? Me giro y me doy cuenta de lo que ha ocurrido. ¿Ha tenido la audacia de ponerme la mano encima? La miro con odio en los ojos.

Ha olvidado cuál es su lugar, pero voy a recordárselo. Me preparo para darle una buena bofetada en esa cara de mosquita muerta, voy a hacer que me respete. Cuando lanzo el golpe, me sujeta la mano y veo a un seguridad alto detrás de ella viniendo hacia mí.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —Desde luego no es su seguridad, porque ya me encargué de mantenerlos ocupados; al fin y al cabo, cuatro neumáticos pinchados dan algo de trabajo. Este debe de ser el del restaurante.

Algunas voces de los clientes se hacen presentes. Algunas personas que estaban comiendo se levantan y dicen:

“¿Se ha hecho daño, señorita?” “No la toque.” “Qué barbaridad.” “Llamen a la policía”.

Se forma un tumulto a mi alrededor y necesito resolverlo. La policía ahora no sería nada bueno, nada bueno en absoluto. ¡Mierda! Mira lo que esta hija de puta me hace pasar.

—Calma, gente, disculpadme. Ha sido todo un malentendido.

—Levanto las manos en señal de rendición, intentando mostrarme arrepentido.

Me giro hacia otra mesa, donde veo a una pareja que habló sobre la policía—.

Os pido disculpas por esto, pero mi novia y yo estábamos hablando y ya sabéis lo que ocurre cuando las emociones hablan más alto.

Habéis visto cómo me atacó, ¿verdad? Tiene comportamientos así, se pone violenta y solo quise defenderme.

Percibo que, después de un rato, van calmándose y caen en mi discurso.

Basta con decir que soy la víctima para que, aunque sea claramente lo contrario, siempre crean la palabra del hombre.

Menos mal que nuestra sociedad de mierda es así.

Me giro de nuevo para ordenar a Sarah que se siente y percibo que ha desaparecido.

¡Joder! Quiero gritar, pero no puedo.

Necesito fingir para que no haya mayores problemas aquí.

Lo último que quiero es llamar la atención de esta forma.

Intento disimular mi cara de furia y vuelvo a decirles a las personas que aún me están mirando que solo fue un malentendido.

Parecen aceptarlo rápidamente, porque enseguida vuelven su atención a su comida y se ocupan de sus vidas de mierda.

Pido la cuenta y dejo una excelente propina para los camareros que estaban presentes y, sobre todo, para el seguridad. Digo que es por los “inconvenientes que pueda haber causado”, es decir: “Toma este dinero para cerrar la boca y tú no has visto nada aquí”.

Aceptan, claro que aceptan. Me marcho del restaurante.

Entro en mi coche, que estaba en la puerta esperándome.

Pienso en ir hacia mi escondite; no es bueno moverme por esta zona por ahora, puedo correr el riesgo de que me reconozcan y mi plan se vaya al garete.

Pero cuando recuerdo lo que Sarah ha hecho, me importa todo una mierda y voy en dirección a la casa de su tía.

Ella cree que ganó la batalla, pero esto es una guerra y lo que tengo preparado para ella es algo que jamás soñó ni en su peor pesadilla.

Esta mujer encontrará la forma de amarme, quiera o no quiera.