Capítulo 47
Estoy en mi despacho de casa, revisando toda la información que tenemos hasta ahora, cuando recibo un mensaje de Sarah. La forma en que me pide verme me dice que algo va mal.
Respondo de inmediato que voy hasta ella, pero, al cruzar la puerta de casa, recibo un mensaje informándome de que viene hacia aquí.
Contacto con uno de mis guardias, que ha estado con ella todo el día, para entender qué está ocurriendo. Así, cuando llegue, ya tendré una noción de lo que ha pasado.
Me cuenta que Sarah y Jack se encontraron en un restaurante y hubo tensión; parece que ella le dio un puñetazo.
Cuando él iba a reaccionar, mis guardias estaban listos para entrar en el restaurante y sacarla de allí, pero ella aprovechó la confusión para salir y cogió un taxi que la llevó a casa de su tía.
Después, salió de la nada, tan rápido que, cuando se dieron cuenta, ya estaba lejos. Por lo que oyeron de la conversación de su tía con sus guardias, viene de camino a mi casa y ellos también están viniendo hacia aquí.
¡JODER! Mira todo lo que mi mujer está pasando y yo lejos de ella. ¡Qué mierda! Tiro al suelo un jarrón que estaba sobre la mesa y se hace añicos.
Lo único que me calma es que viene hacia aquí y nunca más va a salir. Que le den a este plan; ya tengo información suficiente para destruirlo y no voy a seguir lejos de ella.
Los minutos pasan y la aprensión crece dentro de mí, como una opresión en el corazón, diciéndome que algo va mal. Ya debería haber llegado.
Cojo el móvil para comprobar si hay alguna novedad, pero nada. La llamo y salta el buzón de voz. Sé que por aquí cerca hay una zona con mala cobertura; puede ser eso. No aguanto más esperar; necesito salir y ver si la encuentro por el camino. Solo hay una ruta que podría haber tomado.
Cojo mi coche y, junto con algunos guardias, hago el trayecto como si fuera hacia la casa de su tía, pero nada me preparó para la escena que veo.
Su coche está abollado por el lado del conductor, pero no hay ni rastro de ella por ninguna parte.
—¡Registradlo todo e intentad encontrar alguna pista, cualquier cosa! —Ordeno a mis guardias, que de inmediato empiezan a analizar el lugar.
Abro la puerta del conductor y miro en el suelo, intentando encontrar su móvil o cualquier objeto suyo, y lo encuentro en un rincón del coche. No sé si lo escondió o si realmente no tuvo tiempo de cogerlo, y ese pensamiento me atormenta.
¿Qué te han hecho, mi amor?
Uso la contraseña que me dio una vez y consigo desbloquear el móvil, aliviado al percibir que no la ha cambiado. Entonces veo el mensaje que me mandó, pero no había llegado porque aquí no hay cobertura.
Respiro hondo y escucho el audio.
Mi corazón se detiene y es como si olvidara cómo respirar; me falta el aire. Estoy completamente impactado por sus palabras, sin poder moverme.
Por primera vez en la vida, siento algo parecido a lo que debe de ser la muerte; algo dentro de mí muere con la posibilidad de que ese mensaje haya sido un adiós, con la posibilidad de haberla perdido para siempre.
No, no puedo permitirlo. Dondequiera que estés, mi amor, voy a salvarte.
Me despierto con un dolor enorme en la cabeza. Apenas consigo abrir los ojos, todo está dando vueltas y tengo dificultades para incorporarme. ¿Estoy tumbada? Ni siquiera estoy segura de eso, pero poco a poco voy acostumbrándome al dolor y me doy cuenta de lo que ha pasado.
¿Dónde estoy? Poco a poco mi visión va mejorando y consigo reparar en algunas cosas.
Estoy tumbada en una cama, con unas mantas que me resultan familiares.
Miro hacia un lado y veo la decoración del lugar.
Es de color gris y negro. En la esquina derecha hay un espacio con un sofá y unos pufs tirados en el suelo.
¿Qué? Conozco este lugar, pienso. En ese mismo instante oigo el ruido de alguien entrando y entonces lo veo.
—Mira quién ha decidido despertarse. Bienvenida, mi princesa. Estaba deseando que despertaras. —Entra y se queda de pie frente a mí, mirándome con cara de lunático.
—Jack, ¿dónde estoy? —Apenas consigo balbucear esas palabras.
—No, no y no. Es “novio”, ¿recuerdas? ¿Lo intentamos otra vez? —Mueve el dedo en señal de negación, como un loco.
Trago saliva. No quiero pelear hasta entender qué está ocurriendo, así que hago lo que me ordena.
—Novio, ¿dónde estoy? —Pregunto.
—Ah, ahora ha sido mucho mejor. —Se acerca un poco y eso me asusta—. No te preocupes, ahora estás sana y salva. —Pongo cara de confusión—. Princesa, ¿no reconoces este lugar? Mandé prepararlo para que te sintieras bien. —Gira el cuerpo señalando todos los lados, para que vea lo que está mostrando.
—¿Qué? No lo entiendo. —Mi razonamiento está lento y no consigo seguir lo que dice.
—Está bien, te lo explico. Recreé mi habitación de la adolescencia. Adonde veníamos todos los días después de clase, así volverás a sentirte en casa. —Miro alrededor y consigo ver lo que quiere decir.
Todos los mínimos detalles están aquí. Ha recreado de forma perfecta el peor lugar de mi vida.
—¿Recuerdas, amor? —Se sienta a mi lado. Eso me provoca escalofríos—. Era aquí donde te follaba tan bien después de clase. ¡Joder! Solo de pensar en entrar dentro de ti ya me pongo duro. ¡Mira cómo me dejas! —Me coge la mano y la coloca encima de su pantalón para que note su gran volumen.
Intento retirar la mano, pero me sujeta las muñecas con fuerza. Me giro y consigo darle un golpe leve, pero no es suficiente. Estoy tan débil que no hago los movimientos completos y me quedo sin aire.
—Estoy encantado de ver este lado salvaje tuyo, princesa. Domarte será todavía más delicioso. Me gusta la princesa, pero esta forma tuya de ahora despierta algo más en mí.
—¿Por qué me siento así? ¿Qué me has hecho? —Me paso las manos por los ojos, siento un mareo fuerte e intento no desvanecerme.
—Investigué más después del golpe que me diste y percibí que la lucha era algo serio.
Cuando leí sobre eso pensé que era una broma y no le di importancia, pero ahora sé tu potencial y no queremos un accidente, ¿verdad?
Así que te di, digamos, una medicinita para que no estés tan agresiva.
Voy a dejarte descansar un poco más, pero no te preocupes.
Volveré pronto. Dulces sueños, princesa.
Lucho contra el sueño que me invade. No puedo desvanecerme así. Tengo miedo de lo que pueda pasarme, de lo que él pueda hacerme, pero es mucho más fuerte que yo y así, antes de perder la conciencia otra vez, rezo para que alguien me salve, para que alguien me saque de esta pesadilla.