Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 20 #6
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CAPÍTULO 20 #6

—Estoy de acuerdo en absolutamente todo lo que tú digas, bonita.

Si tú dices cocaína, esa es la ley —había respondido el viejo y asentí, con una sonrisa todavía más grande en el rostro ante la sumisión del italiano.

Insisto en que no estoy de acuerdo del todo en la moral de lo que está sucediendo en esta habitación, pero no me queda más que aceptar las decisiones de mi padre y usar mi cerebro para salvaguardar el apellido.

—Ya has escuchado la postura oficial, Francesco, terminemos con esto antes de que nuestra ausencia sea notada. Empezaremos a traficar con cocaína en los puertos del sur y después, en el siguiente trimestre, hablamos del monopolio del tabaco, ¿entendido?

—Lo que diga la señorita Romanov —me había dado la razón y suspiré, disfrutando de ese instante de control absoluto sobre hombres peligrosos.

En realidad, cuando me detengo a pensar, entiendo que soy como un ángel inocente que vino al infierno por herencia, alguien que por moral no debería pertenecer a este mundo subterráneo de lavado y armas.

Pero, al mismo tiempo, soy una mujer que tiene tanto valor, frialdad y astucia como los otros, alguien a quien le fascina el ejercicio del poder real y que adora burlarse de la debilidad de los demás en cierto punto del juego.

Creo, con lucidez, que no soy un pequeño ángel indefenso de todos modos, sino un demonio analítico que ama el pecado de la estrategia.

Regresando a la realidad del dormitorio de Luka, miré a mis dos hermanos con una fijeza seria.

—La que hizo la auditoría y el trato directo con Francesco fui yo en ese búnker, pero ya lo he dejado todo claro en los papeles, por lo que no tengo absolutamente nada más que hacer en esta nueva reunión.

Dejaré que mi padre se encargue de firmar los protocolos solo con él —me di por vencida, acomodando mi abrigo—.

Si mi padre obra mal y confía de más en la Cosa Nostra, por supuesto que el que pagará más caro las consecuencias va a ser él y su jefatura.

Tan solo me aseguré de percatarme de que no fuera una trampa en cuanto a la pureza de la mercancía, no obstante, no puedo responder por la política de su amistad.

—Siempre es lo mismo con el viejo, aunque últimamente empiezo a estar en total desacuerdo con las decisiones apresuradas que toma —Katya intervino, golpeando la pared con el puño—.

Este es un negocio bastante serio como para tomarse la lealtad de un italiano a la ligera, así que lo que está haciendo al recibirlo en casa es una puta estupidez.

Eso es lo que pienso y punto. No soporto al Capo desde ese día, desde el momento en que se atrevió a traicionar la confianza de la familia ante la FSB para salvar su propio pellejo. Es una rata cínica.

Me percaté de la hora en el reloj de mi muñeca y me di cuenta de que se me estaba haciendo más tarde para viajar hacia el apartamento de Dimitri, por lo que tuve que obligarme a mí misma a cortar la tensión y despedirme de mis hermanos mayores antes de levantar sospechas.

—Katya, Luka, lamento informarles que tengo que cortar la charla e irme ya porque no quiero que se me haga más tarde en la carretera —suspiré, tomando mi bolso—. Puede que me quede una semana entera en la capital revisando las galerías y los textos del taller.

—Disfruta tu tiempo en Moscú, Dasha. Mientras tengas la oportunidad de salir de este infierno de mansión, bien por ti —Luka me felicitó, causando una risa espontánea y amarga en Katya—. En serio, espero que disfrutes de todo el tiempo que puedas pasar fuera de esta casa. Te lo mereces.

—Por supuesto que sí, de eso ni lo dudes, hermano —aclaré, forzando una sonrisa—. Katya, te veo luego. Iré a la planta baja a avisarle a nuestros padres que me voy ahora mismo.

—Nos vemos en unos días, pequeña —ambos dijeron por última vez cuando abandoné la habitación.

Bajé las escaleras a paso firme hasta el comedor principal, donde me encontré con mi padre cenando y compartiendo copas de vodka con Francesco De Angelis.

Debo admitir que mi madre era una figura sumamente ausente casi todo el tiempo en estas reuniones de la Bratva, y aquello se debía a que le gustaba trabajar ayudando a nuestro padre en los temas legales sola en el aislamiento de su habitación, al igual que evitar ser testigo directo de los malos actos y las ejecuciones de mi padre.

Era su forma de mantener una doble moral intacta.

—Buenas noches, padre, Francesco —saludé con cordialidad protocolaria, deteniéndome al borde de la mesa de roble—. Papá, estoy a punto de subir al auto para irme a la capital; tan solo quería avisarte para que den la orden de abrir los portones perimetrales.

Al pronunciar la despedida, me asustó y me incomodó la expresión fija en el rostro de Francesco De Angelis; había un brillo extraño, una especie de burla contenida en sus ojos oscuros que no terminaba de gustarme en absoluto.

Jamás había tenido ese tipo de sensación de vulnerabilidad frente a un socio, sin embargo, el panorama cambió apenas él desvió la vista.

Pensaba en mi fuero interno que sus verdaderas intenciones al estar en nuestra casa no eran las mejores ni las más transparentes; quizás se deba a mi propia paranoia de abogada que me impide entregarle mi plena confianza a cualquiera últimamente.

—Oh, Dasha, mi amor, espera un minuto antes de salir hacia la carretera —mi padre se levantó de la mesa de inmediato, dejando su copa de lado y mirándome con fijeza—.

Hay un asunto contable del que me gustaría hablar contigo a solas.

Francesco, necesito que me disculpes un momento a solas con mi contadora.

—Claro que sí, Maximiliano, no te preocupes en absoluto. Atiende a la señorita —el Capo italiano le dio una sonrisa de lado, recostándose en la silla con una familiaridad que me revolvió el estómago.

—Dasha, acompáñame a mi oficina privada —me pidió mi padre e hice caso a su petición en silencio, siguiéndolo por el pasillo blindado.

Cuando estuvimos allí dentro, él se encargó de cerrar la puerta de roble con seguro—.

Mi niña, necesito con urgencia que me ayudes a maquillar y desviar un par de informes financieros de la ruta del norte.

Hice un movimiento de capital imprevisto con una gran parte del dinero que iba destinado originalmente a la paga de nuestros trabajadores y transportistas de la frontera, y necesito que el balance cuadre ante los auditores antes del lunes.

—De casualidad... ¿en qué invertiste exactamente esa enorme cantidad de dinero en efectivo, papá?

—inquirí, cruzándome de brazos—. Sabes perfectamente que conocer el destino real de la inversión va a permitirme diseñar la estrategia legal y la excusa contable que necesitas para no levantar las alertas de la fiscalía.

—Invertí en la compra de armamento pesado y equipo táctico más de lo que el presupuesto anual permitía, Dasha, no obstante, mi preocupación real por la seguridad mía y de todos ustedes ha incrementado de forma alarmante tras las amenazas de los árabes y los movimientos de la FSB —confesó el Pakhan, pasándose una mano por el rostro—.

Tengo un par de armas cortas de última generación guardadas para nosotros en la caja fuerte y me tranquilizaría sobremanera saber que llevas una pistola contigo en tu bolso durante tu viaje a la capital. El ambiente está peligroso.

—Siempre llevo mi arma de confianza conmigo debajo de la ropa o en el bolso, papá, de eso no tengas la menor duda.

Conozco las reglas de este hogar —le respondí, manteniendo la calma—.

Y respecto al desvío, creo que lo que podemos hacer en los libros contables es registrar que esa cantidad específica de dinero de las armas se invirtió y diversificó en la paga de bonificaciones de los trabajadores de los muelles.

No es un procedimiento muy complicado si se distribuye en varias cuentas fantasma; cualquiera con un acceso básico puede ayudarte con el vaciado de datos.

Es una operación tan fácil que puedes ejecutarla tú mismo con el sistema encriptado o, si no tienes tiempo por estar con el italiano, pídele ayuda directa a Luka.

Él es sustancialmente más inteligente, meticuloso y rápido que yo para el manejo de los sistemas informáticos de la red.

—Le pediré ayuda a Luka para que haga el vaciado esta misma noche, gracias por el consejo técnico de igual manera, Dasha.

Me alegra mucho ver que tienes la oportunidad de salir de esta casa y tener un poco de diversión haciendo lo que más te gusta hacer en las galerías —Maximiliano me miró con una ternura inusual, sus ojos oscuros empañándose levemente—.

Si soy completamente honesto contigo, mi niña.

.. cuando yo tenía tu misma edad, hacía tantas cosas malas, sádicas y violentas en las calles para ganar terreno que no podía salir con tranquilidad a disfrutar de ningún lugar del mundo sin el temor de recibir un tiro en la nuca. Vivía bajo una paranoia constante.

—Gracias por todo lo que nos das, papá..

. desde que ustedes, mis hermanos y tú, crecieron y consolidaron este imperio, las cosas de seguridad han sido mucho más fáciles y estables para mí —le respondí, sintiendo un nudo de culpa en la garganta—.

Y me alegra ver que al menos hoy tienes la oportunidad de dirigir este lugar con cierta calma.

Al pronunciar esas palabras, noté cómo las lágrimas de la nostalgia se acumularon de forma visible en los ojos del temido lobo de la Bratva y sus mejillas se volvieron rojas por la emoción contenida.

Papá... me dije en mi fuero interno, sintiendo un escalofrío. Acabas de mostrarme tu lado más débil y vulnerable. Acabas de bajar la guardia por primera vez en todo el tiempo que tengo uso de razón, desnudando tus sentimientos de padre frente a mí.