CAPÍTULO 20 #5
He tenido una vida difícil, sí, la verdad es que mi realidad interna ha sido mucho más compleja, dura y solitaria que la de otros civiles.
Nací como la hija menor del Pakhan y, durante toda mi trayectoria, he tenido que aprender a vivir de la única forma posible que lograría cuidar de nuestra seguridad y blindar el patrimonio de la Bratva roja: ocultándome detrás de números, balances de lavado de activos y mentiras perfectas.
—Bueno, Luka, me voy de viaje unos días a la capital —le mentí a mi hermano varón en cuanto abrí la puerta de su habitación, forzando una sonrisa ligera.
Él se encontraba tirado en la cama, viendo la televisión de forma distraída y comiendo un par de bocadillos de una bandeja—.
Durante estos días se va a inaugurar un festival de artes contemporáneas que me llama mucho la atención en el centro y es más que obvio que no voy a faltar a la apertura.
—Qué bueno por ti, Dasha, en serio me alegra mucho que puedas irte de este infierno de mansión por unos días —me sonrió con un afecto fraternal legítimo—.
Se vuelve jodidamente monótono estar encerrado en un mismo lugar, realizando las mismas actividades operativas y escuchando los gritos de los guardias siempre. Te sentará bien el aire de Moscú.
Asentí con la cabeza, dándole la razón de forma fingida mientras apretaba la correa de mi bolso de mano.
—Ya sabes perfectamente que el arte es lo único que me encanta y me desconecta —respondí.
Claro que no mentía al decir aquello, el arte seguía siendo mi refugio, pero era rara la vez que en verdad iba a visitar algún festival desde que metí a Dimitri Korovin en mi vida.
Mi verdadero destino era su apartamento, el calor de su cuerpo para silenciar la soledad que me había dejado la confirmación de la muerte de Kang Dae.
Cuando iba a continuar la conversación con mi hermano mayor para ultimar los detalles de mi partida, Katya entró al dormitorio hecha una auténtica furia, azotando la puerta.
—¿A qué no adivinan qué pedazo de hipócrita acaba de venir a visitarnos a la propiedad de imprevisto? —rodó los ojos con un desprecio absoluto, cruzándose de brazos.
—¿Francesco De Angelis? —dije a modo de broma, aunque el estómago se me tensó de inmediato.
Por supuesto que yo sabía que mi padre había dejado a un lado todos los problemas financieros que tuvo con él en la frontera, pero me parecía que era demasiado pronto como para que se atreviera a venir a nuestra casa cuando el ambiente entre la Bratva y la Cosa Nostra seguía siendo sumamente tenso y hostil.
—¡Y claro que sí, diste en el blanco! —respondió Katya, bufando al mismo tiempo que se aseguraba de cerrar la puerta del dormitorio para que los sirvientes no escucharan—.
El gran hijo de perra ha tenido las agallas de venir en persona a establecer las nuevas alianzas de distribución con mi padre en el despacho principal. ..
—Sin embargo, la reactivación de ese tratado comercial ya la sabíamos desde hace más de un mes por las órdenes del viejo, ¿no es así, Katya? —Luka inquirió, apagando el televisor y poniéndose en alerta.
—Sí, aún recuerdo con una fijeza insoportable la última conversación técnica que tuve con él en la hacienda... —moví la cabeza de un lado a otro, cerrando los ojos por un instante e intentando recordar de forma analítica los detalles de aquello que tuvo lugar aquel día de mi sumisión comercial.
Había acompañado a mi padre hasta una especie de cuarto de cemento y hormigón armado que estaba profundamente alejado de la fiesta de cumpleaños, un búnker hermético en donde nos encontramos con Francesco De Angelis, algo que no me agradó del todo desde el primer instante.
No he olvidado en absoluto que mi familia y la del señor Capo siciliano se encuentran en un mal momento de confianza por todo lo que sucedió después de aquella vergonzosa vez en la que él fue apresado por la grandiosa FSB y negoció su salida entregando perfiles.
Aunque de la boca para afuera decimos ante los clanes que perdonamos las ofensas por la salud del mercado, en el fondo de nuestra psique seguimos recordando cada filtración con una furia sorda y pensamos fríamente en vengarnos y destruir su organización en cuanto tengamos la oportunidad matemática de hacerlo.
—Buenas tardes a todos los presentes —había saludado en aquella ocasión, enarcando la ceja y apretando la mano del jefe italiano con una cortesía gélida.
Me acerqué al flanco de mi padre de nuevo, demostrando lo molesta y expuesta que me sentía en esa mesa de concreto, y le susurré al oído—: Padre mío, me pregunto qué es eso tan urgente en lo que quieres que te ayude en este preciso instante de la negociación.
—Ayúdame a cerrar un par de negocios económicos y porcentajes con el italiano, Dasha.
No quiero que ese cabrón me vea la cara de idiota en este asunto de las rutas del sur —apuntó Maximiliano con voz ronca y asentí, todavía sin terminar de creer lo que estaba a punto de hacer porque bueno, se supone que la relación entre nosotros no había sido del todo buena en los últimos días.
Pero mi padre es un hombre testarudo cuando visualiza millones de rublos y prefiero quedarme callada, porque sé que de igual manera no me prestará atención si intento apelar a la moral de la Bratva.
—Dasha, Maximiliano... qué gusto tan grande me da que estén aquí en este búnker —Francesco había sonreído con esa prepotencia que tanto lo caracterizaba.
A veces, si soy sincera con mis propios sentimientos, sí que he llegado a odiar tantito la existencia de este hombre—.
Bueno, amigo mío, como te lo adelanté antes, me encantaría que volviéramos a establecer alianzas sólidas en cuanto al tráfico de sustancias ilícitas en los puertos.
Te propondré un par de cosas y me dirás en qué estás de acuerdo y en qué consideras que debemos ajustar las cifras. Tengo varias ideas.
—Papá... ¿me das el permiso de tomar la palabra y preguntarle un par de cosas específicas sobre el riesgo financiero? —había cuestionado yo y este asintió de inmediato. Prefería preguntarle antes de arruinar el protocolo diplomático o levantar sospechas.
—Claro que sí, mi niña, yo solo aprobaré el trato final.
Hazte cargo por completo de la mesa. Confío en ti y en la excelencia de tu trabajo —había respondido el Pakhan.
Por supuesto que lo hacías. Si no fuera por mis excelentes y milimétricas decisiones financieras, por la forma en que diversifico el dinero y limpio los activos, esta mafia de los Romanov ya ni siquiera existiría ahora mismo en Rusia; habríamos sido devorados por las auditorías estatales hace mucho tiempo.
Asentí con la cabeza, manteniendo una sonrisa de suficiencia en el rostro frente a los sicarios de la Cosa Nostra.
Puede que yo sea considerada la integrante más ingenua, inofensiva y débil de toda mi familia debido a mi fachada de estudiante de leyes, de igual forma, eso no significa que no me fascine tomar el control absoluto de las operaciones de vez en cuando.
Al contrario, me encanta sentir que mis palabras tienen un poder legal y fáctico sobre los demás.
—Francesco, quiero que sepas en primer lugar que, a nivel personal, no estoy en absoluto de acuerdo con la estupidez y la prisa con la que ustedes dos están haciendo este acuerdo, porque no estamos en un buen momento de confianza en esta relación —había espetado, fijando mis ojos en el Capo—.
No obstante, espero que sepamos manejar esto con un estricto profesionalismo corporativo y dejemos por completo de lado los problemas personales mientras evaluamos las ganancias, ¿está bien?
Ahora, tengo una pregunta para ti... ¿Tu propuesta consiste en que sigamos colaborando en cuanto al tráfico de sustancias estupefacientes únicamente?
¿No nos dedicaremos más a otra clase de negocios complementarios en las fronteras?
¿Qué hay con la red de trata de blancas que manejabas en los puertos del sur?
¿Sigues interesado en mantener ese canal activo?
—El negocio internacional ha empeorado un poco en ese aspecto debido a la vigilancia de la Interpol, por lo que mi junta ha tomado la decisión ejecutiva de dejar de participar en ello por el momento y centrarnos exclusivamente en la droga —había respondido Francesco lo más pronto que le fue posible, adoptando un tono sobrio—.
Lo que verdaderamente me interesa es el tráfico de drogas a gran escala para ser honestos contigo, Dasha.
—Tráfico de drogas será entonces, sin distractores —sonreí—. Bien... ¿Qué tipo de mercancía específica pretendes mover?
—Cannabis, éxtasis, cocaína pura, tabaco de contrabando, metanfetamina, anfetamina sintética.
.. —fue lo que me dijo, estirando los dedos sobre la mesa y entrecerré los ojos de inmediato, dándome cuenta con total claridad de lo peligrosamente ambicioso, voraz y desmedido que estaba siendo con sus deseos para su negocio a costa de nuestra seguridad en los muelles.
Claro que la Bratva no podía aceptar la responsabilidad de un catálogo tan grande y ruidoso por el momento; sería ponernos en la mira de la FSB.
—Veo que estás actuando como un hombre dominado por una ambición muy grande, Francesco, pero a mi parecer técnico, sería una estrategia mucho mejor que empezáramos de forma exclusiva con el tráfico de cocaína —había propuesto, manteniendo la frialdad—.
Digamos que prefiero comenzar por lo básico, consolidar una ruta limpia y, luego, expandir el negocio.
Una mueca de seriedad apareció en mi rostro al volverme hacia la cabecera—.
Padre, ¿estás de acuerdo con esa limitación de riesgo?