Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 20 #2
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CAPÍTULO 20 #2

Solté un suspiro trémulo, sintiendo que los ojos se me llenaban de lágrimas contenidas, incapaz de asimilar la nobleza destructiva de las palabras de mi padre.

Él hablaba con una devoción fraternal pura, ignorando por completo que la verdadera serpiente que había propiciado la vulnerabilidad de los Lee dormía bajo su propio techo, compartiendo su cama cada noche.

El torbellino de mis pensamientos se volvió gélido, tiñéndose de una profunda aversión.

Cada palabra de mi padre sobre la lealtad actuaba como un detonante que desataba en mi mente una oleada de pensamientos negativos y oscuros hacia mi madre, Anastasia Romanov.

Sentía una repulsión psicológica inmensa al verla pasear por los pasillos de la mansión con esa elegancia aristocrática, fingiendo ser la esposa devota y la madre ejemplar, cuando en realidad no era más que una criatura sínica, egoísta y calculadora.

Su existencia entera era una farsa corporativa; una traidora que había puesto en riesgo la seguridad de toda la Bratva y que había propiciado, con su lascivia y sus secretos de alcoba, la destrucción del clan coreano.

La odiaba con una frialdad jurídica; para mí, Anastasia era un parásito emocional que consumía la confianza de mi padre mientras se revolcaba en las sombras con el enemigo.

Su traición era un veneno crónico que yo me veía obligada a custodiar en silencio para que la mansión no estallara en una carnicería.

—Te apoyo de forma incondicional en todo lo que decidas ejecutar para honrar esa memoria, papá. Respeto y comparto tus decisiones tácticas al cien por ciento —le aseguré, forzando una sonrisa de apoyo filial.

—En realidad, si soy sincera con lo que pasa por mi cabeza, sí hay algo de nuestro pasado familiar que siempre he querido preguntarte con total libertad, sin embargo, nunca me he atrevido por temor a importunarte —le confesé, acomodándome el vestido azul.

De inmediato, el lobo de la Bratva dejó de lado los papeles de contabilidad que estaba firmando para prestarme toda su atención analítica.

—Sí, mi pequeña niña, puedes interrogarme sobre lo que desees con total confianza —sonrió de medio lado.

—Respecto a eso... siempre me he preguntado a mí misma en mis momentos de soledad, varias veces de hecho, cómo fue que conociste originalmente a mi madre en tus años de juventud.

Es decir, cómo fue que se dieron cuenta en el terreno del verdadero significado de su amor y de qué manera esa alianza los ha conducido hasta el trono donde están establecidos hoy en día —esta constituía mi oportunidad perfecta para recopilar información de inteligencia.

Necesitaba entender la psicología de su vínculo y atar los cabos sueltos de su matrimonio.

Tenía que sacarle el máximo provecho analítico a esta conversación en especial para medir la ceguera de mi padre.

—Oh... sobre ese asunto en particular —Maximiliano se sonrojó de forma casi imperceptible y se rascó detrás de la oreja con timidez, una evidente señal de nerviosismo que rara vez mostraba ante sus subalternos—. Digamos que es una larga, compleja y peligrosa historia de los juzgados de Moscú.

—Aun si se trata de una crónica sumamente larga y enredada, papá, de verdad que me encantaría que me la contaras con todos sus detalles —lo animé a continuar, manteniendo mi postura dócil—.

Es algo que he querido saber desde que tengo uso de razón; obviamente, me haría muy feliz conocer dicha historia de romance inicial entre los dos para entender cómo se construyó nuestro hogar.

Y entender con precisión científica si esa mujer te ama de verdad con la misma intensidad desinteresada con la que tú la adoras a ella, o si todo su matrimonio es una puta mentira de conveniencia. Aquel constituía mi verdadero propósito secreto en este interrogatorio de alcoba.

—Anastasia siempre estuvo al tanto de la verdadera naturaleza de mi ser operativo, Dasha.

Ella me conoció en las calles siendo ya un capo activo de la mafia roja, aunque en ese entonces mi nombre apenas había empezado a tomar una relevancia seria dentro del negocio del contrabando —explicó mi padre, rememorando el pasado—.

Pero a tu madre nunca le dio miedo absolutamente nada en este mundo, poseía un carácter de hierro, y es por ello que fue capaz de quedarse a mi lado, blindando mis finanzas hasta el día de hoy.

Un político corrupto de aquel tiempo se concentró de forma obsesiva en joderme la vida y desmantelar mi estructura, debido a que él alegaba que yo le había arruinado la existencia a su hermana menor por haberla introducido en el negocio de las sustancias.

El tipo estaba logrando cercarme judicialmente y me vi en la necesidad urgente de contratar a un buen abogado penalista que no le tuviera miedo al plomo; mis asesores me recomendaron el bufete de tu madre, que en ese entonces era una joven litigante brillante.

Fuimos directos, rudos y honestos desde el primer encuentro con ella en su oficina; la amenazamos de forma explícita con nuestras armas para que trabajara a nuestro favor bajo coacción y nos ayudara a ganar el caso federal.

Para mi total sorpresa y la de mis hombres de seguridad, la señorita Romanov demostró poseer una fortaleza mental superior a la de cualquier soldado y me miró a los ojos para decirme con frialdad: "Nadie en esta maldita ciudad me va a obligar a hacer nada bajo amenaza, señor Romanov, porque soy yo misma la que acaba de tomar la decisión ejecutiva de involucrarse en este caso por el puro desafío legal que representa" —mi padre dejó escapar una risa ronca—.

En ese instante pensé que estaba completamente loca o desquiciada, ya que nadie en su sano juicio querría joderse la vida vinculándose con la Bratva por gusto.

—¿Y jamás se te cruzó por la mente el análisis de que mamá pudiera ser simplemente una mujer amante del peligro extremo o una persona movida por una ambición económica desmedida?

—le pregunté con un tono casual, sembrando la duda de forma quirúrgica.

Por supuesto que, en mi caso particular, yo ya he descubierto mediante la observación directa cuál es la respuesta fáctica y adecuada a esa interrogante.

Anastasia solo ama el estatus y el poder que otorga el dinero de los capos.

—Anastasia es una mujer profundamente ambiciosa, Dasha.

No le teme al peligro de las balas; al contrario, he llegado a concluir en varias ocasiones que ella experimenta una atracción casi patológica hacia todo aquello que rompe las reglas y que no debe hacer según la moral común.

Su comportamiento fue exactamente así al acceder a ayudarnos con el caso; manejaba las auditorías con una felicidad absoluta y, en medio de todo ese proceso judicial complejo por el que tuve que atravesar para eludir la cárcel, ella comenzó a mostrarse bastante coqueta y dominante conmigo en las reuniones privadas.

Fue de esa manera táctica como terminamos involucrándonos de una forma romántica; con el paso de los años seguimos expandiendo la organización y, en cuanto se quedó embarazada de Katya por primera vez, tomamos la decisión ejecutiva de casarnos para consolidar la dinastía.

—Te agradezco de todo corazón que hayas compartido esa historia conmigo, papá, en verdad posee un alto valor para mí —con esas palabras de cortesía, di por concluida nuestra conversación nocturna y le permití que continuara firmando los documentos en paz, apartándome de su escritorio.

Sonreí de forma gélida mientras caminaba hacia la salida. Al fin, luego de todo el calvario que he tenido que soportar y procesar los últimos años en la mansión, me encuentro aquí, comprendiendo el rompecabezas entero con una claridad matemática.

Por supuesto que mi padre ama a Anastasia con una adoración ciega y peligrosa; por supuesto que mi madre no lo ama en lo absoluto de la misma forma desinteresada, sino que tan solo lo desea por el poder que representa y el estatus de ser la esposa del Pakhan.

El deseo carnal y la ambición triunfaron sobre el amor real en su matrimonio, aunque esa sea una verdad fáctica que solo conoce ella en su fuero interno mientras lo engaña descaradamente con otros hombres del hampa.

Mi pecho se apretó de golpe al trazar el paralelismo con mi propia realidad operativa.

Temo con horror que ese pueda ser exactamente mi propio final trágico con Dimitri Korovin si lo que se está gestando entre los dos en ese apartamento no es más que un deseo carnal mutuo, una atracción física nacida de la adrenalina de la mentira; temo que lo que tenemos él y yo en la intimidad no sea amor verdadero, sino una farsa de seducción de la que no podré escapar.

El deseo prohibido es un pecado que nubla el juicio, el amor real constituye una decisión inalterable de la voluntad, y cuando ambos elementos se mezclan en el terreno de la clandestinidad, tiene lugar una explosión psicológica ingobernable.

A pesar de que si no sientes ambas fuerzas sincronizadas en el pecho, todo el operativo tomará un camino destructivo.

Es una lástima inmensa, lo reconozco, pero constituye una cruel y fría realidad con la que debo aprender a jugar mi partida de ajedrez.