Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

Katya Romanov

—Necesito admitir con total honestidad que todo esto me tiene absolutamente sorprendida, Franco.

La vida, a pesar de las sombras que arrastramos, a veces puede llegar a ser magnífica cuando te permites respirar —terminé de cerrar el lazo de mi bata de seda oscura en cuanto salí del cuarto de baño, sintiendo el aroma a lavanda y vapor flotar en el ambiente.

Franco me había propuesto de forma repentina e impulsiva escaparnos un par de días enteros del mundo real, de las presiones de la Bratva, de los cobros territoriales y del asfixiante apellido Romanov, para vivir una ilusión perfecta.

Queríamos habitar, aunque fuera por cuarenta y ocho horas, en un universo alterno en el que solo importáramos los dos y nuestros deseos.

Nos encontrábamos disfrutando de unas vacaciones idílicas y clandestinas en Berlín, y tengo que confesar que he quedado maravillada, casi sin aliento, con la imponente y gélida vista que tenemos desde el gran ventanal de la suite de este hotel de lujo.

—La vista de los rascacielos alemanes es preciosa, lo reconozco, pero la verdad fáctica es que no es ni la mitad de hermosa de lo que eres tú en este instante, mi princesa —me halagó Franco con una voz aterciopelada y ronca, rompiendo el silencio del cuarto.

Sus palabras provocaron que me sonrojara de inmediato, perdiendo por un segundo mi habitual postura de mujer implacable, y lo único que pude hacer ante su galantería fue regalarle una pequeña sonrisa cargada de timidez—.

Katya, creo que ya ha llegado la hora exacta de que te entregue ese regalo especial que te he quedado debiendo desde la semana pasada por motivo de tu cumpleaños veinticinco.

Sé que odias los retrasos logísticos, pero aquí está.

Asentí en silencio con la cabeza, permitiendo que la calidez del momento disolviera mis defensas. Cortando la distancia física que existía entre ambos, me acerqué al borde de la cama, sentándome a su lado y abrazándolo con una delicadeza extrema, hundiendo mi rostro en su cuello.

—Creo que ya te he dejado más que claro en nuestros anteriores encuentros que tú eres y siempre serás mi mejor regalo en esta vida, Franco. No necesito absolutamente nada más de este mundo material si te tengo a ti protegiendo mis espaldas en la oscuridad...

—Aun así, te lo mereces todo en esta existencia, chica de fuego. Eres una Romanov, pero conmigo eres mi reina —fue su respuesta inmediata.

Con un movimiento pausado, metió la mano en el bolsillo de su saco de dormir de seda y extrajo una pequeña, elegante y costosa cajita de terciopelo verde oscuro.

Al ver el empaque, el corazón me dio un vuelco violento en el pecho y la respiración se me cortó en la garganta.

Ah, joder... por supuesto que este hombre no se atrevería a pedirme matrimonio formal todavía en medio de esta tregua.

.. ¿O acaso su audacia siciliana lo impulsaría a hacerlo aquí mismo, desafiando el plomo de nuestras familias?

La preciosa caja contenía en su interior un anillo de esmeralda colombiana de corte impecable, una joya preciosa, lujosa y deslumbrante que despedía destellos verdes bajo la luz de las lámparas.

No quería ni imaginar el nivel de compromiso y el peligro que Franco pretendía asumir al entregarme este regalo en concreto.

—¿Qué significa exactamente todo esto, Franco? —cuestioné con un hilo de voz ahogada, sintiendo que la curiosidad analítica y el nerviosismo me estaban consumiendo las entrañas por completo.

—Este no es un anillo de bodas definitivo, Katya, sino un anillo de promesa absoluta.

Con esto quiero sellar el amor descontrolado y puro que siento por ti desde el primer día —susurró, tomando mi mano con firmeza—.

Con este rubí verde, te prometo solemnemente que el siguiente que deslice en tu dedo será nuestro anillo de compromiso oficial ante el mundo, y te prometo bajo palabra de honor que, cuando menos lo imagines, vamos a ser capaces de escapar de este infierno y vivir esa vida de libertad que siempre hemos soñado en la intimidad.

Quiero reiterar el cariño infinito que siento hacia ti, lo mucho que te admiro como guerrera y respeto tu espacio; y quiero que sepas, por encima de todas las leyes de la mafia, que eres eso que le da un sentido real a mi aburrida existencia.

Lo eres todo para mí, Katya: el principio y el fin de mi cordura.

No hubo nada valioso en mi pasado antes de ti y no habrá absolutamente nada después de tu partida. Te amo, Katya Romanov.

—Yo también te amo con una fuerza que ya me resulta imposible de ocultar o reprimir en el pecho, Franco —confesé, dejando que las lágrimas de alivio empañaran mis ojos—.

Lo siento si esto altera nuestros protocolos de seguridad, pero la verdad es que no hay nada que desee más en este maldito mundo que gritarles a todos los clanes lo mucho que me he enamorado de tu persona.

Te amo, Franco De Angelis, y no hay una sola estructura, ni un trozo de territorio en Italia o Rusia que me importe más en esta vida que tú.

Solamente tú, con tu paciencia, puedes darle una verdadera razón de vivir a mi alma herida; solamente tú me mantienes feliz en medio de las balaceras, haces que mi espíritu se encienda con luz propia y pintas mi mundo negro y gris, ese entorno de muerte en el que crecí, con una paleta de colores vibrantes que nos llenan de alegría el porvenir.

Te amo, y entregarte mi lealtad afectiva es, sin duda alguna, la mejor y más acertada decisión que he tomado en toda mi trayectoria vital.

—Tú y yo, contra viento y marea, estaremos juntos por toda una eternidad de sangre —concluyó Franco, deslizándolo en mi dedo—.

No importa en lo absoluto que las cosas se pongan difíciles en las fronteras o que tu padre declare la guerra; si nos tenemos el uno al otro en la oscuridad, todo va a estar bien al final del día.

Dasha Romanov

—Debes tener por seguro, mi niña, que siempre he disfrutado de tenerte cerca en mi despacho.

Aprecio y valoro tu compañía analítica más de lo que imaginas.

Te quiero, Dasha, que nunca se le olvide a tu mente ese detalle, a pesar de todo el caos que pueda suceder en el futuro de la organización —murmuró mi padre desde su imponente sillón, manteniendo la vista fija en los balances financieros.

—Yo también te quiero con toda mi alma, papá, y tampoco lo olvides nunca, a pesar de todas las traiciones que puedan suceder en esta miserable vida de la Bratva —le respondí con suavidad.

Me senté con familiaridad sobre el borde de su escritorio de caoba y me dispuse a servirnos una taza de café cargado a cada uno, buscando entibiar el ambiente denso de la oficina—.

Es bastante tarde, ya pasa de la medianoche.

.. ¿Piensas quedarte recluido aquí por más tiempo revisando el papeleo de las fronteras?

—Termino de auditar este último expediente clasificado, Dasha, que contiene la información histórica acerca de los socios comerciales que hemos tenido en Nueva York y las alianzas de sangre que se han formado a lo largo de los últimos treinta años.

.. —explicó, pero tuve que interrumpirlo de inmediato de forma tajante, porque sus palabras habían despertado una gran curiosidad y una alarma analítica en mí.

—¿Qué quieres decir exactamente con eso, papá?

¿Qué es lo que piensas ejecutar a partir de la información de inteligencia que obtengas de esos archivos viejos?

—le cuestioné, entrecerrando los ojos en el proceso y adoptando mi postura de abogada fría—.

Padre... a veces tus acciones unilaterales suelen llamarme mucho la atención, muchísimo más de lo que me gustaría admitir en voz alta, a decir verdad. Hueles el peligro.

—No me he de permitir a mí mismo, bajo ninguna circunstancia legal o criminal, olvidar el daño letal que se le ha hecho a mis verdaderos amigos en el extranjero, Dasha.

Si me permito olvidar el plomo que sufrieron, he de dejar de ser el Pakhan de esta organización.

He de dejar de ser quien soy —sentenció con una voz ronca que me erizó la piel.

"Si un líder es capaz de perdonar la traición a su propia sangre, entonces significa que no conoce el verdadero significado del amor ni del respeto"

Aquella gélida frase de honor me la enseñó mi padre cuando yo era apenas una adolescente que se iniciaba en el manejo del lavado de dinero en la mansión, y nunca, por más años que transcurran, mi mente ha sido capaz de echarla al olvido.

Para mí, posee un grandioso y destructivo significado operativo, y merece ser recordada y ejecutada cuando el momento de la venganza lo amerite.

—No importa en lo más mínimo que el tiempo siga pasando y los años borren las huellas en Manhattan, Dasha; prometo por mi sangre que llegará el momento exacto en el que mis detectives descubrirán la identidad real de quien asesinó por la espalda al amigo que me acompañó durante toda mi juventud, al capo Lee Jaeyoon —continuó Maximiliano Romanov, apretando el puño sobre la mesa—.

Le debo a su memoria varios de los momentos más felices de mi carrera y le agradezco el enorme cariño y lealtad que me demostró en cada guerra de territorio.

Cuando encuentre finalmente a la persona que le hizo ese daño implacable, al cobarde que fue capaz de ejecutar a un ser humano de su talla para quedarse con sus muelles, a esa rata que huyó como un maldito animal asustado en el bosque tras destruir a los Lee.

.. me he prometido a mí mismo que ese infractor, ese imbécil tan miserable, se merece un final sangriento, mil veces más trágico e insufrible que aquel que le otorgó al hombre que tanto apreciaba.

No me interesa si esta cacería me toma décadas enteros; haré todo lo que esté en mis manos para desmantelar a sus verdugos, incluso si ejecutar esa justicia me cuesta la vida misma ante la FSB.

.. Que me quite la vida la ley entonces, no me importa.