Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #23
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CAPÍTULO 13 #23

—Hablaré con ella a solas en su habitación hoy mismo, Luka, te doy mi palabra de honor de que lo haré, así que despeja esa paranoia de tu cabeza —respondió Katya, deteniendo su paso para mirarme con esa fijeza severa que la caracterizaba—.

Ella nos tiene a todos nosotros respaldando sus movimientos, y sabe perfectamente que no vamos a abandonarla a su suerte por nada de este maldito mundo.

No la dejaremos batallar sola contra sus fantasmas, nunca, y tú lo sabes mejor que nadie.

Me comprometo formalmente ante ti a percatarme minuto a minuto de su estado emocional y de su salud integral.

Dasha es una mujer fuerte, posee una resistencia analítica implacable, a pesar de que nosotros, por puro instinto de protección, no dejemos de verla como esa niña indefensa que necesita que los otros le sirvan de escudo ante el plomo de la Bratva.

Ha transcurrido demasiado tiempo desde que nuestra hermana menor dejó atrás la adolescencia y se convirtió en una mujer adulta llena de valentía, una profesional que nos enorgullece a cada momento por su sabiduría y su inteligencia para manejar los activos financieros del clan.

También tenemos que ser lo suficientemente maduros como para considerar que necesita tener su propio espacio privado para procesar el luto, pensar con la cabeza fría y reconsiderar sus opciones de vida con paciencia.

—Ninguno de nosotros tres, por más que la amemos, puede saber a ciencia cierta cómo es que ella se está sintiendo verdaderamente por dentro en este instante de desolación —repliqué, cruzándome de brazos—.

No nos queda más opción fáctica que esperar a verla interactuar en las reuniones, esperar con calma a ser testigos directos del doloroso proceso psicológico por el que tiene que atravesar a como dé lugar para cerrar ese capítulo de Manhattan.

Y si determinamos que no es capaz de sobrellevar la situación de riesgo por sí sola, sin una intervención externa, por supuesto que ya sabemos perfectamente qué herramientas terapéuticas y qué nivel de protección especial necesita de nuestra parte.

Me aclaró el panorama con esa lucidez gélida que tanto la distinguía en los momentos de crisis dinástica.

Si algo me gustaba y respetaba profundamente de mi hermana mayor era su madurez táctica, más aún cuando se trataba de gestionar este tipo de quiebres emocionales que amenazaban la seguridad interna de la familia.

—Pero, sea como fuera el escenario que debamos enfrentar esta semana, vamos a acompañarla y a custodiarla en todo lo que necesite, siempre.

Tal y como lo prometimos bajo juramento de sangre frente al Pakhan, Katya —le recordé, fijando mis ojos en los suyos.

Nadie en esta línea de sucesión podría olvidarse de un compromiso moral tan importante como aquel, ni en mil años de guerras de mafia seguramente.

Solté un suspiro pesado que pareció vaciar mis pulmones, quedándome en un absoluto silencio reflexivo mientras observaba las luces de los jardines a través del ventanal.

Me pregunté a mí mismo, por primera vez en toda mi trayectoria dentro de la organización, cuál era la verdadera razón existencial por la que el amor real debe doler con una intensidad tan destructiva.

¿No se supone acaso, según la literatura barata y la filosofía civil, que el amor debe ser una fuerza que te haga feliz, que te otorgue paz y no un veneno que te llene la mente de una tristeza crónica?

Pues, analizando el historial de mi hermana pequeña, para ella la devoción había resultado todo lo contrario a una bendición.

Aunque en un principio, cuando caminaba de la mano de Kang Dae por los muelles de Nueva York, se sintió con total certeza como la persona más afortunada y protegida de este mundo al tener a alguien tan especial e imponente a su lado, luego conoció de golpe el significado crudo del dolor y lo que implica verdaderamente extrañar, desear y amar a una persona que te ha sido arrebatada por el plomo de los carteles.

Lo único que le pedía al destino en este instante es que Dasha encontrara finalmente una luz limpia que pudiera iluminar su camino financiero y personal, y que obtuviera de una vez por todas lo que tanto merece por su lealtad: tranquilidad mental y una felicidad absoluta lejos de las sombras de los Lee.

Dimitri Korovin

El juego de la infiltración es una maquinaria de precisión que no tolera los deslices sentimentales, pero la mente humana siempre busca un escape carnal cuando la presión de la FSB se vuelve insoportable.

En mi mapa de operaciones, la farsa de la seducción seguía marchando de forma impecable.

Había logrado que la escurridiza lavadora de dinero del clan Romanov quebrara su seguridad y me confesara su verdadera identidad bajo el techo de mi apartamento, entregándome la clave para desmantelar las finanzas de su padre a mediano plazo.

Yo la miraba con la frialdad de un verdugo que sostiene una soga de seda; para ella, yo era simplemente el civil noble, el novio entregado que ponía el afecto por encima de cualquier secreto de sangre.

Había transcurrido un mes completo desde aquella confesión en el sofá.

Un mes en el que Dasha se había replegado en la clandestinidad de sus negocios familiares, dejándome a solas con mis propios informes clasificados y con la urgencia de consolidar mi victoria en la división de inteligencia.

Pero la noche del viernes había llegado, y con ella, la promesa de su retorno a mi apartamento en el centro de Moscú.

Al escuchar el sonido de su automóvil estacionarse en el sótano, apagué los monitores del sistema de vigilancia y me preparé para reactivar mi máscara de hombre enamorado.

Cuando el timbre de la entrada principal resonó en el pasillo, abrí la puerta de inmediato, dejando que la luz del comedor iluminara su rostro analítico.

Dasha cruzó el umbral en silencio, vistiendo un abrigo largo que no lograba ocultar la rigidez defensiva de su cuerpo.

El cansancio de su mes de encierro se reflejaba en la palidez de sus facciones carmesí, pero sus ojos oscuros mantenían esa fijeza inteligente que tanto me exigía mantener la guardia alta.

—Buenas noches, Dimitri... te prometí que vendría este viernes sin falta y aquí me tienes —murmuró con una voz suave, dejando su bolso de mano sobre la mesa del recibidor.

—Te he extrañado cada hora de este maldito mes de silencio, Dasha —mentí con una suavidad ensayada, dando un paso al frente para acortar la distancia física y envolver su cintura con la firmeza de mis brazos.

La atraje hacia mi pecho con una fuerza fingida pero convincente, buscando sus labios con una urgencia carnal que funcionaba como el distractivo perfecto para desarmar sus defensas jurídicas.

Dasha se entregó al contacto con una desesperación silenciosa, aferrándose a mis hombros como si mi cuerpo fuera el único soporte flotante en medio de su tormenta familiar.

El beso fue profundo, demandante y cargado de una lujuria mutua que no requería explicaciones de alcoba; ella buscaba el afecto para callar la soledad de su mansión rota, y yo utilizaba la pasión para asegurar mi control absoluto sobre su psique.

Al distanciarnos apenas unos centímetros, la tomé de la mano y la conduje hacia el comedor, donde la luz tenue creaba un ambiente de absoluta intimidad. Nos sentamos frente a frente, compartiendo una botella de vino tinto que serví con parsimonia para relajar la tensión del ambiente.

—Tu hermano Luka ha estado moviendo demasiadas fichas en la frontera sur estas últimas semanas, Dasha —comenté de forma sutil, soltando el anzuelo informativo en medio de una sonrisa ligera, adoptando el papel del novio civil que se preocupa por los comentarios que escucha en los tribunales comerciales—.

En los círculos legales de Moscú se rumorea que los Romanov están reestructurando todos sus contratos de distribución con los puertos de Sicilia.

¿Acaso el bufete de tu padre está enfrentando una auditoría fiscal de gran escala que te obligue a pasar tantas horas encerrada en el despacho?

Me preocupa que la presión de esos balances termine por desgastar tu salud.

Dasha clavó sus ojos fijos en los míos, evaluando la pregunta con la agudeza típica de una estratega financiera antes de beber un sorbo de vino. Su rostro recuperó de golpe esa fijeza fría e imperturbable que utilizaba para proteger los secretos de la Bratva.

—El mercado internacional siempre exige ajustes de cartera, Dimitri, no hay nada de qué preocuparse en los tribunales ordinarios —respondió con una tranquilidad corporativa impecable—.

Mi padre simplemente prefiere que sea mi inteligencia la que supervise la triangulación de los nuevos activos comerciales para no dejar cabos sueltos ante las autoridades aduaneras.

Es un proceso logístico rutinario que requiere un hermetismo absoluto, por eso me resultó imposible comunicarme contigo a través de las líneas comunes.

No me gusta el ruido innecesario cuando manejo capitales de esa envergadura.

—Entiendo perfectamente tu postura profesional, Luna.

.. perdón, Dasha —corregí de inmediato con una sonrisa cómplice, acariciando el dorso de su mano sobre la mesa—.

Sé que tu apellido carga con limitaciones de seguridad extremas en este país, pero quiero que recuerdes siempre que este apartamento constituye un territorio neutral, un refugio blindado contra la paranoia de la Bratva.

No tienes por qué mantener esa armadura de abogada implacable cuando estás a mi lado; aquí eres simplemente la mujer que ha capturado mis sentidos por completo.

Puedes dejar el control del imperio afuera de esa puerta.