Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #22
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CAPÍTULO 13 #22

Supongo que el veterano de seguridad me preguntó lo último al notar el estado deplorable de mis ojos hinchados y la palidez de mi rostro surcado por el llanto reciente.

—Oh... sí, sí, no te preocupes por mí, Pablo... Estoy perfectamente bien, supongo —me encogí de hombros con un ademán distraído, intentando restarles importancia a mis emociones.

A estas alturas de mi madurez y después del mes de aislamiento que me había tomado, ya no pretendía fingir estar completamente feliz o inofensiva luego de la devastadora noticia que acababa de recibir de boca de mi padre en la cocina.

No tenía ninguna necesidad de obligarme a lucir contenta o civilizada frente a los otros miembros del clan; el dolor me otorgaba el derecho a la frialdad.

—Me he enterado a través de los cables internos de la oficina acerca de lo que sucedió con la confirmación de la tragedia de la familia Lee, señorita Dasha.

.. se confirmó su deceso desde hace más de un año y medio en Asia —murmuró el enorme hombre con un tono de sincero respeto, dando un paso al frente de forma protectora.

Lo único que hice ante sus palabras fue asentir de forma vaga con la cabeza para darle la razón fáctica—.

Lamento muchísimo que las cosas hayan tenido que darse de esta manera tan trágica y definitiva para ellos, de todo corazón, señorita.

En verdad, yo habría deseado con el alma que esos muchachos continuaran con vida y bajo nuestro refugio.

Sé mejor que nadie en esta propiedad el inmenso cariño y la lealtad que le tenías a esa organización, en especial tú con el joven Dae.

.. y lo siento mucho, de verdad. Es una desgracia.

—Te agradezco profundamente las palabras de condolencia, Pablo —tomé un momento largo para respirar el aire frío del bosque y estabilizar las pulsaciones de mi pecho—.

Sí... y a pesar de que su desaparición física en Manhattan ocurrió hace ya más de tres largos años, todo este tiempo de silencio me había empeñado en guardar un poco de esperanza irracional dentro de mi corazón.

Deseaba con el alma que él continuara con vida en algún lado, que regresara conmigo para cumplir las promesas.

Incluso... incluso me repetí a mí misma varias veces el mes pasado, en cuanto supe que se sospechaba de la presencia de Hyori en territorio japonés, que no importaba en absoluto si él ya no sentía el mismo afecto por mi persona debido a la distancia, o si había dejado de amarme por completo para rehacer su vida con una extranjera; porque lo que en realidad me interesaba fácticamente era saber que seguía con vida, sano, salvo y respirando bajo este mismo cielo.

Pero ya veo con total claridad que no pudo correr con esa suerte en las calles de Tokio.

El plomo lo alcanzó al igual que a su padre.

No tengo la menor idea de cómo continuar con mi rutina financiera después de este vacío.

.. sin embargo, tengo que hacerlo por Luka.

Tengo que seguir adelante con el lavado de dinero de la Bratva.

—Debes tener siempre en cuenta en tu mente analítica que a veces la vida nos sorprende con golpes destructivos, Dasha, no obstante, el tiempo siempre acomoda las piezas y nos demuestra que nos espera algo mucho mejor en el horizonte si tenemos la paciencia de resistir —me aconsejó el guardaespaldas con una sabiduría madura, mirándome con ojos paternales—.

Sé perfectamente el nivel de adoración con el que amabas a Lee Kang Dae, porque era algo evidente en tus ojos y tuve la oportunidad de comprobar esa devoción en varias ocasiones en Nueva York; y sé que debe ser un proceso sumamente complicado, doloroso y lento para ti tener que enterrar su recuerdo y olvidarlo para siempre.

Sin embargo, eres una mujer de una fortaleza inquebrantable, una Romanov con una mente brillante, y vas a superarlo gradualmente con el pasar de los meses.

Te recomiendo de favor que te tomes un tiempo exclusivo para ti misma, haciendo las cosas de arte que más te gustan en Moscú y, en caso de ser necesario para tu salud mental, aléjate por completo de las discusiones de papá con los italianos.

Eso te hará bien al final de cuentas, te dará perspectiva.

Pablo me extendió su enorme mano derecha como un gesto de cordialidad y respeto profesional para ayudarme a caminar por el sendero, pero en lugar de responder con el mismo formalismo de abogada, me acerqué a su imponente cuerpo y lo rodeé con mis brazos, abrazándolo con una fuerza que transmitía toda mi gratitud por su silencio y su lealtad incondicional durante mis crisis.

—Gracias por absolutamente todo lo que has hecho por nuestra familia y por la seguridad del clan durante casi diez años de servicio ininterrumpido, Pablo.

.. y muchas gracias de corazón por protegerme de mis propios errores y guardar mis salidas nocturnas en secreto —le confesé contra el pecho, sintiendo el calor de su abrigo—.

Tan solo espero que el destino me otorgue la oportunidad algún día de pagarte con creces por todo el sacrificio que has hecho por mí, por mis hermanos y por la estabilidad de mis padres en esta vida criminal.

Gracias por estar aquí en mi momento de quiebre, simplemente gracias por no dejarme sola en el bosque.

—Dasha, mi niña, sabes perfectamente lo mucho que los aprecio a cada uno de ustedes tres, los considero mi propia sangre en este negocio —mencionó él con una voz suave, palmeándome la espalda con cuidado—.

Ahora, lo único que espero de ti es que dejes de llorar por el pasado, seques esas lágrimas carmesí de tus mejillas y comiences a preocuparte de forma seria por buscar tu propia felicidad en el presente, que te lo mereces con creces al final de cuentas. No dejes que la mafia te apague la luz.

—Haré todo lo que esté en mis manos analíticas para cumplir con tu consejo, Pablo. Te lo prometo bajo palabra —respondí, separándome del abrazo y forzando a mi rostro a recuperar esa fijeza fría e imperturbable que exigía la Bratva.

Caminé de regreso hacia la inmensa estructura de la mansión, sintiendo que el peso de la pala y de la botella enterrada se quedaba atrás, sepultado bajo el roble del bosque.

En mi fuero interno, mientras avanzaba con paso firme hacia mi habitación para preparar mi equipaje y dirigirme al centro de Moscú, me repetía a mí misma una serie de mandamientos fríos y definitivos, un contrato psicológico de rendición ante la realidad de mi destino:

Prometo solemnemente ante el fantasma de mi juventud que olvidaré para siempre la devoción real y absoluta que siento por uno de los hijos del antiguo capo coreano.

Prometo que me limitaré a guardar el hermoso nombre de Kang Dae dentro de un cofre cerrado en lo más oscuro de mi corazón, sin permitir que vuelva a alterar mis decisiones financieras ni mis alianzas operativas.

Prometo con total frialdad que amaré a Dimitri Korovin a partir de este próximo viernes.

Me entregaré a su relación formal, usaré su cuerpo para saciar mi necesidad de afecto y cariño, y me obligaré a quererlo con el tiempo, convirtiéndolo en mi refugio contra la soledad destructiva de esta mansión rota.

Lo prometo sin el menor remordimiento en mis venas, porque ya me he cansado de sufrir por un pasado muerto, me he dado por vencida ante las promesas incumplidas y tengo la certeza de que nadie en este maldito infierno de la mafia se merece una tregua y un instante de felicidad artificial más que yo.

He aceptado las reglas del engaño con la FSB, he aceptado jugar al gato y al ratón con Dimitri, y viviré la vida que deba vivir bajo el cielo gris de Moscú hasta que las cartas caigan y el destino decida destruir mi imperio.

El juego ha comenzado de nuevo, y esta vez, juego sin corazón.

CAPÍTULO 19

Luka Romanov

—No quiero que vuelva a recaer bajo ninguna circunstancia, Katya. No quiero verla consumida de nuevo por esa oscuridad ni que sufra por nada de este mundo —le mencioné a mi hermana mayor, midiendo mis palabras mientras caminábamos por el pasillo principal de la planta alta.

La conversación con nuestro padre en el comedor nos había dejado un frío insoportable en el cuerpo; la confirmación definitiva de que la familia Lee había sido exterminada en el extranjero hace poco más de un año y medio era un golpe directo a la línea de flotación de nuestra estabilidad familiar.

Dasha había reaccionado replegándose por completo, desapareciendo del mapa operativo durante un mes entero para aislarse en la antigua residencia de descanso.

Apenas acababa de regresar esa misma mañana a la mansión y, a decir verdad, me sentía muchísimo más preocupado, tenso y alerta de lo que un hermano mayor debería admitir en voz alta ante los suyos.