CAPÍTULO 13 #18
—Ludmila... espera un segundo, esto que estamos haciendo está mal, no creo bajo ninguna circunstancia que debamos continuar avanzando por este camino —le susurré contra los labios, sintiendo un temor genuino por las implicaciones profesionales de lo que estaba a punto de suceder en mi sala de estar.
Sin embargo, la realidad de mis impulsos biológicos era innegable; siempre había experimentado cierto tipo de atracción carnal intensa por mi compañera de trabajo debido a su fuerza y su belleza, y ahora que la tenía tan absurdamente cerca de esa manera, desarmada frente a mí, no podía evitar sentirme excitado y atraído por la oportunidad—.
Tú y yo somos compañeros de división en la FSB, compartimos operativos clasificados, esto simplemente no debe pasar entre nosotros.
No podemos hacer esto, de verdad que no podemos cruzar esa línea. ..
En el fondo de mi conciencia, un grito de alerta me recordó mi compromiso actual.
Tengo novia de forma oficial desde esta noche, Ludmila.
Le he jurado lealtad y protección a la peligrosa Dasha Romanov bajo su falsa identidad de abogada Luna.
Estoy saliendo con la hija menor del famoso capo al que investigamos.
Eso era exactamente lo que quería gritarle para frenar la escena, sin embargo, el secreto de mi infiltración operativa me prohibía verbalizar la verdad en voz alta frente a mi colega de la agencia, por lo que me vi obligado a guardarme la confesión y simplemente procesarlo en mi mente con frustración.
—No nos encontramos dentro de las paredes de la oficina del cuartel general, Dimitri, ni estamos bajo el escrutinio de las cámaras de seguridad del director —murmuró Ludmila directamente en mi oído, con una voz ronca que desarmó mi última barrera moral mientras sus manos comenzaban a desabotonar mi camisa con total soltura—.
Así que lo que sea que pase dentro de los límites de esta habitación se quedará estrictamente entre nosotros dos y no romperá ninguna regla de la federación.
Sé perfectamente, porque lo he leído en tus ojos durante meses, que existe una especie de atracción sexual intensa y mutua entre nosotros, y no veo una sola razón lógica por la cual tengamos que hacer caso omiso a nuestros deseos carnales esta noche por puros formalismos.
Mira, cielo... nadie en el equipo va a enterarse jamás de lo que suceda entre estas sábanas. Relájate.
Bueno... analizando la situación con la frialdad de un hombre que buscaba un escape a las presiones del operativo, puede que sus palabras tuvieran una base de verdad innegable.
Ludmila representaba una maldita tentación profesional y física en la que había deseado caer por más tiempo del que mi memoria podía recordar con claridad, y me dije a mí mismo que sería un absoluto estúpido si no me permitía el lujo de compartir una noche de placer con la mujer que me había robado el aliento desde mi ingreso a la división de inteligencia.
Digamos que ningún hombre de carne y hueso puede resistirse a una oferta tan perfecta cuando te la ponen en bandeja de plata en tu propia casa.
—¿Andando? ¿Y qué es lo que va a suceder con nosotros si este deseo carnal se hace más fuerte y destructivo a partir de esta noche?
—murmuré casi rozando sus labios, rindiéndome por completo al magnetismo de su cuerpo.
La deseaba con una urgencia que nunca antes había experimentado por nadie en el cuartel.
Ludmila era una mujer deslumbrante, tanto por su brillantez interna como por la perfección de su físico.
—¿Acaso tienes miedo de seguir con esto después de que amanezca, o es que estás planeando olvidarte de mí en cuanto crucemos el umbral de la oficina mañana?
—me molestó ella con una sonrisa pícara, rompiendo la distancia de mi pijama mientras dejaba pequeños, lentos y húmedos besos sobre la piel desnuda de mi espalda, haciéndome jadear—.
Dimitri, conozco tu temperamento y no creo en lo absoluto que quieras olvidar la intensidad de lo que va a pasar esta noche entre nosotros, realmente no creo que tengas el valor de olvidarme.
—Cariño... esto no tiene por qué terminarse nunca si ambos sabemos cómo mantener las reglas del juego en la oscuridad —fue lo único que pude articular con la voz ronca antes de que ella se acercara aún más para besarme con una delicadeza exigente que me hizo perder toda la racionalidad.
Esta mujer me encantaba más de lo que la disciplina de la FSB permitía, rompiendo mis esquemas de agente frío—.
Te adoro, Ludmila... de verdad que te adoro y me resulta increíble asimilar que durante todos estos años de patrullas has sentido exactamente la misma atracción por mí y que nos hemos estado amando en el más absoluto secreto operativo.
Nos hemos limitado de forma absurda a querernos en las sombras, en lugar de entregarnos el placer que nos merecemos como hombres libres.
—Ahora, la única regla inquebrantable que debemos respetar es permanecer en el más estricto secreto ante los ojos de los demás miembros de la unidad táctica, ya sabes perfectamente que el reglamento prohíbe de forma permanente los vínculos sentimentales dentro del equipo para no alterar la objetividad de las misiones —explicó ella, pasando sus dedos por mi cabello largo y jugando con los mechones con una ternura que me desarmaba—.
Solo tú y yo sabemos con exactitud cómo vamos a sentirnos el uno por el otro durante el resto de nuestra carrera; nadie más que nosotros dos en este departamento sabe lo mucho que nos queremos y la intensidad con la que ansiamos estar juntos en la intimidad.
Nadie más tiene por qué enterarse de nuestra debilidad.
—¿Y qué nombre le ponemos a esto que ha comenzado a florecer entre los dos en medio de la noche de Moscú? —cuestioné, ansioso por escuchar una definición que calmara mi conflicto interno.
—Por ahora no tenemos por qué ponerle etiquetas, Dimitri; aceptemos que es una aventura perfecta nacida de la complicidad, pero no descarto en absoluto que con el paso del tiempo y el éxito de nuestras investigaciones pueda transformarse en algo mucho más serio y formal —se sentó a horcajadas sobre mi regazo, presionando su cuerpo contra el mío, y dejé escapar un gemido bajo e involuntario al sentir el roce directo de nuestras intimidades a través de la tela fina—.
Eso no posee la menor importancia en este instante de placer, mi amor, así que no le prestes atención al futuro.
Solo debes concentrarte en verme, poseerme y disfrutar al máximo de este momento perfecto que hemos construido; después, cuando salga el sol, ya veremos qué estrategia diseñar con el jefe de operaciones, ¿está bien?
Asentí con la cabeza, entregándome por completo al instinto carnal, al mismo tiempo que volvía a besarla con una pasión descontrolada que quemaba.
Sus labios carnosos eran mi mayor adicción en esa habitación y no tenía el menor deseo de despedirme de su tacto.
Amaba la fuerza de esta preciosa e inteligente mujer rubia y, para mi propio equilibrio psicológico, sabía que sería un verdadero reto de contrainteligencia tener que tomar distancia de ella en las mañanas de trabajo.
Esa madrugada nos entregamos al placer sin restricciones, haciendo el amor sobre el sofá y luego en la cama con una intensidad salvaje que borró cualquier rastro de estrés.
Después de las rondas de pasión, nos miramos fijamente a los ojos en la penumbra del cuarto, confesándonos de forma sincera todo el afecto que habíamos reprimido durante años de patrullas y nos quedamos profundamente dormidos en los brazos del otro, unidos en un abrazo protector.
Después de tanto tiempo de simulaciones profesionales, finalmente pudimos ejecutar lo que siempre quisimos en secreto.
Después de tantas guardias compartidas, pudimos dar rienda suelta a lo que surgió entre nosotros con el pasar de los años, un desahogo absoluto del cual no me arrepiento en lo más mínimo en mi fuero interno.
Esa preciosa y decidida mujer rubia de la FSB era la persona que verdaderamente poseía la capacidad de iluminar mi mundo entero con su brillantez; por ella estaba dispuesto a mover cualquier influencia en la agencia, y era solo ella quien tenía el derecho real de tomar mi voluntad y hacer lo que quisiera con mis emociones en la intimidad.
Sé perfectamente que en este instante de su carrera ella no desea comprometer su libertad formando una relación amorosa formal o seria conmigo debido al reglamento, sin embargo, conozco su psicología y sé con total certeza que va a cambiar de opinión cuando menos me lo espere el destino.
Estoy plenamente dispuesto a sentarme a esperar todo el tiempo que sea necesario en los pasillos de la agencia con tal de obtener su amor definitivo y convertirme en el dueño absoluto de su corazón de hielo.
Había cumplido mi más grande anhelo de alcoba y ahora que tenía la certeza fáctica de que ella se sentía de la misma manera apasionada hacia mí, me prometí a mí mismo con solemnidad que no voy a dejarla ir por ningún motivo legal, y no me interesaba en lo más mínimo si el camino de la contrainteligencia se me ponía difícil o peligroso en los próximos meses.
Solamente la necesitaba a ella conmigo en mi apartamento, sin importar nada más.
Quiero con todas mis fuerzas que Ludmila, la talentosa, dura e implacable agente de la FSB, se convierta en mi verdadera compañera de vida.