CAPÍTULO 13 #13
—Ha pasado ya un año y tres meses exactos desde ese bendito instante en la suite de Nueva York, desde el día en que decidimos arriesgar nuestras propias cabezas para ser capaces de amarnos sin restricciones penales, y créeme, Franco, que no me arrepiento en lo absoluto de haber saltado al vacío contigo —continuó él, estrechándome más contra su pecho mientras mordía mi labio inferior con una delicadeza exigente que me hizo soltar un quejido sutil—.
Te amo con mi vida entera, Katya Romanov, y eres la única mujer con la que visualizo y deseo construir un futuro real, lejos de las armas y los balances de la mafia.
Eres mi cielo entero y la única luz genuina que tienen mis ojos en este negocio de sombras; sé perfectamente que todo el panorama sociopolítico es hostil para nosotros y que en este momento no tenemos la menor idea de cómo vamos a continuar sosteniendo esta relación ante nuestros padres, pero te prometo bajo palabra de honor que vamos a superar todas y cada una de las adversidades que el destino nos arroje y que saldremos adelante juntos, sin importar nada ni nadie.
Nada en este maldito mundo va a ser capaz de separarme de tu lado, te lo juro.
—Te amo todavía más, mi amor... —susurré, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas por la intensidad emocional de sus palabras, un sentimiento de vulnerabilidad que usualmente me avergonzaba pero que con él aceptaba con gusto—.
Y te doy mi palabra de que no permitiré que ningún conflicto entre el Pakhan y tu hermano se interponga entre tú y yo.
Somos una entidad independiente a sus guerras de territorio.
—Ahora que me detengo a analizar el pasado, me siento sumamente estúpido al recordar que pasamos meses enteros odiándonos a muerte y mandándonos amenazas encubiertas solo porque nuestras respectivas mafias deseaban obtener el control exclusivo de los mismos puertos de distribución en el mar —murmuró Franco con una sonrisa ronca que me hizo soltar una carcajada en medio de la bodega—.
Suena como una trama de comedia barata bastante estúpida cuando lo miras desde la perspectiva de lo que sentimos hoy, ¿no lo crees?
—Es ridículo y tonto, sí, lo admito —reí, apoyando mis manos en sus hombros firmes—.
Pero, mirándolo por el lado positivo, ese odio inicial fue el combustible que nos hizo desearnos con tanta ferocidad, hasta el punto de querer devorarnos en la misma cama del otro, de adorarnos por el resto de una vida entera y desear ser felices juntos por encima de los cadáveres de nuestros enemigos.
Para mí, las cosas avanzaron de la forma exacta en que tenían que avanzar según el destino y listo, no hay por qué darle más vueltas al asunto.
—Mi cielo, sé perfectamente que estás cumpliendo veinticinco años esta noche y, por lo tanto, tengo un obsequio especial diseñado exclusivamente para ti —me dijo Franco, y al notar la seriedad de su tono me puse nerviosa de inmediato, por lo que mi cuerpo solo atinó a asentir lentamente con la cabeza, esperando la sorpresa—.
Es un regalo sumamente especial y con un alto valor sentimental, y me frustra enormemente no poder mostrártelo en este preciso instante en la bodega, sin embargo, me veré obligado a entregártelo en un par de días en nuestro apartamento secreto.
Los artesanos que tenían que ayudarme con los detalles de la pieza no cumplieron con la fecha de entrega estipulada debido a los retrasos en las aduanas y, pues, no me ha quedado otra opción que adaptarme.
Solo tengo que esperar un poco más y debes saber, Katya, que esa ineficiencia solo me enoja más de la cuenta.
.. odio la idea de decepcionarte el día de tu cumpleaños.
Sonreí, conmovida por su nivel de autoexigencia. Se veía tan tontito y adorable preocupándose por un retraso material. Nunca serías capaz de decepcionarme en esta vida, Franco De Angelis.
—Sé perfectamente que lo hacías con todo el corazón del mundo y no me importa en lo más mínimo si no me entregas ningún objeto material en realidad, porque mi mejor regalo, mi único tesoro en esta noche de mierda, eres tú y siempre lo serás —besé su mejilla con devoción—.
Solo te necesito a ti a mi lado para sentirme completa, a nadie más.
—Katya... he estado pensando de forma muy seria en las últimas semanas que la única salida viable y real para continuar con este romance que ha surgido entre los dos es planificar una fuga, escapar juntos en algún momento estratégico del año.
Sé perfectamente que va a ser un operativo logístico sumamente complicado y peligroso, pero es la única opción fáctica que va a permitirnos seguir con esto sin terminar con una bala en la nuca por parte de tu padre.
Un pesado suspiro abandonó mis labios, asimilando la crudeza de su planteamiento y entendiendo que, detrás del romance, la realidad de la mafia nos exigía decisiones drásticas si queríamos sobrevivir.
—Sí... es exactamente así, Franco. Nada más que una fuga definitiva de Rusia y de las gentes de mi padre va a permitirnos continuar con este amor sin que se convierta en una carnicería.
Está bien... tan solo considero que debemos ser pacientes, encontrar el instante perfecto en el calendario para irnos sin levantar sospechas e idear un plan de escape impecable —le contesté, fijando mis ojos en los suyos con una seriedad absoluta.
En ese momento, su mano derecha se posó en mi pierna, delineando el muslo a través de la abertura de seda de mi vestido de gala y subiendo lentamente con una caricia posesiva.
Tengo que admitir con total honestidad que el tacto de su piel contra la mía comenzó a encenderme el centro de forma descontrolada, alterando mis pulsaciones más de lo debido.
—Si no fueras la reina absoluta de esta maldita fiesta y el centro de atención de los Romanov esta noche, te juro que te desvestiría en este mismo suelo de madera y te daría el mejor sexo de tu vida hasta hacerte olvidar tu propio apellido, no obstante, cualquiera de tus hermanos va a darse cuenta de tu ausencia prolongada en el salón y no podremos dar una explicación lógica ante el Pakhan —confesó Franco con una voz ronca que me hizo jadear, este hombre sí que sabía perfectamente cómo divertirme y provocarme en cualquier escenario—.
Es una lástima inmensa tener que frenarse, ¿no crees, bonita?
—Es una lástima todavía más grande que no pueda mostrarte con el tiempo a favor la lencería de encaje negro que llevo oculta debajo de este vestido de diseñador solo para ti, tienes toda la razón —esbocé una mueca cargada de picardía y reí bajo, porque sabía a la perfección que aquella frase descriptiva no haría más que excitarlo y encender su frustración siciliana.
Su mirada se llenó de un desespero salvaje—.
Qué pena me da la situación, aunque creo que en este momento lo siento mucho más por ti y por tu resistencia que por mí misma.
—Es una tortura absoluta no poder follarte a mi antojo en este rincón mientras clavas tus uñas en mis hombros y gimes directamente en mi oreja —susurró Franco, inclinándose para lamer el lóbulo de mi oreja con una lentitud tortuosa que provocó que mi centro comenzara a palpitar de forma acelerada, humedeciendo mis bragas de seda.
—Ah... Franco, por el amor de Dios, por favor.
.. —rogué en un jadeo, perdiendo por completo la noción del peligro corporativo que nos rodeaba—.
Que se vayan directo a la mierda todos los invitados y las reglas del clan.
.. no me importa en lo más mínimo si nos escuchan los guardaespaldas a través de la madera. Tómame ya.
—¿De verdad no te importaría en lo absoluto que el señor Maximiliano Romanov se diera cuenta de nuestra traición y entrara por esa puerta con su arma de servicio?
—cuestionó Franco, deteniendo su caricia por un segundo para obligarme a mirarlo, inyectando una dosis de cruda realidad en mi mente nublada por el deseo.
Tragué saliva con dificultad, obligando a mi cerebro a recuperar la racionalidad táctica y analizando mejor las consecuencias de un desliz en territorio neutral.
—No... por supuesto que me importa, sería nuestra sentencia de muerte si él nos encuentra en esta posición —reí con un toque de frustración, acomodándome el vestido con manos temblorosas—.
Tienes razón, Franco. Aunque me excita de forma increíble la idea de arriesgarlo todo aquí mismo, será una estrategia mucho mejor dejar este fuego guardado para nuestro próximo encuentro en el apartamento.
—Es lo más inteligente para la supervivencia de ambos, mi princesa.
Será mejor que salgamos de este rincón de forma separada antes de que pierda por completo la cordura, ignore mis propios códigos y haga lo que deba hacer contigo sin importarme las consecuencias de la Bratva —declaró, pasando sus manos por mi cintura en un último apretón posesivo que me causó un nerviosismo increíble—.
Eres preciosa, Katya... jodidamente hermosa cuando te pones desafiante.
—Vámonos de una vez, tonto, antes de que cambie de opinión y te obligue a cerrar la puerta con llave —le sonreí, recuperando mi postura de reina de la gala. Amaba con locura a Franco De Angelis, amaba al enemigo jurado de mi sangre y no sentía el menor remordimiento por ello.
Luka Romanov
Había llegado el momento protocolario de la noche en el que debía pronunciar unas cuantas palabras formales frente al micrófono en honor a la cumpleañera; digamos que era una especie de discurso dinástico obligatorio ante los clanes aliados.
Por lo que me apresuré a abandonar mi mesa de seguridad, caminar con paso firme hacia la tarima principal y adueñarme del micrófono bajo la mirada atenta de mi padre.
Ansiaba con todas mis fuerzas entregarle a mi hermana mayor el regalo tan descomunal y exclusivo que había conseguido importar para ella y manifestarle de frente lo mucho que la valoraba en esta vida llena de traiciones.