Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #11
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CAPÍTULO 13 #11

—Buenas tardes a todos los presentes —saludé al ingresar, modulando la voz con una cortesía gélida mientras enarcaba una ceja, midiendo la distancia física y la tensión que flotaba en el aire.

Me acerqué al flanco de mi padre, pegando mi hombro al suyo en un claro lenguaje corporal de respaldo absoluto hacia el Pakhan, y aprovechando el murmullo de los guardaespaldas que cerraban la pesada puerta de hierro, le susurré al oído con firmeza:

—Padre mío, me pregunto con exactitud qué es eso tan urgente y delicado en lo que requieres que te brinde mi asesoramiento financiero en este preciso instante de la noche.

—Ayúdame a cerrar un par de negocios económicos y términos de distribución con el italiano —respondió Maximiliano Romanov, manteniendo la vista fija en De Angelis sin mover un solo músculo del rostro—.

No quiero que ese cabrón intente burlarse de mí o verle la cara a la Bratva en este asunto de los porcentajes.

Quiero que audites cada palabra que salga de su boca.

Asentí en silencio, acomodándome el collar de perlas que adornaba mi cuello, todavía sin terminar de creer ni asimilar la audacia de lo que estaba a punto de ejecutar en esa mesa de concreto.

Se suponía que la relación operativa entre nuestras organizaciones no había sido del todo buena en los últimos días debido a las sospechas de traición, pero mi padre es un hombre de una terquedad inamovible cuando visualiza una ganancia millonaria y, conociendo su temperamento implacable, preferí quedarme callada y tragarme mis objeciones jurídicas.

Sabía perfectamente que, de igual manera, él no prestaría atención a los escrúpulos de su hija menor cuando el imperio financiero de la mafia roja estaba en juego.

—Dasha, Maximiliano... qué gusto genuino me da que hayan accedido a apartarse de la gala para que podamos conversar en privado —Francesco De Angelis esbozó una sonrisa cargada de ese cinismo corporativo que tanto lo caracterizaba.

A veces, si soy completamente honesta con mis propios sentimientos, he llegado a odiar tantito la condescendencia de este hombre—.

Bueno, amigo mío, tal y como te lo adelanté brevemente durante nuestro encuentro en el salón principal, me encantaría que volviéramos a establecer alianzas sólidas y estratégicas en cuanto al tráfico de sustancias ilícitas en los puertos del sur.

Te propondré un par de rutas logísticas y términos de porcentaje, y tú me dirás con total libertad en qué aspectos estás de acuerdo y en cuáles consideras que debemos ajustar las cifras.

Tengo varias ideas innovadoras que pueden duplicar nuestro rendimiento en el mercado europeo.

Hundí mis ojos en los suyos, evaluando la oferta.

Sabía perfectamente que detrás de su amabilidad se escondía la necesidad urgente de recuperar el respaldo de los Romanov tras su vergonzosa liberación por parte de la FSB.

Decidí que no iba a permitir que manejara los hilos de la conversación a su antojo.

—Papá... ¿me otorgas el permiso de tomar la palabra y preguntarle un par de cosas específicas respecto a la estructura financiera de su propuesta?

—cuestioné, volviéndome hacia el lobo de la Bratva.

Prefería solicitar su aval explícito antes de arruinar el protocolo diplomático o desatar un conflicto innecesario en la mesa.

—Claro que sí, mi niña. Yo solo estoy aquí para aprobar el tratado final y estampar mi firma en los acuerdos de palabra.

Hazte cargo por completo de la negociación.

Confío plenamente en ti, en tu criterio analítico y en la excelencia de tu trabajo —dictaminó mi padre con una solemnidad que no admitía réplicas de parte de los italianos.

Por supuesto que confiaba en mí. Si no fuera por mis excelentes y milimétricas decisiones financieras, por la forma en que estructuro el lavado de dinero a través de empresas puente y diversifico los activos de la organización en paraísos fiscales, esta mafia roja y el legado de nuestro apellido ya ni siquiera existirían en la actualidad; habríamos sido devorados por las auditorías del gobierno o por la ambición de los clanes rivales hace muchos años.

Asentí con la cabeza, permitiendo que una leve sonrisa de suficiencia se dibujara en mi rostro carmesí.

Puede que ante los ojos de los capitanes veteranos y de la vieja guardia de la Bratva yo aparente ser la integrante más ingenua, débil e inofensiva de toda mi familia debido a mis veintiún años y mi fachada de estudiante de leyes, de igual forma, eso no significa que no me fascine tomar el control operativo de la situación de vez en cuando.

Al contrario, me encanta experimentar esa descarga de adrenalina pura, sentir que mis palabras tienen un poder legal y fáctico real sobre hombres que controlan ejércitos de sicarios afuera de estas cuatro paredes de cemento.

—Francesco, quiero que comprendas y que tengas claro en primer lugar que, a nivel personal, no estoy en absoluto de acuerdo con la estupidez y la premura con la que ustedes dos están intentando forzar esta reunión en medio de una celebración familiar —espeté, fijando mis ojos analíticos en el Capo siciliano y cruzándome de brazos—.

Todos en esta habitación somos perfectamente conscientes de que no nos encontramos atravesando un buen momento en nuestra relación de confianza debido a los incidentes con las autoridades federales rusas.

No obstante, asumo que poseemos la madurez necesaria para manejar esta transacción con un estricto profesionalismo corporativo y dejar por completo de lado los resentimientos personales mientras evaluamos los números, ¿está bien?

El italiano asintió con una leve inclinación de cabeza, asimilando el golpe de mi firmeza sin perder la compostura.

—Ahora, tengo una pregunta analítica muy concreta para ti, De Angelis.

.. ¿Tu propuesta consiste en que sigamos colaborando de forma exclusiva en cuanto al tráfico de sustancias estupefacientes únicamente?

¿Nuestras rutas logísticas no se dedicarán más a otra clase de negocios complementarios en las fronteras?

¿Qué hay, por ejemplo, con la red de trata de blancas que manejabas en los puertos de Europa del Este?

¿Sigues interesado en mantener ese canal operativo activo o cuáles son tus planes reales al respecto?

Al escuchar la mención de ese mercado en específico, el rostro de Francesco se tornó un poco más rígido y se tomó un segundo para acomodarse el saco antes de responder, midiendo la frialdad con la que yo evaluaba sus negocios.

—El mercado internacional ha empeorado de forma drástica en ese aspecto debido a las nuevas regulaciones de la Interpol y el aumento de la vigilancia biométrica en los puertos —respondió lo más pronto que le fue posible, adoptando un tono estrictamente empresarial para no denotar debilidad—.

Por lo tanto, mi junta de asesores ha tomado la decisión ejecutiva de suspender nuestra participación en esa red por el momento y centrar el cien por ciento de nuestros recursos y capital en la distribución masiva de alcaloides.

Lo que verdaderamente me interesa consolidar con el poder de los Romanov es el tráfico de drogas a gran escala, para ser completamente honesto contigo, Dasha.

—Tráfico de drogas será entonces, sin distractores humanitarios en el camino —sonreí con una ironía sutil que heló el ambiente del cuarto—. Bien... ¿De qué tipo de mercancía específica estamos hablando para armar los balances de riesgo? Pon las cartas sobre la mesa de concreto, Francesco.

—Cannabis de alta calidad para el mercado del norte, éxtasis, cocaína pura de los carteles colombianos, tabaco de contrabando para evadir los impuestos estatales, metanfetamina y anfetamina sintética producida en nuestros laboratorios de la periferia.

.. —fue la lista detallada que soltó el Capo, estirando los dedos sobre la mesa.

Entrecerré los ojos de inmediato, dándome cuenta con total claridad de lo peligrosamente ambicioso, voraz y desmedido que estaba siendo con sus deseos para el crecimiento de su negocio a costa de nuestra seguridad.

Era evidente que la Bratva no podía aceptar la responsabilidad logística de un catálogo tan inmenso y ruidoso en este momento de escrutinio por parte de la FSB. Sería un suicidio operativo.

—Veo con total claridad que estás actuando como un hombre dominado por una ambición desmedida, Francesco, pero a mi parecer técnico y financiero, sería una estrategia mucho mejor y más segura que empezáramos de forma exclusiva con el tráfico y distribución de cocaína —propuse, delineando las cifras en mi mente con precisión quirúrgica—.

Digamos que prefiero comenzar por lo básico, consolidar una sola ruta limpia, evaluar el comportamiento de las autoridades federales en los puertos y, una vez que el flujo de dinero esté blindado, expandir el catálogo. Menos ruido, mayor beneficio neto.

Una mueca de absoluta seriedad apareció en mi rostro carmesí mientras me volvía hacia la cabecera de la mesa para obtener el aval definitivo del líder de nuestra familia.

—Padre... ¿estás de acuerdo con el análisis de riesgo y la estrategia de limitación que acabo de plantear frente al señor De Angelis? ¿Es esa la dirección que tomará la Bratva?

—Estoy de acuerdo en absolutamente todo lo que dicte tu boca, bonita. Si tú dices que nos limitamos a la cocaína, esa es la ley de los Romanov en este negocio —respondió Maximiliano con una voz ronca que infundió un respeto inmediato en los guardaespaldas italianos.