Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #9
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CAPÍTULO 13 #9

Agradecí sus palabras con un asentimiento silencioso, pero la realidad de los Romanov era muy distinta a la de los clanes sicilianos.

Mi padre no pensaba de esa manera liberal.

Él no creía en la libre elección de sus vástagos.

El simple hecho biológico de haber nacido como su hijo varón me convertía, de forma automática e inmediata, en un aprendiz de la mafia, un activo de la organización que poseía el poder suficiente para tomar decisiones de vida o muerte y establecer tratados comerciales de millones de rublos.

Eso es exactamente lo que Katya, Dasha y yo somos ante los ojos implacables de Maximiliano Romanov, el lobo de la Bratva.

A mi padre le llaman "El lobo Romanov" en todo el circuito de Europa del Este y la explicación analítica es sumamente sencilla: un lobo es un líder alfa implacable, un estratega de la manada a quien debes profesar un miedo reverencial debido a sus habilidades de caza y su frialdad para eliminar cualquier disidencia interna.

No existe un alias criminal que se ajuste mejor a su naturaleza destructiva que ese.

No hay otro hombre en la federación rusa que pueda llenar el vacío de ese nombre con tanta propiedad como mi padre.

—Franco... ¿puedo hacerte una pregunta de carácter estrictamente personal? Espero que no te lo tomes como una ofensa o una invasión a tu privacidad; tan sólo me ha generado una profunda curiosidad tu postura frente al poder —inquirí, modulando el tono de la voz para no llamar la atención.

—Está bien, adelante con tu interrogante, no tengo ningún inconveniente en responder —contestó Franco, encendiéndose un cigarrillo con parsimonia—.

Que quede claro entre nosotros que no comparto la personalidad de confrontación ni los arranques de soberbia de mi hermano mayor.

Honestamente, soy muy distinto a él en todos los sentidos de la gestión del negocio, prefiero los hilos discretos.

Aquello era una verdad fáctica que cualquiera con un mínimo de entrenamiento en análisis de perfiles podría notar de inmediato al entablar un diálogo con él.

El Capo principal de la mafia siciliana, el señor Francesco De Angelis, era un hombre prepotente, dominado por un egocentrismo patológico que se alimentaba de los millones de euros que manejaba y de su innegable inteligencia táctica, la cual lo había caracterizado durante toda su trayectoria en el hampa.

De su vida privada se rumoreaban muchas leyendas en los pasillos de la Interpol, aunque nadie poseía la verdad absoluta sobre sus inicios.

Lo único verídico que se sabía con certeza sobre su biografía es que todo el imperio que controlaba actualmente lo había construido gracias a su propio esfuerzo e instinto criminal, debido a que comenzó en las calles vendiendo sustancias al menudeo para poder alimentar y sacar adelante a su hermano menor.

Sus padres los habían abandonado a su suerte cuando Francesco tenía apenas doce años y Franco siete.

Una historia de supervivencia cruda y triste, que nos dejaba como enseñanza la valentía y la fortaleza que demostró Francesco para tomar las riendas del asunto a una edad tan temprana, a pesar de que el único camino disponible para salvar a su hermano lo convirtiera en un criminal despiadado.

Lo único que verdaderamente debía admirarse de él era esa resiliencia inquebrantable.

—¿Realmente estarías de acuerdo en asumir el cargo de Capo máximo cuando Francesco falte, o en verdad te agrada ser parte activa de esta vida criminal? —le interrogué de frente, midiendo su reacción.

—Sí, sinceramente me agrada el control y el poder operativo que te otorga este entorno —respondió Franco sin vacilar, expulsando el humo del cigarrillo antes de beber un sorbo de su copa de vino tinto—.

He crecido respirando este ambiente de pólvora y dinero al igual que tú, y la única diferencia sustancial entre nuestras posturas es que a mí sí me entusiasma ejecutar este tipo de operaciones estratégicas.

No siento el menor remordimiento ni me arrepiento de mis actos delictivos en lo absoluto.

Así que, analizando tu situación, te deseo la mejor de las suertes cuando decidas plantarle cara a tu padre y manifestarle tus verdaderas intenciones de abandonar la línea de sucesión.

No dudes en tomar una decisión drástica al respecto antes de que sea tarde; mereces tener la vida que tú elijas diseñar, mas no la existencia esclava que otros quieren imponerte por pura conveniencia dinástica.

Te deseo el mayor de los éxitos en esa confrontación con el viejo, y procura. ..

—Franco, antes de que continúes con tu argumento.

.. —lo detuve, bajando el tono de mi voz hasta convertirlo en un susurro gélido que transmitía toda mi determinación—.

La verdad es que te agradezco profundamente la honestidad de esta conversación y, en serio, a pesar de la tensión que recorre mis venas cada vez que evalúo el temperamento de mi padre, he considerado seriamente hablar con él sobre mi rechazo a la Bratva.

No obstante, he tomado una decisión inalterable: prefiero ser yo quien asuma el cargo de Pakhan, prefiero heredar toda la mierda del negocio y destruir mi propia felicidad, antes que permitir que mis dos hermanas queden expuestas a este infierno.

Prefiero sufrir el encierro, la persecución de la FSB y darlo todo, incluso mi propia vida en una fosa si es necesario, siempre y cuando eso implique que a Katya y a Dasha no les suceda absolutamente nada malo y que yo pueda garantizar su seguridad material y física fuera de la mafia.

Las amo con cada fibra de mi ser, son mi único cable a tierra en este mundo desalmado, y si está en mis manos ejecutar los crímenes más atroces para evitar que el viento mismo ose tocarlas o lastimarlas, no se me hará difícil cumplir con el trabajo.

Sé amar a mi familia, sé respetar los lazos de sangre y sé perfectamente cuándo es mejor callar mis propios deseos en beneficio de los seres que protejo.

Ya he optado por asumir el peso del imperio para ayudar a mis hermanas a tener una vida muy distinta, limpia y segura, lejos de los Romanov.

Además, cabe recalcar que nunca sabremos qué nos depara el futuro logístico y nada está escrito en piedra en este negocio, porque en la mafia rusa nada es imposible si tienes la frialdad necesaria para ejecutar las fichas adecuadas.

Franco me miró en silencio, asimilando la magnitud de mi sacrificio fraternal.

Estaba intentando mostrarse comprensivo y respetuoso con mi postura de escudo familiar.

Yo quería ver esta decisión estrictamente como un acto de amor puro, como un tributo que pagaría porque amo a mis dos hermanas por encima de mi propia existencia y estoy dispuesto a enfrentar cualquier infierno por ellas.

Es exactamente así como quiero que se mantenga en mi mente para no quebrar mi propia cordura operativa.

—Por favor, Franco, te pido como un caballero que mantengas los detalles de esta conversación bajo el más estricto secreto profesional, o simplemente limítate a asumir ante tus capitanes que este intercambio nunca tuvo lugar en la hacienda —le advertí, fijando mis ojos en los suyos con una seriedad militar—.

No quiero por nada del mundo que los demás clanes o mi padre conozcan mis verdaderos sentimientos de rechazo hacia la corona de la Bratva.

No tengo el menor deseo de ser un libro abierto para que todo el mundo pueda atacarme o destruirme a partir de mis puntos débiles emocionales.

Sé jugar este juego de sombras, conozco las reglas y sé perfectamente cuándo ha llegado el momento indicado de mover mis piezas pesadas dentro del tablero de ajedrez de la mafia, y por supuesto que soy plenamente consciente de que el día de la confrontación final todavía no ha llegado.

Por favor, guarda el secreto bajo palabra de honor; es el único favor personal que tengo que pedirte esta noche.

—Te doy mi palabra de honor de De Angelis, Luka. Nunca nadie, ni siquiera mi hermano, se enterará de los detalles de esta conversación —prometió Franco, apagando el cigarrillo contra el cenicero con un gesto firme.

Que así sea por el bien de mi estrategia.

Dasha Romanov

Terminé de consumir un par de bocadillos finos que se encontraban dispuestos en la mesa principal de la gala, sintiendo que la comida se me pasaba como ceniza por la garganta debido a la tensión de los acontecimientos recientes.

Tuve que moverme con discreción entre la multitud de mafiosos y guardaespaldas blindados, buscando con urgencia un rincón apartado y oscuro en los jardines de la hacienda donde fuera capaz de responder los mensajes cifrados que Dimitri Korovin había enviado a mi teléfono de uso privado.

Tras asegurarme de que ningún dispositivo de vigilancia o familiar directo estuviera registrando mis movimientos, saqué el aparato de los pliegues de mi vestido azul cobalto y me dispuse a conversar con el agente de la FSB con la mayor tranquilidad posible.

Dimitri: Dasha, cariño... me pregunto constantemente cuándo tendré el privilegio de volver a verte a solas en el apartamento.

Han pasado varias semanas de silencio operativo desde la última vez que compartimos la cama y ya no puedo hacer otra cosa en mis horas de guardia que no sea extrañarte el día entero.

No puedes salir de mis pensamientos ni un solo segundo, bonita.

Leí sus palabras sintiendo una mezcla de adrenalina y frialdad analítica, acomodándome el collar de perlas mientras mis dedos tecleaban la respuesta con rapidez.