CAPÍTULO 13 #8
—Francesco, Franco... la verdad es que no creí que el destino nos obligaría a vernos las caras una vez más tan pronto, luego de los delicados sucesos de la frontera —señalé al aproximarme a su mesa, manteniendo una postura rígida.
El mayor de los hermanos, Francesco De Angelis, quien ostentaba el título de Capo absoluto de su organización, enarcó una ceja con arrogancia y dejó escapar una risa seca y carente de humor real antes de responder.
—Buenas tardes a los dos —añadí, sosteniéndole la mirada fija.
—Luka, mi estimado heredero, yo había asumido exactamente el mismo escenario de distancia.
Sin embargo, ya ves perfectamente cómo se manejan las alianzas de alto nivel en este negocio —declaró Francesco, propinándome un golpe palmario en el hombro con una familiaridad forzada que logró que frunciera el ceño con disgusto.
Estaba profundamente molesto y contrariado.
En mi esquema mental, Maximiliano Romanov no podía haber perdonado de forma tan simple y displicente al italiano sin haber recibido una compensación masiva a cambio.
Mi padre no podía ser tan descuidado como para ceder de esa manera frente a un hombre que nos había expuesto ante las autoridades federales, a menos que estuviera tejiendo una trampa de control absoluta.
—Nos han invitado formalmente a celebrar las veinticinco primaveras de la chica de fuego de la mafia roja —continuó el Capo siciliano, acomodándose el reloj de oro—.
Y, por supuesto, ni mi hermano ni yo íbamos a dejar pasar una oportunidad tan lucrativa para saludarla en persona, estrechar lazos comerciales y entregarle un obsequio a la altura de su reputación.
Nadie en su sano juicio dentro de la jerarquía se perdería una gala de esta magnitud, cabe recalcar. Es una demostración de estatus puro.
—Pues les agradezco el detalle de estar presentes para respaldar a Katya en su día —respondí, modulando el tono para no desatar un conflicto en medio del salón—.
No obstante, mi inconformidad personal y mi extrañeza se deben estrictamente a que yo suponía que tenías asuntos severos que resolver con mi padre debido a las filtraciones con la FSB, y que debido a ese factor de riesgo.
.. —no pude concluir la frase analítica debido a que fui interrumpido de golpe por la prepotencia de Francesco.
—Crees que posees una enorme cuota de poder absoluto en esta mesa solo por el apellido que cargas, ¿no es así, Luka?
—soltó de repente, dejando caer la frase como un insulto velado que puso a prueba toda mi disciplina militar.
Tuve que apretar los puños en los bolsillos del pantalón y contener el impulso violento de golpearlo hasta romperle la mandíbula.
Qué demonios se creía este pedazo de imbécil egocéntrico—.
Ay, Luka... sé perfectamente que es prácticamente un hecho consumado e inevitable que te convertirás en el mayor heredero del imperio de tu padre, que las finanzas de la Bratva pasarán a tus manos y que serás el siguiente Pakhan de la mafia rusa.
Todo el mundo en Europa lo sabe. Sin embargo, sí me gustaría otorgarte un consejo profesional de hombre a hombre: mientras ese cargo supremo no te pertenece de forma directa y legal, no te tomes tan a pecho ni te desgastes con los problemas operativos de tu padre.
Al final de cuentas, es él quien está tomando las decisiones estratégicas, y si sus errores no afectan directamente tu libertad en este instante, todo está marchando bien para ti, campeón.
Cuando te conviertas en el jefe absoluto de la Bratva y cada bala que se dispare en Rusia afecte directamente tus ganancias, entonces te lo tomas en serio y actúas con esa rigidez.
Tienes que relajarte un poco, disfrutar del vodka y dejar que sea tu padre el que cargue con el peso de sus propias malas decisiones operativas.
Me quedé en silencio, analizando sus palabras de forma fría.
A pesar de su tono condescendiente, mi mente analítica empezaba a comprender el trasfondo de su punto de vista pragmático.
Puede que tuviera razón en que me estaba tomando las crisis familiares de forma demasiado personal y visceral, no obstante, el desapego era una imposición imposible para mí cuando pasas las veinticuatro horas del día trabajando en el núcleo de la organización.
—Comprendo lo que intentas decir, Francesco, a pesar de que la estructura de los Romanov es sustancialmente más compleja y vertical de lo que imaginas desde fuera.
Mi padre nos involucra de forma directa en sus movimientos más importantes —respondí, manteniendo la compostura—.
Siempre estoy en medio del fuego cruzado, independientemente de si estoy de acuerdo o no con sus directrices y transacciones.
—No te lo tomes como un ataque personal, hombre, tan sólo estoy intentando darte un consejo de supervivencia corporativa —intervino Franco, el hermano menor, mostrando una actitud de igual forma considerablemente más calmada y reflexiva—.
Es mejor que aprendas a tomar una sana distancia emocional de las decisiones del Pakhan mientras esas responsabilidades penales no caigan legalmente sobre ti.
Usa este tiempo de transición para aprender las sutilezas del contrabando internacional y la diplomacia.
Sabes perfectamente que esos conocimientos te van a servir de mucho en un futuro muy cercano, cuando tengas que sentarte en la cabecera de la mesa.
Más aún si estás destinado a ser el siguiente gran líder del hampa ruso.
Escuchar el recordatorio de mi futuro dinástico me causó un vacío en el estómago. Franco hablaba de ello como si ese fuera mi mayor sueño de infancia, el pináculo de mis aspiraciones personales en la vida.
—Francesco... —me acerqué un paso más a él, reduciendo el espacio físico entre nosotros para que los guardaespaldas de la Cosa Nostra no captaran el tono confidencial de mis palabras—.
Lo que verdaderamente menos deseo en este maldito mundo es convertirme en el Pakhan de la mafia roja.
Si pudiera elegir, jamás habría formado parte de esta estructura.
En realidad, nunca me ha terminado de agradar este entorno lleno de sangre, traición y clandestinidad, pero tú más que nadie conoces la mentalidad de hierro de mi padre.
Es evidente que Maximiliano Romanov jamás aceptaría que su único hijo varón se negara a seguir sus pasos en la Bratva.
Estoy atado de manos a los negocios de la familia por un contrato de sangre, al igual que mis dos hermanas.
No tenemos una salida limpia del territorio.
—¿Andando? ¿Y por qué no intentas simplemente decírselo de frente?
—Franco habló de nuevo, fijando sus ojos oscuros en mí con una honestidad que no esperaba de un De Angelis—.
Sé que debe ser una carga psicológica espantosa ser el hijo de Maximiliano Romanov, el hombre más temido y poderoso de Rusia en los últimos treinta años, y entiendo que debas cargar con una cantidad absurda de responsabilidades operativas sobre tus hombros desde muy joven.
No obstante, considero que es mucho más destructiva y compleja la idea de pasar el resto de tus días fingiendo ser alguien que verdaderamente no quieres ser en tu fuero interno.
Te sentirás aliviado si tienes las agallas de hacer lo que deseas, sin tener que ocultar tus verdaderos pensamientos detrás de un uniforme de la mafia.
Estaba a punto de articular una respuesta jurídica y fría cuando uno de los capitanes de la Cosa Nostra se acercó con urgencia al oído de Francesco, interrumpiendo nuestro intercambio de opiniones.
—Les pido disculpas a ambos, pero los negocios no esperan. Voy a tener que retirarme a la zona restringida para atender una llamada de Sicilia —declaró el Capo, ajustándose el saco—. Ustedes sigan con su interesante charla filosófica. Ya nos veremos más tarde durante el banquete principal de Katya.
Con un ademán de la mano se despidió, dejándome a solas con su hermano menor.
Sabía perfectamente que Franco, debido a las jerarquías de la Cosa Nostra y al respaldo de sus capitanes veteranos, estaba diseñado para ser el siguiente Capo indiscutible en caso de que una catástrofe borrara a Francesco del mapa de operaciones.
Y vaya que ese es un logro de magnitudes titánicas cuando estás plenamente de acuerdo en formar parte de esa maquinaria de violencia y ambición desmedida.
Me quedé observándolo en silencio, preguntándome qué pasaba por su mente. ¿Quién en su sano juicio dentro de nuestro entorno no desearía con todas sus fuerzas heredar un imperio de esa relevancia global? Exactamente: soy yo el único extraño que no lo quiere.
—Intenta hablar con tu padre de forma directa, Luka.
La verdad es que no importa si el viejo es un cabeza dura con una mentalidad rígida; algún día, por puro desgaste, terminará por comprender tus razones al cien por ciento —me comentó Franco con una notable delicadeza y empatía—.
Y que no te importe, en lo absoluto, la opinión condenatoria de tu padre sobre tus elecciones personales, porque es tu vida, tu libertad y el destino de tu existencia entera lo que está en riesgo sobre esa mesa de ajedrez, no la de él.
Si Maximiliano decidió por su cuenta convertirse en el monstruo criminal que es en la actualidad para llenar su ambición, ese es estrictamente su problema operativo, no el tuyo.
No tienes por qué pagar sus facturas con tu futuro.