Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #6
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CAPÍTULO 13 #6

—Franco, antes de que continúes con tu argumento.

.. —lo detuve, bajando el tono de mi voz hasta convertirlo en un susurro gélido que transmitía toda mi determinación—.

La verdad es que te agradezco profundamente la honestidad de esta conversación y, en serio, a pesar de la tensión que recorre mis venas cada vez que evalúo el temperamento de mi padre, he considerado seriamente hablar con él sobre mi rechazo a la Bratva.

No obstante, he tomado una decisión inalterable: prefiero ser yo quien asuma el cargo de Pakhan, prefiero heredar toda la mierda del negocio y destruir mi propia felicidad, antes que permitir que mis dos hermanas queden expuestas a este infierno.

Prefiero sufrir el encierro, la persecución de la FSB y darlo todo, incluso mi propia vida en una fosa si es necesario, siempre y cuando eso implique que a Katya y a Dasha no les suceda absolutamente nada malo y que yo pueda garantizar su seguridad material y física fuera de la mafia.

Las amo con cada fibra de mi ser, son mi único cable a tierra en este mundo desalmado, y si está en mis manos ejecutar los crímenes más atroces para evitar que el viento mismo ose tocarlas o lastimarlas, no se me hará difícil cumplir con el trabajo.

Sé amar a mi familia, sé respetar los lazos de sangre y sé perfectamente cuándo es mejor callar mis propios deseos en beneficio de los seres que protejo.

Ya he optado por asumir el peso del imperio para ayudar a mis hermanas a tener una vida muy distinta, limpia y segura, lejos de los Romanov.

Además, cabe recalcar que nunca sabremos qué nos depara el futuro logístico y nada está escrito en piedra en este negocio, porque en la mafia rusa nada es imposible si tienes la frialdad necesaria para ejecutar las fichas.

Franco me miró en silencio, asimilando la magnitud de mi sacrificio fraternal.

Estaba intentando mostrarse comprensivo y respetuoso con mi postura de escudo familiar.

Yo quería ver esta decisión estrictamente como un acto de amor puro, como un tributo que pagaría porque amo a mis dos hermanas por encima de mi propia existencia y estoy dispuesto a enfrentar cualquier infierno por ellas.

Es exactamente así como quiero que se mantenga en mi mente para no quebrar mi propia cordura.

—Por favor, Franco, te pido como un caballero que mantengas los detalles de esta conversación bajo el más estricto secreto profesional, o simplemente limítate a asumir ante tus capitanes que este intercambio nunca tuvo lugar en la hacienda —le advertí, fijando mis ojos en los suyos con una seriedad militar—.

No quiero por nada del mundo que los demás clanes o mi padre conozcan mis verdaderos sentimientos de rechazo hacia la corona de la Bratva.

No tengo el menor deseo de ser un libro abierto para que todo el mundo pueda atacarme o destruirme a partir de mis puntos débiles emocionales.

Sé jugar este juego de sombras, conozco las reglas y sé perfectamente cuándo ha llegado el momento indicado de mover mis piezas pesadas dentro del tablero de ajedrez de la mafia, y por supuesto que soy plenamente consciente de que el día de la confrontación final todavía no ha llegado.

Por favor, guarda el secreto bajo palabra de honor; es el único favor personal que tengo que pedirte esta noche.

—Te doy mi palabra de honor de De Angelis, Luka. Nunca nadie, ni siquiera mi hermano, se enterará de los detalles de esta conversación —prometió Franco, apagando el cigarrillo contra el cenicero con un gesto firme.

Que así sea por el bien de mi estrategia.

Dasha Romanov

Terminé de consumir un par de bocadillos finos que se encontraban dispuestos en la mesa principal de la gala, sintiendo que la comida se me pasaba como ceniza por la garganta debido a la tensión psicológica que cargaba.

Tuve que moverme con discreción entre la multitud de mafiosos y guardaespaldas blindados, buscando con urgencia un rincón apartado y oscuro en los jardines de la hacienda donde fuera capaz de responder los mensajes cifrados que Dimitri Korovin había enviado a mi teléfono de uso privado.

Tras asegurarme de que ningún dispositivo de vigilancia o familiar directo estuviera registrando mis movimientos, saqué el aparato de los pliegues de mi vestido azul y me dispuse a conversar con el agente de la FSB con la mayor tranquilidad posible.

Dimitri: Dasha, cariño... me pregunto constantemente cuándo tendré el privilegio de volver a verte a solas en el apartamento.

Han pasado varias semanas de silencio operativo desde la última vez que compartimos la cama y ya no puedo hacer otra cosa en mis horas de guardia que no sea extrañarte el día entero.

No puedes salir de mis pensamientos ni un solo segundo, bonita.

Leí sus palabras sintiendo una mezcla de adrenalina y frialdad analítica, acomodándome el collar de perlas mientras mis dedos tecleaban la respuesta con rapidez.

Dasha: Dimitri, mi amor... sin duda alguna yo también te extraño demasiado en la distancia y deseo con todas mis fuerzas volver a tenerte cerca, pero debes comprender de una vez por todas que mi realidad cotidiana no es libre ni común como la tuya.

He estado sumergida ayudando a mi padre a cerrar un par de transacciones financieras internacionales de alta prioridad, así que el lavado de activos ha ocupado mi tiempo por completo estas semanas.

En este preciso instante nos encontramos celebrando el cumpleaños veinticinco de Katya en una hacienda blindada, sin embargo, ten por seguro que buscaré el momento logístico adecuado para escapar de la vigilancia de mis hermanos y vernos de nuevo en secreto.

La respuesta del cazador de la FSB no tardó en iluminar la pantalla digital.

Dimitri: ¿Acaso nuestra relación va a manejarse bajo esos términos de clandestinidad siempre, Dasha?

Vas a tener que diseñar la forma indicada de encontrar tiempo exclusivo para mí en tu agenda, porque yo sí he movido mis turnos en la agencia para dártelo a ti en específico cada fin de semana. Necesito constancia.

Sonreí con un toque de amargura ante su inocencia civil simulada, sabiendo que detrás de su reclamo de hombre enamorado operaba el agente que pretendía cercar a los Romanov.

Dasha: ¿Realmente crees en tu mente que no deseo estar contigo en este instante?

Por supuesto que quiero ver tu rostro y sentir tus manos, Dimitri, no obstante, debes entender que cada uno de mis movimientos externos depende estrictamente de las directrices que mi padre dicte para la seguridad de la familia.

Si él me ordena que debo quedarme en la residencia principal ayudándolo con los balances y el cobro de un par de trabajos financieros pesados, claro que tengo la obligación de quedarme a su lado para no levantar sospechas internas.

Mira, hagamos una tregua... Te prometo bajo palabra que buscaré la manera de evadir la seguridad y verte en tu departamento el próximo viernes por la noche, no importa si tengo que inventar una mentira legal o escapar de la mirada de mi padre. Te veré sin falta, te lo prometo.

Dimitri: Está bien, mi cielo... confío plenamente en tu palabra de honor y sé que cumplirás la promesa el viernes.

Confío en ti de forma absoluta y lo último que deseo en este mundo es iniciar una pelea o una discusión contigo por mensajes; no me agradan las confrontaciones en lo absoluto cuando se trata de nosotros.

Dasha: Sí, está bien. No hay ningún problema con eso, Dimitri. Mantengamos la paz.

Anclada en la oscuridad del jardín, vi cómo ingresaba un último párrafo de su parte, un mensaje que elevó mis pulsaciones y me obligó a analizar la situación con la frialdad de una abogada criminalista.

Dimitri: Dasha, he estado analizando la situación y me gustaría que empezáramos a diseñar un plan estratégico a futuro para blindar nuestra relación amorosa, evitando inconvenientes o filtraciones de cualquier tipo con tu entorno familiar.

Necesitamos localizar y adquirir un lugar seguro, un apartamento neutral en Moscú en el que podamos encontrarnos siempre sin que los hombres de tu padre sospechen de tus rutas.

De igual manera, necesitamos implementar un dispositivo telefónico exclusivo con encriptación militar en el que podamos hablar el uno con el otro para evitar que la inteligencia de la Bratva o de la policía rastree nuestras frecuencias y se den cuenta de la relación que existe entre nosotros.

Tenemos que ser extremadamente cuidadosos, Luna; no queremos cometer un solo error de cálculo y terminar pagando el precio en el infierno.

Al leer la última palabra, guardé el teléfono con una sonrisa helada en los labios.

En mi mente, la advertencia de Dimitri sobre el peligro de terminar en el infierno sonaba casi idílica en comparación con la realidad de mi apellido.

Yo no le temo en lo absoluto a conocer el infierno de la violencia, ni mucho menos me asusta la idea de tener que conquistarlo para sobrevivir.

Como una auténtica Romanov, soy perfectamente capaz de ejecutar las acciones más frías y despiadadas por asegurar mi propio beneficio.

Al alzar la vista del dispositivo, la realidad me golpeó de frente.

Me encontré con que mi padre, Maximiliano Romanov, caminaba a pocos metros de mi posición en los jardines, conversando en voz baja con sus jefes de seguridad.

Apagué el teléfono privado de inmediato, deslizándolo con agilidad oculta entre los pliegues sedosos de mi vestido azul cobalto, y me esforcé por relajar por completo cada facción de mi rostro para borrar cualquier rastro de agitación o sospecha.

Caminé con paso firme y grácil hacia su imponente figura y le dije con voz clara: