CAPÍTULO 13 #3
—Claro que a mi padre no le agradaría saber que me volví tan loca como para enamorarme de alguien que busca el bien.
.. —comentó ella, bajando la vista mientras jugaba distraídamente con sus dedos—.
Ay, mi amor... ya te digo yo con total seguridad que mi querido padre no tendría el menor problema en colocar el cañón de una pistola en mi frente y apretar el gatillo sin que le tiemble la mano si llega a enterarse de que lo he traicionado de una manera tan flagrante.
Mi padre puede ser muchas cosas en esta vida, menos alguien al que le guste tolerar la traición dentro de su círculo de confianza.
Es una regla de oro que siempre respetamos y tememos mis hermanos y yo, porque resulta increíble que un hombre con tantos defectos y pecados encima odie la traición con tanta fuerza.
Si él llega a descubrir que uno de los hijos a los que crio con tanto esmero, con la esperanza de que nos convirtiéramos en una especie de clones operativos suyos capaces de tomar el mando de su grandiosa mafia el día de mañana, le ha traicionado de una manera tan asquerosa como lo estoy haciendo yo en este mismo instante de mi vida al meter a un extraño en el círculo.
.. preferirá mil veces acabar con la vida de esa persona antes de permitir que los demás clanes se enterasen de la debilidad interna de los Romanov.
Inventaría alguna mentira corporativa que fuera creíble para justificar mi desaparición, debido a que es una persona sumamente inteligente, eficaz y fría para la gestión de crisis.
Escucharla hablar sobre el adiestramiento que Maximiliano les había impuesto desde la infancia me proporcionaba datos valiosos sobre la psicología del clan.
La forma en que Dasha describía la sumisión y el miedo reverencial hacia el Pakhan confirmaba que la estructura era rígida, pero que ella representaba el eslabón más débil debido a su necesidad de afecto.
—Hay varios puntos operativos que todavía no he podido comprender del todo acerca del funcionamiento interno de la mafia rusa —comenté, moviendo mi cabeza de un lado al otro al mismo tiempo que la miraba directamente a los ojos, fingiendo la curiosidad ingenua de un ciudadano común—.
Y sé perfectamente que, aunque te pases horas explicándome la dinámica de los clanes durante mucho tiempo, jamás voy a poder entender el negocio con la misma naturalidad que tú.
Y eso se debe principalmente a que tú creciste dentro de todo ese ambiente de violencia y dinero, sabes manejar las presiones a la perfección por herencia, y yo no soy más que un absoluto ignorante en ese tema del crimen organizado.
—Entenderás únicamente lo que yo decida que tienes que entender para mantenerte a salvo, ¿de acuerdo, Dimitri?
—me dijo con un tono de advertencia maduro, y me limité a darle la razón con un asentimiento dócil—.
No debes saberlo todo sobre la Bratva, porque te aseguro que no querrás tener una mente tan podrida y llena de secretos de sangre como la mía. Es un peso muerto.
Sí, puede que ante sus ojos yo no llegara a comprender nunca todo lo que ella sabía a la perfección por experiencia propia, pero en la realidad de la FSB, yo estaba armando el rompecabezas con una precisión quirúrgica.
Ella creía que me protegía al ocultarme los detalles; yo sabía que solo era cuestión de tiempo para extraerle cada coordenada financiera.
—¿Puedo hacerte una pregunta en específico sobre tu rol, Dasha? —interrogué, modulando la voz para que sonara un tanto tímida, fingiendo temor a que fuera una acción equívoca o invasiva de mi parte que pudiera restaurar sus defensas jurídicas.
—Sí, sí, por supuesto que puedes preguntar todo lo que quieras con total libertad, Dimitri.
Al final del día, responder a tus dudas es lo menos que puedo hacer en agradecimiento por la enorme y arriesgada decisión que has tomado al no huir de mí, ¿no es así?
—ahora ella se encontraba notablemente más tranquila y aliviada que al inicio de la velada, habiendo descargado el peso de su apellido, por lo que era mucho más fácil lograr entablar una conversación fluida y directa sin levantar sus alarmas.
—¿A qué te dedicas exactamente en el organigrama de la mafia de tu padre?
¿Cuál es la función específica que cumples dentro de esa estructura ilícita?
—esa era una de mis más grandes interrogantes operativas desde el punto de vista de la fiscalía federal y la verdad es que, en mi papel de novio, no pude permanecer callado o hacerme el tonto respecto a todo lo que estaba pasando por mi mente. Necesitaba que verbalizara su delito.
Todas las respuestas de inteligencia económica que la FSB había buscado por tanto tiempo a través de auditorías fallidas, ahora estaban sentadas en el sofá de mi sala de estar, esperando a ser descubiertas mediante el hilo de una confesión sentimental.
—Digamos que la función que cumplo principalmente dentro de la Bratva es encargarme de las operaciones de dinero transnacionales y la gestión de las carteras financieras del clan —explicó Dasha, adoptando por un segundo esa postura analítica y fría de la que tanto hablaban los informes de vigilancia—.
Un dato curioso e innegable acerca de mí es que todo aquel que se dedica al negocio del contrabando a gran escala en Europa conoce perfectamente mis habilidades técnicas para el lavado de dólares y la triangulación de activos en cuentas puente.
Así que sí, esa es la función que he cumplido durante años bajo las órdenes directas de mi padre.
Él me consulta absolutamente todo en ese ámbito financiero; no se mueve un solo rublo en la organización sin mi autorización o mi análisis previo.
Soy el cerebro económico de la familia, Dimitri.
—Entiendo perfectamente... esa era una de las incógnitas que quería despejar para comprender la magnitud de tu mundo —respondí, asimilando la declaración con la frialdad de un analista que acaba de obtener la prueba reina para un juicio por lavado de activos.
—Dimitri... —su voz suave volvió a cautivar mi atención y con la ayuda de un leve gesto de la mano, le di a entender que podía continuar hablando sin restricciones—.
¿Tanto me quieres de verdad que ni siquiera te tomaste un solo minuto para pensar con la cabeza fría acerca de si debías seguir con esta relación amorosa o alejarte por tu propia seguridad? ¿No te asusta la muerte?
Me acerqué a ella con lentitud, acorralándola sutilmente contra el respaldo del sofá de cuero, dejando que la distancia entre nuestros rostros se redujera a la nada.
—Dasha... la verdad es que yo no solo te quiero como un civil común querría a su novia.
.. —murmuré directamente en su oído con una voz ronca y seductora, y sentí de inmediato cómo su respiración se alteraba por los nervios de la cercanía física—.
Te amo, bonita, y no me importa en lo absoluto la verdad de la mafia ni el peligro que rodee a los Romanov si lo que posee la mayor importancia en mi existencia es este sentimiento descontrolado que simulo tener por ti.
Te amo y estoy dispuesto a tomar cualquier riesgo físico por mantenerte a mi lado.
He mentido de nuevo de forma impecable, manteniendo la solidez del personaje mientras me convenzo exteriormente de que esta farsa es necesaria para el éxito de la FSB.
La miré a los ojos, sosteniendo la mentira del amor eterno con la frialdad de un verdugo, sabiendo que cada una de mis palabras de afecto la encadenaba más a mi control.
En mi mente no había pasión, ni romance, ni la menor intención de salvarla de la justicia.
Solo existía el informe final que redactaría para la división de inteligencia, un enorme expediente donde detallaría cómo la hija menor de Maximiliano Romanov había entregado las llaves del imperio de la Bratva roja por el simple y patético deseo de ser amada.
Una pequeña mentira operativa no le hace daño al éxito de la agencia; al contrario, es el arma más letal que poseo para destruirla.
CAPÍTULO 14
Luka Romanov
Todo se nos salió de las manos. El engranaje de la Bratva roja no se detiene por dilemas morales ni por las sombras que acechan en las fronteras, y la vida en la cima de la pirámide criminal exige que las apariencias se mantengan con una frialdad matemática.
Hoy era el día en el que mi hermana mayor, Katya, estaba cumpliendo veinticinco años, un hito dinástico que nuestro padre, Maximiliano Romanov, decidió celebrar a lo grande, despojando la jornada de cualquier rastro de paranoia operativa.
Ordenó confiscar y blindar una preciosa hacienda de arquitectura imponente, ubicada en una zona rural profundamente alejada del bullicio vigilado de Moscú.
Para demostrar su vigencia y autoridad como Pakhan, invitó, de forma literal, a todo aquel líder que poseyera un nombre de relevancia en el circuito del hampa internacional.
Iba a ser una celebración de proporciones descomunales, un despliegue de opulencia y poder que funcionaba como un mensaje directo a nuestros enemigos de la FSB: a pesar de todos los problemas y las investigaciones federales que nos agobian a diario, los Romanov seguían dictando las reglas del juego.
Queríamos y necesitábamos dejar todo lo malo a un lado por lo menos durante veinticuatro horas.
Me encontraba en mis habitaciones terminando de ajustar los últimos detalles de mi vestimenta cuando la puerta se abrió sin previo aviso.
—¿Qué tienes pensado entregarle a Katya este año, Luka? —mi hermana menor, Dasha, apareció en el umbral, rompiendo el silencio del cuarto mientras sostenía una elegante caja de terciopelo oscuro en una de sus manos.