Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 13 #2
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CAPÍTULO 13 #2

—Sí, bonita, te aseguro por lo más sagrado que puedes confiar en mí de manera ilimitada.

Sea lo que sea que pese sobre tus hombros, te doy mi palabra de honor de que no voy a conversar sobre esto con absolutamente nadie del exterior.

Te lo prometo —me acerqué de nuevo a su posición junto a la ventana y besé su rostro con la mayor delicadeza posible, acariciando su mejilla con el pulgar, esperando pacientemente a que su nerviosismo desapareciera con el pasar de los segundos y diera el paso final.

—Está bien... —soltó un pesado suspiro que pareció vaciar sus pulmones, mientras jugaba de forma neurótica con un mechón de su cabello oscuro, un evidente símbolo de lo preocupada, expuesta y vulnerable que se encontraba en ese preciso momento del juego.

Nos quedamos en un silencio denso por unos instantes y no me quedó más opción que esperar con la paciencia de un depredador a que ella tuviera el valor definitivo de hablarme con la verdad.

Como me repetía a mí mismo en mi fuero interno para justificar mi frialdad, no estaba dispuesto a volverme loco enredándome en una mentira si no obtenía la confirmación directa de sus labios.

No quería vivir de una suposición; quería escuchar la verdad fáctica de su propia boca para usarla en los informes clasificados de la FSB.

Prefiero confrontar la realidad cruda antes que seguir lidiando con cientos de mentiras que hicieran el operativo aún más difícil de gestionar el día de mañana.

—Mi nombre real no es Luna... —negó con la cabeza, tragando saliva una vez más—.

En realidad, mi verdadero nombre es Dasha.

Soy Dasha Romanov, la hija menor de Maximiliano Romanov, el hombre más buscado de toda la federación rusa por el servicio de inteligencia.

Sí, Dimitri... soy la hija de sangre de un capo de la Bratva y sí, bajo las leyes de este país, también soy una criminal de alto perfil.

Es por todo ese trasfondo de sangre que nunca puedo permitirme el lujo de tener una vida normal y corriente como la que las otras personas suelen disfrutar en las calles.

No puedo caminar tranquila por las avenidas porque nunca sé en qué momento algún cartel enemigo de mi familia puede ejecutar un ataque contra mí; no puedo caminar en público sin llevar mi arma de confianza escondida debajo de mi falda; tengo estrictamente prohibido presentarme ante las personas que capturan mi atención con mi verdadero apellido; debo obligarme a mí misma todos los días de mi existencia a cumplir ciertas reglas despiadadas de la mafia y.

.. lo más impactante de todo es que tengo que obligarme a vivir una vida de mentiras que no me agrada en lo absoluto, pero que es la única realidad que tengo disponible.

Fingí un estado de shock absoluto. Abrí los ojos de par en par, retrocediendo un paso como si la revelación me hubiera golpeado físicamente, obligándome a sostener la mesa para mantener la compostura de mi personaje de civil anonadado.

En mi mente, sin embargo, el algoritmo de la FSB seguía corriendo de forma impecable: Objetivo confirmado.

Dasha Romanov ha quebrado su seguridad operativa.

No podía creer la facilidad con la que se había entregado por pura necesidad de afecto.

Había pasado los últimos años de mi carrera sumergido en una investigación eterna, analizando los crímenes, las rutas de contrabando y el lavado de dinero del famoso capo ruso, y ahora, mediante una estrategia de seducción perfectamente ejecutada, me había involucrado sentimentalmente con su hija menor, obteniendo la clave del organigrama criminal directo en mi sala de estar.

Ella ya se había convertido en mi novia oficial ante sus ojos, y nada iba a ser capaz de cambiar el destino que la agencia le tenía preparado al imperio de su padre.

—¿Me estás diciendo en serio que eres la hija del famoso capo de la Bratva rusa? —volví a preguntarle, forzando un temblor en mi voz para dotar a la escena de un realismo civil dramático, aun cuando conocía cada detalle de su partida de nacimiento desde hacía meses.

Ella se limitó a asentir con la cabeza, las lágrimas corriendo libres por sus mejillas.

—Bueno, mi amor... la verdad es que la situación es impactante, pero ninguno de nosotros en esta tierra posee la capacidad de elegir el lugar exacto en el que nacemos, y mucho menos podemos elegir a la familia de la cual vamos a ser parte por el resto de nuestras vidas —le dije, suavizando mi rostro y dando un paso al frente para acortar la distancia, adoptando el papel del hombre comprensivo que ponía el amor por encima de la ley—.

Y está bien, Dasha. Entiendo perfectamente y perdono el que me hayas mentido con el nombre de Luna, porque dentro de la vida clandestina que has tenido que llevar desde tu nacimiento, existen cierto tipo de limitaciones de seguridad extremas.

Eres mi novia ahora, y nada en este maldito mundo, ni siquiera el hecho de que seas la hija de uno de los hombres más buscados de todo el país, va a poder cambiar lo que siento por ti ni el compromiso que acabo de asumir.

Dasha se sorprendió de manera mayúscula por mis palabras de aceptación; su mente jurídica no esperaba una reacción tan noble y desinteresada de un ciudadano común.

No pudo disimular la conmoción emocional que la embargaba y se arrojó hacia mí, envolviéndome en sus brazos con una desesperación que delataba lo sola que se sentía en su mundo de violencia.

Ella no dejaba de llorar contra mi pecho, y lo único que se me ocurrió hacer en este momento para mantener la solidez de mi infiltración fue abrazarla con fuerza, hundiéndome en el aroma de su cabello mientras mi mente calculaba el siguiente movimiento.

Pasamos varios minutos atrapados en ese silencio sepulcral, un silencio que por cierto no resultaba para nada incómodo para ella, y en cuanto logró tranquilizar sus sollozos, pudimos continuar hablando con mayor claridad y frialdad.

—¿Estás completamente seguro de lo que estás diciendo, Dimitri?

—preguntó, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano pero sin apartarse de mi cercanía—.

Eres guapo, eres un hombre de bien... no sé si estés realmente dispuesto a soportar todo el peso de la tormenta que se viene sobre nosotros si esto avanza.

Por supuesto, no pienso decirle a nadie de mi familia sobre nuestra relación amorosa; si mi padre o mis hermanos descubren que tengo un vínculo con alguien ajeno a la organización, me meterían un tiro en la frente de inmediato y no tendría ni el tiempo físico para reaccionar ante la ejecución.

Debemos buscar la forma más indicada, inteligente y discreta para los dos de aprender a cargar con esta situación de mierda en completo secreto, asegurándonos de que nadie en el circuito de la mafia pueda enterarse de lo que existe entre ambos.

Esto tiene que mantenerse bajo llave, ya que yo no cuento con la libertad civil que todo el mundo tiene para tomar decisiones sobre su propio destino; no obstante, soy consciente de que puede ser incluso más difícil y peligroso para la persona que elija estar conmigo, porque ese alguien no tiene ninguna necesidad de estar involucrado en tanta mierda criminal tal y como yo lo estoy por herencia.

—¿Sabes una cosa? El nombre de Dasha me gusta mucho más de lo que me gustaba Luna.

.. posee más fuerza, más personalidad —traté de desviar la tensión con una sonrisa ligera para hacerla sonreír, y vaya que logré mi cometido en un par de segundos al ver cómo sus labios se curvaban levemente—.

Y ahora, respondiendo con total honestidad a la advertencia que acabas de hacerme, la verdad es que estoy totalmente dispuesto a cargar con todo el peso operativo que posea esta situación.

Sé perfectamente que mantener un secreto frente a la Bratva no es tan fácil como preparar una tarta de manzana en una tarde de domingo, aunque. ..

—¿Y quién te dijo a ti que es un proceso fácil preparar una tarta de manzana de forma correcta? —enarcó una ceja con un deje de su habitual altanería y sarcasmo, y no pude evitar comenzar a reír de forma natural por la rapidez de sus palabras, rompiendo la densidad del ambiente.

Me agradaba la facilidad con la que podía manipular sus emociones. Me sentía sumamente cómodo en mi papel de titiritero dentro de mi propio apartamento.

—Decía que soy plenamente consciente de que esto no va a ser para nada un camino fácil de recorrer, Dasha, y que a pesar de todos los riesgos legales y físicos que existan, estoy dispuesto a enfrentar el peligro por ti —continué con mi discurso de seducción, entrelazando mis dedos con los suyos—.

Buscaremos la mejor estrategia táctica para continuar con esta relación que ha empezado tan recientemente entre nosotros, moviéndonos en las sombras sin que nadie del exterior lo sepa, en especial las personas que están directamente involucradas con los negocios de tu padre.

Supongo que a Maximiliano Romanov no le va a agradar en lo más mínimo el saber que su hija menor se ha involucrado con una persona de mi perfil.

A nadie en el hampa le agradaría escuchar que la ley se ha metido en su propia casa.

Dejé caer la frase con una doble intención oculta que ella, debido a su ceguera emocional y a su necesidad psicológica de afecto, no fue capaz de detectar.

Para ella, yo era solo un civil hablando en sentido figurado de las complicaciones de la moralidad; para mí, era la ironía perfecta de mi victoria operativa.