Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 1 #19
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CAPÍTULO 1 #19

—Todos cometemos errores de cálculo en la vida, Dimitri.

A veces nuestros impulsos biológicos no concuerdan con lo que dictan nuestras palabras, es algo natural, y considero que todo el mundo se merece una segunda oportunidad para enmendar el rumbo —su voz se suavizó, adquiriendo un tono dulce que me alivió el pecho—.

No tienes que disculparte de forma tan dramática conmigo.

Comprendo perfectamente que todavía no sepamos cómo comunicarnos o actuar el uno con el otro porque apenas nos estamos conociendo, y nos falta un mundo entero por descubrir de nuestras vidas.

Pero está bien, no hay ningún problema con lo que pasó y no voy a guardar ningún tipo de rencor al respecto.

Te perdono el desliz, así que deja de darle tantas vueltas psicológicas al asunto en tu cabeza.

Todo está en orden entre nosotros, aquí no ha pasado nada grave.

—Te agradezco enormemente que lo aceptes de esa manera, bonita.

En realidad, sí que me sentía muy arrepentido por mi egoísmo de esa noche; no supe darte el lugar que tu madurez merecía.

Espero de corazón que podamos dejar ese malentendido en el pasado, que me permitas verte de nuevo muy pronto y demostrarte que puedo corregir cada uno de mis errores del fin de semana —me rasqué la nuca, recordando con timidez lo distante y frío que me puse cuando ella me frenó el beso en seco para exigir un trato más humano.

Aún recordaba sus palabras exactas resonando en mi mente: "Sé que te deseo más de lo debido, pero no quiero que esta noche se resuma a tener sexo ¿Sabes? Quiero que podamos disfrutar de la compañía del otro y que podamos conocernos un poco más". Ella tenía toda la razón.

—No todo en esta existencia se reduce al placer físico, eso lo tengo más que claro a estas alturas de mi carrera.

Quiero conocer tu mente, Luna, y quiero que esta atracción intelectual que hay entre los dos siga haciéndose más fuerte cada día —susurré contra el teléfono, deteniendo el auto a un lado de la avenida moscovita—.

Quiero estar contigo, construir una relación formal.

Sé que apenas conozco tu nombre, que eres una abogada brillante que lucha por la aplicación de la justicia en los tribunales y que eres la mujer más hermosa que he tenido el privilegio de mirar a los ojos.

Quiero que tú y yo estemos juntos en una relación seria, sin importar qué obstáculos se interpongan en nuestro camino.

Dasha Romanov

Escuchar la declaración de Dimitri a través de la línea me tomó por completo por sorpresa, desarmando mis barreras por un segundo.

Tuve que ponerme de pie y dar un par de vueltas nerviosas por toda mi habitación antes de ser capaz de procesar el peso de sus palabras y decidir qué responderle a continuación.

No quería que todo este engaño se fuera al carajo de inmediato; necesitaba mantenerlo cerca por seguridad, o al menos eso era lo que mi mente analítica intentaba usar como excusa para justificar mi debilidad.

¿Esto que siento de alguna manera es el inicio de un cariño real? ¿O simplemente soy una mujer patética y solitaria que está buscando suplantar de forma desesperada el lugar de la única persona que me brindó amor verdadero y seguridad en mi juventud?

La sombra de Kang Dae se proyectó de nuevo en mi mente, recordándome que él seguía siendo el dueño absoluto de mi alma y que lo que hacía con Dimitri era solo un intento miserable por no volverme loca de soledad en esta casa de mafiosos.

Dimitri era un buen hombre, un agente de la ley que hablaba de justicia con una inocencia que me conmovía, pero nunca podría amarlo de la forma en que amé a Dae.

Con Dimitri había pasión física y una necesidad egoísta de afecto, pero mi corazón seguía perteneciendo a un fantasma en Manhattan.

—¿Entonces, Luna? ¿Qué opinas de lo que te acabo de decir? —Dimitri cuestionó desde el otro lado, su voz delatando lo ansioso y vulnerable que se encontraba esperando mi veredicto.

—Sí, Dimitri... A mí también me gustaría que intentáramos estar juntos en una relación —solté, y la verdad es que en ese instante no estaba mintiendo del todo.

Deseaba experimentar lo que era tener a alguien que se preocupara por mí de esa forma, porque desde el momento en que lo vi en la galería de arte y nuestras miradas tuvieron el placer de encontrarse en medio de este mundo caótico, me sentí extrañamente unida a él.

Puede que no lo ame en lo absoluto en este momento, porque mi capacidad de amar se quedó congelada hace tres años con los Lee, pero supongo que la convivencia y el tiempo me enseñarán a quererlo de una forma madura.

Hoy no quiero privarme de la oportunidad de recibir un poco de afecto real, aunque sea bajo una identidad falsa.

Hoy es el inicio formal de un engaño sistemático y peligroso, porque sí que lo estoy traicionando al ocultarle mi verdadero apellido y las actividades ilícitas de lavado de dinero a las que me dedico por orden de mi padre.

Sin embargo, supongo que tendré la frialdad necesaria para enfrentarme a él cuando el destino nos coloque en ese punto de no retorno.

Hoy he decidido arriesgar mi propia seguridad y la de la organización por mantener a mi lado a un agente de la FSB.

Decidí arriesgarlo todo por una ilusión de normalidad que al final no sé si resultará del todo bien, pero necesito aferrarme a algo para no hundirme en la melancolía ahora que sé que los Lee podrían regresar.

Confío en que seré capaz de manejar mis emociones, de enamorarme de este hombre con el tiempo y, finalmente, ser capaz de olvidar el pasado que me destroza.

CAPÍTULO 12

Dasha Romanov

He aceptado empezar un compromiso formal.

He aceptado darle inicio a una relación con Dimitri Korovin, un agente de alto rango de la FSB, el cuerpo de inteligencia federal que se ha convertido en mi más grande enemigo y en el mayor peligro latente para toda mi familia, en especial para mi amado padre.

Es un movimiento de ajedrez suicida que no había sido capaz de hacer desde hace mucho tiempo, una transgresión directa a las leyes no escritas de la Bratva.

Durante tres años, me mantuve oculta en una fortaleza de frialdad y números, manejando millones de rublos en el circuito del lavado de dinero sin permitir que un solo hombre se acercara lo suficiente a mí como para descubrir las grietas de mi armadura.

No he podido amar desde él.

No he podido olvidar la textura de sus manos, ni el sonido de su risa protectora.

No he podido sanar el desgarro que dejó su ausencia en lo más profundo de mi ser.

Pero hoy, hoy me he convencido a mí misma de que es el momento de olvidar por la fuerza, de dejar el fantasma de la dinastía Lee atrás y comenzar una nueva vida artificial en la que no haya más dolor autocomplaciente.

Sé perfectamente, en el fondo de mi psique, que al final todo este engaño terminará de consumirse y se convertirá en un arma letal dirigida directo a mi cabeza, tal como un maldito cigarrillo de contrabando que, aunque parece hacerte disfrutar del calor del momento y calmar tus nervios por unos segundos, termina inevitablemente por matarte y reducir tus pulmones a cenizas al final del día.

Me preparé en mi habitación con una meticulosidad fría, usando prendas oscuras que me permitieran camuflarme entre las sombras de la mansión.

Traté por todos los medios de salir de la propiedad sin que nadie de la seguridad privada se diera cuenta de mis movimientos nocturnos.

Caminaba en puntas de pie por el pasillo del ala este, esquivando las zonas donde los tablones del suelo solían crujir, y cuando estaba a punto de lograr mi cometido y cruzar el umbral de la salida trasera sin ningún contratiempo, Pablo, el hombre de confianza absoluta de la familia y el ejecutor de los operativos logísticos de mi padre, apareció de la penumbra del patio, sacándome un gran susto que hizo que el aire se me congelara en la garganta.

—¡Pablo! ¡Por el amor de Dios, por poco y me matas del susto!

—grité en un susurro ahogado, tocándome el pecho de inmediato para intentar calmar las pulsaciones desbocadas de mi corazón.

Sí que me había asustado de verdad; mi instinto me decía que estar fuera de lugar a estas horas era una sentencia.

—Buenas noches, señorita Dasha. Sí, lo siento mucho, no fue mi intención sobresaltarla de esa manera —respondió el enorme hombre de seguridad, dando un paso al frente para que la luz de los faroles iluminara su rostro serio y curtido—.

Sólo que acabo de llegar del búnker de comunicaciones y quería hablar con su padre para entregarle el reporte de las fronteras, pero me ha tomado por completa sorpresa encontrarme con usted por acá, a tan altas horas de la noche y vestida de esa manera. ¿Ocurre algo malo?

—Ah, sí, respecto a eso... no es nada grave, no te preocupes —articulé con rapidez, rascándome la oreja de manera distraída mientras mi mente jurídica trabajaba a mil kilómetros por hora, diseñando una excusa que fuera lo suficientemente creíble como para desarmar las alarmas de un veterano del hampa.

Pablo se caracteriza por ser un hombre extremadamente inteligente, meticuloso y leal a la jerarquía de Maximiliano Romanov; no se ha atrevido a traicionar a nuestra sangre durante todos los años que ha trabajado como escudo de la familia.

Y bueno, en este preciso instante de paranoia corporativa, no sabía si un hombre con un código de honor tan rígido como el suyo estaría dispuesto a guardarle un secreto de este calibre a mi querido padre.

El riesgo de que me delatara era inmenso.