CAPÍTULO 1 #16
—Bueno, en ese escenario... tu vida va a tomar un rumbo completamente diferente y destructivo para la estructura que papá ha diseñado para ti —Katya besó mi mejilla con un cariño inusual, intentando infundirme un poco de paz—.
Si ambos se siguen amando con la misma intensidad descontrolada del pasado, vas a tener que tomar decisiones drásticas.
¿Estás realmente dispuesta a dejarlo todo, a traicionar la estabilidad de la Bratva por ese hombre?
¿Qué tanto estás dispuesta a arriesgar si descubres que él regresó para reclamarte?
—Lo arriesgaría todo, Katya. Mi apellido, las finanzas, mi propia libertad.
.. todo carece de valor si no lo tengo a él —confesé con una determinación gélida que me sorprendió a mí misma—.
Kang Dae tiene un control absoluto sobre mi alma.
Sé que si vuelvo a ver su rostro, todas las barreras psicológicas que he construido se van a desmoronar en un segundo y me convertiré en un desastre ingobernable.
Tengo miedo de la magnitud de mis propios sentimientos, de saber que sigo encadenada a un fantasma que se niega a abandonar mi presente.
—¡Mírame bien! —mi hermana mayor me ordenó, tomándome por los hombros con una fuerza brusca pero cargada de una lealtad inquebrantable—.
¡Mírame, Dasha! Eres una mujer brillante y sé perfectamente que vas a ser capaz de superar cualquier escenario que el destino nos arroje esta semana.
Sé perfectamente la clase de adoración que sentías por ese coreano, y te doy mi palabra de honor de que movilizaré mis propios recursos en Italia y Asia para averiguar la verdad de su paradero.
Si Kang Dae sigue respirando, lo encontraré y lo traeré frente a ti, sin importar a cuántos hombres tenga que asesinar en el proceso para abrir el camino.
—¿De verdad harías una locura de ese tamaño por mí, Katya? —le pregunté, con los ojos empañados en lágrimas, sintiendo un alivio inmenso al saber que no estaba sola en este infierno emocional.
—Por ti lo haría todo, Dasha. Absolutamente todo —me susurró al oído, estrechándome una vez más contra su pecho—.
Buscaré al amor de tu vida hasta debajo de las piedras si es necesario.
Tu única tarea ahora es mantener la compostura, seguir manejando las cuentas del lavado de dinero con la misma frialdad de siempre y no permitir que papá note tu debilidad.
Mantente fuerte, tal y como lo has hecho desde el día en que todo nuestro mundo se fue a la mierda.
Acepté sus palabras en silencio, sabiendo que ya había sobrevivido a situaciones que me hicieron llorar lágrimas de sangre, pero ninguna de esas crisis financieras o amenazas de muerte se comparaba con el caos de volver a albergar esperanza en mi corazón.
En la soledad de mi habitación, mientras la noche moscovita caía sobre la ciudad, cerré los ojos y elevé una súplica silenciosa al universo, pidiendo por tu bienestar, Kang Dae, rogando porque sigues con vida en algún rincón lejano.
Y si el destino decide castigarme por haber buscado el calor físico de Dimitri en mis noches de absoluta soledad, cediendo ante las debilidades de mi cuerpo para intentar acallar el dolor crónico de tu ausencia, te pido perdón desde lo más profundo de mi alma rota.
Lo siento mucho, mi único y verdadero amor.
Sigo siendo tuya, y lo seré hasta el último día en que mi corazón deje de latir.
CAPÍTULO 11
Luka Romanov
Todo se nos salió de las manos. Cuando nuestra familia se enteró de la muerte del capo coreano, la mansión se convirtió en un verdadero infierno. La estructura de la Bratva roja parecía tambalearse no por amenazas externas, sino por el colapso emocional que se desató entre nuestras propias paredes.
—¡Luka! —Katya vino corriendo hacia mí por el pasillo del ala norte, con lágrimas contenidas en los ojos y la respiración completamente entrecortada.
En aquel tiempo, ella solía preferir cortarse el cabello de forma rebelde a la altura de los hombros, un reflejo de su temperamento indomable—.
Gracias a Dios... Te estaba buscando por todas partes. Menos mal que te encuentro.
—¿Qué sucede, Katya? Habla ya —le pregunté de inmediato, sintiendo cómo los músculos de mi espalda se tensaban. Su inusual falta de control me estaba poniendo extremadamente de los nervios.
—Mataron a Lee Jaeyoon en Manhattan y, ahora mismo, sus hijos han desaparecido sin dejar rastro —todo esto me lo confesó a trompicones mientras colocaba una de sus manos en la cabeza, tratando de procesar el vacío de poder que eso significaba—.
Y Dasha... Dasha simplemente no se encuentra para nada bien.
Está encerrada, llorando sin consuelo en su habitación, y papá está adentro tratando de hacer que se calme un poco, pero es inútil.
Por supuesto, como te imaginarás, ella es la más afectada por esto. Está destrozada.
No necesité escuchar una sola palabra más porque, literalmente, salí corriendo hacia el dormitorio de mi hermana menor, empujando las puertas dobles.
Al entrar, la visualicé de rodillas en el suelo, abrazando a mi padre y hecha un mar de lágrimas.
Mamá no estaba por ningún lado de la habitación, pero eso no me importó mucho en ese momento de crisis.
Los ojos de Dasha estaban completamente cerrados, hinchados y enrojecidos, y se aferraba a las solapas del saco del hombre que la crio como si su vida dependiese de ello, con la misma desesperación desvalida con la que lo haría un pequeño bebé desprotegido.
Katya entró pisándome los talones. Entre los dos necesitábamos encontrarle alguna solución inmediata a lo que estaba pasándole a la integrante más pequeña y vulnerable de la familia Romanov. No podíamos permitir que se consumiera en ese pozo de dolor.
—Déjanos a solas con ella, Luka y yo nos encargaremos de contenerla.
Papá, tú solo sal de aquí y trata de investigar un poco más de todo lo que tiene lugar ahora mismo en Nueva York —le mencionó Katya con un tono firme pero cargado de urgencia, y nuestro padre, asintiendo con la mandíbula apretada, abandonó la habitación en silencio.
—Dasha... —me agaché en el suelo hasta quedar exactamente a su altura y la tomé de las manos lo más lento que pude, obligándola a romper su posición fetal para poder observar su rostro.
Todo su maquillaje se había corrido en líneas oscuras por sus mejillas y sus ojos lucían terriblemente hinchados de tanto llorar—.
Dasha... Mi niña, mírame. Todo va a estar bien, te lo prometo.
Ya verás que vamos a encontrarlos, no importa el tiempo ni los recursos que nos tome rastrear sus pasos, no obstante, necesitamos que de igual manera pongas de tu parte y respires.
Ella no respondió nada en realidad; simplemente escondió el rostro entre sus manos y siguió llorando con una intensidad desgarradora, superior a la de antes.
—¿Dasha? —volví a llamarla, suavizando mi voz, y fue solo entonces que sus ojos empañados se encontraron con los míos—.
Mi cielo, todo va a estar bien. Te lo aseguro por mi vida.
Sin embargo, necesitamos que nos ayudes a ayudarte, porque nosotros no sabemos qué hacer para que te sientas mejor. Danos una señal.
—Nada puede hacerlo... —apenas podía articular las palabras entre los sollozos que le partían el pecho—. Yo... Yo lo he perdido todo con él, Luka. No puedo seguir adelante con esta maldita realidad... No quiero seguir con mi vida después de esto. No tiene sentido.
Mi hermana menor empezaba a perder la cordura por completo debido al shock, por lo que intercambié una mirada cargada de alarma psicológica con Katya, buscando una salida al colapso de la pequeña.
—¡Levántate, Dasha! —Katya le exigió, cambiando su tono a uno de estricta supervivencia, al mismo tiempo que los dos la tomábamos con firmeza de los brazos y hacíamos que se pusiera de pie.
Al ver que sus piernas no la sostenían, la cargué en mis brazos y la recosté en la cama.
Su estado físico y mental era deplorable; me pregunté a mí mismo cómo era posible que no se hubiese desmayado por la falta de oxígeno hasta el momento—.
Demonios, Dasha, mírame. Todo va a estar bien.
Estaremos aquí para ti todo el tiempo, bloqueando el mundo exterior para todo lo que necesites. No vamos a dejarte sola nunca.
De repente, la tensión abandonó sus extremidades y el cuerpo de la pequeña se desplegó inerte sobre el colchón, perdiendo el conocimiento y llenándonos de una preocupación aún más profunda.
Aquel fatídico día tuvimos que contactar a un médico privado de la organización para que pudiese atenderla bajo estricto secreto profesional, sedarla y ayudarla a estabilizar su estado general.
Con el paso de los días y de las semanas, la atmósfera de la casa empeoró drásticamente debido a que no poseíamos ninguna noticia sobre el paradero de la familia Lee.
A ese punto ya era muy posible que los hubieran ejecutado a todos, porque de lo contrario, Dae se habría comunicado con nosotros o habría enviado un mensaje a través de los canales seguros de la mafia.
Dasha no salía casi de su dormitorio, rechazaba la comida y cada vez se la notaba más deprimida, consumida por una melancolía que amenazaba su propia vida.
—¿Está todo bien, mi niña? —cuestioné una tarde, tomando asiento en el filo de su cama, observando cómo la luz gris de Moscú la hacía lucir casi transparente—.
Si hay alguna manera en la que yo pueda ayudarte a aliviar este peso, te pido que no dudes en decírmelo.
Estoy aquí, Dasha. Por favor, recuerda que soy tu hermano, que estoy aquí y que no pienso moverme de tu lado.
—Gracias, Luka. Pero nadie puede ayudarme —respondió con un hilo de voz, fijando la vista perdida en el cristal de la ventana—. Nadie en esta casa puede ayudarme ni comprender cuál es la forma exacta en la que me estoy sintiendo por dentro.