CAPÍTULO 1 #15
—¿Lee Hyori está viva? Mierda, eso lo cambia todo —Katya intervino, con la voz alterada—.
No habíamos tenido una sola pista fiable de ningún miembro de la familia Lee en más de tres años.
Desde la noche en que su residencia fue reducida a cenizas y perdieron el control operativo de la organización en Manhattan, se los tragó la tierra.
Incluso la inteligencia de la FSB los daba por ejecutados en alguna fosa común en Nueva Jersey.
Si Hyori está moviéndose en Japón, significa que todos nos equivocamos al asumir que la línea de sangre de Jaeyoon había sido extinguida por completo.
A mi lado, alcancé a notar cómo mi madre se ponía extremadamente rígida, sus manos temblando levemente mientras pretendía seguir cortando la comida en su plato, manteniendo un silencio sepulcral para no delatar la culpabilidad que cargaba en la conciencia.
El hecho de que su antiguo amante, Lee Jaeyoon, estuviera bajo tierra no borraba la traición que ella había cometido contra nuestra propia sangre.
El pasado no se borra con el paso de los años, y verla actuar con ese descaro solo me provocaba una profunda repulsión.
—Su desaparición repentina nunca tuvo una explicación lógica dentro del análisis táctico —añadió Katya, caminando hacia la ventana—.
Siempre me pareció absurdo que cuatro hermanos con el entrenamiento militar que poseían se esfumaran de la noche a la mañana sin dejar un rastro de venganza tras de sí.
—Todo el tablero de control cambió la noche en que ejecutaron a Jaeyoon en su propio despacho —mencioné con un hilo de voz, sintiendo que las lágrimas amenazaban con desbordarse—.
Ellos solo contaban con la protección de su padre, ya que su madre había fallecido cuando eran unos niños.
En cuanto cortaron la cabeza de la organización, los enemigos internos los cercaron y se vieron obligados a huir para salvar la vida.
Al no recibir noticias de ellos en tanto tiempo, era lógico pensar que sus perseguidores habían cumplido su cometido en el extranjero.
Yo misma... yo misma me obligué a creer que estaban muertos para no volverme loca de dolor —confesé, con la voz quebrada por el peso de un recuerdo que se negaba a morir.
—Si Hyori o cualquiera de los muchachos sigue respirando en este mundo, quiero que mis hombres los localicen de inmediato —sentenció mi padre, con una chispa de esperanza inusual en sus ojos severos—.
Lee Jaeyoon fue el único hombre al que llamé hermano en esta vida de traiciones.
Sus hijos son como mi propia sangre, y sé que para ustedes también eran importantes.
Necesito que la inteligencia de la Bratva verifique cada píxel de esa información de inmediato.
Si están vivos, es la mejor noticia que he recibido en años.
Las palabras de mi padre resonaban como un eco distante en mis oídos mientras el pánico psicológico se apoderaba de mí.
Si Hyori estaba viva... ¿significaba que Dae también lo estaba?
¿Acaso el amor de mi vida, el único hombre que había logrado poseer mi corazón por completo, seguía respirando bajo este mismo cielo gris?
Desde su partida, me había sentido como una extraña en mi propio cuerpo, obligándome a aceptar la compañía de Dimitri en un intento desesperado y miserable por sentir un poco de calor humano, por callar la soledad que me devoraba por dentro.
Pero la realidad era cruel: Dimitri era solo un escape físico, una mentira que creaba en mi mente para no escuchar el grito sordo de mi corazón que seguía clamando por Kang Dae.
Nunca podré amar a nadie de la manera en que lo amé a él; él era mi principio y mi fin, mi verdadera alma gemela.
—Voy a movilizar a nuestros equipos de reconocimiento en Tokio y Osaka de inmediato —añadió Luka, tecleando órdenes en su dispositivo con una urgencia renovada—. Si hay un rastro de los Lee, lo encontraremos antes de que termine la semana.
Sintiéndome al borde de un colapso nervioso, me puse de pie mecánicamente, carcomida por una ansiedad que hacía temblar mis manos.
—Lo siento... necesito retirarme. No me hace bien participar en esta conversación —articulé como pude, disculpándome con la voz ahogada antes de que las lágrimas me traicionaran frente a la mirada analítica de mi padre.
Salí de la oficina a paso apresurado, casi corriendo por los pasillos de la mansión hasta llegar a la seguridad de mi habitación.
Cerré la puerta con llave, me deslicé de espaldas contra la madera y me dejé caer en el suelo, rompiendo en un llanto desconsolado, un llanto que llevaba tres años contenido en lo más profundo de mi ser.
El dolor de su ausencia me desgarraba el pecho con la misma intensidad que el primer día.
Lo amaba con cada fibra de mi alma, con una fuerza destructiva que ninguna distancia había logrado mitigar.
Él era el único hombre que conocía la fragilidad detrás de mi máscara de abogada de la mafia, el único que me había amado por lo que realmente era y no por los millones de rublos que manejaba en las cuentas bancarias de la Bratva.
La idea de que pudiera estar vivo me aterraba tanto como me devolvía la vida. ¿Cómo reaccionar si volvía a tenerlo frente a mí? ¿Qué pasaría si el tiempo y el sufrimiento lo hubieran transformado en un extraño que ya no recordaba las promesas que nos hicimos bajo las estrellas de Manhattan?
Escuché el sonido suave de la cerradura y la puerta de mi dormitorio se abrió con delicadeza.
Katya entró en el espacio, con una expresión de profunda preocupación que rara vez mostraba al mundo.
Me incorporé de inmediato del suelo, limpiándome las mejillas con brusquedad en un intento inútil por ocultar el desastre emocional en el que me había convertido en cuestión de minutos.
No quería que me viera así, tan vulnerable, tan expuesta ante un pasado que se suponía ya debía estar superado.
—¿Cómo te sientes, Dasha? —me preguntó mi hermana mayor, sentándose a mi lado en el borde de la cama y extendiéndome un vaso con agua que acepté con manos temblorosas. Bebí un sorbo largo, intentando calmar el nudo que oprimía mi garganta, antes de dejar el vaso en la mesita de noche.
—Gracias, Katya...
—¿Cómo estás realmente? Sé perfectamente que la sola mención de los Lee abre una herida que nunca terminaste de sanar —volvió a interrogarme, suavizando su tono rígido y colocando una mano protectora sobre mi hombro.
—Estoy destrozada, Katya... se siente como si me hubieran arrancado la piel de golpe —susurré, con la voz ahogada por los sollozos—.
Me pasé los últimos tres años repitiéndome a mí misma que ya había superado su partida, que había aceptado su muerte para poder seguir respirando y manejando las finanzas de papá.
Pero bastó escuchar su apellido en la mesa para darme cuenta de que toda mi madurez es una puta mentira.
No he superado nada. Y lo que más me aterra es cómo esto va a destruir mi presente.
Si Kang Dae está vivo, si él sigue respirando en algún rincón de este mundo, mi pasado se va a estrellar de frente contra mi futuro y no sé si tengo las fuerzas para sobrevivir a ese impacto.
—Pequeña, entiendo perfectamente que esto te afecte más que a cualquiera de nosotros —me consoló Katya, rodeándome con un abrazo fuerte y cálido, permitiendo que me refugiara en su hombro—.
Kang Dae fue tu primer amor, el hombre con el que descubriste la intensidad del mundo real y con quien compartiste tus primeras veces.
Era el único dueño de tu lealtad emocional, y el destino te lo arrebató de la noche a la mañana sin darte el más mínimo espacio para despedirte.
Perdiste tu lugar seguro en menos de veinticuatro horas.
—Él es y siempre será el único amor de mi vida, Katya —suspire, pronunciando su nombre en voz alta después de años de tenerlo estrictamente prohibido en mi vocabulario diario—.
Sentir su nombre en mis labios me quema por dentro.
No tengo idea de qué haré si la inteligencia de Luka confirma que sigue con vida.
Deseo con todas mis fuerzas que esté sano, que esté respirando, pero me aterra profundamente la posibilidad de mirarlo a los ojos y descubrir que ya no me ama de la misma forma en que lo hacía en Nueva York.
No podría soportar convertirme en una extraña para él.
—Sin embargo, fuiste perfectamente capaz de sobrevivir en un mundo donde dabas por hecho que él ya no existía —me recordó Katya con una firmeza realista, separándose un poco para mirarme a los ojos—.
Pasaste tres años construyendo una coraza, manejando millones de rublos y evadiendo a las autoridades sin su apoyo.
Si fuiste capaz de soportar el vacío de su supuesta muerte, serás más que capaz de lidiar con un mundo donde Kang Dae exista, incluso si sus caminos no vuelven a cruzarse de la manera que deseas.
Eres una Romanov, Dasha. Tu inteligencia y tu fuerza no dependen de la presencia de un hombre.
Nunca dudes de tus capacidades para sobrevivir a la tormenta.
—¿Y qué sucederá si nuestro amor sigue intacto a pesar de la distancia y los años de separación?
—le pregunté, sintiendo que una oleada de ansiedad me recorría el cuerpo ante la sola idea de un reencuentro—.
¿Qué pasará si él me sigue buscando en sus pensamientos de la misma manera en que yo lo busco a él?