Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 1 #13
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CAPÍTULO 1 #13

Obviamente no podría decirle aquello a mi padre textualmente porque era evidente que me preguntaría cuál era mi fuente de información, y yo no estaba dispuesta a revelar mi relación con Dimitri.

Así que solo trataría de conducirlo a una conversación bastante curiosa para preguntarle un par de cosas que todavía no me han quedado claras del todo sobre sus finanzas y sus rutas de contrabando.

Era un riesgo, pero estaba dispuesta a correrlo por salvar a mi familia.

Al llegar a casa, me tomó por sorpresa el saber que Katya ni Luka se encontraban, ya que era muy temprano por la mañana y me negaba a creer que mi hermana mayor no había regresado de la fiesta a la cual asistió por la noche.

Me pregunté qué estaría haciendo Katya a estas horas, y un mal presentimiento me invadió el pecho.

—Buenos días, mamá y papá —me acerqué a darles un beso en la mejilla a cada uno y los dos me recibieron con una sonrisa, sus ojos negros llenos de un amor que me fascina—.

¿Por qué mis hermanos no han llegado todavía?

Incluso yo, que asistí a una exposición de arte ya he venido a casa. ¿Pasa algo malo?

—Luka ha ido a recibir un cargamento en específico de armas proveniente de Irán, y bueno, Katya se está encargando de un tema que necesito resolver con la Cosa Nostra —papá me dejó en claro con una seriedad que no admitía réplica—.

Se trata de Francesco De Angelis, el capo siciliano que nos traicionó con la FSB.

Katya fue a la fiesta de celebración para hablar con él y exigirle los territorios del sur como compensación.

No te preocupes por ellos, saben cómo manejarse en situaciones difíciles.

Mamá, como siempre desde hace un par de años, evitó mirarme a los ojos, su mirada llena de un dolor que me partía el corazón.

Yo sabía de su amorío con el Capo coreano Lee Jaeyoon, y mi padre también lo sabía, pero parecía preferir ignorarlo para no armar un escándalo que pudiera costarnos la vida.

Éramos una familia rota, llena de secretos y mentiras, y yo me sentía atrapada en medio de toda esta locura.

—Katya es increíble, porque es la única con la fortaleza de resolver todos los problemas que se le aparezcan en el camino —contesté, mi voz llena de una admiración feroz hacia mi hermana mayor.

Ella era una mujer de armas tomar, una guerrera que no se detenía ante nada para conseguir lo que quería.

Yo, por el contrario, prefería el análisis, el manejo silencioso del dinero y el apoyo desde las sombras.

Pero admiraba su coraje y su determinación, y estaba segura de que sabría cómo manejar a Francesco de Angelis—.

Oye, papá, me he estado preguntando si vas a hacer algo con De Angelis, no creo que vayas a dejarlo en paz cuando te ha traicionado de tal manera.

Se merece pagar el precio de sus actos, ¿no te parece?

Reveló información confidencial sobre nosotros a la FSB, y eso nos pone en peligro a todos.

—Veré qué hacer cuando llegue el momento indicado para darle su merecido.

.. —Maximiliano Romanov farfulló con voz ronca, sus ojos negros llenos de una furia contenida.

Antes de que fuese capaz de continuar con la conversación, mi hermana mayor entró por la puerta principal, su presencia imponente llenando el salón.

—Buenos días, familia —suspiró Katya, su rostro sombrío, sus ojos negros llenos de una rabia que me hizo temblar.

A pesar de ello, seguía luciendo guapísima, su cabello rojo perfectamente peinado, su maquillaje impecable.

Notamos de inmediato que no le había ido tan bien como queríamos con el capo siciliano.

—¿Y qué pasó con el italiano? —Nuestro padre comentó con impaciencia, su voz llena de una autoridad que no admitía réplica.

Fue allí cuando el rostro de mi hermana se transformó por completo, sus ojos negros destellando furia.

—Francesco no ha accedido al trato de mi padre —respondió Katya acercándose a la mesa, su voz llena de un odio que me hizo temblar de miedo—.

No piensa en darnos los territorios del sur y cree que no tiene por qué rendirte cuentas por todo lo que le reveló sobre nosotros a la FSB.

Evidentemente, he tratado de disuadirlo, sin embargo, no es posible hacerlo con alguien tan orgulloso y cínico como lo es él.

Se ha reído de nosotros en nuestra propia cara, papá.

—Qué lástima por él... —fue lo que dijo mi querida madre con una indiferencia que me asqueó.

Ay, por el amor de Dios, mujer, deja de ser tan descarada.

Ella sabía que su traición con Lee Jaeyoon también nos ponía en peligro, y ahora se reía del italiano por haber traicionado a mi padre.

Éramos una familia rota, llena de secretos y mentiras, y yo me sentía atrapada en medio de toda esta locura.

Éramos dos amantes bajo el cielo de Moscú, desafiando a las mafias siciliana y rusa con nuestro amor prohibido.

—Entonces, tendré que matarlo —Maximiliano Romanov farfulló con voz ronca, dándole un golpe a la mesa con una furia contenida.

La expresión de su rostro cambió de pronto, volviéndose sombría y decidida.

Sus ojos negros llenos de una furia contenida, su Pakhan, el líder de la mafia rusa—.

Si no quiere colaborar con nosotros, la única opción que me queda es acabar con su vida.

Tendré que matarlo para salvar a mi organización y para mantener mi honor.

No podemos permitir que una rata como él se ría de nosotros.

El destino del jefe siciliano, Francesco De Angelis, ya ha sido decidido, y yo seré quien lo ejecute.

No habrá perdón para los traidores en el imperio Romanov.

CAPÍTULO 10

Dasha Romanov

—¿Cómo qué piensas matar al capo de la mafia siciliana?

—Prácticamente grité en cuanto terminé de procesar las palabras de mi padre.

El eco de mi propia voz rebotó contra las paredes de la suntuosa oficina, un espacio donde las decisiones de vida o muerte se tomaban con la misma ligereza con la que se firmaba un cheque.

Sentía que Maximiliano Romanov se había vuelto loco de repente, que el poder absoluto le estaba nublando el juicio y que no estaba midiendo las consecuencias geopolíticas de sus impulsos—.

Papá, por favor, ni se te ocurra cometer una locura de esa magnitud.

Por lo menos, piensa en lo que dices por un tiempo, analiza los riesgos internacionales y luego, decide qué hacer con la cabeza fría.

—No es ninguna locura, Dasha, sino pragmatismo puro dentro de la jerarquía de la Bratva.

Debo hacer que ese hombre pague por el error de cálculo que cometió al intentar usarnos como moneda de cambio —respondió mi padre de manera tajante, acomodando los puños de su camisa con una parsimonia que me erizó la piel.

Se metió con el hombre equivocado y necesito hacerlo pagar por cada uno de sus pecados, enviando un mensaje claro a cualquiera que pretenda emular su traición.

Apenas pronunció aquellas palabras llenas de una hostilidad implacable, rodé los ojos con evidente frustración, incapaz de olvidar cómo nos habíamos visto envueltos en esta vorágine de paranoia colectiva apenas unos meses atrás.

Recordaba a la perfección el día en que todo este desastre comenzó a gestarse en nuestra sala de estar, cuando la ley y la delincuencia chocaron de frente, obligándonos a replegarnos en la clandestinidad.

En aquella ocasión, la atmósfera del hogar se había quebrado con la misma brusquedad. Katya estaba absorta en la pantalla de su teléfono, tecleando con una velocidad neurótica, mientras su rostro, usualmente imperturbable, pasaba de una palidez tensa a una mueca de absoluta incredulidad.

—Mierda, esto es imposible... simplemente no puedo creerlo —había soltado mi hermana mayor, mordiéndose el labio inferior con tanta fuerza que estuvo a punto de hacerse sangre.

—¿Qué sucede, Katya? Habla de una vez —Luka, el hermano del medio, había cuestionado de inmediato, abandonando su postura relajada y poniéndose en alerta máxima al detectar el pánico inusual en la voz de nuestra hermana.

—Según los canales oficiales de inteligencia y los medios rusos, acaban de ejecutar un operativo de alta prioridad en la frontera... Capturaron al capo italiano, Francesco De Angelis —anunció ella, dejando caer el teléfono sobre la mesa de cristal.

—¿Quién demonios se atrevió a ponerle las manos encima al italiano en nuestro territorio? —nuestro padre había aparecido en el umbral de la sala, su voz resonando como un trueno, cargada de una frustración que vaticinaba tormenta.

—Los agentes federales. Tal parece que la FSB lo cercó y lo emboscó mientras intentaba coordinar una salida segura del territorio ruso a través de un aeródromo privado —explicó Katya, carcomiéndose las uñas, un hábito que solo reservaba para las crisis verdaderamente catastróficas—.

Para ser honesta, nadie en la periferia de la Cosa Nostra se esperaba un golpe de esta envergadura.

—Estamos jodidos —papá había expresado en aquel momento, dejándose caer pesadamente en la silla al lado de Luka y propinando un tremendo golpe a la madera de la mesa que hizo temblar las copas de cristal—.

Estamos jodidos de tantas formas que no sé si seré capaz de diseñar una estrategia de contención para salvaguardar las finanzas de la Bratva.

Los árabes continúan presionando en la frontera sur, amenazando con iniciar una carnicería si no les cedemos el control absoluto de las rutas logísticas que tanto nos costó sangre asegurar.

Y ahora, con Francesco bajo la custodia del ala más radical de la FSB, es solo cuestión de tiempo para que comience a hablar de más sobre nuestros acuerdos financieros con Sicilia.

Si la fiscalía federal logra descubrir la estructura de nuestro lavado de activos, estaremos completamente perdidos.