Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 1 #11
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CAPÍTULO 1 #11

Sus ojos negros buscaron los míos, llenos de un amor y una devoción que me hacían derretirme.

Él era mi destino, mi final, y no me importaba perderlo todo a cambio de estar con él.

Se inclinó para unir nuestros labios en un beso desesperado, sediento, que sabía a vodka y a pecado.

Clavé mis uñas en su espalda, marcando mi territorio, mientras él aumentaba el ritmo de sus embestidas, golpeando sus caderas contra las mías con una fuerza que me hacía enloquecer.

La fuerza con la que me follaba era casi irreal, una mezcla de amor y deseo descontrolado que me hacía sentir viva como nunca antes.

Cada embestida era una declaración de amor, una promesa de que estaríamos juntos hasta el final, sin importar el costo.

El orgasmo amenazaba con llegar, y tuve que sostener con fuerza las sábanas para no caer en el abismo del placer que me rodeaba.

—Me voy a correr... —murmuré, mi voz apenas un susurro que se perdió entre sus gemidos. Él empezó a masturbarme para acelerar mi orgasmo, sus dedos moviéndose con una destreza que me hacía temblar.

Mi cuerpo comenzó a temblar, y me sentí incapaz de aguantar la sensación por lo que me sostuve con fuerza con ayuda de las sábanas.

Franco aumentó sus gemidos y ambos terminamos por corrernos al mismo tiempo, en un estallido de placer que nos dejó exhaustos y temblando, nuestros cuerpos unidos en un abrazo feroz y desesperado.

Mierda, amaba esto. Amaba a este hombre con cada fibra de mi ser, y estaba dispuesta a arriesgarlo todo por estar a su lado.

—¿Querrías montarme durante la segunda ronda? —Cuestionó Franco, enarcando una ceja con una sonrisa pícara mientras se recostaba a mi lado, su cuerpo sudoroso contra el mío. Le golpeé en el pecho, divertida pero exhausta.

—Joder, por lo menos déjame descansar un poco.

.. —reí con fuerza, mi voz ronca por los gemidos de placer—.

Estuvimos en una fiesta trabajando durante más de cinco horas y ahora nos hemos escapado para follar, pero, la verdad es que tengo más asuntos que atender esta noche.

No debía estar aquí contigo en un principio.

—¿Entonces no habrá una segunda ronda? —Me molestó, sus dedos acariciando mi cabello mojado—. Solo te estoy molestando...

—Quiero quedarme a tu lado el resto de la noche.

.. —procedí a cubrir mi cuerpo con la ayuda de la delicada sábana y dejé un corto beso sobre su mejilla—.

Siempre voy a preferirte sobre todas las cosas, pero, mi padre me ha obligado a venir a esta fiesta para hablar con tu hermano y no puedo irme sin hacerlo.

Me mataría si no le llevo por lo menos un recado de parte de Francesco.

Me recosté sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón, y fijé mi vista en el reloj que estaba en una de las paredes del dormitorio.

Casi me muero del susto al darme cuenta que ya eran las cuatro de la mañana.

El tiempo se había detenido mientras estábamos juntos, ajenos al mundo exterior y a los problemas que nos acechaban.

—Y ya es muy tarde, así que es mejor que me apresure haciendo lo que debo hacer —traté de ponerme de pie, pero Franco me atrajo de nuevo hacia él, sus brazos rodeándome con fuerza—. Por favor... Buscaré un tiempo libre para verte de nuevo en los próximos días, no te preocupes.

—Pero, hace mucho que pude follarte de esta forma y no quiero que este momento termine —sus palabras me causaron ternura, aunque por más que quisiera quedarme a su lado, debía cumplir con las peticiones de mi padre.

—Entonces, tienes que ayudarme a hablar con tu hermano lo más pronto posible hasta llegar a un acuerdo.

Mi padre quiere que vaya a nuestra casa para poder hablar en privado.

.. —le dije, ocultándole que su verdadero deseo era asesinarlo a sangre fría.

Sabía que Francesco era cínico y arrogante, y que no dudaría en traicionar a mi padre si eso significaba salvar su propio pellejo.

—Tu padre es más astuto que todos nosotros, así que puedo asegurar que quiere matarlo —me respondió Franco, sus ojos negros llenos de una seriedad que me hizo temblar.

Él conocía a mi padre mejor que nadie, y sabía de lo que era capaz cuando se sentía traicionado—.

Hablaré con mi hermano y bueno, tú solo dile a tu padre que solo conseguiste hablar conmigo y que te he pedido que esperes un par de días para que pueda darte una respuesta en concreto.

—¿Harías eso por mí? —Me acerqué un poco más a él, hasta sentarme sobre su regazo y sentí como su miembro rozaba mi intimidad, encendiendo de nuevo el deseo que amenazaba con consumirme—. Si estás de acuerdo en hacer eso por mí, quizás pueda seguir hoy a tu lado.

—¿Quizás? ¿No es eso suficiente? —Murmuró Franco, sus manos subiendo por mi espalda mientras me miraba con fijeza. Me eché a reír con fuerza, pero mi risa llegó a su fin en cuanto comenzó a lamer mis pezones con una devoción que me hizo gemir de placer.

—Ah... Franco... —gemí alto, a punto de perderme en el placer que me rodeaba, pero me separé de él de inmediato—.

No es que no quiera pasar tiempo contigo, no obstante, mi padre no creerá que me he rendido y que he accedido a aceptar a no hablar con Francesco De Angelis.

Él me conoce, lo hace más que nadie. Sabe que soy persistente y que no me detengo ante nada para conseguir lo que quiero.

Busqué mi vestido en algún rincón de la habitación y me vestí en un dos por tres, mis movimientos rápidos y decididos. Luego comencé a retocar mi maquillaje lo más pronto posible, ocultando las huellas de nuestra pasión desenfrenada.

—¿Vas a irte y me dejarás ir sin más? —Franco se levantó y empezó a vestirse al igual que yo, sus movimientos llenos de una gracia que me hacía temblar. —Katya...

—¿Sí? Mi amor, mi objetivo principal al venir hasta acá tan solo era tener la oportunidad de hablar con tu hermano y esa es mi prioridad en este mismo momento.

Comprende que tu familia y la mía poseen miles de problemas ahora mismo y lo mínimo que puedo hacer es solucionar aquello.

Él es el Capo siciliano, y mi padre es el Pakhan de la mafia rusa.

No es tan fácil como simplemente estar juntos.

Franco suspiró, sus ojos negros llenos de una tristeza que me partía el corazón.

Yo también sabía que la situación era más complicada de lo que me gustaría, sin embargo, no teníamos otra opción que acostumbrarnos y aprender a vivir con lo que tenemos y las cortas, e importantes, oportunidades que nos brinda la vida.

El amor entre nosotros era un pecado que todo el mundo quería cometer, y estábamos dispuestos a pagar el precio de nuestra pasión.

—Lo entiendo, cariño... Lo entiendo, sé que nuestros problemas son mucho más grandes de lo que pensábamos en un principio. No es tan fácil como simplemente estar juntos.

—Lo sé, mi amor, hablaré con Francesco y vendré de nuevo a verte si el tiempo me lo permite —besé sus labios como si esta fuese la última vez, sellando la promesa de volver a verlo.

Mi amor por él era tan fuerte que me dolía estar lejos de él, pero sabía que debía cumplir con mis deberes como hija del Pakhan—.

Gracias por hacerme pasar un momento tan agradable y caliente como este. Te amo.

—Gracias por formar parte de mi vida —respondió susurrando y besando mi cuello con lentitud, sus labios cálidos contra mi piel—.

¿Sabes mi cielo? Nunca llegue a pensar que ibas a convertirte en el amor de mi vida y mucho menos, que conocería una pequeña parte de ti que nadie más conoce en el mundo.

Me has mostrado una vulnerabilidad que me hace amarte aún más.

—¿Por qué no lo creíste? Mientras nada es seguro, todo es posible... —le dije, mi voz llena de una determinación feroz. Él me había mostrado una vulnerabilidad que me hacía amarlo aún más, y estaba dispuesta a arriesgarlo todo por estar a su lado.

—Cuando nos conocimos la primera vez, nos llevamos muy bien porque te defendí del imbécil del español, sin embargo, nuestra relación se convirtió en una llena de odio en cuanto supimos que estábamos peleando por los mismos territorios.

Y cuando ese odio se convirtió en deseo, apenas pude darme cuenta de lo mucho que te amaba y lo mejor que he hecho en toda mi vida es el arriesgarlo todo para estar a tu lado.

Porque tú lo eres todo. Eres el destino.

Eres el final, y no quiero perderte, no me importa si tengo que perderlo todo a cambio.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, dándome cuenta de lo mucho que me adoraba y le dije.

—Nunca me importará si tengo que huir para tenerte conmigo.

Te amo, más de lo que he amado nunca y al saber que me amas de la misma forma, no puedo evitar quererte más.

Soy jodidamente adicta a ti, y no me importa tener que confesarlo —bromeé al final, causando que riera, su risa ronca resonando en el dormitorio.

—Soy un adicto a ti y no tengo problema en admitirlo —volvió a besar mi cuello con delicadeza, sus labios cálidos contra mi piel—. Y estoy seguro que el día en que todo el mundo sepa sobre nuestro romance, va a colisionar.

Asentí, dándole la razón y besándolo por una última vez, un beso corto pero lleno de una promesa de amor eterno.

Cuando el mundo se enterase de la historia que creamos juntos, se volverían locos sin ser capaces de creer todo lo que hicimos para vernos y tener al menos, un encuentro que nos recordara que el amor continuaba intacto entre ambos.

Éramos dos amantes bajo el cielo de Moscú, desafiando a las mafias siciliana y rusa con nuestro amor prohibido.