CAPÍTULO 1 #7
—No me subestimes, Francesco —le advertí, guiñándole un ojo con fingida coquetería—. Nunca subestimes mis capacidades, ni las de mi familia.
—Entonces ¿Qué más les dijiste sobre nosotros? Ya sabes, más te vale decirnos la verdad —lo amenazó Katya de golpe, perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
—Bueno, les expresé mi más sincera opinión respecto a su padre, Maximiliano, y les comenté un par de aspectos que conocía de su vida operativa. También les dije que tiene tres hijos que son mucho más peligrosos que él mismo, en especial la chica de fuego de la mafia.
—Saben nuestros nombres? —Katya acortó la distancia entre ellos. Sentí un frío recorrer mi espalda al saber que mi hermana era capaz de sacar un arma y apuntarle en medio del salón—. Joder, dime si saben nuestros putos nombres antes de que pierda el control.
—No les he dicho sus nombres, Katya. No soy tan descuidado ni tan estúpido como crees —respondió con una tranquilidad pasmosa. Vaya que este sujeto se tomaba los asuntos de vida o muerte a la ligera—. ¿Algo más que necesites saber para calmar tus nervios?
—Sí, hijo de puta. Dime si ellos no conocen información primordial de los Romanov —Katya sacó su arma de algún lugar que ni siquiera logré identificar debido a su gran rapidez.
El italiano retrocedió un paso, visiblemente asustado.
Sabía lo que era capaz de hacer mi hermana, una mujer que pasó de ser una niña rica a una asesina.
—Querida, simplemente les hablé acerca de la historia romántica de su padre, Maximiliano, y cómo este construyó su imperio.
Les expliqué que tenía tres hijos y cuáles características destacaban en sus personalidades —explicó levantando las manos lentamente—.
Les dije que operan desde Rusia y que se mueven cuando hay guerras.
—Muy astuto, Francesco De Angelis —le espetó, guardando el arma con la misma rapidez con la que la había sacada—. Solo espero que esa astucia tuya no se te acabe muy pronto, porque mis enemigos son los primeros en morir.
Se dio la vuelta y se alejó. Antes de seguirla, me disculpé con el mafioso:
—Francesco, espero que puedas disculpar a mi hermana. Sabes bien que suele ser bastante impulsiva —le ofrecí la mano y él, un poco incómodo, la aceptó.
—Katya tiene toda la razón de estar molesta. A ella siempre le ha gustado el control. Espero que disfrutes la velada.
Caminé tras mi hermana. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos de los invitados, le grité consternada:
—¿Qué mierda fue eso, Katya?
—Acabo de amenazar a un capo de la Cosa Nostra, así de fácil y sencillo —respondió ella, dándose la vuelta—.
Se nota que todavía tienes mucho que aprender, Dasha.
Ese hombre nos puso en la mira. Nadie, ni siquiera nuestros peores enemigos, conocía la cantidad de hijos que tiene nuestro padre ni nuestras habilidades específicas.
Ahora la FSB y el gobierno tienen más datos sobre nosotros. Estamos en peligro real.
—Tú relájate, porque estás perdiendo los estribos —la tomé por los hombros. Esta mujer era capaz de provocar una masacre si se lo proponía—. Quédate aquí, toma un poco de aire y trata de volver en ti.
Luka apareció entre las sombras con expresión sombría:
—¿Qué carajos pasa con ustedes dos? —preguntó—. Están armando un escándalo en medio de la fiesta.
—Francesco habló con la FSB para que lo liberaran —le dijo Katya exaltada.
Esperé a que se distrajera para arrebatarle el arma, escondiéndola entre los pliegues de mi vestido.
—¡Mierda, Dasha! ¡Devuélveme la puta arma! —me susurró entre dientes, furiosa.
—Cierra la boca, Katya, o me vas a obligar a llevarte a la fuerza —respondí, imponiendo mi autoridad.
—¿Qué más dijo ese italiano? —preguntó Luka, pasándose una mano por el cabello.
—Les dio información confidencial sobre nosotros, nuestros perfiles y nuestra ubicación. Es por eso que Katya se ha vuelto loca.
—¿Qué vamos a hacer? —Luka recuperó la compostura y nos miró a ambas con frialdad—. Hay que avisarle a papá de inmediato. Él decidirá cómo eliminar este problema.
Mientras tanto, mi mente volvió a alejarse de todo este caos y peligro. Mis pensamientos viajaron lejos, al único hombre que he amado con locura. Dae. Su recuerdo y su rostro siguen grabados a fuego en mi mente y en mi cuerpo, confirmándome que jamás podré entregarle mi corazón a nadie más.
CAPÍTULO 7
Dasha Romanov
Estúpida jerarquía.
Estúpido poder.
Estúpida mafia Romanov.
No teníamos idea acerca de lo que íbamos a hacer.
No sabíamos si esperar para comentarle a nuestro padre o si deberíamos decirle ahora mismo y saber que podría desatarse una especie de guerra entre todos.
Nos encontrábamos en un verdadero dilema, con el tiempo corriendo en nuestra contra, y necesitábamos hallar una respuesta lo más pronto que fuese posible antes de que el caos nos devorara por completo.
—No le dirás ahora, ¿o sí? —le pregunté a mi hermano, sintiendo un nudo frío en el estómago.
Maldita sea, sabía que no era el momento indicado para hablar de una situación tan delicada.
Luka siempre se dejaba llevar—. Luka, si en algo se parecen los miembros de esta familia es en que no piensan realmente en las consecuencias hasta que la sangre ya está derramada.
Piensa en lo que va a hacer nuestro padre.
Actuará de manera impulsiva, sin importar a quién se lleve por delante.
—Le diré en este mismo momento. No voy a esperar más a que el italiano se ría en nuestra cara. Y ustedes pueden acompañarme o pueden huir —se encogió de hombros, arreglándose el cuello de la camisa con una frialdad que me dio escalofríos. Me di por vencida, sabiendo que no podría detenerlo.
Asentí y me acerqué un poco más a él, asegurándome de que Katya no escuchara lo que iba a decir a continuación:
—Me llevaré a Katya, porque esa mujer está a punto de perder el control.
Temo que pueda volverse loca y querer matarlo aquí mismo.
Sabes que ella es bastante difícil e impredecible cuando le tocan el orgullo.
La llevaré a que pueda descansar en casa o a otro lugar, pero no quiero que siga estando expuesta en este sitio.
—Buena suerte con eso —Luka soltó una risa irónica, dándome la razón. Pero cuando ambos volteamos hacia la mesa, nos dimos cuenta de que ella ya no se encontraba allí.
—Oh, creo que tu plan acaba de irse por la borda porque ya no está. Es un león enjaulado esa mujer. No se detiene por nadie —añadió.
—Por si estás insinuando algo, en serio no pienso seguirla como si fuera una niña pequeña —rodé los ojos, sintiendo la frustración acumularse en mis sienes—.
Ella sabe lo que hace. Solo vayamos a hablar con nuestro padre mientras Katya hace Dios sabe qué cosas.
Y si decide asesinar a alguien en esta fiesta, no pienso hacerme cargo de las consecuencias.
—Es una persona complicada de tratar, aunque al final del día, sigue siendo tanto o más letal que nosotros —indicó Luka al mismo tiempo que caminábamos entre la multitud hasta encontrar a nuestros padres.
Por fortuna, los localizamos cerca de la pista de baile, observando el lujo que los rodeaba con aparente tranquilidad.
—Padre, ¿tienes un minuto? —pregunté. Él asintió y, junto con mi madre, nos dirigimos a un rincón más apartado para hablar con la privacidad que la situación ameritaba.
—Sí, adelante —murmuró, bebiendo un sorbo de su vaso de vodka, sin mostrar el más mínimo rastro de preocupación.
—El italiano fue liberado gracias a nosotros.
A Francesco De Angelis lo soltaron porque dio información delicada sobre nuestra operación y la de los coreanos a la FSB.
Les ha dicho que siempre hemos vivido en Rusia, les reveló que tenemos tres hijos, nuestros nombres y las características que nos identifican.
Padre, ese hombre ha causado que estén un paso adelante que nosotros.
Gracias a él, existe una posibilidad enorme de que nos atrapen.
Si eso llega a pasar, será toda su culpa al final.
—Bueno, hijo mío, ahora Francesco De Angelis ha ingresado a la lista negra de los Romanov —Maximiliano movió la cabeza de un lado a otro, dejando ver una furia contenida—.
Le declaro la guerra, aunque debe ignorarlo por ahora.
Deben disfrutar de esta fiesta y mañana organizaremos un plan que nos permita asesinarlo y destruir su organización.
Sean felices, o al menos intenten serlo durante las siguientes veinticuatro horas.
—Claro, padre, está bien —Luka y yo respondimos al unísono, ocultando la incredulidad que nos causaban sus palabras. Nos alejamos de nuestros padres hasta llegar a una mesa vacía.
—Es cuando más odio ser parte de esta locura —Luka me dijo con una expresión dura en el rostro, los ojos oscuros llenos de rabia—. Sean felices por veinticuatro horas —imitó la voz de papá—. Claro que diría eso, porque sabe que las cosas se pondrán sangrientas después de la medianoche.
—Tienes toda la razón. Me quedaré una hora más y después me iré a la residencia —le confesé, mirando las luces de la sala con desprecio—. Y esta fiesta, a decir verdad, es una basura a no ser que disfrutes del alcohol o de la droga. Hoy no quiero olvidar nada.
—Bueno, digamos que tan solo pienso que es un hombre muy descarado —se mordió el labio, mirando en dirección a los italianos—.
No podría admitir, ni estando loco, que he obtenido algo positivo gracias a lo que ha hecho De Angelis.
Si Katya no hubiese logrado controlarse en ese momento, él estaría muerto y todo sería un desastre internacional.
—¿Y por qué no? ¿Por qué no matar a Francesco De Angelis de una vez? —sugerí, dejando que la rabia hablara por mí, sin pensar realmente en si eso era lo adecuado.
—Porque eso significaría el inicio de una guerra total entre la mafia roja y la mafia siciliana. Y eso, al mismo tiempo, implicaría varias muertes de las personas que más amamos.
Entonces, comprendí el significado.