CAPÍTULO 1 #6
Por supuesto que estoy consciente de la horrible mentirosa en la que me he convertido para sobrevivir en este juego de sombras y dinero.
Me prometo a mí misma que voy a decirte la verdad muy pronto, tan solo me gustaría encontrar el momento indicado para hablar contigo de nuestro pasado y de lo que mi familia te hizo.
Mi mayor anhelo es que esto que afirmo sentir sea amor verdadero y no una simple obsesión creada en mi cabeza para reparar un agujero en el pecho que lleva años sangrando.
Solo espero que estos sentimientos sean solo para ti y que no esté buscando suplantar una pérdida que jamás podré superar.
La situación con mi familia se encuentra mucho mejor que en aquellos días de tensión y peligro extremo, en los que cada uno de nosotros se vio obligado a huir a lugares distintos de nuestro hogar.
El señor Maximiliano Romanov, mi padre, logró cerrar un tratado de armas bastante lucrativo con los árabes.
Todo se arregló con acuerdos de dinero, territorios y plomo.
Fin del asunto. Esa es la vida a la que nos hemos acostumbrado.
Además, Francesco De Angelis fue liberado por la FSB y ahora nos ha invitado a una fiesta bajo la luz de la luna para celebrar su retorno y discutir los nuevos términos de nuestras rutas de contrabando.
Me sorprendió que lo hiciera, y me sorprendió aún más que mi padre aceptara la propuesta de acudir a este evento en territorio neutral.
—Oye, Katya, me pregunto si no te pone los pelos de punta el solo imaginar cuál puede ser el final de esta noche —le susurré a mi hermana mayor justo en el momento en que mi padre estacionaba el auto, un Mercedes blindado, frente a la inmensa propiedad donde se llevaría a cabo la celebración de la Cosa Nostra—.
Toda esta situación me está volviendo loca a cada segundo.
No comprendo cuáles son las verdaderas intenciones de este italiano.
—Bueno, tengo mis expectativas, pero no me pone nerviosa en lo absoluto porque jamás me ha gustado sentir miedo —me aclaró, encogiéndose de hombros y lanzándome una mirada afilada, el rojo de su cabello contrastando con la oscuridad de la noche—.
Dasha Romanov, por el amor de Dios, tienes que aprender que llevas la "R" de Romanov tatuada en la sangre.
Vas a entrar a esa maldita fiesta, esperando con ansias saber todo lo que Francesco necesita conversar con nosotros.
Y si la situación se nos sale de las manos, ya sabes qué amenazas usar y también conoces a la perfección cómo demonios accionar un arma sin temblar.
A veces, suelo olvidar el estúpido tatuaje de la inicial de nuestro icónico apellido en la parte baja de mi espalda, como si el dolor de aquella aguja pudiera olvidarse.
Mi padre me dijo que me lo hiciera cuando cumplí diecisiete años, una excelente iniciación para cada miembro de la mafia.
Porque si fuiste parte de la mafia Romanov alguna vez, no dejarás de serlo nunca.
Y si quieres abandonarla, solo saldrás de ella con los pies por delante; es decir, muerto.
No he olvidado ese día, porque dejó mi juventud a un lado y me sumergió de golpe en un mar de tinta y sangre.
—¿Cuál es el objetivo de este tatuaje? —le pregunté a mi hermana, quien había decidido acompañarme porque en la organización había un hombre encargado de marcar a los miembros de la familia.
—Todo miembro de la mafia Romanov lo posee, digamos que es como un sello de lealtad —el tatuador me respondió mientras contuve la respiración en cuanto empezó a pasar la aguja por mi piel—. Y solo faltas tú, que por cierto eres una de las partes cruciales del negocio.
—Si no tengo otra opción, aceptaré esto con gusto ¿No?
—me burlé, tratando de liberar la tensión, causando que los otros hombres en la sala rieran.
Fue en ese momento cuando Kang Dae se acercó.
Con su mirada dulce y a la vez intensa, me sostuvo la mano mientras me apretaba el hombro para darme apoyo.
—¿Listo para arder en el infierno? —le cuestioné con una sonrisa que apenas disimulaba mi afecto por él, un afecto que se convertiría en un amor que aún me quema por dentro y que me prohíbe mirar a otro hombre.
—Nosotros ya ardimos en el infierno desde hace tiempo, Dasha —respondió con una voz que nunca olvidaré—. Pero lo haremos juntos.
Rodé los ojos, tratando de no mostrar la debilidad que sentía por él en ese momento. Con una sonrisa, él se alejó, dejándome sola con mis pensamientos.
A las pocas horas, quizás dos o tres después de nuestra llegada a la dichosa fiesta, me encontraba en la mesa que fue reservada para mi familia.
El ambiente estaba cargado de humo de tabaco caro y el olor a perfumes importados.
Mis padres estaban disfrutando de la velada mientras se movían de un lado a otro saludando a otros capos.
En la mesa, mis hermanos y yo jugábamos por inercia con las copas de vodka, esperando el verdadero motivo de la reunión.
—Han pasado más de dos horas y todavía no comienza lo interesante —Katya rodó los ojos, mostrándose fastidiada por la lentitud del evento—. Creo que iré a saludar a Francesco.
Antes de que Luka o yo fuéramos capaces de detenerla, se levantó de la mesa y caminó a paso apresurado hacia donde estaba el italiano, rodeado de sus hombres.
—Katya sí que está loca —negué con la cabeza, demostrando que estaba en desacuerdo con su impulsividad y el riesgo innecesario que tomaba—. Es demasiado imprudente.
—Katya es más valiente que nosotros dos, ya deberías tenerlo claro —anunció Luka antes de levantarse también.
Me apresuré a seguirle el paso. No iba a ser la única que se quedara sentada en aquella mesa, aburrida y al borde del abismo.
Luka fue a decirle algo a nuestro padre mientras Katya saludaba a Francesco de manera formal, pero la expresión en el rostro del italiano no me dio buena espina. Decidí acercarme.
—Buenas noches, Francesco, qué gusto que ya te encuentres libre —le sonreí, usando toda mi diplomacia y el tono de voz de una abogada analítica y fría.
Francesco De Angelis es el capo de la mafia italiana, un hombre lleno de cinismo y egocentrismo, lo que hacía que fuera imposible para mí acercarme a él con la misma confianza que mi hermana.
No confío en él, porque sé que es capaz de cualquier traición para salvar su propio pellejo.
—Dasha Romanov, qué gusto que me permitas hablar contigo, sabes que es algo que no hacemos muy seguido —dijo, mirándome con unos ojos oscuros y penetrantes.
Juro que tuve ganas de sacar mi arma y dispararle, pero tuve que contenerme a toda costa para no armar un escándalo que pudiera costarnos la vida.
—Qué bueno que te unas a nuestra conversación, hermanita.
Justo ahora estaba preguntándole a Francesco cómo fue que consiguió volver a ser dueño de su libertad cuando ya había sido apresado por la FSB —cuestionó Katya, con una sonrisa llena de sarcasmo.
Admiro el coraje que posee mi hermana, pero a veces su temperamento me da miedo.
No sería capaz de hablarle de esa forma a un hombre que tiene toda la capacidad de cortar mi cuello cuando menos me lo espere—.
Entonces, querido, me pregunto cómo fue que la FSB accedió a liberarte cuando habían luchado tanto para seguirte el rastro. Es algo que me intriga.
Todos en la mesa pensábamos lo mismo. Nada de eso tenía sentido lógico. La FSB no suelta a un pez gordo por capricho.
—Digamos que hice un trato con la agencia, en el cual ambas partes salíamos ganando —nos guiñó el ojo. El cuerpo se me estremeció, anticipando que lo que vendría después nos afectaría directamente.
Cállate, Katya, por favor, no sigas presionándolo porque vas a meternos en un gran problema.
—Francesco, tú que me conoces te podrás imaginar que soy una mujer a la que le gusta conocer todos los detalles —se burló ella, terminando el vodka de su copa de un solo trago. Todo el mundo ama el alcohol y el poder aquí—. No me gustan los misterios.
—Creo que esta vez preferirías no saber los detalles sobre mi proceso de libertad —rió con fuerza, y temí lo peor en cuanto esas palabras salieron de sus labios—. Aunque, si estás dispuesta a conocer mi situación con detalles, debo decirte que no tendré problemas en hablar con ustedes.
—Bueno, creo que nos encantaría conocer los detalles ¿O no, Katya? —le pregunté a mi hermana, buscando mantener mi fachada de abogada interesada en los negocios, recibiendo un asentimiento rápido de su parte.
—Claro que sí, necesito saber cómo lograste burlar a la ley —me siguió la corriente mientras sostenía la mirada del capo.
Katya era una mujer de armas tomar, llena de una curiosidad peligrosa que al final del día podía poner en riesgo a toda la organización.
Admito que yo también deseaba saberlo todo con el mayor detalle posible, pero no era tan impulsiva ni tan fría como ella para esta clase de situaciones de riesgo extremo.
Yo prefiero el análisis, el manejo silencioso del dinero y el apoyo desde las sombras.
—Hicimos un intercambio —expresó Francesco sin dudar—. El trato consistía en darles la ubicación exacta de los líderes de la mafia coreana en Nueva York y, cuando comprobaron que era real todo lo que estaba diciendo, me dejaron marchar a casa. Fue un buen negocio.
—¿Así de fácil? —me atreví a interrogar, sintiendo el peligro en el aire—.
No es que los coreanos no tengan importancia, pero es muy evidente que, teniéndote a su merced, iban a intentar sonsacarte información sobre los Romanov.
Ellos desean destruirlo todo sobre la Bratva.
Me resulta curioso que no te hayan preguntado nada sobre nosotros.
—Cariño, resultaste ser mucho más astuta de lo que pensaba en un principio —me sonrió con condescendencia. Imité su acción, manteniendo mi máscara de mujer inofensiva.