Capítulo 29
La resolución
A las ocho de la mañana, Laura tenía preparada una diligencia de síntesis que ocupaba menos páginas que muchas de las líneas que habían tenido que descartar.
Mara la leyó despacio.
No empezaba por el ADN ni por la segunda declaración de Gabriel. Empezaba por la Casa de la Umbría, porque allí se había producido el homicidio y cualquier conclusión debía sostenerse primero sobre lo ocurrido con Álvaro, no sobre la necesidad de demostrar que un sospechoso concreto era el autor.
La autopsia establecía una muerte violenta por compresión externa del cuello. Las lesiones de manos y antebrazos eran compatibles con defensa. Criminalística situaba a Álvaro en la planta baja poco antes de morir, y las alteraciones de la estancia resultaban compatibles con un forcejeo.
Después, el cuerpo había sido trasladado al exterior.
Entre nueve y once metros.
Desde la puerta lateral hasta detrás del murete.
Quien lo hizo no intentó simular un accidente. Sacó a Álvaro de la casa y lo dejó en un punto que no resultaba visible desde la carretera ni desde donde había quedado el coche. La nieve posterior dificultó el hallazgo.
Mara pasó a la segunda página.
Ahí aparecía Gabriel.
No como culpable declarado, sino como la persona cuya versión había quedado contradicha en los puntos principales por los datos obtenidos durante la investigación.
—Está bien —dijo.
Laura levantó la vista del ordenador.
—¿Nada que cambiar?
—Una cosa. Aquí pone que la observación de Nerea confirma la salida.
Laura localizó el párrafo.
—Lo cambio por «es compatible con».
—Mejor.
David estaba sentado al otro lado de la mesa.
—Con todo lo que tenemos, casi parece demasiado prudente.
Mara le devolvió la hoja.
—Si una frase necesita ser más fuerte que la prueba que la sostiene, sobra.
Noelia se conectó desde Madrid pocos minutos después. Había preparado la relación final de comprobaciones abiertas y cerradas, incluidas las que afectaban a los demás sospechosos.
No hacía falta repasar otra vez todos sus secretos. Bastaba con saber qué había quedado de cada línea después de comprobarla.
—Marta —empezó Noelia—. Irregularidades de gestión acreditadas. Nada la vincula con la Casa de la Umbría durante la franja crítica.
Laura marcó la línea.
—Irene.
—Copia irregular y ayuda a Nerea. Última presencia demostrada en la Umbría, el sábado.
—Julián.
—Entrada no registrada el lunes, llave antigua y pago en efectivo. Su actividad del martes queda fuera de la franja crítica y sus rastros en la casa tienen explicación previa.
—Nerea.
—Mintió para ocultar dónde estaba viviendo. Las comunicaciones la sitúan en Valdecierna durante la franja que nos interesa. Sigue como testigo de un vehículo no identificado percibido entre las 17:52 y las 17:54.
Mara escuchó sin añadir nada.
Las cuatro líneas habían comenzado con secretos reales. Por eso habían funcionado como sospechas. Las comprobaciones habían terminado alejándolas del homicidio.
Laura cerró aquel apartado.
—Gabriel.
Noelia cambió la pantalla.
A las 15:46 estaba en la comarca, aunque declaró haber llegado después de las seis. A las 16:26 pidió a Álvaro que acudiera a la Casa de la Umbría. Primero negó haber concertado el encuentro y haber estado en la vivienda.
Después reconoció que llegó antes, estuvo en la casa, vio a Álvaro, discutió con él y hubo contacto físico.
—Pero sostiene que lo dejó vivo —dijo David.
—Sí.
Ahí estaba la última distancia entre la versión de Gabriel y la reconstrucción policial.
Noelia retiró la cronología.
—Desde documentación no puedo añadir más. A partir de aquí tenéis escena, autopsia, recorrido y prueba biológica.
Mara miró a Laura.
—Es suficiente.
La dirección de la investigación había sido informada la tarde anterior de la nueva declaración. Con el conjunto de diligencias y las contradicciones documentadas, correspondía adoptar las decisiones procesales oportunas.
Sergio apareció en la puerta.
—Ya tenemos respuesta.
Laura salió con él.
David esperó a que se quedaran solos.
—¿Crees que mantendrá lo de ayer?
—Es la única versión que le queda sin admitir la muerte.
—Ya ha reconocido casi todo lo demás.
—Todo aquello que puede explicar con las pruebas que conoce.
El perfil bajo la uña de Álvaro había adquirido un valor especial mientras Gabriel negaba cualquier contacto.
Después de admitir el forcejeo, podía integrarlo en su propia versión.
Pero aquella rectificación llegaba cuando la investigación ya había demostrado por otras vías gran parte de lo que antes había negado.
Lo que seguía sin explicar era por qué necesitó borrar la tarde entera.
Laura regresó pocos minutos después.
—Vamos a proceder a su detención como investigado por la muerte de Álvaro.
David se levantó.
Mara permaneció sentada.
—¿Está localizado?
—Su abogado ha confirmado dónde está. Sergio coordina la actuación con personal territorial.
—Bien.
Laura cogió la carpeta.
—No hace falta que vayamos todos.
—No.
Mara no necesitaba estar delante cuando se le comunicara la detención. Tampoco quería convertir aquel momento en una recompensa. La detención era una consecuencia de las diligencias, no la pieza que resolvía el caso.
Todavía tenían que dejar claro por qué la última versión de Gabriel no se sostenía.
Gabriel fue trasladado a dependencias de la Guardia Civil a primera hora de la tarde.
Su abogado llegó poco después.
No pidió declarar de nuevo.
Mara lo supo por Laura cuando regresó a la sala.
—Mantiene lo de ayer. No quiere ampliar.
—Tiene derecho.
Laura dejó la carpeta sobre la mesa.
—Ahora toca cerrar la reconstrucción en el atestado.
Mara se acercó al plano de la Casa de la Umbría.
Gabriel reconocía ya que había estado en la comarca desde media tarde, que acudió a la casa antes que Álvaro, que lo citó allí y que discutieron por el inventario, los gastos y las decisiones tomadas sobre una propiedad compartida.
También reconocía el forcejeo.
La discrepancia empezaba después.
—Su versión exige que Álvaro siga vivo y consciente cuando él se marcha —dijo Laura.
—Y que la agresión mortal ocurra después —respondió Mara.
David abrió la cronología.
—Con otra persona.
—Si su versión es cierta, sí.
Ese tercero tendría que haber llegado a la Casa de la Umbría dentro de una ventana estrecha, encontrarse con Álvaro, protagonizar otra confrontación, matarlo mediante compresión cervical, trasladar el cuerpo al exterior y marcharse sin dejar ningún indicio objetivo que respaldara su presencia.
No era imposible en términos abstractos.
Pero la investigación no había encontrado nada que señalara esa secuencia.
—No tenemos un segundo visitante acreditado —dijo Mara.
Laura añadió:
—Ni mensaje, llamada, cita, testigo o movimiento que indique que Álvaro esperaba a otra persona.
La ausencia de indicios no demostraba por sí sola que nadie hubiese estado allí. Pero una alternativa necesitaba algo más que la posibilidad teórica de existir.
Laura escribió:
—«No se ha obtenido indicio objetivo que respalde una intervención posterior de una tercera persona».
—Eso.
David observó la cronología.
—¿Y la hora de la muerte?
—La estimación forense es compatible con la secuencia, pero no nos da un minuto exacto.
Ese límite debía mantenerse.
El valor estaba en el conjunto.
Álvaro había estado con Gabriel. Habían discutido. Gabriel reconocía contacto físico. La autopsia mostraba lesiones defensivas y una muerte por compresión cervical. El material biológico bajo la uña era compatible con Gabriel y la lesión de su mano lo era, entre otras posibilidades, con un arañazo.
Después, el cuerpo había sido trasladado.
—La declaración corregida incorpora el forcejeo —dijo Laura.
—Sí.
—Pero sitúa la agresión mortal después de que Gabriel se marche.
—Sin aportar ningún dato que sostenga ese segundo episodio.
Mara miró el plano.
No podían afirmar que el forcejeo admitido por Gabriel fuera, por sí solo, la agresión que causó la muerte.
Esa conclusión surgía de la convergencia del resto: la mecánica homicida, las lesiones defensivas, el contacto biológico, el motivo, las contradicciones previas, el momento y la ausencia de una intervención posterior respaldada por datos.
—También está el cuerpo —dijo David.
Mara señaló el murete.
Gabriel afirmaba haber dejado a Álvaro dentro.
El cadáver apareció fuera.
Quien lo mató había tenido después que moverlo.
Si otra persona llegó más tarde, también tuvo que efectuar ese traslado. Gabriel, en cambio, conocía la casa, tenía tiempo y reconocía haber salido por la puerta lateral, la misma que comunicaba directamente la estancia con el recorrido hacia el murete.
Eso no demostraba que hubiera movido el cuerpo.
Pero encajaba en la secuencia sin introducir a nadie más.
Laura empezó a redactar la parte final de la síntesis.
Mara se levantó y caminó hasta la ventana. Había dejado de nevar hacía días, aunque aún quedaban manchas blancas en los tejados menos soleados.
David se acercó con dos cafés.
Le ofreció uno.
—No está muy bueno.
Mara lo aceptó.
—Eso sí me lo creo sin comprobar.
David apoyó el suyo en el alféizar.
—Gabriel fue cambiando la versión a medida que aparecían cosas que ya no podía negar.
—Sí.
—Compra, encuentro, casa, forcejeo.
—Eso afecta a la credibilidad de lo que cuenta ahora. No sustituye a las demás pruebas.
David bebió un poco.
—Pero explica por qué su última frontera es haberlo dejado vivo.
Mara miró hacia la sala.
—Y esa frontera también necesita sostenerse.
No hablaron más del asunto.
Por la tarde llamaron a Pilar.
Laura prefirió hacerlo personalmente y Mara estuvo presente porque la mujer había colaborado de forma decisiva con la documentación de la casa.
No podían contarle detalles que no correspondieran, pero sí comunicarle que Gabriel había sido detenido en relación con la muerte de Álvaro y que la investigación seguía bajo control judicial.
Pilar tardó en responder.
—¿Mi hermano?
—Sí.
—¿Ha confesado?
—No.
Hubo un silencio.
—Entonces ¿estáis seguros?
Laura eligió las palabras.
—La investigación ha reunido indicios y pruebas suficientes para proceder contra él. La responsabilidad definitiva se determinará en el procedimiento judicial.
Pilar respiró al otro lado.
—No sé qué se supone que tengo que hacer ahora.
—No tiene que hacer nada esta tarde. Si necesitamos ampliar alguna cuestión patrimonial, se lo comunicaremos.
Pilar permaneció callada unos segundos.
—¿Fue por la casa?
—El conflicto sobre la casa forma parte relevante de la investigación —respondió Laura.
—Por unos muebles.
Mara intervino.
—No solo por los muebles.
Pilar reconoció su voz.
—Entonces ¿por qué?
—Porque Álvaro estaba a punto de entregarle una visión completa de decisiones que Gabriel había tomado sin contar con usted. Gastos, ventas y actuaciones que tendría que explicar.
Pilar tardó en responder.
—Yo solo quería saber qué había hecho.
—Lo sabemos.
—No pensaba denunciarlo.
—También consta.
Mara no añadió nada más.
La reacción de Gabriel no necesitaba corresponderse con la gravedad objetiva de aquello que Pilar pensaba hacer. Bastaba con que hubiera percibido la pérdida de control sobre una situación que llevaba tiempo manejando a su manera.
La llamada terminó poco después.
Mara se quedó pensando en Álvaro.
Había muerto por ordenar documentos, exigir autorizaciones y negarse a seguir gestionando una propiedad como si solo tuviera un dueño.
Era su trabajo.
La última reunión del día fue breve.
Noelia volvió a conectarse. Sergio se incorporó después de terminar varias diligencias y Laura leyó la síntesis actualizada.
El conflicto patrimonial explicaba el motivo para reunirse.
El mensaje de las 16:26 demostraba que Gabriel provocó el encuentro.
La compra de las 15:46 y la reconstrucción de los trayectos contradecían su llegada tardía.
Su segunda declaración lo situaba dentro de la Casa de la Umbría y reconocía la discusión y el contacto físico.
El material biológico bajo la uña de Álvaro era compatible con Gabriel y, después de esa declaración, encajaba con el forcejeo que él mismo admitía.
La lesión de su mano era reciente y compatible con un arañazo, sin atribuirle una precisión médica que no tenía.
La autopsia establecía una muerte por compresión cervical con lesiones defensivas, y la escena demostraba un traslado posterior del cuerpo al exterior.
La observación de Nerea era compatible con un vehículo saliendo de Valdecierna dentro de la franja reconstruida, sin identificar conductor ni procedencia.
La pasada de las 18:12 explicaba por qué el acceso que inicialmente había parecido proteger a Gabriel no había estado en ese estado durante las horas anteriores.
Y el registro de las 18:31 cerraba su tarde en un lugar al que podía llegar con margen desde Valdecierna.
Ninguna pieza resolvía el caso sola.
Juntas dejaban la última versión de Gabriel sin respaldo objetivo para la intervención posterior de otra persona.
—Eso es lo que se remite —dijo Laura.
David cerró el mapa.
—Entonces ¿ya está?
Mara sabía qué quería decir.
La investigación policial seguiría con actuaciones formales, remisión de documentación y las diligencias que se acordaran. El procedimiento judicial continuaría y nadie en aquella sala podía anticipar una sentencia.
Pero el misterio que había comenzado con un coche abandonado y un cuerpo bajo la nieve sí estaba resuelto.
—Sí —dijo—. Ya sabemos qué ocurrió.
No brindaron ni se quedaron mirando el tablón como si hubieran ganado algo.
Laura recogió la documentación que debía tramitar. Sergio volvió a su trabajo en la UOPJ. Noelia se despidió desde Madrid y David empezó a retirar de la pared las copias que ya no necesitaban tener a la vista.
Mara quitó la última: era la fotografía de la embocadura tomada el miércoles por la mañana. El caballón ocupaba casi toda la entrada.
Durante varios días había parecido una barrera.
Al final, había sido una hora mal colocada.