Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

La hora que había cambiado la lectura del caso sin señalar por sí sola a nadie.

Mara recordó el caballón endurecido de la primera inspección. Vicente había separado la acumulación natural de la nieve desplazada por la máquina y los registros terminaron fijando el momento exacto en que la embocadura cambió.

—A las 18:12 pasa la máquina frente al acceso —dijo Laura—. La modificación importante es posterior a la salida reconstruida.

—Después sigue nevando, hay otra pasada y hiela durante la noche —añadió Sergio—. Lo del miércoles es el resultado de todo eso.

David miró la línea temporal.

—Por eso la versión de Gabriel parecía funcionar. No necesitaba inventar una carretera cerrada. La carretera acabó realmente mal y él estaba en el alojamiento a las 18:31. Solo tuvo que contar su llegada como si esas condiciones hubieran existido ya antes.

Laura se reclinó en la silla.

—Y nosotros vimos primero el resultado final.

Mara asintió.

Noelia pasó a la última marca.

18:31.

—Registro acreditado en el alojamiento. Testigo de recepción y documentación ordinaria.

Había margen suficiente desde Valdecierna para cubrir el trayecto incluso con circulación lenta.

Noelia redujo la vista hasta mostrar la línea completa.

15:46.

16:18 aproximado.

16:26.

16:53 aproximado.

16:58 aproximado.

17:21-17:27.

17:32-17:41.

17:48 aproximado.

17:52-17:54.

18:12.

18:31.

Mara recorrió la secuencia.

Las horas no tenían todas el mismo valor. Algunas procedían de registros objetivos; otras, de reconstrucciones territoriales; otras surgían de superponer escena, autopsia y conducta posterior.

Precisamente por eso necesitaban mantenerlas separadas.

Ningún tramo importante exigía ya una imposibilidad física ni una coincidencia extraordinaria.

—Ahora el motivo —dijo Laura.

Noelia retiró la cronología y proyectó una hoja mucho más breve.

No había cifras enormes ni una trama financiera complicada.

Gabriel había adelantado dinero a la reforma, tomado decisiones por su cuenta y dispuesto de algunos bienes comunes sin la autorización que Pilar esperaba.

Parte de aquello podía proceder de la improvisación, de la necesidad de recuperar dinero invertido o de la convicción de que su hermana terminaría aceptándolo.

El problema creció cuando Álvaro dejó de seguir instrucciones unilaterales.

—La mañana del martes, Pilar pide documentación —dijo Laura—. Álvaro revisa inventario y gastos. A las 13:18 comunica a Gabriel que no autorizará más actuaciones hasta aclararlo con ambos propietarios.

—Gabriel lo llama a las 13:26 —añadió David.

—Y a las 16:26 le pide que vaya a la casa —terminó Noelia.

Mara miró las fotografías de la cómoda y las lámparas.

El móvil no estaba en una cifra concreta ni en el valor sentimental de un mueble. Estaba en la pérdida de control. Gabriel tenía que explicar a Pilar decisiones tomadas sin ella y gastos que debía justificar. Álvaro estaba preparando precisamente la documentación que ordenaba esas discrepancias.

No era una fortuna.

Tampoco hacía falta que lo fuera.

—No afirmemos que Gabriel lo citó para matarlo —dijo Mara.

Laura asintió.

—Los datos sostienen un encuentro buscado para hablar.

—Eso. Llega antes, pide a Álvaro que vaya y discuten. La violencia aparece después.

David señaló el plano de la planta baja.

—Sin arma preparada, sin escenario previo y con un encubrimiento limitado.

—Sí.

La calificación jurídica vendría después. A ellos les correspondía reconstruir los hechos.

Laura abrió la carpeta biológica.

—Nos queda la conexión física.

No había una prueba reina.

El material de Gabriel bajo la uña de Álvaro ganaba fuerza porque aparecía junto a lesiones defensivas y porque Gabriel había negado cualquier encuentro presencial.

La lesión lineal de su mano era reciente y compatible con un arañazo, aunque podía tener otros orígenes.

Ninguno de esos datos fechaba por sí mismo el contacto.

Juntos hacían más difícil mantener una ausencia total de contacto.

—Colócalo al final de la argumentación —dijo Mara—. No al principio.

Noelia reorganizó el esquema.

—Primero motivo, encuentro, oportunidad y contradicciones temporales. Después, contacto físico.

—Sí. Si empezamos por el ADN, parecerá que todo lo demás se construyó para acompañarlo.

Laura miró a Mara.

—Y fue al revés.

Habían llegado a Gabriel por la carretera, la documentación y sus propias contradicciones antes de que Criminalística entregara la comparación genética. La prueba biológica reforzaba una hipótesis ya construida; no la había creado.

Sergio pasó una hoja a Laura.

—También están cerradas las últimas comprobaciones de Marta, Irene y Julián.

Laura la leyó.

—¿Sin novedad?

—Nada que los devuelva a la franja crítica. Y la secuencia de Nerea queda respaldada por la compañera que la recogió al día siguiente.

Cerrar alternativas era tan importante como fortalecer la principal. Una resolución que solo funcionara porque dejaban de mirar a los demás sería demasiado frágil.

Noelia recuperó la pantalla inicial.

Acreditado. Reconstrucción. Inferencia.

—¿Queréis que prepare esto para la declaración de Gabriel?

Mara negó.

—No así.

David la miró.

—¿Por qué?

—Porque no vamos a sentarlo delante de nuestra solución completa y preguntarle si está de acuerdo. Quiero confrontar hechos concretos y dejar que sea él quien intente explicarlos.

Laura empezó a enumerar.

—Compra de las 15:46. Mensaje de las 16:26. Hora falsa de llegada. Documentación patrimonial. Perfil biológico. Lesión.

—Y la carretera si intenta refugiarse en el temporal.

—¿Nerea?

—Solo si hace falta. No tenemos un testigo que identifique su coche.

David asintió.

—¿Los anexos que faltan?

—Tampoco como acusación. Si reconoce que estuvo en la casa, podemos preguntarle qué documentación vio. No afirmar que la retiró.

Cada exclusión hacía la futura declaración menos espectacular y más sólida.

Laura cerró la carpeta.

—Entonces toca citarlo.

—Con asistencia letrada y dejando clara su situación procesal.

—Por supuesto.

Sergio salió para iniciar las gestiones. Noelia se desconectó después de enviar la cronología de trabajo y David dejó sobre la mesa únicamente las piezas que utilizarían.

Antes de marcharse, Laura se quedó junto al mapa.

—¿Crees que confesará?

Mara miró la carretera que conducía a Valdecierna.

—No lo sé.

—Sería más sencillo.

—No podemos necesitarlo.

Una confesión podía aclarar detalles que la investigación solo reconstruía mediante horquillas: las palabras exactas de la discusión, qué ocurrió inmediatamente después o qué pasó con los documentos ausentes.

Pero el caso tenía que sostenerse antes de que Gabriel volviera a sentarse delante de ellos.

David terminó de despejar la mesa.

—Mañana, entonces.

Mara miró por última vez la cronología.

No contaba una historia perfecta. Algunas horas eran exactas y otras aproximadas; había hechos demostrados y otros reconstruidos con fundamento. Pero las piezas principales avanzaban en la misma dirección sin exigirles ignorar ninguna contradicción importante.

Ya no necesitaban preguntarse dónde podía haber estado Gabriel aquella tarde.

Necesitaban escuchar por qué había mentido sobre ella.