Capítulo 27
La tarde completa
Noelia había quitado los nombres de las columnas.
Mara lo prefirió así.
Laura se sentó a su lado. David permanecía junto al mapa territorial y Sergio había llevado los últimos partes de vialidad, dispuesto a intervenir si necesitaban precisar algún punto del recorrido.
Habían dedicado días a separar piezas. Aquella mañana tocaba comprobar si, al reunirlas, seguían sosteniéndose sin obligar a ninguna a demostrar más de lo que realmente demostraba.
—Empieza por la compra —dijo Mara.
Noelia amplió la primera franja.
—15:46. Gabriel está físicamente en un comercio del entorno de Bronchales. Operación presencial, tarjeta e imagen. Acreditado.
Era el primer punto de la tarde que su declaración había dejado fuera.
—Después entramos en lo que no tenemos registrado directamente —continuó Noelia—. Entre la compra y el contacto de las 16:26 puede desplazarse hacia Valdecierna y la Casa de la Umbría con margen suficiente. Los trayectos que reconstruimos no exigen una velocidad anormal ni una ruta especial.
David señaló el mapa.
—Con las condiciones documentadas para esa franja, una llegada a la zona de la casa alrededor de las 16:18 encaja con holgura.
Mara miró la cifra.
—Como reconstrucción. No como hora observada.
—Así está. Es el mejor ajuste de la secuencia, no un registro externo.
Laura apoyó el bolígrafo sobre la mesa.
—¿Por qué 16:18 y no 16:15 o 16:22?
—Porque al superponer la compra, los recorridos razonables y lo que ocurre después, esa hora permite la secuencia completa sin esperas extrañas —respondió David—. Pero podemos moverla unos minutos y nada esencial cambia.
Eso era lo importante. La reconstrucción no podía depender de que Gabriel hubiese llegado a las cuatro y dieciocho en lugar de a las cuatro y diecinueve.
—Entonces queda como llegada aproximada alrededor de las 16:18, con margen.
Noelia corrigió la formulación.
La siguiente marca era distinta.
16:26.
—Contacto acreditado. Gabriel pide a Álvaro que pase por la Casa de la Umbría antes de que empeore el tiempo. Álvaro acepta.
El mensaje era una de las piezas más limpias del caso. Gabriel había negado haber concertado un encuentro, pero la conversación estaba registrada y no dependía de la memoria de nadie.
Para Álvaro, además, la petición no tenía por qué resultar extraña. Llevaban horas hablando de gastos, bienes y documentación de una propiedad que generaba cada vez más fricciones. Gabriel estaba en la zona y quería tratarlo en persona.
No había nada en aquel mensaje que anunciara violencia.
Noelia avanzó.
—16:53. Álvaro deja el coche en la embocadura.
Laura levantó la vista.
—¿Qué nivel damos a esa hora?
—Reconstrucción estrecha a partir de sus movimientos y del trayecto. No tenemos cámara ni otro registro en el punto.
—Entonces no la presentamos como exacta.
—Correcto.
—Y llega a pie a la casa alrededor de las 16:58 —añadió David.
Mara observó el plano del acceso.
Los trescientos metros que al principio parecían un dato menor habían terminado teniendo varias funciones. Explicaban por qué Álvaro dejó el turismo abajo, separaban el estado de la carretera del camino privado y permitían entender por qué el vehículo no estaba junto a la vivienda.
Noelia cambió de pantalla.
El mapa territorial desapareció y apareció el esquema de la planta baja utilizado por Criminalística: zona de estar, mesa, silla desplazada, borde de la alfombra doblado, bandeja caída y puerta lateral.
No necesitaban reconstruir dónde había colocado cada uno los pies. Bastaba con distinguir qué podían sostener y qué seguía siendo una inferencia.
—Entre las 17:02 y las 17:18 situamos la conversación sobre bienes, gastos y documentación —dijo Noelia—. Reconstrucción.
Laura abrió la carpeta patrimonial.
—El contenido general está respaldado. Álvaro había decidido no autorizar nuevas actuaciones hasta aclarar el inventario y los gastos con ambos propietarios. Pilar esperaba documentación y Gabriel lo sabía.
—Y Álvaro se lo había comunicado directamente a las 13:18 —añadió David.
Mara repasó los documentos.
No necesitaban inventar aquella discusión.
Sabían que Gabriel había realizado gastos y retiradas sobre una propiedad compartida, que algunas ventas no habían sido consentidas por Pilar y que Álvaro estaba preparando una comparación documental que pondría esas discrepancias en manos de la otra propietaria.
Lo que no tenían era una grabación de la conversación.
—No reconstruyamos frases. Podemos sostener el objeto de la disputa, no las palabras.
Noelia dejó únicamente:
Inventario, bienes retirados, gastos y documentación para Pilar.
La siguiente franja empezaba a las 17:19.
—Aquí situamos el momento en que Álvaro intenta marcharse.
David frunció el ceño.
—¿Eso no sigue siendo demasiado preciso?
Mara pensó unos segundos.
—Como reconstrucción puede mantenerse. Explica la posición de la silla, la alfombra y el forcejeo posterior sin fijar qué gesto concreto lo desencadena.
Noelia lo dejó así.
Mara volvió al plano.
Al principio solo habían tenido una silla girada, una alfombra desplazada y una bandeja en el suelo dentro de una casa por la que habían pasado demasiadas personas.
Ahora aquellos elementos podían leerse junto con la autopsia y el resto de la cronología sin necesidad de convertirlos en pruebas independientes.
—17:21 a 17:27 —dijo Laura.
La sala quedó más silenciosa.
—Ventana reconstruida de la agresión —continuó Noelia—. El forense mantiene que no puede fijar un minuto exacto de muerte. La mecánica es compatible con compresión externa del cuello durante un forcejeo, con lesiones defensivas en manos y antebrazos.
Mara tenía delante el informe.
La muestra subungueal compatible con Gabriel figuraba en otro bloque. No tenía una hora asociada, pero adquiría otro valor en una escena donde Álvaro se había defendido físicamente.
—Añade la prueba biológica al margen. Sin colocarla dentro de un minuto.
Noelia lo hizo.
David señaló el informe médico.
—Y la lesión de Gabriel.
—También al margen. Reciente y compatible con un arañazo, sin afirmar que Álvaro se la produjo.
Laura observó la pantalla.
—Si reconoce que estuvo allí, puede intentar explicar el ADN como un contacto normal.
—Puede.
—Pero tendrá que explicar por qué negó el encuentro.
El ADN no decía cuándo se habían tocado. Gabriel, en cambio, había construido una versión en la que el martes no se habían tocado porque ni siquiera se habían visto.
Noelia continuó.
—Entre las 17:27 y las 17:31 situamos el momento posterior inmediato. Álvaro no responde y no consta ninguna petición de ayuda.
David miró a Mara.
—Aquí entramos en la intención.
—Solo si intentamos contar qué pensó.
Después de la agresión, alguien había tenido que actuar. No constaba llamada al 112, búsqueda de ayuda ni ninguna conducta que apuntara a una reacción de auxilio.
En cambio, el cuerpo había sido desplazado.
—Podemos reconstruir la conducta —dijo Mara—. Quien lo agrede comprueba que no responde y, en lugar de pedir ayuda, lo mueve. No necesitamos atribuirle un pensamiento concreto.
Laura asintió.
La siguiente franja ocupaba más tiempo.
17:32-17:41. Traslado del cuerpo.
Desde la puerta lateral hasta el murete había entre nueve y once metros, dependiendo del punto exacto del recorrido.
Criminalística había encontrado elementos compatibles con que Álvaro estuviera dentro poco antes de morir y con un desplazamiento posterior al exterior.
Las marcas en la ropa y la posición final permitían sostener que no había salido caminando.
—Una persona podía moverlo sola —recordó David.
—Sí. Y no tenemos indicios de una segunda intervención.
Laura señaló el murete.
—No lo lleva lejos. Lo saca de la casa y lo deja fuera de la visión directa desde la carretera y desde donde estaba el coche.
Quien lo hizo no simuló una caída ni preparó una escena compleja. Sacó el cuerpo del interior y lo dejó detrás del muro, donde la nieve posterior dificultó el hallazgo.
—Ocultación parcial —dijo Mara.
Noelia escribió:
Traslado corto y ocultación parcial; sin simulación de accidente.
Llegaron entonces a la carpeta incompleta.
—Entre las 17:42 y las 17:46 podríamos situar la posible retirada de documentación y el cierre de la vivienda —dijo Noelia.
Laura abrió los anexos digitales.
—Tenemos dos hojas impresas que formaban parte del mismo juego y no aparecieron entre los efectos de Álvaro.
—Pero no podemos afirmar que Gabriel las cogiera —dijo Mara.
—No.
—Ni siquiera que Álvaro saliera de Cierzo Rural con ellas dentro de la carpeta.
Noelia hizo una pausa.
—¿Las dejamos fuera de la línea principal?
Los anexos ausentes contenían algunas de las comparaciones patrimoniales más incómodas para Gabriel. Su ausencia encajaba con una retirada posterior al homicidio, pero no existía prueba suficiente para convertirla en certeza.
—Déjalos como inferencia secundaria. Pudo retirarse documentación después de la agresión, pero el motivo no depende de esos papeles físicos. Tenemos las copias y los archivos.
David apoyó las manos en la mesa.
—Si alguien quiso hacer desaparecer información, no consiguió demasiado.
—Si ocurrió así, no.
Mara volvió al horario.
A las 17:48 aparecía otra marca.
—Salida aproximada de Gabriel. Reconstrucción, no registro.
David desplegó el mapa.
—Es la hora que mejor encaja con la secuencia interior y con el trayecto hasta Valdecierna. Una salida alrededor de ese momento permite atravesar el núcleo dentro de la ventana en la que Nerea percibe un vehículo.
—17:52 a 17:54 —dijo Laura.
Mara miró ambas marcas.
Nerea no había identificado a Gabriel, no sabía de dónde procedía el coche y ni siquiera podía asegurar el color.
—No conectéis las dos marcas como si fueran el mismo vehículo.
—No lo están —dijo Noelia.
—El coche queda como un movimiento compatible. Nada más.
—Así está.
Sergio intervino.
—Y a esa hora la carretera local seguía siendo practicable.
—Hasta la pasada de vialidad.
—Sí. Nieve, circulación lenta y empeoramiento, pero no el obstáculo que vimos después.
Noelia avanzó.
18:12.