Capítulo 26
Dos trayectos
A las nueve de la mañana, la carretera estaba limpia.
No era una ventaja.
Mara lo sabía desde antes de salir y lo recordó cuando David miró el firme despejado con una expresión que mezclaba alivio y decepción.
—Hoy no vamos a demostrar cómo estaba esto el martes. Para eso tenemos los partes.
David arrancó.
—Solo comprobamos la geometría.
—Y si las horquillas que hemos construido son razonables.
Laura iba detrás, en otro vehículo con Sergio.
Habían decidido dividirse porque parte del recorrido exigía detenerse en puntos donde cuatro personas alrededor del mismo coche no aportarían nada.
No pretendían recrear la tarde del crimen, sino responder dos preguntas concretas sin fingir unas condiciones que ya no existían.
El primer trayecto comenzaba en el comercio del entorno de Bronchales donde Gabriel había realizado la compra de las 15:46.
Mara había insistido en empezar allí, no en Zaragoza ni en el alojamiento. Todo lo anterior quedaba fuera de la ventana que les interesaba. A partir de aquella compra tenían un lugar y una hora acreditados.
David detuvo el coche frente al establecimiento.
Laura y Sergio aparcaron detrás. No entraron. La transacción estaba documentada, las imágenes preservadas y el responsable del comercio ya había declarado lo necesario. Volver a preguntarle solo añadiría ruido.
Mara desplegó el mapa sobre el capó.
—Primer tramo: comercio, Valdecierna y Casa de la Umbría.
Sergio señaló la carretera.
—El día doce este tramo estaba peor que hoy, pero seguía abierto. Vialidad lo da como practicable con precaución.
—¿Algún corte o incidencia que obligara a detenerse en esa franja? —preguntó Laura.
—Ninguno.
David miró el mapa.
—En condiciones normales son pocos minutos hasta el desvío.
Mara levantó la vista.
—Las condiciones normales solo nos sirven para entender la distancia.
—Por eso he traído las horquillas del temporal.
Habían trabajado sobre ellas el día anterior.
Con nieve y una conducción prudente, el trayecto desde el entorno de Bronchales hasta Valdecierna seguía dejando margen suficiente desde las 15:46.
A partir de ahí, los tramos se volvían más lentos, pero ninguno exigía una velocidad impropia ni una maniobra excepcional.
Eso era lo que querían comprobar sobre el terreno.
Volvieron a los coches.
David condujo sin prisas. Mara evitó mirar el reloj. Le interesaban las curvas, las pendientes, la visibilidad y los lugares donde la nieve podía obligar a reducir. También quería saber si la ruta exigía alguna decisión poco intuitiva que Gabriel pudiera haber desconocido.
No era así.
La carretera conducía hacia Valdecierna sin atajos ni desvíos extraños.
—Si salió después de la compra, podía estar en este sector bastante antes de las cuatro y media incluso con nieve —dijo David.
—Sí.
—Y aún tendría margen para detenerse por el camino.
—Dependiendo de cuánto tiempo, pero sí.
Llegaron al desvío de Valdecierna y continuaron hacia el núcleo.
Aquel tramo era más estrecho y algo más expuesto. Sergio les había explicado que durante el temporal la nieve podía acumularse en ciertos bordes, aunque la actuación de vialidad mantenía la carretera transitable durante la primera parte de la tarde.
El territorio se había vuelto más difícil de forma gradual, no de golpe.
David redujo antes de una curva.
—Aquí con nieve perderías algo más de tiempo.
—Y en el tramo siguiente también.
—Sí. Pero seguimos dentro de la horquilla amplia.
Mara observó la carretera que descendía después.
—Eso es lo importante.
Laura y Sergio mantenían distancia detrás. Cada vehículo iba tomando nota de los puntos que podían afectar a los tiempos sin convertir el recorrido en una representación teatral.
Al entrar en Valdecierna, David siguió hacia la salida que conducía a la Casa de la Umbría.
El núcleo estaba tranquilo. Un repartidor descargaba cajas junto a un establecimiento y una mujer cruzó la calle con dos bolsas. A esas alturas el pueblo había dejado de funcionar alrededor de la investigación y recuperaba sus rutinas.
El tramo entre Valdecierna y la embocadura era el más delicado de la primera secuencia.
No por la distancia.
Por cómo había cambiado a lo largo de la tarde.
El día del crimen, la carretera seguía siendo utilizable durante la franja que les interesaba, aunque empeoraba con rapidez. A las 18:12, la pasada de vialidad modificaría físicamente la embocadura y alteraría después la lectura de todo el acceso.
A media tarde, ese obstáculo todavía no existía.
David aparcó junto al punto donde ya habían detenido el vehículo otras veces. Laura y Sergio llegaron poco después.
—Hasta aquí, ninguna sorpresa —dijo Sergio.
—Mejor —respondió Mara.
—No siempre parece que lo sea.
Mara se acercó al inicio del acceso.
La nieve se había retirado bastante, aunque persistía en las zonas de sombra. El caballón ya no tenía la presencia de los primeros días; su forma se había deshecho hasta quedar reducida a una acumulación irregular junto a la calzada.
Laura miró el camino.
—Ahora viene la parte que no podemos reproducir.
—Ni hace falta.
El acceso privado tenía unos trescientos metros. Los partes y las fotografías mostraban que el día doce estaba peor que la carretera local y que Álvaro decidió dejar el coche abajo. Aquella decisión demostraba prudencia, no imposibilidad.
Gabriel podía haber actuado de otra manera: entrar con el vehículo, dejarlo antes o aparcar en otro punto. Todavía no podían fijar cómo habría llegado exactamente hasta la casa.
—¿La primera secuencia cabe? —preguntó Laura.
David consultó sus notas.
—De sobra. Incluso con los márgenes más lentos que estamos aplicando, desde la compra de las 15:46 puede alcanzar este sector con tiempo suficiente para estar en la casa antes de Álvaro.
Mara asintió.
—¿Sin correr?
—Sin necesidad.
—¿Sin atajos?
—No hacen falta.
—¿Y sin atravesar ninguna vía cerrada?
Sergio negó.
—No había ningún cierre en esa franja.
Eso era suficiente.
Podían sostener que una llegada de Gabriel a la zona antes que Álvaro era físicamente viable y compatible con las condiciones documentadas de aquella tarde. No tenían una hora de presencia acreditada en la casa.
Laura formuló la consecuencia.
—Entonces la compra de las 15:46 no solo demuestra que Gabriel ya estaba en la comarca. También le deja margen para llegar aquí antes de Álvaro.
—Eso sí podemos defenderlo —dijo Mara.
David guardó el primer mapa.
—Segundo trayecto.
Mara miró hacia la casa.
La salida.
No entraron en la vivienda.
Conocían la planta baja, la puerta lateral, el murete y el corto recorrido hasta el lugar donde había aparecido el cuerpo. Lo que necesitaban comprobar comenzaba fuera.
La segunda reconstrucción debía responder si alguien que abandonara la Casa de la Umbría antes de la pasada de las 18:12 podía atravesar Valdecierna y llegar al alojamiento antes de las 18:31 sin conducir de manera temeraria.
David extendió otro mapa sobre el capó.
—Si trabajamos con una salida en torno a las seis menos cuarto, la secuencia encaja con bastante margen.
Mara lo miró.
—Como franja de trabajo. No como una hora acreditada.
—Sí.
Sergio señaló la carretera.
—Desde aquí hasta Valdecierna, con la nieve ya más fuerte, hemos manejado entre cinco y siete minutos. Cuadra con el estado previo a la pasada de vialidad: peor que a primera hora, pero todavía sin la acumulación que vimos después.
Laura consultó la anotación de Nerea.
—El vehículo que percibe entre las 17:52 y las 17:54 también cabe en esa secuencia.
—Cabe —dijo Mara—. No identifica a nadie.
No hacía falta repetir cada cautela, pero Mara prefería mantenerlas mientras el caso empezaba a adquirir una coherencia demasiado atractiva. Cuantas más piezas encajaban, mayor era el riesgo de interpretar todas en la misma dirección.
Volvieron a subir a los vehículos.
David condujo desde la embocadura hacia Valdecierna siguiendo el recorrido que tendría que realizar alguien que abandonara la Casa de la Umbría.
La carretera no ofrecía ninguna dificultad especial en sus condiciones actuales. Mara la comparó mentalmente con fotografías y partes del día doce: nieve creciendo, velocidad reducida, márgenes cada vez más cubiertos, pero circulación posible.
—Antes de las 18:12 la máquina todavía no había pasado por la embocadura —dijo David.
—Correcto.
—Así que quien saliera antes no tendría que atravesar el caballón que vimos después.
—Ese es el punto.
David miró la carretera.
—La falsa imposibilidad solo funciona si proyectas hacia atrás lo que ocurrió más tarde.
Mara asintió.
El caballón había existido.
El bloqueo posterior también.
Y el registro de las 18:31 era real.
Gabriel no había necesitado inventar ninguno de esos hechos. Bastaba con contar la tarde de forma que las condiciones del final parecieran aplicables a las horas anteriores.
Al entrar en Valdecierna, David redujo.
Pasaron cerca de la calle donde se encontraba la vivienda ocupada por Nerea. No se desviaron.
Mara miró brevemente hacia allí.
Un vehículo que saliera de la zona de la Casa de la Umbría dentro de la franja que manejaban podía atravesar aquel sector pocos minutos después. La percepción de Nerea entre las 17:52 y las 17:54 encajaba con esa posibilidad sin necesidad de forzar el recorrido.
Seguía siendo un dato secundario.
Y seguía sin identificar el vehículo.
—¿Continuamos? —preguntó David.
—Sí.
Salieron del núcleo y tomaron la carretera hacia el alojamiento.
Laura y Sergio seguían detrás.
Era el tramo más largo de la segunda secuencia y también el que más podía variar con el temporal. Según los partes, la circulación ya era lenta a esa hora. Por eso habían trabajado con una horquilla amplia capaz de absorber diferencias de nieve, curvas y precaución.
David mantuvo una conducción moderada.
—No voy a mirar el reloj.
—Sabia decisión.
—Porque ya sé lo que dirías.
Mara observó el paisaje.