Capítulo 25
El arañazo
El informe formal llegó al día siguiente, poco antes del mediodía.
Laura ya lo había leído una vez cuando llamó a Mara y a David para que se acercaran. Sobre la mesa estaban la comparación genética, la valoración estadística y una nota separada de Medicina Forense sobre la lesión observada en la mano de Gabriel.
Mara empezó por el primer documento.
La formulación era mucho más precisa que la comunicación preliminar del día anterior.
El componente masculino recuperado bajo una de las uñas de Álvaro presentaba un perfil compatible con la muestra indubitada obtenida de Gabriel.
La valoración estadística reforzaba de forma clara esa compatibilidad, aunque el propio informe mantenía los límites que ya les había explicado Criminalística: el análisis permitía una atribución biológica compatible, pero no fechaba el contacto ni explicaba por sí solo cómo se había producido.
David terminó de leer por encima de su hombro.
—Así que ya no hablamos de una compatibilidad provisional.
—No —dijo Laura—. La comparación está incorporada formalmente.
Mara pasó a la segunda hoja.
—Y sigue sin decir cuándo llegó el material debajo de la uña.
—Eso no ha cambiado.
David tomó asiento.
—Pero Gabriel dijo que no había visto a Álvaro el martes.
Mara asintió.
Ahí estaba el verdadero peso del resultado. Si Gabriel hubiera admitido una reunión aquella tarde, todavía tendrían que distinguir entre un contacto banal y el forcejeo. Su negativa absoluta había reducido las explicaciones inocentes antes incluso de que supieran qué encontraría el laboratorio.
—Primero la lesión —dijo.
Laura le acercó la valoración forense.
Gabriel había accedido, asesorado por su abogado, a que la marca de la mano fuera documentada y examinada.
El informe describía una lesión superficial lineal en fase de curación, compatible con un arañazo o con una erosión producida por el contacto con una superficie u objeto capaz de lesionar la piel.
Su localización, cerca de la base del pulgar y extendida hacia el dorso, era accesible durante un forcejeo.
La frase siguiente importaba más.
La lesión era reciente y temporalmente compatible con los días próximos al fallecimiento de Álvaro, pero no podía fecharse con precisión suficiente para afirmar que se hubiera producido durante la agresión.
Mara volvió a leer el párrafo.
—Esto es lo máximo que pueden decir.
Laura asintió.
—Compatible, reciente y sin datación exacta.
David dejó el informe sobre la mesa.
—El perfil bajo la uña y una lesión compatible justo en una zona accesible durante un arañazo.
—Sí —dijo Mara—. Juntos tienen más valor que separados.
—Pero seguimos sin poder afirmar que Álvaro le hizo esa marca.
—Como hecho médico, no.
La prudencia ya no debilitaba la hipótesis. A esas alturas ocurría lo contrario: cuanto mejor delimitaban el alcance de cada prueba, más limpia quedaba la convergencia. No necesitaban que una herida se convirtiera en una fotografía del forcejeo ni que el ADN llevara incorporada una hora.
Necesitaban que ambos datos encajaran con el resto.
Laura abrió una tercera carpeta.
—Tenemos también la explicación que Gabriel ha dado sobre la lesión.
Mara la miró.
—¿Cuándo?
—Después del reconocimiento. Su abogado pidió dejar constancia de que cree que se la hizo trabajando en casa unos días antes. Con una caja metálica o una herramienta. No está seguro.
David frunció el ceño.
—¿Puede demostrarlo?
—De momento, no.
—¿Algún testigo?
—Nadie que lo viera hacerse la herida. Su pareja recuerda que ya tenía una marca en la mano durante esa semana, pero no sabe desde qué día.
Mara leyó la diligencia.
Podía ser verdad. Una lesión pequeña podía aparecer durante cualquier actividad corriente y no dejar un recuerdo preciso. Que Gabriel no pudiera demostrar su explicación alternativa no convertía automáticamente aquella marca en una lesión defensiva.
Pero tampoco la neutralizaba.
—¿La pareja puede asegurar que la vio antes del martes?
Laura negó.
—Dice que no. Solo que la recuerda «por esos días».
—Entonces no sirve para fecharla.
—Exacto.
David señaló el informe biológico.
—Si dejamos aparte la lesión, seguimos teniendo material suyo bajo una uña de Álvaro.
Mara volvió al documento.
—Y si dejamos aparte el ADN, tenemos una lesión reciente compatible con un arañazo y una negación absoluta de contacto.
—Juntas se refuerzan.
—Sí.
Laura se apoyó en el respaldo.
—Eso quiero que quede bien formulado antes de volver a citarlo.
En una declaración posterior sería fácil caer en una frase demasiado grande: su ADN estaba bajo la uña de la víctima y usted tenía el arañazo . Sonaba definitivo, pero ocultaba precisamente los límites que daban solidez al conjunto.
—No le diremos que sabemos que Álvaro lo arañó —dijo Mara—. Le diremos lo que tenemos y le pediremos que lo explique sin perder de vista que sostiene que no lo vio.
David asintió.
—Ahí está el problema.
Gabriel podía intentar explicar cada pieza por separado.
Podía decir que llegó antes de lo que recordaba, que hizo una compra sin importancia, que pidió a Álvaro que pasara por la casa pero finalmente no se encontraron, que la lesión procedía de una herramienta y que el material biológico correspondía a un contacto anterior.
La dificultad era hacer compatibles todas esas explicaciones a la vez.
Mara se levantó y acercó la cronología.
Noelia había enviado una versión actualizada esa mañana.
No estaba construida para señalar a nadie, sino para colocar cada dato en la franja correspondiente.
La compra de las 15:46 aparecía separada del contacto de las 16:26; la llegada de Álvaro a la Casa de la Umbría seguía situada alrededor de las 16:58; la observación de Nerea ocupaba su horquilla entre las 17:52 y las 17:54; y la pasada de vialidad marcaba el cambio importante de la embocadura a las 18:12.
El registro del alojamiento a las 18:31 seguía siendo el último anclaje seguro de Gabriel.
Mara colocó los informes forenses a un lado.
—El ADN no entra en la línea temporal.
David la miró.
—Porque no sabemos cuándo se produjo el contacto.
—Exacto. Va unido al contacto, no a una hora.
Laura señaló la carpeta patrimonial.
—Y el motivo tampoco.
—Tampoco. Hay hechos temporales, hechos documentales y pruebas de contacto. El caso funciona cuando coinciden, no cuando fingimos que son la misma cosa.
David cogió un rotulador.
—Entonces los separamos.
—Eso sí.
Noelia se conectó unos minutos después y repasaron con ella la documentación. Había terminado el análisis de comunicaciones entre Gabriel y Álvaro durante las semanas anteriores y el resultado ayudaba a contextualizar el perfil biológico.
—Tenían contacto frecuente, sobre todo por teléfono y mensajes —explicó—. Hay encuentros presenciales anteriores porque trabajaban con la casa. Lo que no tengo es ninguno acreditado en los días inmediatamente anteriores al homicidio.
—¿Puede haberlo habido sin dejar rastro documental? —preguntó David.
—Claro.
—Entonces Gabriel puede decir que el ADN procede de uno de esos contactos.
—Puede decirlo —respondió Noelia—. Lo que no tenemos es ningún dato que lo respalde.
Mara prefirió esa formulación. La acusación no debía sostenerse en que una alternativa fuera imposible, sino en que la explicación de Gabriel fuera cada vez menos compatible con el conjunto.
—¿Qué pasa con la carpeta incompleta? —preguntó Laura.
Noelia abrió los anexos reconstruidos.
—Sigue igual. Los dos impresos no aparecen físicamente. No puedo demostrar que Gabriel los retirara ni que Álvaro saliera de Cierzo Rural con ellos. Su contenido esencial está preservado digitalmente.
—Entonces no lo usemos como prueba de manipulación —dijo Mara.
—No pensaba hacerlo.
—Nos sirve para saber qué estaba revisando Álvaro y por qué esa documentación podía importar. Nada más.
Noelia asintió.
David miró el conjunto.
—Cuanto más avanzamos, menos cosas parecen necesarias.
Mara entendió lo que quería decir. Al principio habían necesitado examinar decenas de accesos, llaves, pagos y movimientos porque no sabían cuáles conducirían al homicidio. Ahora la explicación del caso se sostenía sobre menos elementos, pero mejor conectados.
Laura pasó al estado procesal.
—Con el informe formal tenemos base suficiente para una nueva declaración con todas las garantías. Podríamos citarlo.
Mara no contestó de inmediato.
Tenían motivo, contradicción temporal, encuentro documentado y evidencia de contacto. Sin embargo, antes de sentarse frente a Gabriel quería revisar una vez más la parte física de la tarde.
La carretera.
No porque dudara de lo establecido, sino porque la siguiente declaración podía convertirse en la última oportunidad de escuchar una versión libre antes de que Gabriel supiera hasta dónde habían reconstruido sus movimientos.
—Antes quiero repetir los tramos decisivos —dijo.
David la miró con interés.
—¿Otra vez la ruta?
—Esta vez quiero trabajar solo las dos secuencias que importan de verdad.
—Compra, desvío y casa.
—Y casa, salida de Valdecierna y alojamiento.
David abrió uno de los mapas.
—¿Intentamos reproducir el temporal?
—No.
La respuesta fue tan inmediata que David sonrió.
—Me parecía.
—Sería falso. Hoy no tenemos la misma nieve, ni la misma temperatura, ni el mismo tráfico. Usaremos el terreno real y los partes del día doce para construir horquillas razonables. Nada de cronometrar un coche actual y trasladar el resultado sin más.
—Entonces buscamos límites.
—Eso.
Laura miró su agenda.
—Sergio puede venir. Tiene las referencias territoriales y los partes.
—Mejor.
—¿Mañana?
Mara asintió.
Noelia intervino desde Madrid.
—Os preparo solo las horas fijadas y dejo aparte las estimaciones. Así podréis trabajar con una secuencia limpia.
—Hazlo.
David extendió el mapa amplio sobre la mesa.
—¿Qué queremos responder exactamente?
Mara señaló el comercio donde Gabriel estaba acreditado a las 15:46.
—Primero, si desde aquí puede llegar a la zona de la Casa de la Umbría con margen suficiente para estar allí antes que Álvaro sin conducción extrema ni rutas especiales.
Desplazó el dedo hasta el desvío.
—Segundo, si desde la casa puede salir dentro de una franja compatible con el crimen y alcanzar el alojamiento antes de las 18:31, teniendo en cuenta el empeoramiento progresivo de las carreteras y sin necesitar atravesar la embocadura después de que vialidad la modificara.
David siguió el recorrido.
—Todo con horquillas.
—Sí.
—Nada de «tardó veintitrés minutos y cuarenta segundos».
—Si te veo con un cronómetro, te lo quito.
Laura sonrió mientras recogía los informes.
La conversación pasó después a cuestiones prácticas.
Sergio gestionaría los accesos necesarios; no entrarían en propiedades privadas sin autorización ni interferirían con el tránsito.
La Casa de la Umbría seguía dentro del marco de diligencias ya practicadas, pero no necesitaban convertir la reconstrucción en una nueva inspección del interior.
Lo relevante eran los tramos de carretera y el acceso.
A primera hora de la tarde, el forense llamó de nuevo para aclarar un matiz del informe de la lesión.
Laura puso el teléfono en manos libres.
—Quiero evitar que interpreten «reciente» como una datación demasiado estrecha —explicó—. Por el aspecto y la fase de reparación entra dentro del periodo que les hemos indicado, pero no puedo decirles que se produjera el martes a las cinco ni siquiera asegurar que fuera ese mismo día.
—¿Podría ser del lunes? —preguntó Mara.
—Sí.
—¿Del miércoles?
—También, dependiendo de la evolución individual y del momento exacto del reconocimiento. Es una compatibilidad temporal amplia.
—¿Y el aspecto es compatible con una uña humana?
El forense se tomó un momento.
—Compatible, sí. Una uña puede producir una lesión lineal superficial como esa. También otras muchas cosas.
—Eso queríamos confirmar.
—No la utilicen como una firma del agresor.
—No lo haremos.
Después de colgar, David escribió algo en su libreta.
Mara lo vio.
—¿Qué has puesto?
—«No es una firma».
—No hace falta que cites al forense cuando hablemos con Gabriel.
—Es para mí.
Mara no insistió.
La precisión evitaba precisamente que el arañazo se convirtiera en la prueba reina que el caso no necesitaba.
Aportaba valor porque encajaba con las lesiones defensivas de Álvaro y con el perfil biológico recuperado bajo su uña.
Por separado podía ser una lesión cotidiana. Dentro del conjunto adquiría otro peso.
Laura recibió después la confirmación de que la evaluación genética completa había quedado incorporada formalmente. No había sorpresas respecto a la comunicación de la mañana.
—Ya está todo —dijo.
Mara miró la cronología.
—Casi.
—Mañana, los trayectos.
—Mañana.
Noelia cerró la conexión después de enviar una última tabla. Había diferenciado visualmente los datos objetivos de las horquillas reconstruidas. Mara la imprimió y la guardó con los mapas, no con los informes biológicos.
No quería que la ruta se construyera a partir del ADN.
El orden debía ser el contrario. La geografía tenía que sostenerse por sí misma, igual que el motivo y la cronología. Después, la prueba de contacto ocuparía su lugar dentro del conjunto.
Al final de la tarde, David se marchó con Sergio para preparar la salida del día siguiente. Laura se quedó unos minutos más revisando una citación que todavía no iban a enviar.
Mara permaneció frente al mapa.
La lesión de la mano de Gabriel era pequeña. Fuera del caso apenas habría merecido una cura doméstica. Bajo la uña de Álvaro había una cantidad mínima de material biológico que tampoco podía explicar por sí sola cómo había llegado allí.
Pero Gabriel había asegurado que no había visto a Álvaro aquella tarde.
Ese era el punto que empezaba a resultar incompatible con demasiadas cosas.
Antes de volver a preguntarle, Mara quería asegurarse de que tampoco las distancias pudieran ofrecerle una salida.