Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 24
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Capítulo 24

Bajo una uña

El informe llegó a media mañana, cuando Mara empezaba a asumir que tendrían que esperar otro día.

Laura lo recibió primero porque la petición había salido de la UOPJ de Teruel. No dijo nada hasta terminar la primera página. Después levantó la vista hacia Mara y David, que trabajaban en la misma sala, y acercó una silla a la mesa.

—Hay un resultado útil en una de las muestras tomadas de las manos de Álvaro.

David dejó lo que estaba haciendo. Mara se acercó sin preguntar todavía por Gabriel. Habían esperado demasiado aquel análisis como para empezar por el nombre que esperaban encontrar.

Laura abrió el documento.

Durante la autopsia se habían recogido muestras bajo las uñas y en distintas zonas de las manos donde las lesiones defensivas sugerían contacto durante el forcejeo. Algunas no habían proporcionado resultados interpretables; otras contenían fundamentalmente material de la propia víctima.

Una muestra procedente de debajo de una uña de la mano derecha era distinta.

—Hay un componente masculino minoritario con calidad suficiente para compararlo —dijo Laura.

Mara leyó la formulación original.

—¿Único?

—No. Álvaro está presente en la muestra, como cabía esperar, pero el laboratorio ha podido separar un componente ajeno aprovechable.

David se inclinó sobre el informe.

—¿Sangre?

—El informe no dice eso —respondió Laura—. Habla de material biológico.

David asintió.

La consecuencia era comprensible incluso bajo el lenguaje prudente del laboratorio: debajo de una uña de Álvaro había material de otra persona. Lo que el análisis no podía establecer era cuándo se había depositado allí ni qué acción concreta lo había provocado.

Eso correspondía al contexto.

—¿Podemos hablar con el especialista? —preguntó Mara.

—Sí. Nos dijeron que estaría disponible cuando llegara el informe.

Laura hizo la llamada desde la misma sala. Minutos después estaban conectados con el facultativo de Criminalística que había supervisado la parte biológica. Mara dejó que Laura dirigiera la conversación.

—La muestra es aprovechable para comparación individual —explicó el especialista—. Eso es lo relevante. En muestras subungueales no siempre se consigue, sobre todo cuando hay mezclas complejas o muy poca cantidad.

—¿Puede decirnos cómo llegó ese material allí? —preguntó Laura.

—No. Podemos afirmar que se ha recuperado material biológico ajeno bajo una uña.

La mecánica concreta debe interpretarse junto con las lesiones, la autopsia y el resto de la investigación.

Un arañazo, otro contacto directo, una transferencia ocurrida en otra circunstancia...

El análisis genético por sí solo no permite escoger una opción.

Mara esperaba esa respuesta.

—La víctima tenía lesiones defensivas en manos y antebrazos. ¿Eso modifica el valor de la muestra?

—Modifica el contexto de interpretación. No la genética. Es razonable investigar si el material se adquirió durante el forcejeo, pero el ADN no permite fechar el contacto.

—¿Ni siquiera distinguir horas de días?

—No.

David intervino.

—Álvaro conocía a la persona que estamos investigando. Si el perfil coincidiera con ella, ¿un contacto anterior podría explicar el resultado?

—Es una posibilidad que tendrán que valorar. Una coincidencia genética no incorpora la fecha ni el motivo del contacto. Si esas dos personas tenían relación habitual, ese dato importa.

Mara hizo una anotación.

Gabriel y Álvaro se conocían desde hacía años.

Habían tratado por las obras y la gestión de la casa y podían haberse visto en ocasiones anteriores.

Encontrar material genético de Gabriel sobre una superficie común de la Casa de la Umbría habría tenido un valor limitado: era copropietario y había estado allí otras veces.

Debajo de una uña de Álvaro era otra cosa.

Pero tampoco era una prueba capaz de explicar por sí sola cuándo se habían tocado.

—¿Necesitan una muestra de referencia de Gabriel? —preguntó Laura.

—Sí. Para una comparación con valor probatorio adecuado necesitamos una muestra obtenida con las garantías correspondientes.

Cuando terminó la llamada, David siguió mirando el informe.

—Tenemos material de otro hombre y un sospechoso que niega haber tocado a Álvaro ese día.

—Tenemos un perfil que puede compararse —dijo Mara—. Todavía no sabemos a quién pertenece.

—Pero sabemos con quién queremos compararlo.

—Eso sí.

Laura ya revisaba la situación procesal.

Las comprobaciones sobre Gabriel habían dejado atrás las primeras pesquisas exploratorias.

Habían acreditado que estaba en la comarca mucho antes de lo declarado, que pidió a Álvaro acudir a la Casa de la Umbría, que existía un conflicto patrimonial concreto y que disponía de tiempo para estar allí y marcharse antes de registrarse en el alojamiento.

La obtención de una muestra de referencia no podía tratarse como un trámite informal.

—Voy a dejarlo todo documentado y a consultarlo por el cauce correspondiente —dijo Laura—. Si presta consentimiento, tiene que quedar formalizado. Si no, se valorará solicitar la autorización que proceda.

Mara asintió.

—Y sin aprovechar la diligencia para interrogarlo.

—Claro.

La respuesta llegó antes de comer.

A través de su abogado, Gabriel aceptó facilitar una muestra bucal de referencia. Su letrado dejó constancia de que el consentimiento se limitaba a la obtención y comparación forense dentro de las diligencias. Laura respondió que así quedaría reflejado.

Gabriel acudiría por la tarde.

Mara no sintió la impaciencia que había esperado. La muestra bajo la uña podía convertirse en una pieza importante o pertenecer a otra persona y obligarlos a revisar la hipótesis.

Las dos posibilidades servían.

Gabriel llegó acompañado de su abogado.

Era la primera vez que Mara lo veía en persona.

La videoconferencia de días atrás había reducido su presencia a un rostro bien iluminado y una voz controlada.

Frente a ellos parecía más cansado, aunque no especialmente alterado.

Llevaba un abrigo oscuro, jersey de cuello redondo y pantalón de calle.

Saludó a Laura y después a Mara y David sin intentar iniciar ninguna conversación sobre el caso.

Laura explicó de nuevo el objeto de la diligencia y el alcance del consentimiento. El abogado leyó el documento antes de que Gabriel lo firmara. La toma se realizó por personal competente, sin preguntas sobre sus movimientos ni sobre Álvaro.

Mara permaneció allí únicamente el tiempo necesario.

Fue cuando Gabriel se quitó el abrigo cuando Mara reparó en su mano derecha.

Cerca de la base del pulgar, extendiéndose hacia el dorso, había una línea fina en proceso de curación junto a otra marca más pequeña. No era una herida abierta. Podía proceder de casi cualquier cosa: una rama, una herramienta, un animal, un roce doméstico.

Mara no tenía forma de fecharla ni de decidir a simple vista qué la había producido.

No comentó nada.

Gabriel debió de advertir hacia dónde había mirado porque bajó la mano y poco después volvió a dejarla sobre la mesa. El gesto no permitía concluir nada.

El técnico terminó la recogida.

—Ya está.

Gabriel se puso de pie.

Su abogado miró a Laura.

—¿Necesitan algo más de mi cliente hoy?

—No.

—¿Van a tomarle declaración?

—Hoy no.

Gabriel observó a Laura con una incomodidad que no había mostrado al entrar.

—Entonces me avisarán cuando sepan algo.

—Se actuará como corresponda.

No hubo más.

Cuando se marcharon, David esperó a que la puerta se cerrara.

—Tiene un arañazo en la mano.

Mara cogió el acta de la diligencia.

—Tiene una lesión visible que puede parecer un arañazo.

—De acuerdo.

—No sabemos cuándo se hizo.

—También de acuerdo.

Laura se sentó.

—Yo también la he visto.

—Habrá que valorar si procede documentarla y que la examine quien corresponda —dijo Mara—. No quiero una fotografía tomada por nosotros y tres policías decidiendo la antigüedad de una lesión.

Laura anotó la cuestión.

—Lo consultaré.

David miró hacia la puerta.

—Si el material bajo la uña es suyo y esa marca resulta compatible...

—Tendremos dos datos que deberán interpretarse juntos —dijo Mara—. Ninguno nos dirá por sí solo a qué hora se produjo el contacto.

—Pero Gabriel niega haberlo visto.

—Y eso es lo que les da valor.

La diferencia estaba ahí.

Si Gabriel hubiese reconocido un encuentro con Álvaro, una eventual coincidencia genética habría necesitado mucho más contexto para distinguir un contacto inocente de otro producido durante el forcejeo.

Su negación absoluta de cualquier encuentro presencial el martes cambiaba el peso de una posible compatibilidad.

No porque el ADN pudiera fecharse.

Porque Gabriel había negado que hubiera habido contacto alguno.

El laboratorio recibió la muestra de referencia aquella misma tarde.

El perfil recuperado bajo la uña ya estaba procesado, de modo que la nueva tarea consistía en compararlo con una referencia concreta.

Laura les recordó que disponer de un sospechoso prioritario no convertía la comparación en instantánea.

A última hora, Mara llamó a Noelia.

La cabo primero escuchó el resumen y pidió que le remitieran únicamente las conclusiones documentadas.

—La cronología se queda como está —dijo—. Nada de añadir contacto entre Gabriel y Álvaro hasta que llegue la comparación.

—Exacto.

—¿Y la lesión?

—Pendiente de valoración.

—Entonces tampoco entra.

—Bien.

Noelia abrió después la relación de comunicaciones que había terminado de revisar.

—Tengo cerrado el análisis de contactos anteriores entre ellos.

—¿Qué sale?

—Gabriel y Álvaro hablaban con frecuencia por las obras y por la gestión de la casa. Hay llamadas, mensajes y encuentros documentados durante los meses anteriores. En las últimas semanas aumenta el contacto, sobre todo cuando aparecen las discrepancias por inventario y gastos.

—¿Encuentros presenciales recientes?

—No tengo ninguno acreditado en los días inmediatamente anteriores al martes.

—¿El último?

—Uno seguro varias semanas antes. Después, llamadas y mensajes.

Mara pensó en ello.

Un resultado compatible con Gabriel seguiría sin demostrar que el material se hubiera depositado durante el homicidio.

Pero tampoco podían utilizar una relación profesional frecuente como explicación automática para ADN encontrado bajo una uña.

Para eso necesitaban un contacto físico suficientemente cercano.

—No confundamos ausencia de encuentros documentados con ausencia de encuentros reales.

—No lo hago. Solo digo que no tenemos ninguno probado.

—Perfecto.

Noelia permaneció unos segundos en silencio.

—Si coincide, ¿lo volvéis a citar?

—Ya veremos cuándo.

Mara colgó y volvió a la sala. Laura terminaba de hablar con Criminalística.

—Nos darán una primera valoración mañana por la mañana si no surge ningún problema técnico.

David seguía allí pese a que hacía rato que podía haberse marchado.

—Entonces ahora sí esperamos.

—Ahora sí.

No tuvieron que hacerlo hasta el día siguiente.

A las ocho y cuarto, cuando Laura ya había cerrado varias carpetas y Mara se disponía a recoger, sonó el teléfono.

El laboratorio había terminado una comprobación preliminar suficiente para comunicar que la muestra de referencia de Gabriel no quedaba excluida como origen del componente masculino recuperado bajo la uña de Álvaro.

La evaluación estadística completa y el informe formal seguirían su curso, pero existía compatibilidad.

Laura pidió que repitieran exactamente la formulación y la anotó palabra por palabra.

Mara escuchó desde el otro lado de la mesa. Una noticia esperada podía deformarse con demasiada facilidad al pasar de una persona a otra.

Cuando Laura colgó, David habló primero.

—Compatible.

—Sí.

—¿Con Gabriel?

—La muestra de Gabriel no queda excluida como origen del componente y el perfil es compatible. Falta la valoración completa.

Mara volvió a sentarse.

La palabra resultaba menos espectacular de lo que habría parecido una semana antes.

No necesitaban espectacularidad.

Bajo una uña de un hombre que había muerto tras defenderse había material biológico compatible con otro hombre que afirmaba no haberlo visto aquella tarde.

—¿Cuándo tendremos el informe formal? —preguntó.

—Mañana o pasado, según la revisión.

—Entonces no utilizamos la comparación en una declaración hasta tenerlo.

David aceptó, aunque seguía mirando la nota de Laura.

—Cada cosa que comprobamos de Gabriel contradice alguna parte de lo que dijo.

Mara recordó la compra, el mensaje de las 16:26 y las horas borradas de su relato. La muestra añadía una contradicción distinta porque procedía del cuerpo de Álvaro y no de un registro externo.

Aun así, el límite seguía ahí.

—Gabriel conocía a Álvaro. Antes de afirmar que el material procede del forcejeo hay que integrar la autopsia, la muestra y cualquier explicación razonable de contacto.

Laura señaló la anotación sobre su mano.

—Y la lesión.

—Sí. Que la valore Medicina Forense con las garantías correspondientes. Ellos dirán si es reciente y con qué puede ser compatible.

David guardó sus papeles.

—¿Y si dice que se hizo la marca arreglando una valla?

—Comprobaremos la valla si hace falta.

David sonrió.

Recogieron poco después. La compatibilidad genética todavía no convertía la hipótesis en una acusación cerrada y Mara no quería que nadie regresara al día siguiente como si el laboratorio les hubiera entregado una confesión.

Antes de marcharse, volvió a leer la formulación preliminar.

Compatible.

Eso bastaba para modificar el peso del caso.

Gabriel podía explicar una compra, corregir una hora de llegada o intentar justificar por qué había pedido a Álvaro que acudiera a la Casa de la Umbría.

Lo que empezaba a resultarle mucho más difícil era sostener que entre los dos no había existido ningún contacto.

La siguiente pregunta ya no pertenecía al laboratorio.

Era cuándo se habían tocado y por qué.