Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 23
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Capítulo 23

Cuatro mentiras

Laura había colocado cuatro carpetas sobre la mesa, una junto a otra, sin nombres visibles en las cubiertas.

Mara sabía a quién pertenecía cada una. Llevaban suficientes días entrando y saliendo de las mismas versiones como para reconocerlas por el orden de las comprobaciones.

Marta, Julián, Irene y Nerea habían mentido desde el principio, aunque no por lo mismo ni con la misma intensidad.

Durante buena parte de la investigación, esas mentiras habían mantenido abiertas líneas razonables.

Ahora tocaba comprobar cuáles seguían teniendo relación con la muerte de Álvaro y cuáles explicaban únicamente otros secretos.

Sergio entró con dos diligencias recién terminadas y ocupó una silla junto a Laura. David llegó detrás, dejó el café lejos de los documentos y miró las carpetas.

—Parece un examen.

—En cierto modo lo es —dijo Laura—. Pero para nosotros.

Noelia participaba desde Madrid. Había preparado un cuadro con las comprobaciones realizadas y, a petición de Mara, había eliminado cualquier columna titulada «conclusión». Primero revisarían los hechos.

Laura abrió la primera carpeta.

—Marta.

Noelia proyectó la secuencia de Cierzo Rural.

Los calendarios internos, las incidencias y los mensajes permitían reconstruir por qué Marta había sido tan imprecisa con las ocupaciones de viviendas y el control de llaves.

Había tolerado que Nerea utilizara una casa sin autorización formal y, anteriormente, había hecho algo parecido para favorecer a un familiar.

En ambos casos había bloqueado operativamente viviendas mediante incidencias que no reflejaban la causa real.

—No creó reservas ni clientes ficticios —dijo Noelia—. Ocultó por qué determinadas casas no podían asignarse.

Sergio revisó una diligencia.

—Y el martes está bastante cerrado por varias vías. Mensajes, una llamada larga con un propietario y presencia posterior en su domicilio.

—¿Algún hueco útil para situarla en la Casa de la Umbría? —preguntó Laura.

—No dentro de la franja que manejamos sin contradecir esos datos.

Mara recorrió el cuadro. Marta había tenido acceso a llaves, información y razones profesionales para temer una revisión de Álvaro. Eso justificaba haberla investigado. Lo que no había aparecido era una conexión real entre aquellas irregularidades y la casa donde murió.

—¿Queda alguna mentira relevante sin explicar?

—Alguna vaguedad sobre cuándo supo determinadas cosas —respondió Noelia—, pero nada que cambie la secuencia. Lo importante se explica por las ocupaciones ocultas y por el miedo a que Álvaro revisara el sistema.

Laura cerró la carpeta.

La segunda era la de Julián.

Sus trabajos en la Casa de la Umbría habían dejado rastros y una presencia perfectamente justificable en la planta baja.

Había ocultado una entrada no registrada el lunes, conservaba una llave antigua y mantenía un conflicto económico con Álvaro.

También había escondido el cobro de mil quinientos euros en efectivo.

—La visita a Bronchales está comprobada —dijo Sergio—. La persona con la que se reunió mantiene la misma franja y las fotografías tomadas durante el presupuesto la respaldan. Después están la llamada al proveedor y el pago con tarjeta.

Laura pasó a la cuestión del dinero.

—¿Los mil quinientos?

—La retirada de efectivo de Álvaro y su anotación privada encajan con la cantidad que Julián terminó reconociendo —respondió Noelia—. No hay recibo firmado, pero sí suficiente para explicar por qué falseó la deuda real.

David cogió una fotografía de la casa.

—Y las cajas aparecen el sábado y ya no están cuando Álvaro revisa la vivienda el martes por la mañana.

—Compatible con que Julián las recogiera el lunes, como admitió —dijo Mara.

—Entonces sus rastros dentro pierden fuerza.

—Pierden capacidad para fechar su presencia. Siguen existiendo, pero ya no sirven para colocarlo allí el martes por la tarde.

Eso era lo esencial. Una llave demostraba acceso; un pago oculto explicaba una mentira; un rastro demostraba presencia en algún momento. Juntos habían parecido una historia más completa de lo que realmente eran.

Laura pasó a Irene.

Su carpeta era más fina.

La copia de servicio había abierto una línea incómoda. Irene había mentido al afirmar que había devuelto todas las llaves, conducía un vehículo preparado para la nieve y había estado en la Casa de la Umbría pocos días antes del homicidio.

Noelia proyectó sus movimientos.

—Los pagos y las comunicaciones del martes encajan con su declaración corregida. La copia irregular pertenece a otra vivienda y está vinculada a Nerea. No aparece ninguna segunda copia de la Umbría en su poder.

—¿Y la llave del sábado? —preguntó Sergio.

—Devuelta según el registro. El control coincide con el servicio de limpieza.

Laura consultó otra hoja.

—Entonces su última presencia demostrada allí es el sábado.

—Sí.

David dejó escapar aire.

—Esta fue la que peor leí.

Mara lo miró un instante.

—Fue la primera mentira que encontramos alrededor de una llave.

—Y me pareció suficiente para construir el resto.

—Ahora sabemos qué ocultaba.

Irene protegía una copia que no debía existir y la ayuda prestada a Nerea. Eso podía costarle trabajo y comprometerla frente a Cierzo Rural. No había ningún dato que la situara cerca de la Casa de la Umbría durante la franja crítica.

La carpeta de Nerea quedó en el centro.

Su mentira había sido más extensa. Inventó una recogida, un desplazamiento y una noche fuera de Valdecierna para ocultar que ocupaba sin permiso una vivienda vacía.

—La compañera confirma que la recogió en Valdecierna el miércoles por la mañana para llevarla a trabajar —dijo Sergio—. Eso fija dónde pasó la noche.

—¿Y la entrada del martes? —preguntó Laura.

—Llamada con Irene, mensaje posterior y su propia declaración corregida. Las comunicaciones son compatibles con que permaneciera en la vivienda.

Noelia añadió:

—El mensaje de las 17:51 y la llamada de las 17:55 la sitúan allí durante esa franja. Y de ahí sale la observación del vehículo.

Laura revisó la formulación que ya habían acordado: vehículo no identificado, percibido aproximadamente entre las 17:52 y las 17:54, circulando hacia una salida de Valdecierna. Sin matrícula, modelo, conductor ni procedencia confirmada.

—Y sin vincularlo a Gabriel —dijo Mara.

—Así está.

Nerea tenía motivos reales para mentir sin necesidad de relacionarlos con el homicidio.

Había ocupado una vivienda, comprometido a Irene, colocado a Marta en una situación difícil y temido que Álvaro terminara descubriéndolo.

Su enfado por el alquiler seguía existiendo, igual que los mensajes ásperos, pero nada de aquello la situaba en la Casa de la Umbría.

David observó las cuatro carpetas.

—Todos mintieron.

—Sí —dijo Laura.

—Y en los cuatro casos había razones para investigarlos.

Mara se acercó al tablón.

Al principio, los nombres parecían más próximos entre sí porque todos estaban unidos a Álvaro por llaves, conflictos o secretos. Las comprobaciones habían ido separándolos.

Marta había escondido cómo gestionaba viviendas vacías.

Irene, una copia irregular y la ayuda a Nerea.

Julián, una llave antigua, una entrada no registrada y dinero cobrado fuera de la contabilidad formal.

Nerea, dónde estaba viviendo.

Gabriel era distinto.

Había mentido sobre cuándo llegó a la comarca y había negado un encuentro que él mismo provocó con el mensaje de las 16:26. Esa mentira coincidía con el conflicto patrimonial, con la franja temporal del homicidio y con la casa donde Álvaro fue atacado.

Mara no escribió la comparación en el tablón.

Laura sí formuló la consecuencia práctica.

—Marta, Julián e Irene pasan a segundo plano. Nerea queda como testigo relevante, no como línea prioritaria de autoría. Gabriel concentra las comprobaciones principales.

Sergio tomó nota.

David seguía mirando las carpetas.

—Al principio pensé que quien mentía más tenía más que esconder.

—Lo tenía —dijo Mara—. La pregunta era qué estaba escondiendo.

David asintió.

—Con Irene busqué después argumentos que confirmaran la primera impresión.

Mara recordó el caballón del miércoles, tan convincente a primera vista.

—No eres el único que ha tenido que corregir una lectura.

Laura cerró la carpeta.

—La autocrítica puede esperar. Falta decidir qué hacemos con Gabriel.

La prioridad estaba clara, pero Mara no quería que esa claridad se convirtiera en prisa.

Tenían un motivo cada vez mejor definido, una mentira temporal demostrada, un encuentro documentado, una ruta viable y un vehículo no identificado moviéndose hacia una salida de Valdecierna dentro de una franja compatible.

Todo convergía.

Todavía faltaba algo que lo situara físicamente en el forcejeo.

—Esperamos Criminalística —dijo Mara.

David levantó ligeramente las cejas.

—¿Los resultados biológicos?

—Entre otros.

Las muestras tomadas de las manos de Álvaro seguían en estudio, igual que varios rastros recuperados en la ropa y en la planta baja. Desde la autopsia sabían que había habido defensa. Lo que todavía ignoraban era si ese contacto había dejado algo útil para comparar.

Laura abrió otra carpeta.

—Nos han avisado de que el informe parcial puede llegar pronto.

—Parcial —repitió Mara.

—Sí.

—Entonces no esperemos que resuelva por sí solo lo que todavía tenemos que demostrar.

Sergio la miró.

—Pero si aparece Gabriel...

—Dependerá de dónde y en qué contexto. Es copropietario de la casa. Un rastro suyo en una superficie común podría tener una explicación anterior. En una muestra defensiva de Álvaro sería distinto, pero seguiría necesitando interpretación forense.

Laura asintió.

—Entonces no hacemos una nueva declaración hasta tener el informe.

—Salvo que aparezca antes un dato que nos obligue.

Noelia intervino desde Madrid.

—Mientras tanto puedo cerrar el cuadro de contactos entre Gabriel y Álvaro durante las últimas semanas. Nos servirá para distinguir lo habitual de lo excepcional el martes.

—Hazlo —dijo Mara—. Y mira si Gabriel había pedido antes que Álvaro acudiera a la casa con tan poca antelación.

—Lo reviso.

La conexión terminó poco después.

Sergio salió para cerrar las últimas comprobaciones sobre Marta e Irene. Laura se quedó terminando la nota de prioridades y David retiró las carpetas que ya no necesitaban sobre la mesa.

Mara volvió al tablón.

Habían reducido varias líneas sin descartarlas por intuición. Cada una había exigido trabajo: comprobar un pago, localizar a una compañera, reconstruir un turno, entender un sistema de llaves, contrastar fotografías o recuperar mensajes que al principio parecían administrativos.

Por eso el nombre restante pesaba de otra manera.

No porque Gabriel hubiera mentido más.

Porque sus mentiras coincidían con aquello que intentaba negar: el motivo para ver a Álvaro, el tiempo necesario para hacerlo y la casa donde murió.

Laura dejó una hoja junto a ella.

—He puesto «hipótesis principal», no «autor».

—Bien.

—Y las demás comprobaciones siguen abiertas hasta que estén formalmente cerradas.

Mara leyó la nota y la devolvió.

El teléfono de Laura vibró unos minutos después.

Miró la pantalla.

—Criminalística.

Atendió sin activar el altavoz. Mara solo oyó preguntas breves y una petición de que remitieran la referencia de una muestra ya incorporada. La conversación duró menos de dos minutos.

Cuando colgó, su expresión no había cambiado.

—El informe parcial está en revisión. Lo tendremos mañana si no hay cambios.

David dejó de ordenar.

—Así que esperamos.

—Sí.

Habían llegado hasta allí sin que el laboratorio les dijera de quién debían sospechar.

Eso era importante.

Ahora solo quedaba saber si el forcejeo que había acabado con la vida de Álvaro había dejado algo capaz de reforzar aquella hipótesis o de obligarlos a desmontarla.