Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

Mara observó una curva que se abría hacia una zona más despejada.

—Sí. La oportunidad completa es viable.

—Compra, casa, salida y alojamiento.

—Como secuencia posible.

David sonrió sin apartar la vista de la carretera.

—Sabía que faltaba algo.

—Falta bastante.

La reconstrucción permitía que la tarde de Gabriel contuviera el homicidio sin romper ninguno de los anclajes objetivos.

No demostraba que hubiera ocurrido así. Y ese matiz resultaba más importante cuanto más fuerte se hacía la hipótesis, porque también aumentaba la tentación de rellenar los huecos con lo que ya creían saber.

Cuando llegaron al entorno del alojamiento, no entraron. Mara conocía el registro de las 18:31 y la confirmación de recepción. Ver otra vez el edificio no iba a añadir nada.

David detuvo el coche en un aparcamiento cercano y apagó el motor.

—Entonces tenemos una ventana completa.

—Tenemos una ventana que permite la secuencia completa.

—Hoy estás especialmente generosa.

Mara abrió la puerta.

—Es lo que hay.

De vuelta en dependencias, Noelia había preparado el tercer mapa funcional. No tenía aspecto de mapa policial de película. Eran dos hojas, una territorial y otra temporal, con franjas amplias y la fuente de cada dato.

Laura se reunió con ellos poco después.

—¿Qué tal la excursión?

—No hemos resuelto el caso con un cronómetro —dijo David.

—Eso ya es un éxito.

Mara dejó la chaqueta en el respaldo de la silla y se acercó al mapa.

Noelia había colocado la compra de las 15:46 como primer anclaje.

Después aparecía una franja de desplazamiento posible hacia Valdecierna, sin atribuirla a Gabriel como hecho.

La Casa de la Umbría figuraba dentro de una ventana compatible con una llegada anterior a la de Álvaro.

Más adelante estaba la posibilidad de una salida anterior a las 18:12 y, finalmente, el registro del alojamiento a las 18:31.

—He dejado fuera cualquier hora concreta de llegada de Gabriel a la casa —explicó Noelia—. Podemos construir una horquilla razonable, pero todavía no tenemos un dato externo que la fije.

—Bien.

David señaló el papel.

—Una llegada sobre las cuatro y cuarto o cuatro y veinte funciona.

—Funciona —dijo Noelia—. Lo cual no significa que pueda escribir una hora exacta en una diligencia.

Mara observó el mapa.

Ese era el valor del esquema. No pretendía rellenar la tarde, sino demostrar que Gabriel tenía tiempo para llegar, permanecer en la zona y marcharse sin que ninguno de los registros objetivos resultara incompatible.

Laura recorrió la parte final.

—¿Salida?

—Lo mismo —respondió Noelia—. Antes de las 18:12 es viable. No tenemos un minuto probado.

—Y sigue habiendo margen para llegar al alojamiento incluso con circulación lenta —añadió David.

Mara asintió.

Laura apoyó un dedo sobre Valdecierna.

—¿Y Nerea?

Mara explicó la disposición de la vivienda.

Noelia fue directa a la consecuencia

—Si estaba dentro, su mentira la coloca cerca de una de las salidas del núcleo.

—Cerca, no encima —dijo Mara—. No ve la embocadura de la Umbría ni la casa.

—Pero puede percibir tráfico.

—Puede. Todavía no sabemos si lo hizo.

David abrió la carpeta de Nerea.

—Tenemos que volver a preguntarle.

Laura hojeó la primera entrevista.

—La última vez negó dormir en la vivienda y mantuvo la historia de la compañera.

—Ahora esa historia está desmentida —dijo Mara—. Y tenemos las comunicaciones con Irene.

Noelia añadió:

—También el mensaje de agradecimiento posterior. Si sigue negando la ocupación, podemos confrontarla con eso.

Laura miró a Mara.

—¿Mañana?

—Hoy, si puede venir sin alterar su turno. Primero quiero cerrar dónde estaba. Después veremos qué recuerda de la tarde.

David abrió la boca, pero Mara continuó.

—Sin preguntarle por ningún vehículo.

David se detuvo.

—Vale.

—Si le decimos que buscamos un coche, cualquier ruido acabará convertido en un coche. Primero quiero que explique por qué mintió, cuándo entró en la vivienda, cuánto tiempo permaneció allí y qué hizo.

Laura asintió.

—Y después concretamos si aparece algo.

—Exacto.

Sergio localizó a Nerea por teléfono. Podía acudir al final de su turno, aunque preguntó si otra vez tendría que perder horas de trabajo. Laura le aseguró que intentarían ajustarse a su horario y que no la retendrían más de lo necesario.

Mientras esperaban, Mara volvió al tercer mapa.

Seguían teniendo tres huecos importantes. El primero estaba entre la compra y la posible llegada a la Casa de la Umbría. El segundo, dentro de la propia vivienda, donde aún necesitaban una conexión física que no dependiera únicamente del motivo y la oportunidad. El tercero estaba en la salida.

Nerea podía ayudar solo con el último.

Y de manera parcial.

—Aunque diga que vio un coche —dijo David—, si no puede identificarlo, seguimos sin saber que era Gabriel.

—Sí.

—Pero si sitúa una salida antes de la pasada...

—Refuerza que hubo movimiento cuando nuestra reconstrucción dice que podía haberlo.

David asintió.

Noelia cerró la pantalla compartida.

—Os dejo la cronología preparada. Si Nerea aporta una hora aproximada, no la fijéis más de lo que ella pueda sostener.

—Lo sabemos —dijo David.

—Te lo digo a ti porque Mara me preocupa menos.

—Gracias por el cariño.

—Es profesional.

La conexión terminó.

Nerea llegó poco después de las siete. Venía directamente del trabajo y llevaba el mismo abrigo que en la primera entrevista. Al ver a Mara, Laura y David juntos, mostró cansancio antes que temor.

—¿Otra vez?

—Necesitamos aclarar dónde estuviste el martes —dijo Laura.

Nerea dejó el bolso junto a la silla.

—Ya os lo dije.

Mara no abrió todavía la carpeta.

—Tu compañera dice que no fuiste a su casa.

El cambio en el rostro de Nerea fue breve.

—Pues se estará equivocando.

—Conserva tus mensajes —continuó Laura—. Y tenemos incorporadas las comunicaciones que demuestran que cancelaste esa noche con ella.

Nerea no respondió.

Mara dejó pasar unos segundos.

—También sabemos que llamaste a Irene después del trabajo y que tenías acceso a una vivienda vacía de Valdecierna.

Nerea miró hacia la puerta y después volvió a ellas.

—¿Qué queréis que diga?

—La verdad sobre dónde estuviste.

Se inclinó hacia delante y se frotó las manos, todavía frías.

—Si os lo cuento, me meto en un problema.

—Eso dependerá de lo que hicieras —respondió Laura—. Pero mantener una versión falsa en una investigación de homicidio tampoco te ayuda.

Nerea respiró hondo.

Mara no añadió presión.

Habían llegado hasta allí sin mencionar a Gabriel, la ruta ni ningún vehículo. Si Nerea había percibido algo útil, tenía que aparecer primero dentro de su propio relato.

—Empecemos cuando saliste del trabajo —dijo Mara—. Y esta vez cuéntanos dónde fuiste de verdad.

Nerea mantuvo la mirada baja durante unos segundos.

Después empezó a hablar.