Capítulo 19
Llegó antes
La mesa de trabajo tenía dos mapas abiertos y ninguna ruta marcada todavía.
Mara lo había pedido así.
El riesgo era evidente: si empezaban dibujando el trayecto que llevaba a Gabriel hasta la casa, terminarían encontrando exactamente lo que querían ver.
—Primero, recorridos posibles —dijo Mara—. Después veremos cuáles encajan con los hechos.
David señaló el mapa más amplio.
—Desde el comercio puede ir hacia el alojamiento sin acercarse a Valdecierna. También puede hacerlo pasando por la zona y continuar después hacia Bronchales. Hay más combinaciones, pero esas son las dos que tienen sentido con los puntos que conocemos.
—¿Tiempos?
—En condiciones normales, cortos. Con la nieve de aquella tarde he trabajado con horquillas más amplias y con los partes que ya tenemos. No hace falta afinar al minuto para ver que ambas opciones caben de sobra entre las 15:46 y las 18:31.
Mara observó las carreteras. En un entorno urbano, dos horas y cuarenta y cinco minutos podían parecer un hueco enorme. Allí no era tan sencillo. Las carreteras secundarias, la nieve creciente y los accesos que cambiaban de estado obligaban a leer cada tramo por separado.
Aun así, el margen seguía siendo amplio.
—Empecemos por lo que sabemos que hizo Álvaro.
Laura colocó junto al mapa la cronología. A las 16:26, Gabriel había pedido a Álvaro que pasara por la Casa de la Umbría antes de que empeorara el tiempo. Álvaro aceptó. Su llegada al acceso quedaba situada alrededor de las 16:58.
David apoyó un dedo cerca de Valdecierna.
—Desde el entorno de Bronchales hasta aquí, con nieve todavía manejable, hablamos de pocos minutos. Después, hasta la embocadura, otro tramo corto. Y desde la carretera hasta la casa, si el acceso lo permitía, tampoco hay una distancia significativa.
Mara no necesitó sumar nada.
La compra de las 15:46 dejaba margen de sobra para que Gabriel llegara a la Casa de la Umbría antes que Álvaro.
—¿Y si va directo al alojamiento? —preguntó.
—También le sobra tiempo. Ese es el problema: la compra no obliga a ninguna ruta.
—Bien.
David pasó a la siguiente hoja.
—Si usamos como hipótesis una llegada de Gabriel a la casa en torno a las cuatro y cuarto, la secuencia es físicamente posible. No necesita correr, ni tomar atajos, ni hacer nada excepcional.
Mara miró la hora que había anotado.
—No la pongas como presencia.
—No. Solo como una posibilidad compatible.
—Así sí.
Noelia intervino desde el altavoz.
—He separado la tabla en dos columnas: «hecho acreditado» e «hipótesis temporal compatible». Prefiero que nadie acabe recordando una estimación como si fuera un registro.
Laura sonrió.
—Hazle caso. Nos está salvando de nosotros mismos.
—Es una parte importante de mi trabajo.
Mara volvió al mapa.
Si Gabriel había estado en la Casa de la Umbría antes de la llegada de Álvaro, la embocadura todavía no presentaba el obstáculo que ellos encontraron a la mañana siguiente. La pasada de vialidad que modificó de manera importante el margen no se produjo hasta las 18:12.
Aquello eliminaba otra de las apariencias iniciales.
La nieve nunca había excluido a Gabriel. Ellos habían observado demasiado tarde el resultado de varias horas de cambios.
—Quiero que reconstruyamos también la salida.
David movió el mapa hacia ellos.
—Desde la casa hasta la salida de Valdecierna, con la nieve aumentando, el recorrido sigue siendo compatible con varios minutos de margen. Desde allí al alojamiento, incluso trabajando con una horquilla amplia por el temporal, el registro de las 18:31 sigue siendo alcanzable.
—¿Sin necesidad de atravesar la embocadura después de las 18:12?
—Sí. Si sale antes.
Laura miró a Mara.
—Eso es lo que necesitamos comprobar.
David continuó:
—Alguien que abandone la casa antes de esa pasada encuentra una embocadura diferente de la que vimos el miércoles. Después la máquina desplaza nieve y complica la entrada.
Mara observó la secuencia.
La posibilidad llevaba días sobre la mesa, pero ahora estaba integrada dentro de una tarde completa. Gabriel podía estar en la comarca a las 15:46, llegar hasta la casa con margen, recibir allí a Álvaro, abandonar la zona antes de las 18:12 y presentarse en el alojamiento a las 18:31.
Nada de eso demostraba que lo hubiera hecho.
Sí demostraba que era físicamente posible sin recurrir a una conducción absurda ni a un recorrido excepcional.
—La ventana permite una secuencia completa compatible con el crimen —dijo Laura.
Mara asintió.
David se echó hacia atrás.
—Cada vez hablamos peor por vuestra culpa.
—Hablamos con más cuidado —respondió Mara.
La puerta se abrió y Sergio entró con dos impresiones. Había terminado de revisar con Tráfico y con los servicios de conservación las incidencias de carretera de aquella tarde. No constaba ningún corte que hubiese impedido circular hacia Valdecierna antes de la pasada de las 18:12.
—Nada espectacular —dijo—. Pero confirma lo que ya teníamos. Antes de esa hora había nieve y recomendación de precaución. Cierre, no.
Laura cogió las hojas.
—¿Algún aviso de vehículo atrapado en la ruta?
—Ninguno que afecte al tramo.
Mara incorporó el dato a la reconstrucción. No necesitaban demostrar que el trayecto hubiese sido cómodo. Solo que podía hacerse sin condiciones extraordinarias.
David señaló las 15:46.
—Entonces su llegada entre las seis y diez y las seis y veinte ya no puede ser un recuerdo aproximado.
—Explícate.
—Porque no hablamos de diez o quince minutos. Estaba en la comarca más de dos horas antes. Si dice que llegó desde Zaragoza casi a la hora de entrar en el alojamiento, esa parte de su versión es falsa.
Mara lo miró.
—Sí.
David levantó las cejas.
—¿Así de fácil?
Laura soltó una risa breve.
—Disfrútalo.
Mara regresó a la declaración de Gabriel.
Había sido cuidadoso en algunas partes. No aseguró haber visto la embocadura, no describió su estado exacto y nunca convirtió la nieve en una imposibilidad técnica. Pero sí había dado una hora de llegada incompatible con la compra de las 15:46.
La cuestión ya no era si había olvidado una parada.
Era por qué necesitaba borrar de su relato más de dos horas.
—¿Qué otras explicaciones razonables tenemos? —preguntó Mara.
David respondió primero.
—Que hiciera algo que no quería contar aunque no tuviera relación con Álvaro.
—Exacto.
Laura añadió:
—Podría haber ido a otro sitio, visto a otra persona o estar ocultando una actividad distinta que le perjudicara por otro motivo.
—Entonces tenemos que buscar eso antes de utilizar la mentira como una prueba del homicidio.
Noelia intervino.
—De momento no he encontrado otra actividad documentada que explique por qué ocultaría esa franja. No aparece una segunda relación, un pago extraño ni una gestión que encaje. Eso no significa que no exista.
—Seguimos comprobando —dijo Mara.
Pasaron buena parte de la mañana revisando trayectos.
David había repetido algunos recorridos con cautela, sin pretender recrear artificialmente el temporal. Los tiempos actuales solo servían para comprender la geometría. Para la tarde del crimen utilizaban las horquillas derivadas de los partes, el estado de la carretera y las condiciones conocidas.
El resultado era sencillo: las distancias no imponían ninguna imposibilidad.
La oportunidad no requería conducir a una velocidad absurda ni conocer un camino oculto. Bastaba con haber llegado a la comarca cuando las carreteras todavía permitían moverse.
Durante los primeros días, Gabriel había parecido protegido por la combinación de nieve y registro del alojamiento. Ahora el registro solo cerraba el final de la tarde, y la nieve ya no servía para borrar las horas anteriores.
—Pon la secuencia en una sola línea —pidió Mara.
Noelia compartió una nueva versión.
A la izquierda aparecía la compra de las 15:46. Después, el contacto con Álvaro a las 16:26. Más adelante, la llegada de Álvaro a la Casa de la Umbría alrededor de las 16:58. La pasada de vialidad de las 18:12 quedaba casi al final y el registro del alojamiento a las 18:31 cerraba la franja.
Entre esos puntos había espacios aún abiertos.
Mara prefería verlos así.
—No pongamos una hora de salida de Gabriel como hecho.
—No la tenemos —respondió Noelia—. Solo puedo dejar señalado que una salida anterior a las 18:12 es compatible con los tiempos.
—Eso sí.
David observó el tramo final.
—Y si hubiera salido de Valdecierna antes de las seis y diez, incluso con circulación lenta, llega al alojamiento con margen.
—Sí.
—Incluso podría salir algo más tarde.
—También.
Mara no quiso afinar más.
Lo importante no era encontrar una combinación matemática perfecta. Era comprobar si existía una secuencia razonable que pudiera unir los puntos objetivos.
Existía.
Laura pasó a otra cuestión.
—¿Qué hacemos con Gabriel?
La pregunta llevaba toda la mañana acercándose.
La compra de las 15:46, el mensaje de las 16:26, el conflicto patrimonial y la nueva lectura de la carretera lo habían apartado del resto. La oportunidad temporal estaba mucho mejor construida y varias partes de su primera declaración chocaban ya con datos externos.
—Todavía no lo volvemos a citar —dijo Mara.
David la miró.
—¿Qué falta?
—Algo que nos acerque más a la casa o que cierre mejor la salida. Si lo llamamos ahora, puede corregir la franja sin explicar el encuentro.
—Dirá que llegó antes por otro asunto.
—O que olvidó la compra. O que estuvo dando vueltas.
Laura asintió.
—Y ya sabemos que pidió a Álvaro que pasara por la casa.
—Quiero confrontar varias contradicciones juntas.
Sergio, que seguía junto a la puerta, miró hacia el tablón.
—¿Y los demás?
Mara repasó las líneas.
Marta seguía vinculada a irregularidades de gestión, pero no a la escena durante la franja crítica.
Irene había ocultado copias y su ayuda a Nerea, aunque la cronología de su tarde estaba cada vez mejor explicada.
Julián conservaba acceso y había mentido por el pago y por su entrada del lunes, pero las comprobaciones estrechaban su oportunidad.
Nerea había mentido sobre dónde estuvo, aunque la vivienda ocupada proporcionaba una razón concreta para hacerlo.
Ninguno desaparecía por completo.
Pero ya no pesaban igual.
—Gabriel pasa delante —dijo Mara.
Laura la miró.
—¿Como principal hipótesis?
—Sí. Por oportunidad y por las contradicciones de su versión. Todavía no tenemos una prueba física que lo sitúe con Álvaro dentro de la casa.
Laura anotó la decisión.
No era una proclamación dramática. Solo una manera de ordenar los recursos conforme a lo que la investigación había ido demostrando.
Después de comer, David volvió a trabajar sobre la ruta. Mara lo acompañó durante parte de la revisión porque quería ver el recorrido como una secuencia espacial y no únicamente como una tabla de minutos.
El comercio quedaba en el entorno de Bronchales.
Desde allí se podía aproximar a Valdecierna sin ningún desplazamiento extraordinario.
Una vez en el núcleo, el desvío hacia la Casa de la Umbría llevaba a un tramo que el temporal iba deteriorando, pero que todavía podía utilizarse durante la fase que les interesaba.
La embocadura seguía siendo la pieza más engañosa. Después de las 18:12 se convirtió en un obstáculo mucho más serio. Antes no servía como argumento para excluir a nadie.
Mara recorrió el mapa con el dedo.
—Su versión funciona porque utiliza dos cosas verdaderas.
David la miró.
—¿Cuáles?
—Que el acceso acabó estando muy mal y que a las 18:31 estaba en el alojamiento.
—Y si cuentas la tarde desde ahí hacia atrás, parece que todo ocurrió bajo esas mismas condiciones.
—Exacto.
Eso era lo que hacía eficaz aquella versión.
Gabriel no necesitaba inventar una carretera cerrada que nunca existió. Bastaba con aprovechar el estado que alcanzó después y dejar que los demás lo proyectaran hacia atrás.
Mara lo había hecho al ver el caballón endurecido el miércoles.
Había sido un error razonable.
Precisamente por eso resultaba peligroso.
David observó la carretera dibujada.
—Si él estuvo allí, sabría que el acceso no estaba así cuando entró.
Mara detuvo el dedo sobre el mapa.
—Y también sabría cómo estaba cuando salió.
Quien hubiera estado en la Casa de la Umbría aquella tarde habría vivido la evolución real del acceso. No necesitaba conocer partes de vialidad ni horarios. Sabría si había entrado con relativa facilidad y en qué estado encontró la embocadura al marcharse.
Gabriel, en cambio, había construido su relato como alguien que llegó cuando lo peor ya estaba encima.
—Guárdalo para cuando volvamos a hablar con él —dijo Mara.
David asintió.
La última comprobación del día llegó de Noelia poco después de las seis. Había vuelto a cruzar gastos, llamadas y documentos buscando otra explicación para las horas ocultas de Gabriel. No encontró ninguna actividad capaz de justificar por sí sola aquella falsedad.
—No quiero escribir que no hay otra explicación —dijo—. Lo correcto es que no hemos encontrado otra. Con lo que tenemos, la única actividad relevante dentro de esa franja es el contacto con Álvaro y el asunto de la Casa de la Umbría.
—Déjalo así.
Cuando Noelia se desconectó, Laura salió para cerrar unas diligencias con Sergio y David empezó a recoger los mapas.
Mara permaneció unos minutos más en la sala.
La investigación había comenzado con varios nombres que parecían tener motivos, accesos y secretos suficientes para sostener historias distintas. Uno a uno, esos secretos habían ido encontrando su sitio: una copia irregular, una vivienda ocupada, un pago en efectivo, una entrada no registrada.
Gabriel también había mentido.
La diferencia era que, cuanto más comprobaban su mentira, más cerca quedaba de la muerte de Álvaro.
A las 15:46 ya estaba en la comarca. A las 16:26 pidió a Álvaro que fuera a la casa. Antes de las 18:12 la carretera todavía permitía salir. A las 18:31 apareció en el alojamiento.
Entre esos puntos seguían faltando piezas.
Pero por primera vez la tarde de Gabriel podía reconstruirse sin depender de la versión que él había dado.