Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

Comprobaciones

David dejó una carpeta sobre la mesa y se sentó sin quitarse la cazadora.

—La persona que creía recordar a Gabriel no se equivocaba de día.

—¿Dónde lo vio? —preguntó Laura.

—En un comercio del entorno de Bronchales. Pero no necesitamos depender del recuerdo del empleado. Tenemos algo mejor.

David abrió la carpeta y sacó varias hojas. La primera contenía una relación de operaciones con tarjeta remitida por el establecimiento a través de las diligencias practicadas por la UOPJ. Conservaban los registros ordinarios de caja y la transacción podía asociarse a una hora concreta.

Mara localizó el dato antes de que David lo señalara.

15:46.

Comprobó de nuevo la fecha.

—¿La tarjeta es de Gabriel?

—Sí. Está identificada en la documentación bancaria incorporada a la investigación. El pago se hizo físicamente en el establecimiento.

—¿Puede ser una compra a distancia o una recogida de algo pagado antes?

—No. Operación presencial.

Laura acercó la hoja.

—¿Tenemos algo que confirme que fue él quien utilizó la tarjeta?

David sacó una carpeta más fina.

—Por eso he tardado.

El comercio conservaba las grabaciones de seguridad durante un plazo suficiente.

Cuando la Guardia Civil solicitó por el cauce correspondiente que se preservara la franja necesaria, las imágenes todavía existían.

David había preferido no dar valor al recuerdo del empleado hasta cerrar esa comprobación.

Colocó una impresión sobre la mesa.

La calidad era suficiente.

Gabriel Montalbán aparecía junto al mostrador, vestido con un abrigo oscuro. La cámara no permitía leer qué compraba ni decía nada sobre lo que había hecho antes o haría después, pero la imagen era suficiente para identificarlo al compararla con la documentación que ya tenían.

En una esquina figuraba la hora.

15:46.

Mara sostuvo la fotografía unos segundos.

En su primera entrevista, Gabriel había situado la llegada a la sierra aproximadamente entre las 18:10 y las 18:20. Había descrito un viaje desde Zaragoza, algunas paradas que no recordaba con precisión, el temporal ya avanzado y la entrada en el alojamiento a las 18:31.

Ahora aparecía en el entorno de Bronchales más de dos horas antes.

—¿Está comprobada la hora de la cámara? —preguntó.

—Sí. Sergio la contrastó con el establecimiento. Coincide con el sistema de caja y con otras operaciones. Puede haber una desviación mínima, pero nada que desplace la compra fuera de esa franja de forma relevante.

Mara miró a Laura.

—Que conste por separado de dónde sale cada hora. TPV, registro del establecimiento e imagen.

—Ya está en marcha.

David apoyó los antebrazos en la mesa.

—Esta vez sí podemos decir que mintió sobre la llegada.

Mara no respondió enseguida.

La diferencia entre las 15:46 y las seis y diez era demasiado grande para explicarla como una aproximación corriente. Gabriel no había dicho que ignorase cuándo llegó. Había construido una secuencia en la que permanecía de viaje hasta poco antes de registrarse en el alojamiento.

La compra rompía esa secuencia, pero convenía precisar qué demostraba.

—Podemos afirmar que estaba en la comarca mucho antes de lo que declaró —dijo—. Cuando volvamos a hablar con él, tendrá que explicar la diferencia.

David sonrió con resignación.

—Sabía que ibas a añadir algo.

—Falta otra cosa.

—¿Cuál?

—La compra no demuestra que fuera a la Casa de la Umbría.

David miró la fotografía.

—No.

Laura recorrió la documentación.

—Pero dejamos de preguntarnos si podía haber llegado antes de la pasada de vialidad. Sabemos que ya estaba aquí.

—Sabemos que estaba en el entorno de Bronchales a las 15:46 —precisó Mara—. A partir de ahí hay que reconstruir.

Una buena prueba podía perder valor si se le pedía demostrar más de lo que realmente contenía. Aquella era limpia precisamente porque su alcance estaba bien delimitado: fijaba a Gabriel en un lugar y a una hora concreta.

Noelia se conectó pocos minutos después. David le había enviado la documentación en cuanto quedó incorporada y ella ya había añadido el nuevo dato a la cronología.

—Antes de que os emocionéis, he dejado la casilla siguiente vacía.

David negó con la cabeza.

—Sois insoportables.

—Y tú has aprendido a traer registros decentes. Todos progresamos.

Mara abrió la pantalla compartida.

La línea temporal mostraba ahora dos anclajes objetivos de Gabriel: la compra a las 15:46 y el registro en el alojamiento a las 18:31.

Entre ambos había dos horas y cuarenta y cinco minutos sobre las que su primera declaración apenas ofrecía información útil, porque había situado buena parte de ese tiempo todavía en carretera.

Noelia había colocado también el contacto de las 16:26 con Álvaro.

—Tenemos tres datos claros —explicó—. Está en un comercio del entorno de Bronchales a las 15:46. A las 16:26 pide a Álvaro que pase por la Casa de la Umbría. A las 18:31 se registra en el alojamiento.

Laura observó la pantalla.

—Y entre medias sabemos que Álvaro llegó a la casa.

—Sí, pero el registro de comunicaciones no nos dice desde dónde escribió Gabriel —dijo Mara.

—Correcto. No lo he convertido en una posición.

David acercó una silla.

—Podemos mirar qué recorridos caben desde el comercio.

—Sí. Pero primero terminemos las comprobaciones de la ruta que él nos dio. Después veremos alternativas.

David abrió otra hoja.

Llevaba varios días preguntando en establecimientos situados en los recorridos razonables desde Zaragoza y revisando la información obtenida legalmente.

La mayoría de las gestiones no había producido nada.

Algunas cámaras ya habían sobrescrito las imágenes; otros comercios no conservaban datos suficientes para individualizar clientes y varios empleados no recordaban a Gabriel.

A Mara le resultaba más creíble aquella colección de resultados negativos que una investigación en la que cada establecimiento ofreciera una cámara útil.

—No tenemos ningún repostaje suyo en la franja en la que decía venir de camino —explicó David—. Tampoco otra compra o pago posterior hasta el alojamiento. Eso no significa que no parara. Pudo pagar en efectivo o no detenerse. Pero la única presencia que podemos demostrar antes de las 18:31 es esta.

Señaló las 15:46.

—¿El comercio queda en una ruta razonable hacia su alojamiento? —preguntó Laura.

—Sí. Puede pasar por allí sin un desvío enorme. Lo importante es que estar allí a esa hora no encaja con haber llegado desde Zaragoza a la zona después de las seis.

—Eso es suficiente por ahora —dijo Mara.

Noelia abrió el registro del alojamiento.

Gabriel se había presentado allí a las 18:31.

La persona que hizo la recepción ya había confirmado que lo vio llegar y que el registro correspondía a su presencia real, no a una formalización adelantada o realizada por otra persona.

Después permaneció en el establecimiento y su versión de la noche contaba con testigos suficientes.

El problema estaba antes.

—Las 18:31 siguen siendo buenas —dijo Mara—. No tenemos que debilitar ese dato porque ahora nos resulte incómodo. Lo sitúa allí a esa hora.

—Y la compra lo sitúa cerca de Bronchales a las 15:46 —dijo David.

—Exacto.

Entre ambos puntos cabían desplazamientos, esperas y decisiones que todavía no habían reconstruido.

Laura pasó a otra hoja.

—¿Qué dijo exactamente sobre las paradas?

David había llevado la transcripción preparada.

Gabriel afirmó que había viajado desde Zaragoza y que, salvo algunas paradas normales que no recordaba con precisión, se dirigió hacia el alojamiento. Cuando le preguntaron por establecimientos concretos, no supo señalar ninguno. Tampoco mencionó haber estado cerca de Bronchales a media tarde.

Mara releyó el fragmento.

—No podemos decir que negara esta compra concreta porque nunca se la preguntamos.

—Pero sí negó estar en la comarca a esa hora —dijo David.

—Eso sí.

La distinción sería importante cuando volvieran a interrogarlo. No querían permitir que redujera la contradicción a una parada olvidada. El problema real era mucho mayor: había situado su llegada más de dos horas después de una presencia física documentada.

—¿Qué compró? —preguntó Laura.

David consultó el registro.

—Nada relacionado con el homicidio. Una compra corriente de poco importe.

—Entonces no la convirtamos en algo que no es —dijo Mara—. Compra presencial, identificación corroborada y 15:46.

Noelia desplazó la cronología.

—Dejo el contenido fuera del esquema principal.

—Mejor.

David se levantó y cogió un mapa que había dejado en otra mesa. Era más amplio que el utilizado para analizar el acceso a la Casa de la Umbría e incluía Bronchales, Valdecierna y la ubicación del alojamiento de Gabriel.

Lo extendió entre las carpetas.

—He comprobado los trayectos en condiciones normales y con las referencias que tenemos del temporal. No quiero fijar todavía tiempos definitivos. Con la nieve ya hemos aprendido lo suficiente.

—Bien aprendido —dijo Mara.

—Alguna ventaja tenía que sacar.

David señaló el comercio y después la zona de Valdecierna, sin trazar una ruta cerrada.

—Desde aquí podía dirigirse al alojamiento. También podía alcanzar esta zona con margen suficiente antes de la hora en que dijo haber llegado. Lo que no quiero hacer es escoger ahora el recorrido que mejor encaje con nuestra hipótesis.

—Entonces no lo escojas —dijo Laura.

—Ese era el plan.

Mara siguió con la vista las carreteras.

Después de los últimos días sabía que una distancia dibujada en un mapa no bastaba.

Había que considerar el estado de cada vía en cada franja, diferenciar la carretera local del acceso privado y tener en cuenta la pasada de vialidad de las 18:12, que modificó la embocadura cuando la tarde ya estaba avanzada.

La compra cambiaba la lectura de todo aquello porque colocaba a Gabriel en la comarca antes de ese momento.

Hasta entonces, la hora que había declarado para su llegada coincidía aproximadamente con el empeoramiento del acceso. Ahora tenían una presencia documentada mucho más temprana, cuando la carretera local seguía siendo practicable con precaución.

Mara tomó una hoja y escribió dos horas dejando un espacio amplio entre ellas.

15:46. Compra presencial.

18:31. Registro en el alojamiento.

El resto quedó vacío.

—Esto es lo que sabemos de sus movimientos sin interpretar nada.

David señaló el contacto con Álvaro.

—Falta el 16:26.

—Sabemos que ocurrió, pero no dónde estaba Gabriel.

Mara lo añadió en una línea distinta para que la disposición visual no sugiriera una posición que los datos no proporcionaban.

Laura recibió una llamada y salió al pasillo.

Mientras hablaba, Noelia continuó revisando las respuestas de los comercios.

Habían aparecido pequeños datos que servían sobre todo para descartar errores: la fecha coincidía con el martes, el pago no era una preautorización y la imagen correspondía a la misma franja temporal.

—¿El empleado que lo reconoció sabía que buscábamos a Gabriel? —preguntó Mara.

David negó.

—Al principio solo se pidió información sobre operaciones en una franja y sobre conservación de imágenes. Cuando se incorporó la documentación necesaria para identificar la compra, ya teníamos la transacción. Su recuerdo vino después y no lo estamos utilizando para fijar la hora.

—Mejor.

—La cámara hace ese trabajo.

—Y el TPV —añadió Noelia.

Mara asintió.

El empleado podía confirmar que Gabriel había estado allí, pero la hora no dependía de su memoria.

Laura regresó poco después.

—Sergio está terminando la diligencia con el responsable del comercio. La grabación queda preservada y se incorporará la copia correspondiente. Todo encaja.

David cerró la carpeta.

—¿Ahora sí puedo decir que Gabriel llegó antes?

Mara lo miró.

—A la comarca, sí.

—Me conformo.

Laura sonrió brevemente.

Hasta ese momento habían trabajado con un sospechoso cuyo motivo iba ganando consistencia y con una versión horaria que el temporal hacía cada vez menos cómoda.

La compra introducía algo distinto. Ya no estaban discutiendo si Gabriel recordaba mal su llegada: había un dato objetivo que lo colocaba en el entorno mucho antes.

—Hay una cosa que quiero evitar —dijo Mara—. Mañana no quiero leer en ninguna diligencia que esta compra demuestra que Gabriel fue a Valdecierna.

Laura asintió.

—No lo pondrá.

—Ni que estuvo en la Casa de la Umbría.

—Tampoco.

David dobló el mapa.

—Solo demuestra que estaba aquí a las 15:46.

—Y eso ya es bastante.

Pasaron el resto de la mañana comprobando que el nuevo dato no chocara con ningún horario ya asentado.

Noelia cruzó la compra con la llamada de las 13:26, con los mensajes de la tarde y con el registro del alojamiento.

Laura revisó cómo se había obtenido cada documento y Sergio confirmó por teléfono que la imagen conservada correspondía al establecimiento y a la fecha correcta.

Las piezas empezaban a comportarse de manera distinta.

Con Marta e Irene, cada comprobación había abierto una nueva posibilidad: otra llave, otra omisión, otra vivienda vacía. Con Gabriel sucedía lo contrario. Cuanto más concretaban, menos espacio quedaba para la versión que había dado al principio.

Aun así, entre las 15:46 y las 18:31 seguía habiendo demasiado blanco.

Después de comer, David volvió con las últimas respuestas de dos establecimientos. Ninguna aportaba una nueva presencia de Gabriel.

—Se acabó la pesca por hoy.

—¿Nada?

—Nada útil. Uno no conserva imágenes de tantos días y en el otro no hay ninguna operación de su tarjeta. Eso no significa que no pasara por allí.

Mara cerró una carpeta.

—Ya tenemos el punto que necesitábamos.

David ocupó la silla de enfrente.

—¿Quieres que reconstruya mañana los recorridos posibles entre el comercio, la Casa de la Umbría y el alojamiento?

—Sí, pero no empieces por la casa.

—Primero todos los desplazamientos razonables que caben entre la compra y el registro.

—Y después comprobamos cuáles son compatibles con el resto.

—Incluida Valdecierna.

—Incluida.

Mara no quería una reconstrucción diseñada para llevar a Gabriel hasta el escenario. Si aquella ventana temporal era realmente significativa, debía soportar alternativas razonables y permitir explicar por qué unas encajaban mejor que otras.

Antes de desconectarse, Noelia dejó preparada la cronología actualizada. En la línea dedicada a Gabriel aparecían cuatro referencias separadas: la llamada de las 13:26, la compra, el contacto de las 16:26 y el registro del alojamiento. Solo dos de ellas fijaban una posición.

David repasó la secuencia.

—Según su declaración, a las 15:46 todavía estaría viniendo desde Zaragoza.

Mara miró la fotografía del comercio.

—Pero ya estaba aquí.

La primera entrevista de Gabriel había contenido suficientes vaguedades para que algunas imprecisiones pudieran explicarse por memoria, cansancio o una forma corriente de resumir un viaje. Dos horas y media eran otra cosa.

Todavía no sabían qué había hecho durante ese tiempo.

Pero ya podían empezar a buscarlo.