Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

David soltó aire despacio.

—Justo lo que podía preocupar a Gabriel.

—Y lo que preocupaba a Álvaro —respondió Mara—. No demos un salto que todavía no podemos demostrar.

Se acercó a la pantalla.

Lo importante no era solo que faltaran dos anexos. Su ausencia no había borrado la información. Álvaro había trabajado con documentos conservados en otros lugares y Noelia acababa de reconstruir su contenido sin necesidad de encontrar los papeles físicos.

—¿Hay algo en esos anexos que no supiéramos ya?

—Nada espectacular. Eso es precisamente lo útil. Ordenan lo que llevamos días encontrando disperso: objetos sin destino acreditado, ventas comunicadas después, trabajos que Pilar niega haber autorizado y partidas que Álvaro quería revisar con los dos.

—¿Aparece alguna acusación contra Gabriel?

—No. La redacción es profesional. Enumera discrepancias y pide confirmaciones.

Laura se recostó.

—Si alguien quisiera evitar que Pilar recibiera esa información, impedir que Álvaro terminara de enviarla podía ser suficiente.

Mara no respondió inmediatamente.

—Antes fijemos qué pensaba hacer Álvaro. ¿Tenemos prueba de que fuera a mandar esos documentos a Pilar ese mismo día?

Noelia buscó otra referencia.

—No hay un correo preparado para envío, pero sí un mensaje de las 16:07 en el que le dice que está terminando de ordenar lo que le pidió y que espera enviárselo esa tarde o hablar con ella después.

—Eso sí nos acerca bastante.

La secuencia era cada vez más clara: Pilar había pedido documentación por la mañana; Álvaro había revisado inventario y gastos; a las 13:18 comunicó a Gabriel que paralizaría nuevas actuaciones; Gabriel lo llamó a las 13:26 y quedaron en seguir hablando; a las 16:07 Álvaro dijo a Pilar que estaba terminando de ordenar la documentación; y a las 16:26 Gabriel le pidió que pasara por la casa. Álvaro aceptó.

A partir de ahí, las versiones volvían a separarse.

Álvaro llegó a la Casa de la Umbría.

Gabriel decía no haber estado allí.

—Quiero saber si alguna copia de estos anexos salió de Cierzo Rural antes del homicidio —dijo Mara.

Noelia respondió que no constaba ningún envío completo. Álvaro había compartido fotografías y datos parciales con Pilar, pero la comparación final seguía en preparación. Los archivos, sin embargo, permanecían en el sistema y podían reconstruirse.

—Entonces, si alguien retiró los papeles físicos —dijo Laura—, no consiguió eliminar la información.

—Correcto.

David apoyó una mano en el respaldo de la silla.

—¿Aparecieron en la Casa de la Umbría?

—Criminalística documentó toda la planta baja y las zonas revisadas —respondió Laura—. No estaban allí.

—¿Y en el coche?

—Tampoco.

Mara volvió mentalmente a la carpeta hallada entre las pertenencias de Álvaro.

Si los anexos dos y tres se habían impreso y formaban parte del mismo juego, su ausencia después de la muerte tenía interés.

Pero seguían existiendo explicaciones alternativas: Álvaro podía haberlos dejado en la oficina, guardado en otro sobre o separado antes de salir.

—Que falten no demuestra quién los cogió —dijo—. Ni siquiera demuestra todavía que salieran con él de Cierzo Rural. De momento son documentos impresos que no aparecieron con el resto.

—Y cuyo contenido está duplicado —añadió Noelia.

—Eso sí.

Laura le pidió que preparara una relación clara de cada documento, dónde se había recuperado y qué respaldo digital o físico existía. No quería que más adelante alguien hablara de forma vaga de «papeles desaparecidos».

Mientras Noelia seguía trabajando, David regresó a su mesa. La sala recuperó durante unos minutos un ritmo menos concentrado. Sergio entró con una consulta para Laura y volvió a salir; sonó un teléfono en el pasillo y alguien dejó una carpeta equivocada junto a la puerta.

Mara aprovechó para leer otra vez el mensaje de las 16:26.

Gabriel: Si puedes, pasa por la casa antes de que empeore más. Tenemos que cerrar esto.

Álvaro había respondido pocos minutos después que iría al terminar.

No había amenaza ni una urgencia extraordinaria. Precisamente por eso resultaba fácil entender que Álvaro acudiera. Era la continuación natural de una discusión profesional que llevaba abierta desde la mañana.

Laura volvió a sentarse.

—¿Lo citamos ya?

Mara sabía a quién se refería.

—A Gabriel, no.

David levantó la cabeza.

—Tenemos una contradicción directa.

—Y seguirá estando ahí mañana.

—Podríamos preguntarle hoy por qué negó haber quedado con Álvaro.

—Y permitirle que corrija esa parte antes de que terminemos de comprobar su ruta.

David guardó silencio.

No hacía falta convertir la espera en una estrategia brillante.

Bastaba con no enseñar demasiado pronto lo que sabían.

Gabriel ya había ofrecido una versión completa: llegada tardía a la sierra, ausencia de la Casa de la Umbría y ningún encuentro presencial con Álvaro.

Si lo llamaban ahora solo con el mensaje de las 16:26, podía modificar una parte sin tener que explicar todavía dónde había estado.

—Prefiero cerrar primero sus movimientos —añadió Mara—. Después hablaremos con él con todo lo que podamos sostener.

David asintió.

—Estoy terminando una comprobación.

Mara lo miró.

—¿Cuál?

—Una de la ruta que dijo haber hecho. Me faltan dos respuestas del entorno de Bronchales y un comercio que conserva registros más tiempo de lo que creíamos.

Laura dejó de ordenar las hojas.

—¿Ha salido algo?

—Todavía nada que quiera dar por bueno. Una persona cree recordar a Gabriel ese día, pero necesito fijar la hora y asegurarme de que no lo confunde con otra fecha.

Mara agradeció que se detuviera ahí.

—Ciérralo antes de traerlo.

—Eso hago.

David recogió sus papeles y salió poco después con Sergio.

Mara continuó con Laura y Noelia revisando los contactos del martes. El de las 13:26 y el de las 16:26 no aparecían aislados. Entre ambos había una cadena documental suficiente para explicar el conflicto sin imaginar el contenido de las llamadas.

A las 13:18, Álvaro había comunicado a Gabriel que paralizaría nuevas actuaciones hasta aclarar la situación con Pilar. Ocho minutos después lo llamó. Horas más tarde, cuando Álvaro estaba terminando la documentación que su hermana esperaba, Gabriel le pidió que acudiera a la casa.

Mara regresó a su primera declaración.

Gabriel había reconocido la discusión económica y el malestar por las consultas constantes a Pilar. También había admitido que pensaba hablar con Álvaro durante su estancia en la sierra. Sin embargo, había colocado esa conversación en un futuro que ya no encajaba con los mensajes.

—Tenemos que corregir la tabla de hechos conocidos —dijo.

Laura acercó el documento.

Mara dictó despacio:

—A las 13:18, Álvaro comunica a Gabriel la paralización de nuevas actuaciones. A las 13:26, Gabriel lo llama y queda pendiente continuar la conversación esa tarde. A las 16:26, Gabriel solicita a Álvaro que pase por la Casa de la Umbría antes de que empeore el tiempo. Álvaro acepta.

Laura escribió y añadió otra línea:

—Gabriel niega haber mantenido un encuentro presencial.

—Separado.

La anotación quedó debajo.

Durante los primeros días, Gabriel había sido uno de varios nombres unidos a Álvaro por conflictos distintos.

Después la nieve dejó de sostener su horario con tanta comodidad y la documentación patrimonial dio contenido a su enfrentamiento.

Ahora sabían algo más: Álvaro no solo tenía motivos para hablar con él, sino que había aceptado acudir a la misma casa donde situaban la agresión.

Aun así, faltaba demostrar que Gabriel hubiera llegado allí.

La distancia entre una cita y una presencia real podía parecer pequeña. En una investigación, era exactamente la distancia que no podían saltarse.

Noelia cerró su parte cerca de las seis.

—Os mando la relación completa. Los anexos dos y tres siguen sin aparecer, pero todo su contenido esencial está duplicado en los archivos de Cierzo Rural.

—Bien. Mañana revisamos si podemos establecer que Álvaro salió con ellos.

—Y si no podemos, se queda como ausencia, no como sustracción.

—Exactamente.

Después de colgar, Laura recogió las copias del inventario. La luz de enero se apagaba tras las ventanas y en el patio de la comandancia persistían algunas placas de hielo en las zonas de sombra.

—Hace una semana habríamos querido saber si Gabriel tenía llave —dijo Laura.

Mara guardó el mensaje de las 16:26 junto a la cronología.

—La tenía.

—Y ahora casi es lo menos importante.

Muchas personas podían abrir la Casa de la Umbría y varias habían mentido sobre llaves, entradas o viviendas. Lo que empezaba a distinguir a Gabriel era otra cosa: Álvaro había aceptado acudir allí después de una conversación concreta con él.

Mara apagó la pantalla y dejó cerrada la carpeta física.

Al día siguiente seguirían con la ruta de Gabriel y con los anexos ausentes. Pero una cuestión ya no ofrecía dudas.

Álvaro no había ido a la Casa de la Umbría por casualidad.

Había ido porque Gabriel le pidió que pasara.