Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 17
53%

Capítulo 17

La carpeta incompleta

Noelia había reconstruido la mañana de Álvaro antes de que Mara terminara el primer café.

La llamada llegó poco después de las ocho y media.

En la sala de trabajo de la comandancia, Laura revisaba unas diligencias con Sergio mientras David ordenaba las comprobaciones sobre desplazamientos y establecimientos de paso.

Mara abrió en su portátil la carpeta compartida que Noelia acababa de preparar desde Madrid.

—He separado lo que hizo Álvaro de lo que creemos que quería hacer —dijo Noelia—. Hay bastante diferencia.

—Empieza por lo demostrado.

—A las diez y cuarenta recibe el mensaje de Pilar que vimos ayer.

Le pide fotografías actualizadas, la relación de bienes y los presupuestos que no reconoce.

A las once y cuarto tenemos actividad suya sobre el inventario fotográfico.

No puedo decir que estuviera pensando exactamente en Pilar mientras lo revisaba, pero abre varios archivos antiguos, compara fotografías y guarda una copia de trabajo.

Laura se acercó con su cuaderno.

—¿Cómo sabemos lo de las once y cuarto?

—Por los registros de los documentos de Cierzo Rural y las copias de trabajo conservadas en el equipo. Informática ha extraído la actividad que puede fijarse con seguridad. No estamos reconstruyendo cada clic, solo los archivos que abrió o modificó.

Mara recorrió la relación que aparecía en pantalla.

A esa hora, Álvaro había consultado el inventario inicial de la Casa de la Umbría, una serie de fotografías anteriores a las obras y otra posterior.

También había abierto dos presupuestos y una hoja donde constaban trabajos autorizados durante los meses anteriores.

—¿Las diferencias que vimos ayer aparecen ya ahí?

—Sí. La cómoda, las lámparas y varias cajas están entre las cosas que revisó. Hay además dos actuaciones cuyo importe no coincide con la documentación que Pilar conservaba.

David levantó la vista desde la otra mesa.

—¿Y escribió algo?

—Sí. A las doce y pocos minutos guarda una relación provisional. No es un informe terminado, sino notas de trabajo. La frase importante es esta.

Noelia compartió un documento escaneado. En una columna lateral aparecía la anotación:

No autorizar nuevas actuaciones hasta aclarar inventario y gastos con ambos propietarios.

Mara conocía ya la idea por Marta y por la carpeta encontrada entre los efectos de Álvaro. La diferencia era que ahora podían situarla dentro de la misma mañana en que Pilar había pedido explicaciones.

—¿La envió a alguien? —preguntó Laura.

—Esa nota, no. Pero a las trece dieciocho escribe a Gabriel.

Noelia abrió el mensaje.

Álvaro no lo acusaba de vender bienes ni mencionaba delitos. Le comunicaba que había revisado parte de la documentación y que, hasta aclarar con Pilar el inventario y determinadas partidas, no autorizaría nuevos trabajos ni movimientos relacionados con la casa.

David se acercó para leerlo.

—Esto ya no es una discusión general.

—No —dijo Mara—. Es una decisión concreta.

El mensaje contenía algo más. Álvaro pedía a Gabriel que confirmara dónde se encontraban varios bienes retirados y que facilitara justificantes de determinados gastos antes de continuar con la explotación prevista de la vivienda.

—¿Respondió por escrito? —preguntó Laura.

—No inmediatamente. A las trece veintiséis lo llama.

Hasta entonces sabían que ambos habían hablado aquel día, pero solo contaban con una anotación de Cierzo Rural que situaba una conversación durante la primera parte de la tarde. El registro telefónico permitía precisar mejor.

—¿Duración? —preguntó Mara.

—Algo más de seis minutos. No tenemos el contenido de la llamada, naturalmente. Lo que sí tenemos es lo que hizo Álvaro después.

Noelia abrió otro grupo de documentos.

A las trece treinta y pocos minutos, Álvaro había añadido una nota breve a su carpeta de trabajo.

No transcribía ninguna conversación ni pretendía dejar constancia formal de una amenaza.

Simplemente indicaba que Gabriel quería hablar antes de que se tomara una decisión definitiva y que volverían a ponerse en contacto durante la tarde.

—¿Pone que fueran a verse? —preguntó David.

—No.

—¿Dónde iban a hablar?

—Tampoco.

Mara amplió el documento. Era una anotación escueta, propia de alguien que trabajaba, no de quien intentara dejarles una explicación para el futuro.

—Entonces sabemos que a las 13:26 hablaron y que, después, Álvaro dejó anotado que continuarían la conversación esa tarde. Nada más.

—Eso es lo que puede sostenerse —confirmó Noelia.

Laura abrió la transcripción de la primera declaración de Gabriel.

—Él admitió una llamada por la tarde.

—Sí —dijo Mara—. Habló de la casa, de gastos y de obras. Hasta ahí no hay contradicción.

Gabriel también había negado haber acordado un encuentro y había afirmado que no vio a Álvaro en persona durante todo el martes.

Esa parte seguía abierta. La llamada de las 13:26 demostraba que existía un conflicto concreto, pero todavía podía encajar con una discusión telefónica que hubiera terminado allí.

Mara continuó con la documentación.

—¿Qué hace Álvaro después?

—Trabaja en otros asuntos durante buena parte de la tarde. Conviene dejar eso claro: no pasó cuatro horas dedicado exclusivamente a la Umbría. Hay correos de otras viviendas, una llamada de mantenimiento y varias gestiones ordinarias. A las cuatro y pocos vuelve a abrir la documentación de la casa.

—¿Prepara lo que iba a mandar a Pilar?

—Eso parece por los archivos que consulta, aunque «parece» sigue siendo la palabra. Hay fotografías, presupuestos y una relación de bienes. A las 16:26 recibe otra comunicación de Gabriel.

David dejó lo que estaba haciendo.

—¿Una llamada?

—Primero un contacto escrito. Lo importante es que podemos fijarlo a las 16:26.

Mara miró la hora.

Faltaban poco más de treinta minutos para la llegada de Álvaro a la Casa de la Umbría según la cronología que estaban construyendo.

—¿Qué dice?

—Gabriel le pregunta si puede pasar por la casa antes de que empeore más el tiempo. Álvaro responde que irá cuando termine lo que está haciendo.

Durante unos segundos nadie habló.

Laura fue la primera.

—Entonces sí habían quedado.

Mara siguió mirando la pantalla.

—Habían acordado verse en la casa.

—Eso es quedar.

—Sí, pero quiero que lo describamos como aparece en los datos. Gabriel le pide que pase y Álvaro acepta.

David ya estaba buscando la declaración de Gabriel.

—Él dijo que no había quedado con Álvaro ese día.

—Dijo que no habían acordado verse y que pensaba hablar con él al siguiente —recordó Mara.

David localizó el párrafo.

—Exacto. También dijo que Álvaro sabía que él iba a estar por la zona, pero no concretó más.

Laura se sentó junto al ordenador.

—Esto sí contradice su versión.

—En un punto concreto —dijo Mara—. Sabemos que a las 16:26 le pide a Álvaro que pase por la Casa de la Umbría. Todavía no sabemos desde dónde envía el mensaje ni si ya estaba allí.

La cautela no restaba importancia al hallazgo. Al contrario, lo dejaba limpio. Ya no necesitaban inferir una reunión a partir de discusiones, horarios o posibilidades de acceso. Álvaro había recibido una petición de Gabriel y había aceptado desplazarse hasta la vivienda.

—¿Cuándo sale Álvaro? —preguntó Mara.

—No puedo darte un minuto exacto solo con la actividad documental. Después del contacto de las 16:26 todavía hace una gestión breve. Lo que encaja con la reconstrucción es que se ponga en marcha después. Su llegada al acceso sigue en torno a las 16:58.

Mara abrió el esquema temporal.

La secuencia empezaba a estrecharse sin depender de intuiciones: contacto a las 16:26, desplazamiento posterior y presencia de Álvaro en la casa antes de la franja del homicidio.

Gabriel seguía negando haberlo visto.

—Quiero volver a la carpeta que encontramos entre los efectos de Álvaro.

Laura asintió.

Aquella carpeta llevaba desde el principio dentro de la investigación como una pieza incómoda.

Contenía material sobre la Casa de la Umbría, pero estaba incompleta: numeración con huecos, referencias a anexos ausentes y marcas de fundas que podían haber contenido más documentos.

Hasta entonces habían evitado afirmar que alguien hubiese retirado papeles porque también podía tratarse de una carpeta de trabajo montada de forma parcial.

Noelia abrió la copia digital de su contenido.

—Llevo comparándola desde anoche con el archivo de Cierzo Rural.

—¿Y?

—Ahora podemos precisar algo más.

En pantalla aparecieron dos columnas. A la izquierda, lo recuperado con Álvaro; a la derecha, documentos existentes en la oficina o en los sistemas de Cierzo Rural y mencionados en la propia carpeta mediante referencias internas.

—Esta es la hoja principal que llevaba —explicó Noelia—.

Remite a «fotos octubre», «presupuesto carpintería», «relación bienes retirados» y «confirmación propietarios».

En la carpeta física están las fotografías y parte de los presupuestos, pero no aparece la relación completa de bienes ni varios documentos que sí existen en el archivo de Cierzo Rural.

—¿Deberían haber estado necesariamente dentro? —preguntó Mara.

—No puedo asegurarlo. Que una hoja los mencione demuestra que Álvaro trabajaba con ellos, no que imprimiera todos y los metiera en esa carpeta.

—Entonces seguimos sin poder afirmar que alguien los sacara.

—De todos, no.

Noelia cambió de imagen.

—Pero hay dos anexos distintos. Estas hojas estaban numeradas de forma consecutiva. Tenemos el uno y el cuatro. El archivo digital contiene el dos y el tres, creados e impresos esa misma tarde.

Laura se inclinó hacia la pantalla.

—¿Sabemos que se imprimieron?

—Sí. El registro de impresión lo confirma.

—¿Y que pertenecían a ese mismo juego?

—Comparten encabezado, numeración y referencias con las hojas recuperadas. Es razonable sostener que formaban parte del mismo conjunto documental.

Mara dejó pasar unos segundos.

—¿Qué contienen?

—El anexo dos es una comparación de inventario con fotografías. El tres, una relación de gastos y actuaciones pendientes de confirmar por Pilar.