Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 16 #3
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Capítulo 16 #3

—¿Cree que Álvaro sabía que su hermano podía tener problemas si le enviaba la documentación?

—Sabía que íbamos a discutir.

—¿Algo más?

—No puedo saber lo que pensaba Álvaro.

Mara dejó la respuesta ahí.

Laura cambió entonces a la llamada posterior a la muerte.

—Gabriel la llamó el miércoles.

Pilar asintió.

—Por la mañana.

—¿Qué le dijo?

—Que Álvaro había aparecido muerto y que la Guardia Civil estaba investigando.

—¿Le habló de la conversación que habían tenido el día anterior?

—No.

—¿Le dijo que hubiese visto a Álvaro?

—No.

—¿Le comentó a qué hora había llegado a la sierra?

Pilar dudó.

—Sabía que iba a ir por esos días, pero no recuerdo que me dijera a qué hora llegó.

Mara prestó atención a la formulación.

—¿Sabía antes del martes que Gabriel iba a desplazarse a la zona?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde el fin de semana, creo.

—¿Para qué iba?

—Para ver cómo quedaba la casa y hablar de las obras. También tenía otros asuntos por allí.

—¿Le dijo que pensaba hablar con Álvaro?

Pilar frunció el ceño.

—Creo que sí.

Laura levantó la mirada.

—¿Está segura?

—No de si me lo dijo antes de ir o si lo hemos hablado después. No quiero mezclarlo.

—Hace bien —dijo Mara—. Si no está segura, lo dejamos sin fijar.

La entrevista continuó casi una hora más.

Pilar identificó fotografías, aclaró qué piezas consideraba familiares y explicó los acuerdos sobre la reforma con más matices de los que permitían los mensajes aislados.

Algunas decisiones que inicialmente parecían unilaterales resultaron haber sido consentidas verbalmente; otras seguían sin explicación.

En un par de casos admitió incluso que podía haber olvidado una conversación con Gabriel.

La lista se reducía, pero ganaba solidez.

Al terminar, quedaban tres grupos diferenciados: trabajos que Pilar reconocía haber autorizado, actuaciones sobre las que no recordaba ningún acuerdo y decisiones que negaba expresamente haber consentido. Entre estas últimas figuraba la venta de determinados bienes que ella creía almacenados.

Laura le explicó que quizá necesitarían volver a contactar con ella cuando terminaran de cruzar la documentación. Pilar guardó sus papeles y permaneció sentada unos segundos más.

—¿Gabriel es sospechoso?

Laura respondió con la prudencia habitual.

—Estamos comprobando todas las líneas relevantes para la muerte de Álvaro.

Pilar miró a Mara.

—Eso no me dice nada.

—Es lo que podemos decirle ahora.

—¿Creéis que lo mató por esto?

Mara sostuvo su mirada.

—Todavía no hemos demostrado que Gabriel estuviera con Álvaro cuando murió.

Pilar bajó los ojos hacia la carpeta.

—Mi hermano hace cosas mal. También se convence de que puede arreglarlas después. Pero matar a alguien...

No terminó la frase.

Mara tampoco lo hizo por ella.

—Lo que necesitamos de usted es saber qué ocurrió con la casa. Lo demás tenemos que demostrarlo nosotros.

Pilar asintió y se levantó.

Cuando salió, Laura esperó a que la puerta se cerrara antes de acercar la carpeta.

—Ya tenemos algo más que diferencias entre inventarios.

David, que había seguido buena parte de la entrevista desde una posición secundaria, se acercó a la mesa.

—Gabriel vendió bienes comunes sin permiso y encargó trabajos que Pilar dice no haber autorizado. Además sabía que ella estaba pidiendo explicaciones a Álvaro.

Mara ordenó las fotografías.

—Tenemos una razón concreta para que esa documentación le incomodara. No sabemos qué habría hecho para evitar que llegara a Pilar.

Laura señaló el mensaje enviado aquella mañana.

—Pero ya no hablamos de una disputa antigua. Ese martes ella estaba esperando los papeles.

Mara volvió a leer la petición de las 10:40: fotografías, presupuestos, relación de objetos. Álvaro había respondido que lo estaba preparando.

La cercanía temporal daba al conflicto un peso nuevo, pero todavía faltaba unirlo con lo ocurrido por la tarde.

—Necesitamos reconstruir qué hizo Álvaro después de este mensaje —dijo.

David miró la documentación.

—Y qué habló con Gabriel.

—Exacto.

Noelia llevaba días ordenando mensajes, anotaciones y referencias de la carpeta incompleta encontrada entre los efectos de Álvaro. Hasta entonces los habían leído como fragmentos de una disputa patrimonial. Ahora la pregunta era más precisa.

Qué sabía Gabriel aquel martes y cuándo lo supo.

Laura empezó a recoger las hojas para trasladarlas a la sala donde trabajaban habitualmente. Mara se quedó unos instantes con la fotografía de la cómoda delante.

Su valor económico era moderado. También lo eran las lámparas, los trabajos discutidos y muchas de las cantidades que habían encontrado. Ninguna de esas cosas explicaba por sí sola una muerte.

El problema estaba en el conjunto.

Gabriel había tomado decisiones que su hermana no conocía, había autorizado gastos y retiradas por su cuenta y Álvaro estaba preparando documentación que podía poner todo aquello delante de la otra propietaria.

Por primera vez tenían una razón concreta para que los papeles de Álvaro le importaran.

Ahora faltaba saber qué ocurrió cuando todavía estaba a tiempo de impedir que llegaran a Pilar.