Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

—Dieciocho doce.

Noelia lo dijo sin énfasis, como quien termina de comprobar una cifra y todavía no quiere concederle más importancia de la que merece.

Mara dejó el bolígrafo sobre la mesa. Laura estaba a su izquierda, revisando las últimas diligencias sobre Nerea, y David había ocupado la silla más cercana al altavoz.

Llevaban casi una hora cruzando los partes de vialidad con las comunicaciones del operativo cuando la llamada desde Madrid cambió el sentido de la conversación.

—¿Qué tenemos exactamente a las dieciocho doce? —preguntó Mara.

—El paso de la máquina por la embocadura de la Casa de la Umbría. Esta vez no es una estimación.

Noelia abrió otro documento antes de continuar.

El servicio de conservación había remitido aquella mañana información adicional del vehículo empleado durante la primera actuación de la tarde.

No era un seguimiento realizado para la investigación, sino uno de los registros ordinarios del servicio: posiciones del vehículo asociadas a marcas temporales.

La UOPJ había solicitado el tramo correspondiente y el responsable de vialidad había identificado la máquina conducida por Vicente.

—He cruzado el registro con el parte de 18:08 a 18:15 y con la comunicación que vimos ayer. La máquina pasa por el desvío de la Casa de la Umbría a las 18:12. Hay unos segundos de margen por la forma en que se almacena la posición, pero para la cronología podemos trabajar con ese minuto.

Laura acercó el mapa.

—¿Lo ha confirmado vialidad?

—Sí. El responsable del servicio lo ha revisado antes de enviarlo y Vicente ha identificado el recorrido como suyo.

Mara observó la línea que unía la carretera con la casa. Desde el hallazgo habían hablado muchas veces de aquellos trescientos metros, pero ahora el dato importante estaba justo al principio, donde la vía pública y el acceso privado se separaban.

A las 18:12 una máquina de vialidad había pasado por allí.

—¿Sabemos si llevaba la cuña trabajando en ese punto? —preguntó.

Laura buscó entre la documentación recibida.

—El servicio lo considera coherente con la actuación y Vicente ya declaró que la llevaba bajada durante esa parte del recorrido. No recuerda el instante concreto al pasar por la entrada, pero el estado posterior de la nieve es compatible con esa pasada.

Mara asintió. La diferencia debía mantenerse clara: la hora del vehículo estaba documentada; la contribución exacta de aquella pasada a la forma final del caballón era una reconstrucción técnica. Después habían seguido nevando, trabajando las máquinas y bajando las temperaturas.

David acercó la silla.

—Entonces antes de las 18:12 ese montón no estaba.

—No estaba como lo encontramos nosotros —respondió Mara—. Eso no significa que el camino estuviera limpio.

—Había nieve.

—Y suficiente para que Álvaro decidiera dejar el coche abajo. No vayamos ahora al extremo contrario solo porque tenemos un dato nuevo.

David asintió.

Laura colocó tres fotografías junto al mapa.

La primera correspondía al hallazgo del miércoles; otra, a la inspección posterior; la tercera se había tomado el sábado.

La forma del caballón variaba entre ellas, aunque en la más antigua se distinguía claramente la mezcla compactada de nieve y gravilla que Vicente había relacionado con el trabajo de la cuña.

—Lo que sí podemos hacer —dijo Laura— es situar una modificación importante de la entrada a partir de las 18:12.

—De la embocadura —precisó Mara—. El estado de los trescientos metros interiores sigue sin estar fijado.

—De la embocadura.

Mara tomó una hoja nueva y dibujó una línea horizontal. Para aquella comprobación no necesitaba un esquema complicado, solo separar horas y grados de certeza.

Escribió 16:00 en un extremo y dejó espacio hasta llegar a las 18:12. Después añadió dos referencias:

Gabriel: llegada declarada a la zona, 18:10-18:20.

Registro del alojamiento: 18:31.

David observó la hoja.

—Si su versión es exacta, podría haber llegado mientras la máquina estaba pasando.

—Podría.

—O después.

—También.

David señaló las 18:12.

—Pero antes de esa hora la nieve ya no sirve para descartarlo.

Mara levantó la vista.

—No descartábamos a Gabriel por la nieve. Lo que parecía poco verosímil era que alguien hubiese podido entrar y salir de la casa con el acceso tal como lo encontramos el miércoles. Ahora sabemos que estábamos mirando un estado posterior.

David dejó caer la mano.

—Sí. Esa es la diferencia.

El problema no consistía en demostrar que Gabriel hubiese llegado antes de la hora que declaraba. Todavía no tenían nada para hacerlo. Lo que acababan de perder era una suposición que había dado demasiado peso a su versión.

Hasta el sábado, el aspecto de la embocadura durante el hallazgo hacía difícil imaginar un turismo entrando o saliendo en plena nevada.

Ahora sabían que una parte importante de aquel obstáculo se había formado después de que Álvaro llegara a la casa y que la primera modificación documentada por vialidad ocurrió a las 18:12.

—Volvamos a Álvaro —dijo Mara.

Laura abrió la carpeta correspondiente.

El coche había quedado en la embocadura antes de que el temporal alcanzara su peor momento. Los rastros y la documentación situaban a Álvaro en el interior de la Casa de la Umbría más tarde, y la reconstrucción forense seguía siendo compatible con una muerte ocurrida durante la tarde.

Nada de eso cambiaba.

Lo que cambiaba era el paisaje alrededor.

David se inclinó sobre la mesa.

—Si alguien entró antes de las 18:12 con un vehículo mejor preparado que el de Álvaro, pudo encontrarse un obstáculo mayor al salir.

—Es posible —dijo Laura.

—Y eso podría explicar una salida rápida o una maniobra más complicada.

Mara observó el mapa.

—No sabemos cómo llegó el asesino a la casa.

David guardó silencio.

—Puede que llevara el vehículo hasta arriba o que no. Puede que llegara andando. Puede que hubiera entrado mucho antes. No construyamos una secuencia solo porque ahora podemos imaginarla.

—De acuerdo.

—Lo que sí podemos comprobar es otra cosa: Gabriel dijo que no pasó por Valdecierna.

—Eso sí.

La distinción importaba. Que Gabriel tuviera coche no lo acercaba al homicidio; que hubiera fijado una versión concreta sobre sus movimientos permitía contrastarla con datos objetivos.

Laura recuperó la transcripción de la videoconferencia.

—Dijo que venía de Zaragoza, que llegó con el tiempo ya bastante mal y que no se habría metido por carreteras secundarias. También negó haber pasado por Valdecierna o haber visto el desvío de la Umbría.

Mara recordaba esa parte.

—Y cuando le preguntamos si sabía cómo estaba el acceso, respondió que no.

—Así que no describió algo que afirmara haber visto —dijo Laura.

—Exacto.

Noelia intervino desde el altavoz.

—Hay otro dato que ayuda a poner esto en su sitio. He revisado las incidencias de la ruta anteriores a las seis. No consta ningún cierre ni aviso de intransitabilidad en ese tramo. Había recomendaciones de precaución y las condiciones estaban empeorando, pero seguía circulando tráfico.

Mara hizo una anotación al margen.

—¿Coincide con lo que dijo Vicente?

—Sí. Y con la comunicación en la que informa de un turismo circulando despacio durante la pasada.

David se recostó en la silla.

—Entonces la carretera no impedía llegar.

—Eso podemos decir de la carretera local —respondió Mara—. Del camino privado no.

—Otra vez los tres espacios.

—Porque siguen siendo tres espacios.

Carretera, embocadura y camino hasta la casa.

Una diferencia simple que el temporal había convertido en decisiva.

David miró la transcripción de Gabriel.

—Entonces la nieve hacía más convincente su versión, pero él nunca dijo que el caballón le impidiera pasar.

—Eso es.

Mara empezaba a desconfiar incluso de la palabra coartada cuando se aplicaba a Gabriel. El registro de las 18:31 solo demostraba dónde estaba a esa hora. El temporal había hecho plausible el resto de su relato, pero no lo acreditaba.

Ahora esa ayuda visual empezaba a desaparecer.

Laura cerró la transcripción.

—Entonces necesitamos saber si realmente llegó desde Zaragoza cuando dice.

—Sí.

David señaló una carpeta de respuestas que llevaba varios días reuniendo.

—Están empezando a contestar gasolineras, bares y comercios de paso. De momento no tenemos nada anterior que lo sitúe.

—Ni nada que confirme toda la ruta —dijo Mara.

—Tampoco.

Noelia añadió:

—Estoy cruzando también los pagos que puedan ayudarnos, pero no esperéis reconstruir el viaje entero con tarjetas. Puede haber pagado en efectivo o no haber parado.

—Nos bastan puntos fiables.

Hasta entonces solo tenían un vacío entre Zaragoza y las 18:31. El siguiente paso era intentar llenarlo con datos reales, no con lo que resultara más conveniente para una hipótesis.

Laura recibió otra llamada y salió de la sala para atenderla.

David se levantó y se acercó al tablón donde habían colocado las distintas líneas de investigación.

Julián había perdido peso después de las comprobaciones de Bronchales.

La mentira de Nerea seguía abierta. Marta e Irene habían quedado vinculadas a irregularidades con llaves y ocupaciones, pero nada las situaba en la Casa de la Umbría durante la tarde del martes.

Gabriel tenía un problema diferente: una franja de tiempo sin documentar.

—Si llegó a las 18:20 y entró en el alojamiento a las 18:31, hablamos de once minutos —dijo David.

—Once minutos desde donde estuviera a las 18:20.

—Él dice que ya estaba en la zona.

—La zona no es un punto.

David volvió a mirar la transcripción.

—No le pedimos que concretara mucho.

—Porque entonces no sabíamos que iba a ser importante.

—Ahora sí.

Mara asintió. No pensaba volver a citar a Gabriel únicamente para pedirle una precisión que todavía no podían contrastar. Si lo hacían, le permitirían completar una parte de su versión antes de disponer de datos con los que enfrentarla.

Era mejor seguir buscando sin avisarlo.

Laura regresó con una hoja en la mano.

—Vicente confirma por escrito la revisión del responsable de vialidad. Paso por la embocadura a las 18:12. También especifican que la acumulación observada posteriormente es compatible con el desplazamiento de nieve durante esa actuación y con pasadas posteriores.

Mara leyó el documento. La redacción era prudente. No pretendía fijar cuántos centímetros había dejado aquella máquina, pero sí establecía que el servicio había modificado físicamente el margen a esa hora.

—Esto ya puede entrar en la cronología.

David cogió un rotulador.

—¿Pongo «caballón formado»?

—No.

Se detuvo.

—¿Qué ponemos?

—«Paso de vialidad. Modificación de la embocadura».

David escribió.

—Mucho menos emocionante.

—También más difícil de tener que corregir mañana.

Durante el resto de la tarde reorganizaron la cronología viaria.

Noelia ordenó las comunicaciones; Sergio confirmó qué fotografías correspondían a cada visita y Laura incorporó los documentos nuevos a las diligencias.

No había una gran revelación, sino una pieza que habían colocado demasiado pronto y que por fin podía situarse correctamente.

A las cinco tenían tres fases razonablemente claras.

Antes de las 18:12, la carretera local empeoraba pero seguía siendo practicable con precaución.

El camino privado podía encontrarse en peores condiciones, como sugería que Álvaro dejara su coche en la embocadura, aunque nadie podía sostener que estuviera bloqueado.

A las 18:12, la máquina modificó el margen de la carretera y añadió una dificultad que la nieve, las pasadas posteriores y la helada aumentarían durante la noche.

Mara leyó la secuencia y añadió junto a la primera fase:

Estado del camino privado: no determinado.

David lo vio.

—Para que nadie convierta «carretera practicable» en «se podía subir hasta la casa».

—Exacto.

Habían ganado una hora importante sin conseguir todavía ninguna presencia.

Cuando Laura empezó a recoger, Mara permaneció frente al tablón. El nombre de Gabriel seguía en el mismo lugar y el registro de las 18:31 conservaba todo su valor. Nada de lo descubierto lo situaba en la Casa de la Umbría.

Pero el miércoles ya no servía para explicar el martes.

La pregunta tampoco era si Gabriel podía haber atravesado el caballón que ellos encontraron junto al coche de Álvaro.

La pregunta era mucho más sencilla.

Dónde estaba antes de las 18:12.