Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Algo más de un kilómetro, quizá.

Mara evitó que una estimación añadiera otra incertidumbre.

—Lo mediremos.

Noelia seguía escuchando desde Madrid.

—Tengo la cartografía de la vía. Puedo localizar el desvío y medir la distancia hasta la embocadura, pero no voy a calcular una velocidad media porque sería artificial.

—Exacto —dijo Mara.

La comunicación les daba un punto intermedio, no el minuto exacto de paso por la Casa de la Umbría. El siguiente registro aparecía al terminar el tramo, después de haber rebasado Valdecierna.

Laura leyó la anotación asociada.

—«Acumulación creciente en márgenes. Mantener pasada prevista». ¿Es suyo?

—Sí.

—¿Recuerda algo especial de la entrada de la Casa de la Umbría?

Vicente negó.

—No me llamó la atención. Si hubiera habido un coche cruzado, alguien atrapado o una entrada bloqueada de una manera rara, seguramente lo recordaría. Pero una embocadura con nieve no tenía nada de especial aquella tarde.

Mara se fijó en las palabras.

—¿Que quedara parcialmente cubierta después de limpiar habría sido normal?

—Completamente.

—¿Y que alguien hubiese entrado antes de su pasada y encontrara más dificultad para salir después?

Vicente respondió con más cuidado.

—También. Puedes entrar cuando todavía hay nieve suelta y, mientras estás dentro, pasar una cuña por la carretera. Al volver te encuentras un montón donde antes no lo había.

Era la formulación más clara del mecanismo que Mara llevaba días intentando ordenar.

No demostraba que hubiera ocurrido así, pero sí que podía ocurrir.

—¿Cuánto tarda una entrada en pasar de incómoda a bastante complicada? —preguntó David.

—Lo que tarde una máquina en pasar.

David miró a Mara, pero no añadió nada.

Laura continuó con la segunda actuación nocturna.

Vicente confirmó que para entonces había aumentado la acumulación y que la temperatura empezaba a endurecer la nieve desplazada.

Recordaba que algunos accesos secundarios ya ofrecían problemas, aunque seguía sin poder describir el camino privado de la Casa de la Umbría.

—Cuando encontró el coche de Álvaro a la mañana siguiente —preguntó Mara—, ¿el caballón estaba más duro que durante la pasada nocturna?

—Sí. Había helado y tenía más nieve encima.

—Entonces lo que vimos el miércoles no refleja cómo estaba a las seis de la tarde.

—No. Refleja cómo quedó después de todo lo que ocurrió durante la noche.

Aquello era lo que necesitaban dejar establecido. No porque descartara o confirmara a nadie, sino porque impedía utilizar el miércoles como una fotografía del martes.

La ampliación terminó poco después. Vicente leyó y firmó el acta. Antes de marcharse pidió poder revisar sus referencias de servicio por si algún detalle adicional podía aclararse documentalmente. Laura le indicó que cualquier nueva información se incorporaría por el cauce habitual.

Cuando salió, David siguió mirando el mapa.

—La pasada empieza a las 18:08 y termina a las 18:15. Tenemos una comunicación después del desvío del barranco y sabemos que la Umbría está más adelante.

—Sí.

—Nos falta muy poco para fijar el minuto.

—Nos falta precisamente lo que no debemos inventar.

Noelia intervino desde el altavoz.

—Puedo daros distancias exactas entre los puntos, pero sigo sin recomendar extrapolar una velocidad. Hay demasiadas variables.

—No lo hagas. Busca si las comunicaciones contienen alguna posición asociada, una referencia técnica o cualquier dato adicional. Y que vialidad confirme si existe seguimiento del vehículo o algún registro automático de la máquina.

Laura empezó a ordenar los documentos.

—Aunque no consigamos una posición exacta, ya sabemos dos cosas: la vía seguía siendo practicable antes de la pasada y el obstáculo que encontramos después todavía no existía de esa forma.

David señaló el nombre de Gabriel escrito en un lateral del tablón.

—Y él dijo que llegó cuando las condiciones ya eran muy malas.

Mara recordó la videoconferencia. Gabriel había situado su llegada a la zona entre las 18:10 y las 18:20 y había utilizado el estado general del temporal para hacer verosímil que ni siquiera se hubiese acercado a Valdecierna.

También había sido cuidadoso al reconocer que no podía describir directamente el acceso de la Casa de la Umbría.

Su versión seguía siendo posible. Lo que empezaba a debilitarse era la protección que parecía ofrecerle la nieve.

—Su declaración no ha cambiado —dijo Mara—. Ha cambiado lo que podemos utilizar para comprobarla.

David asintió.

—Ya no podemos afirmar que el acceso estuviera bloqueado antes de que él llegara.

—Nunca pudimos.

—No lo dijimos.

—Pero estuvimos demasiado cerca de darlo por supuesto.

Laura cerró la carpeta.

—Y ahora ya no.

Mara se acercó al tablón. Habían dividido la tarde del martes en franjas provisionales para evitar que los datos se mezclaran. En una figuraban las condiciones anteriores a la primera pasada de vialidad; en la siguiente, el momento en que la máquina empezaba a modificar físicamente los márgenes.

Añadió una nota:

18:08-18:15. Pasada documentada. Punto exacto pendiente.

Después colocó la fotografía del caballón junto a la franja posterior.

Hasta entonces habían observado la nieve como una posible barrera. Ahora empezaban a saber cuándo había empezado a convertirse en una.

Noelia volvió a hablar.

—Tengo otra referencia en la documentación del operativo.

Mara se volvió hacia el altavoz.

—¿Qué tipo de referencia?

—Una comunicación que podría permitir fijar mejor el paso por la embocadura, pero quiero comprobar toda la secuencia antes de daros una hora.

David se apoyó en el borde de la mesa.

—¿Hoy?

—Si los registros cuadran, sí.

Mara miró otra vez la horquilla escrita en el tablón.

Siete minutos seguían siendo siete minutos. No pensaba convertirlos en uno hasta que la documentación lo permitiera.

Pero ahora el caballón tenía una historia, y esa historia podía medirse.