Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

Vicente

A media mañana del lunes, Laura dejó sobre la mesa una carpeta con el membrete del servicio de conservación de carreteras.

—Ya están los partes completos.

Mara apartó el informe que estaba leyendo.

Desde la visita del sábado a la embocadura de la Casa de la Umbría, esperaba aquellos documentos con más interés que cualquier nueva declaración.

El caballón había dejado de ser una imagen fija, pero todavía necesitaban ordenar cómo se había formado y en qué momento.

David se acercó desde la otra mesa.

—¿Viene la hora de paso?

—Vienen recorridos, inicios y finales de tramo, kilómetros atendidos, incidencias y comunicaciones asociadas. La hora exacta delante del acceso no figura como tal.

Mara abrió la carpeta. Los primeros documentos eran partes de trabajo con códigos de vía, matrículas de las máquinas, nombres de los operarios y franjas horarias.

Había además un resumen de incidencias elaborado durante el temporal y varias anotaciones remitidas después por el responsable del servicio.

Noelia estaba conectada desde Madrid para ayudar a ordenar la información.

—Antes de que empecéis a sacar conclusiones, os aviso de una cosa. Algunas horas corresponden al inicio de un tramo y otras a comunicaciones realizadas durante el recorrido. Si se mezclan, puede parecer que la máquina estuvo en dos sitios a la vez.

David tomó asiento.

—Gracias por la confianza.

—Es preventiva.

Mara sonrió apenas y siguió leyendo.

El parte que les interesaba registraba una actuación iniciada a las 18:08 en un punto de la carretera situado antes de Valdecierna. El final del tramo figuraba a las 18:15. Entre ambos extremos quedaba la embocadura de la Casa de la Umbría.

Era la misma horquilla que Laura había recibido de forma provisional el sábado, pero ahora tenía respaldo documental.

—Siete minutos —dijo David—. No es mucho.

—Es suficiente para equivocarnos si elegimos uno porque nos conviene —respondió Mara.

Laura se sentó frente a ellos.

—Hay comunicaciones del operativo. Vicente hizo una durante esa pasada y otra al terminar, pero necesitamos saber desde qué punto acostumbraban a informar.

Noelia añadió:

—Y distinguir si la hora la genera automáticamente el sistema o si alguien la anotó después. Estoy revisándolo.

Mara recorrió con el dedo la línea de la carretera en el mapa colocado junto a los partes.

El tramo no era largo, pero tampoco podían asumir una velocidad constante.

Una máquina quitanieves podía reducir la marcha, detenerse para maniobrar, apartarse ante otro vehículo o trabajar más despacio donde la acumulación fuera mayor.

—Volvamos a hablar con Vicente —dijo—. Esta vez con los partes delante.

David levantó la vista.

—¿Otra declaración?

—Una ampliación breve. El sábado nos explicó cómo se comportaba la nieve. Ahora quiero que nos explique cómo trabajó él, separando lo que recuerda de lo que deduce al ver sus propios registros.

Laura ya estaba buscando el número.

Vicente pudo acudir a primera hora de la tarde. Llegó con el mismo chaleco de trabajo y una carpeta propia bajo el brazo. Al entrar reconoció los documentos extendidos sobre la mesa.

—Esos sí son los buenos.

Laura le indicó una silla.

—Queremos repasar solo una parte de su recorrido. No necesitamos que recuerde lo que no recuerde.

—Mejor. Desde entonces he dado unas cuantas vueltas más.

Mara colocó el parte delante de él.

—El sábado utilizó varias expresiones que necesitamos precisar: carretera sin limpiar, difícil, practicable e intransitable. Queremos saber qué significan para usted cuando trabaja, no en términos generales.

Vicente apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—¿Por qué importa tanto la palabra?

—Porque tenemos declaraciones de personas que dicen que la carretera estaba impracticable, otras que estaba muy mal y otras que aún se podía circular. Si cada una utiliza esas expresiones de manera distinta, pueden parecer contradictorias cuando quizá describen lo mismo.

El operario asintió.

—Vale. Eso sí puedo explicarlo.

Laura inició la grabación correspondiente y dejó constancia de la ampliación.

Vicente empezó por lo más sencillo.

—«Sin limpiar» solo significa que todavía no ha pasado una máquina desde que empezó a acumular. No quiere decir que no se pueda circular. Puede haber dos centímetros, cinco o diez, depende del momento.

—¿Y «difícil»? —preguntó Mara.

—Que ya tienes que conducir pensando en la nieve. Menos velocidad, más distancia, cuidado en las curvas y, según el vehículo, cadenas o neumáticos adecuados. Pero se circula.

—¿«Practicable»?

Vicente tardó unos segundos en responder

—Lo usamos de forma bastante amplia. Para mí es una vía por la que todavía puede pasar un vehículo adecuado con precaución. No significa que esté bien.

David intervino.

—Entonces puede ser difícil y practicable a la vez.

—Claro.

—¿Y cuándo la considera intransitable?

—Cuando yo no mandaría entrar a un turismo normal porque el riesgo de quedarse bloqueado o salirse es demasiado alto. También puede haber un ventisquero que corte un punto concreto aunque el resto esté mejor.

Mara dejó que la explicación quedara clara antes de continuar.

—El martes, antes de la primera pasada de esta franja, ¿cómo describiría la carretera hasta Valdecierna?

Vicente miró el parte y después el mapa.

—¿Por recuerdo o por experiencia?

—Primero por recuerdo.

El hombre agradeció la precisión con un gesto.

—Recuerdo que estaba nevando y que ya había acumulación en algunas zonas. También recuerdo tráfico. Poco, pero había. No recuerdo haber pensado que la carretera estuviera cerrada.

—¿La consideraba practicable?

—Sí. Cada vez peor, pero practicable.

—¿Eso lo recuerda?

—Sí.

—Ahora desde su experiencia, no desde ese recuerdo concreto: con una carretera así y vehículos todavía circulando, ¿un turismo podía llegar hasta la embocadura de la Casa de la Umbría?

—Podía. Otra cosa es que fuera recomendable y otra cómo estuviera el acceso privado.

Laura anotó la respuesta.

—Quiero insistir en eso. ¿Puede decir cómo estaba el camino desde la carretera hasta la casa a las cinco?

—No. Yo no entré.

—¿Y a las seis?

—Tampoco.

Mara señaló el plano.

—Entonces lo único que puede describir directamente es la carretera local y lo que vio al pasar por la embocadura.

—Sí.

Durante los primeros días casi todos habían hablado del «acceso» como si empezara kilómetros antes de la vivienda. Aquella diferencia tenía que quedar cerrada antes de confrontar versiones.

Laura desplazó el parte hacia Vicente.

—Aquí figura el inicio de actuación a las 18:08 y el final a las 18:15. ¿Reconoce el recorrido?

Vicente leyó los códigos.

—Sí.

—¿Lo hizo usted?

—Ese, sí.

—¿Con la cuña bajada?

—Durante la mayor parte del tramo.

—¿Qué significa «la mayor parte»?

—Que en cruces o maniobras puedes levantarla. También si necesitas evitar algo. No pasas siete minutos con la máquina exactamente en la misma posición.

Mara señaló la embocadura.

—Cuando pasó por delante de la Casa de la Umbría, ¿la cuña estaba trabajando?

Vicente frunció el ceño. Miró después la fotografía del miércoles que habían dejado junto al mapa.

—Creo que sí, porque parte de ese material procede de una pasada. Pero si me pregunta si recuerdo bajar la cuña diez metros antes de esa entrada y verla justo ahí, no.

—No quiero convertir una deducción en recuerdo. ¿Puede inferirse por el resultado?

—Puedo decir que una máquina desplazó nieve hacia esa zona y que, por los partes, es muy probable que fuera una de nuestras pasadas del martes. Para saber cuál tuvo más efecto habría que comparar las fotografías con la nevada posterior.

David señaló el segundo parte, correspondiente a una actuación ya entrada la noche.

—¿La pasada de las ocho pudo formar todo el caballón?

—No lo sé. Seguramente lo aumentó y lo compactó más. La primera ya pudo dejar nieve delante y después siguió nevando.

La secuencia empezaba a adquirir una forma coherente: acumulación natural, primera pasada, nueva nevada, segunda pasada y helada nocturna. Lo que Mara había encontrado el miércoles era el resultado final de todas aquellas fases.

—Antes de la primera pasada —preguntó—, ¿podía no existir todavía un caballón suficiente para complicar mucho la entrada o la salida de un turismo?

Vicente se acomodó en la silla.

—Sí. Había nieve, eso seguro, pero la cuña cambia mucho una entrada como esa.

—¿Puede concretarlo algo más?

—Antes de que pase la máquina no tienes delante la nieve que esa máquina empuja después. Parece una obviedad, pero es así.

David soltó una risa breve.

—A veces necesitamos que alguien diga lo obvio.

—En carretera suele ayudar.

Mara volvió al horario.

—Tenemos siete minutos para el tramo. ¿Recuerda en qué sentido circulaba?

Vicente comprobó los códigos de inicio y final.

—Hacia Valdecierna.

—¿La Casa de la Umbría queda al principio, en medio o al final?

Vicente estudió el mapa.

—Más o menos en la segunda mitad.

David cogió el bolígrafo.

—Entonces podemos calcular...

Mara lo detuvo con una mirada.

—Todavía no.

Vicente sonrió.

—Bien hecho.

David dejó el bolígrafo.

—Ya me lo esperaba.

Mara continuó.

—¿Mantuvo una velocidad aproximadamente constante?

—No. Hay dos curvas donde bajas bastante, y si encuentras más acumulación en un lateral también reduces. Además, recuerdo que aquel día tuve que apartarme una vez por otro vehículo.

—¿En ese recorrido concreto?

Vicente dudó.

—Creo que sí, pero prefiero comprobarlo con la comunicación.

Laura sacó las transcripciones de radio.

—Tenemos esto.

Eran registros breves con hora y referencia de incidencia. Uno figuraba dentro de la horquilla.

Vicente lo leyó en silencio.

—Sí. Este soy yo. Aviso de un turismo subiendo despacio y de que el tramo seguía practicable con precaución.

Mara miró la hora, pero no la utilizó todavía.

—¿Dónde hizo esa comunicación?

—No lo recuerdo.

—¿Mientras conducía?

—Normalmente sí, con manos libres.

—¿Puede relacionarla con algún punto?

Vicente volvió al texto.

—Aquí digo que acabo de pasar el desvío del barranco. Está antes de la Casa de la Umbría.

David acercó el mapa.

—¿Cuánto antes?