Bajo la nieve (Los casos de Mara Valdés 2) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Nerea mencionó dos conversaciones y varios mensajes. Una de las personas era precisamente la compañera con la que afirmaba haber pasado la noche.

—¿A qué hora hablaron? —preguntó Mara.

—No sé. Por la tarde.

—¿Antes o después de encontraros?

—Antes.

—¿Por qué la llamó si ya habían quedado?

Nerea parpadeó.

—Porque... no sé. Igual no fue una llamada. Puede que fuera un mensaje.

—No complete lo que no recuerda. Lo comprobaremos.

Nerea apoyó la espalda en la silla.

—Parece que da igual lo que diga.

—No. Por eso distinguimos lo que recuerda de lo que podemos verificar.

—Yo no maté a Álvaro.

Mara esperó un instante.

—Hace rato que no le estamos preguntando eso.

Nerea apartó la mirada.

La entrevista continuó otros veinte minutos.

Hablaron del trabajo, de cómo había conocido a Álvaro y de la búsqueda de vivienda.

Nerea llevaba casi un año intentando encontrar un alquiler que no desapareciera en cuanto aumentaba la demanda.

Había dormido durante semanas en una habitación cedida; después compartió piso y tuvo que marcharse cuando el propietario decidió recuperar la vivienda para alquiler temporal.

No hablaba como quien quisiera convertir su situación en un discurso. Hablaba de depósitos que no podía adelantar, anuncios que duraban unas horas y propietarios que preferían mantener una casa cerrada antes que comprometerse durante doce meses.

—Álvaro me dijo que entendía lo que me pasaba —explicó—. Por eso me cabreé más.

—¿Porque confiaste en él? —preguntó Mara.

—Porque me hizo esperar.

—¿Crees que te engañó?

Nerea dudó.

—Creo que prometió algo antes de tenerlo asegurado.

Coincidía casi palabra por palabra con la explicación que Eva había dado sobre su hermano.

—¿Pensabas denunciarlo? —preguntó Laura.

—¿Por qué? No había contrato.

—¿Hacer público lo ocurrido?

—Se lo conté a todo el que quiso escucharme.

—¿Ir a verlo el martes?

—No.

Regresaban siempre al mismo punto.

Laura dio por terminada la entrevista y explicó que probablemente tendrían que volver a hablar con ella. Nerea recogió la mochila.

—Tengo que entrar a trabajar.

—Puede irse.

Antes de llegar a la puerta se detuvo.

—Mi compañera os va a decir lo mismo.

Mara sostuvo su mirada.

—Lo comprobaremos.

Nerea salió.

David esperó a que la puerta se cerrara.

—Miente.

—¿Sobre qué? —preguntó Mara.

—Sobre haber dormido en casa de su compañera.

—Eso parece.

—Y sobre la llave.

—Ha reconocido que la tuvo.

—Pero niega haber dormido en la vivienda.

Laura cerró la carpeta.

—Tenemos dos comprobaciones inmediatas: la compañera y las comunicaciones.

David negó con la cabeza.

—Está escondiendo algo.

—Probablemente.

—Si realmente utilizaba esa casa, estaba muy cerca de Valdecierna.

—Si estaba allí.

—Tenía un motivo.

Mara lo miró.

—Tenía un conflicto y estaba muy enfadada.

—Y mandó mensajes fuertes.

—Sí.

—Pero todavía no tenemos nada que la sitúe en el homicidio.

—Todavía no sabemos siquiera dónde estuvo.

Media hora más tarde llamó Sergio.

Había hablado con la compañera de Nerea.

Mara, Laura y David estaban revisando fotografías de la Casa de la Umbría cuando Laura puso el teléfono en manos libres.

—Cuéntanos.

—Confirma que hablaron el martes —dijo Sergio—. Nerea le preguntó si podía quedarse con ella por el temporal.

David levantó la vista.

—¿Y se quedó?

—No.

La respuesta modificó de golpe todo lo que Nerea acababa de contar.

Laura se inclinó hacia el teléfono.

—¿Está segura?

—Sí. Dice que finalmente Nerea le escribió diciendo que había encontrado otra solución y que no hacía falta.

—¿Se vieron esa tarde?

—No.

—¿La recogió en Orihuela?

—Tampoco.

Mara reconstruyó las respuestas de Nerea: encuentro alrededor de las cuatro y media, viaje juntas, noche completa fuera de Valdecierna y regreso al día siguiente.

Toda aquella secuencia acababa de desaparecer.

—¿Conserva los mensajes? —preguntó.

—Sí. Vamos a incorporarlos como corresponde. Hay uno a primera hora de la tarde en el que Nerea pregunta si puede dormir allí y otro posterior diciendo que ya no hace falta.

—¿Hora del segundo?

—Prefiero no dárosla todavía como definitiva hasta documentarla bien. Es anterior a la franja que estamos trabajando para la muerte.

—Perfecto. Déjalo así hasta comprobarlo.

David se levantó.

—Entonces estuvo en Valdecierna.

Mara negó.

—Entonces no estuvo donde nos ha dicho.

—Y tenía una casa vacía a su disposición.

—Eso sí podemos comprobarlo.

David abrió la boca, pero se corrigió antes de seguir.

—De acuerdo. No es lo mismo.

Laura pidió a Sergio el resto de la información. La compañera no sabía dónde había pasado Nerea aquella noche y no volvió a hablar con ella hasta el día siguiente.

Cuando terminaron la llamada, David se acercó al plano de la zona.

—Si entró en la vivienda que le facilitó Irene, estaba aquí.

Señaló el núcleo de Valdecierna.

La Casa de la Umbría quedaba fuera, al final de su acceso secundario. No era una distancia enorme, pero tampoco estaba al otro lado de una calle. Había que considerar el recorrido, el estado de la carretera, la nieve y la hora.

—Podía desplazarse a pie —dijo David.

—Podía.

—Y Álvaro estaba a poca distancia.

—Sí.

—Después de haberle hecho perder la vivienda que esperaba conseguir.

Mara se acercó al plano.

—Ahora tenemos una mentira importante. Primero averigüemos por qué la necesitaba.

Laura apoyó el bolígrafo junto al croquis.

—¿La volvemos a citar?

—Todavía no.

Los dos la miraron.

—Primero quiero cerrar todo lo que podamos sin ella: mensajes, hora de salida del trabajo, personas que la vieran después, acceso real a la vivienda, comunicaciones y cualquier movimiento que podamos documentar.

—Para que no adapte la versión a lo que sabemos.

—Y para no enseñarle dónde están nuestros huecos.

Laura asintió.

Mara volvió a mirar el plano.

La situación de Nerea explicaba el conflicto con Álvaro. También podía explicar que hubiese utilizado una vivienda que no tenía derecho a ocupar y que mintiera para evitar las consecuencias.

Pero su coartada acababa de desaparecer.

Hasta averiguar dónde había estado realmente aquella tarde, Mara no pensaba decidir qué significaba.